El 1º de enero de 2003 se iniciaba un proceso político que marcaría
profundamente la historia de Brasil y de América Latina. Ese día, un
obrero metalúrgico surgido de las capas más pobres de su país, juraba
como presidente en el Palacio del Planalto. Su discurso inaugural era
toda una definición y todavía conmueve desde Youtube: "Yo, que tantas
veces fui acusado de no tener un título universitario, consigo mi primer
diploma, el título de presidente de la República de mi país." Como una
puñalada fríamente calculada, sin embargo, este décimo aniversario
encuentra al líder sindical ante la encrucijada de terminar juzgado por
delitos de corrupción de los que no hay pruebas. Pero que por esas
cuestiones de la política, tampoco parece relevante que las haya.
Después de todo, hombres de su más estrecha confianza en el Partido de
los Trabajadores ya fueron condenados sin que las evidencias fueran un
detalle que frenara al Supremo Tribunal de Justicia.
A lo largo de su historia, Brasil nunca se había vinculado mucho con el
resto de los países de la región. Más bien, puesto como un freno al
poderío de la corona española en el continente americano, siempre se
había mantenido al margen. Cuando las tropas napoleónicas invadieron la
península ibérica, en 1808, Juan VI de Braganza huyó a Río de Janeiro,
donde instauró la capital provisoria de su reino. Las demás naciones
americanas, mientras tanto, comenzaban el movimiento revolucionario que
devino en cruzadas independentistas. Para 1822, en plena guerra contra
la restauración del absolutismo, el hijo de Juan, Pedro I, se declaraba
independiente y anunciaba la creación del Imperio del Brasil. La
República nacería en 1889, un año después de que se aboliera la
esclavitud.
El gobierno del PT siguió una tradición integracionista que los
gobiernos populistas del continente y de su propio país habían intentado
sin éxito, y que encuentra su pico en Getulio Vargas en los 50. Lula
vino a poner fin a ese aislamiento que perjudicaba tanto a los
brasileños como al resto de los latinoamericanos, y fue artífice a la
vez de este momento tan particular que vive la región desde entonces, a
partir de que Hugo Chávez profundizara su modelo tras la intentona
golpista de 2002 y la llegada de Néstor Kirchner a la Casa Rosada en
marzo de 2003.
Pero la gestión de Lula estaba contaminada por una contradicción
original difícil de eludir. Cuando la dictadura se fue, en 1985, había
dejado un par de leyes fundamentales para cuidarse las espaldas y
mantener los privilegios de la clase dirigente a resguardo de cualquier
cambio democrático. Entre ellas, estableció una ley de amnistía que
todavía hoy traba el juzgamiento de los crímenes de lesa humanidad
cometidos desde el golpe de estado de 1964. Crímenes que padecieron
algunos de los creadores del PT junto con Lula, como José Dirceu, e
incluso la actual presidenta Dilma Rousseff.
Lula, en cambio, no había padecido la persecución de los militares
porque estaba ocupado en otros temas: había terminado sus cursos de
tornero y se recuperaba de un accidente con una prensa hidráulica que le
había destruido el dedo meñique de la mano izquierda durante un turno
nocturno en la fábrica de carrocerías Fris Moldu Car.
Esos sectores de izquierda revolucionaria se encontraron con la
dirigencia gremial que hacia fines de los años'70 se nucleaba alrededor
del líder nacido en el nordeste de Brasil. En 1980, Lula fue artífice
de una huelga de 40 días en el cordón industrial de San Pablo y fue
detenido y procesado por las autoridades de facto. Pero, obedientes de
Washington, los dictadores lo dejaron en libertad. Podría ser todo lo
peligroso que aseguraran los uniformados, pero cuando el sindicalista
polaco Lech Walesa era la avanzada occidental en el corazón del imperio
soviético, que un aliado de Estados Unidos mantuviera preso a un
gremialista no estaba nada bien visto.
Nueve años después, Lula fue candidato a presidente por primera vez.
Una feroz campaña mediática que no ahorró miserias, al punto de acusarlo
de racista porque le habían descubierto una hija no reconocida con una
mujer negra, el favorito de los medios Fernando Collor de Mello asumió
en 1990. A los dos años renunció en medio de un juicio iniciado en el
Congreso por corrupción. El PT –que ya había probado un nuevo modo de
gestión al ganar varios municipios, como Porto Alegre y San Pablo –fue
entonces uno de los principales acusadores.
Lula perdería dos veces más la presidencia, contra un otrora intelectual
progresista devenido en defensor de las ideas neoliberales, Fernando
Henrique Cardoso. Fue José Dirceu, un perseguido político de la
dictadura, quien se dio cuenta de que debía traspasar otra traba
impuesta por los militares y aceptar sumarse a un sistema de alianzas si
querían que el sindicalista combativo pudiera al fin calzarse la banda
presidencial. Pero algunas de esas alianzas a la larga se convirtieron
en letales.
Porque Dirceu, jefe de gabinete de Lula, resultó acusado en una causa
abierta a raíz de las denuncias de un oscuro diputado de uno de los
partidos que se sumaron a la coalición gobernante, Roberto Jefferson.
La conservadora y muy influyente revista Veja desnudó en 2005 un
escándalo de desvío de fondos y lavado de dinero en la empresa de
Correos, dirigida por un miembro del partido de Jefferson, designado
como parte de los acuerdos electorales. Con tal de salvar el pellejo,
Jefferson no dudó en denunciar a la misma revista que en el Congreso
había recibido algo así como cuatro millones de dólares a través de un
esquema de pagos mensuales (mensalão) para votar las leyes del PT.
Jefferson admitió no tener ninguna prueba, pero siguió con el ventilador
prendido apuntando al resto de los aliados del PT.
Jefferson resultó condenado a diez años de reclusión, pero fue
beneficiado por lo que en Brasil se conoce como "delación premiada" con
una reducción de un tercio de la sentencia. La denuncia le costó
entonces la cabeza a Dirceu y al entonces presidente del PT, José
Genoino. En la volteada caía también otro personaje oscuro, ligado al
mundo de los negocios, Marcos Valerio, sospechado de haber facilitado
los pagos a través de su agencia publicitaria.
Este año la causa despertó de su letargo, acicateada por los medios que
pedían "una condena ejemplar" para "limpiar" la política brasileña, en
coincidencia sospechosa con las elecciones regionales en las que el PT
logró imponerse en distritos clave como San Pablo, gracias a la crucial
incursión de Lula a favor de su candidato Fernando Haddad.
Hubo disidencias entre los jueces supremos, porque no había pruebas
concretas de delito: según los acusados el dinero girado a los
legisladores era el pago de deudas contraídas por sus partidos durante
la campaña, como ha sido habitual desde la vuelta a la democracia en
Brasil. Alguno de los magistrados, como Carlos Ayres Britto, reclamó
cambiar el modelo de negociación en vigencia. "El sentido de las
alianzas es el de su transitoriedad", sostuvo, para criticar lo que
llamó las alianzas ad aeternum, "que implican un condicionamiento
material a la hora de las votaciones". Otro juez desestimó una acusación
proveniente de un testigo tan poco creíble.
Pero el primer juez negro en la historia de la Corte Suprema brasileña,
Joaquim Barbosa, se ganó su momento de gloria mediática al sostener la
acusación hasta sus últimas consecuencias con el argumento de que si ese
sistema corrupto existió, la máxima dirigencia del partido no lo podía
ignorar.
Dirceu fue condenado a siete años y once meses de cárcel, Genoino a seis
años y once meses. Sobre Valerio recayó la mayor condena: 40 años a la
sombra. Por eso no extraña que a pocas semanas de la sentencia se
decidiera a prender el ventilador. ¿Y dónde lo iba a hacer sino ante
Veja? Allí declaró que Lula no solo sabía en qué consistía el mensalão,
sino que se benefició en forma personal. En busca, claro está, de
reducir su sentencia en premio a su delación. O de que el PT haga algo
para evitarle su ominoso futuro. Barbosa ya dijo que corresponde
investigar al ex tornero. La falta de pruebas no parece un obstáculo.
Rodeado de sudorosos trabajadores de la industria, en el cordón paulista
donde encontró su lugar en el mundo, Lula dijo lo suyo. "Un canalla
(por Valerio), hablando mal de mí en una sala con aire acondicionado, va
a perder. Hay gente que piensa que soy un burro. Pero yo sé el juego
que plantean. Ellos (el establishment) gobernaron Brasil desde que
Pedro Alvares Cabral llegó aquí (en 1500) y no aceptan pacíficamente lo
que logramos en ocho años de gobierno".
Después atribuyó los ataques al éxito de su gestión, que por otro lado
es innegable. "Sólo existe una posibilidad de que me derroten –desafió–,
que trabajen más que yo." Algo poco probable en gente que mantuvo la
esclavitud hasta las puertas del siglo XX.
Tiempo Argentino
Diciembre 28 de 2012
viernes
Mariano Rajoy en el laberinto del ajuste
La llegada de Mariano Rajoy al gobierno hace
justo un año estuvo enmarcada en ese proceso de caída libre, que se
inició con la explosión de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos
pero que repercutió de un modo letal en la península, habida cuenta de
que el modelo que el neoliberalismo presentaba como exitoso se basaba en
la cultura «del ladrillo» con fines especulativos. Y al estallar la
burbuja nada había detrás de qué agarrarse.
El PSOE, que había tenido notorios avances en materia social con la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero a La Moncloa en 2004, se fue enmarañando en soluciones a la crisis financiera pergeñadas en Bruselas que terminaron por poner en controversia hasta las raíces del Estado de Bienestar que representaba el socialismo democrático ibérico.
Hubo una semana clave en su gestión, con una cadena de hechos simbólicos que dejaron entrever el futuro español: a mediados de mayo de 2010, el principal grupo de medios, propietario del diario El País, uno de los emblemas de la España posfranquista, dejaba su mayoría accionaria en manos de un grupo inversor con capitales de Estados Unidos. El anuncio se hizo el mismo día en que el juez Baltasar Garzón era suspendido por el Supremo Tribunal a raíz de su intento de juzgar los crímenes del franquismo y Zapatero anunciaba el primer recorte presupuestario para reducir el déficit fiscal. Fue como un tiro en el pie.
Un año más tarde las protestas y el incremento en la desocupación lo obligaban a adelantar los comicios. Que fijó para el 20 de noviembre: justo el día en el que se cumplían 36 años de la muerte del Caudillo. Ganó, como todos los pronósticos anunciaban, el líder del Partido Popular (PP), Mariano Rajoy, quien asumió su cargo el 21 de diciembre, con promesas de llevar adelante un plan económico que sacara al país de la encrucijada. Un regalo de Navidad que finalmente luego de un año demostró no sólo que era un programa de recortes sin fin, sino que además, tenía como trasfondo la restauración conservadora de España.
Todo peor
En este año de gestión, las variables de la economía no paran de empeorar, a lo que se suman las respuestas que van tomando diferentes sectores de la sociedad ante las escasas perspectivas en un plazo previsible. Así, las calles de las principales ciudades del país son el reflejo de las tensiones que se acumulan. De manera que, entre reclamos de discapacitados por los recortes en el sistema sanitario y una votación que podría encaminar hacia un referendo independentista en Cataluña, terminaba el período para un amplio y «generoso» blanqueo de capitales que, como suele suceder, beneficiaba largamente a los que evadieron sus responsabilidades fiscales en detrimento de los que o no tienen más remedio que pagar los impuestos o consideran que es una obligación moral hacerlo, que no son pocos en ninguna parte del mundo.
En tal sentido, incluso, el gobierno de Rajoy tocó –a pedido de Bruselas– una de las variables que desencajó otro clavo en la maquinaria económica. Aumentó el IVA de 18 a 21%, lo que repercutió negativamente en el índice de precios de setiembre. Por ley, el gobierno tenía que incrementar las jubilaciones y pensiones en una cifra equivalente, pero no lo hizo «por cuestiones presupuestarias».
El IVA es más fácil de cobrar que otros impuestos porque en algún momento de la cadena económica siempre hay alguien que termina aportando, por más mecanismos de evasión que se inventen. Por otro lado, reducir ingresos a los jubilados es casi un deporte para economistas neoliberales, como bien lo saben los retirados argentinos que lo padecieron en tiempos no tan pretéritos. El problema, como marcaron los dirigentes de las dos principales centrales obreras españolas, Comisiones Obreras (CCOO) y la UGT, es que con una desocupación que supera holgadamente el 25% y mantiene a casi 5 millones de personas sin trabajo, hay miles de familias que viven del sueldo del jubilado.
A todo esto se suman los recortes, en general en el sistema de salud, que pusieron primero la mano en el bolsillo de los beneficiarios porque obligan a un copago de servicios que hasta abril eran gratuitos, y se dejaron afuera del sistema de protección a extranjeros e ilegales. Con decir que hasta las ambulancias de los traslados deben pagarse no hace falta agregar mucho más. De allí la masividad de la manifestación de discapacitados que el 3 de diciembre llenó las calles céntricas de la capital española en reclamo por lo que también ellos perdieron en este año.
Regiones alzadas
Pero no sólo de variables económicas se trata el modelo que viene desarrollando el Partido Popular desde que recuperó el poder a fines del año pasado. Así es que a principios de diciembre la noticia era el rechazo de Cataluña al proyecto de reforma educativa que lleva adelante Madrid de la mano del ministro José Ignacio Wert, que mediante la reforma de la ley educativa, con el archiconocido propósito de adecuar la enseñanza a un mundo que necesita jóvenes preparados en nuevas especializaciones, impone como idioma prioritario el castellano en todo el país.
Sobre llovido mojado: a pocos días de una elección clave en Cataluña que abre paso –aunque no tan velozmente como pretendían sus impulsores– a un referendo independentista, el remarcado centralismo madrileño se parece bastante a una provocación. La región más rica de España sufre recortes y la sociedad protesta porque aporta casi el 20% de los ingresos totales de de la administración central y recibe un poco más del 14%. Según la perspectiva catalana, allí reside el colosal déficit que llevó a la región a pedir salvataje a Madrid y a ser la segunda región más endeudada del país.
La ola independentista podría arrastrar al País Vasco, que tiene viejos reclamos independientistas aunque no tan teñidos de aroma impositivo porque logró en su momento lo que se llama el sistema de concierto, que le permite recaudar y girar al gobierno central una cuota para la coparticipación. Para el resto de las comunidades, el sistema es más parecido al argentino: el Estado nacional recauda y luego distribuye. Con el adicional de que lo hace con un prudencial retardo, que se alarga mucho más en tiempos de crisis.
Tampoco para Rajoy son buenas épocas en política exterior. Al principio de su gestión, el canciller José Manuel García-Margallo declaró con un tono nacionalista que el nuevo gobierno iba a luchar por el Gibraltar español. El peñón es para España una espina clavada en el corazón de su orgullo. Y a pesar de tratados y acuerdos que permitieron construir una organización como la Unión Europea, al igual que en Malvinas, los británicos se niegan a hablar de soberanía con sus vecinos amparados en el Tratado de Utrecht de 1713. El ímpetu nacionalista de García Margallo a poco del tercer centenario de aquella afrenta se fue opacando a medida que el primer ministro, David Cameron, también buscó untarse de una pátina patriótica en medio de ajustes presupuestarios ordenados desde Bruselas y con la mano rigurosa de los alemanes. Así que un viaje oportuno del príncipe Eduardo de Inglaterra y su esposa, Sophie Rhys-Jones, sirvió para apaciguar las cosas y sólo quedó el reclamo de que los pescadores españoles puedan seguir su faena en aguas que los ingleses consideran suyas, como hasta entonces.
Cuestión de códigos
La recuperación argentina de la petrolera YPF también fue un golpe al orgullo herido de los españoles. Al menos así lo entendieron los medios de comunicación y el gobierno, que primero amenazó con las peores consecuencias por el desafío. Pero andando el tiempo la temperatura fue bajando tanto en los despachos oficiales como en la ex compañía matriz, Repsol, que ahora decidió hacer reclamos económicos más que imponer trabas políticas. Mucho no pueden alardear los empresarios hispanos en vista de la detención del que fue el titular de la principal cámara patronal del país, nada menos que por lavado de dinero y ocultamiento de bienes para evitar hacerse cargo de millonarias deudas de su empresa Marsans. Gerardo Díaz Ferrán fue en su momento presidente de la privatizada Aerolíneas Argentinas y tanto de este lado del Atlántico como del otro, siempre tuvo micrófonos a mano para protestar por el «despojo» al que lo habría sometido el gobierno argentino cuando nacionalizó la compañía de bandera sin pagarle nada en retribución, argumentando que el español había vaciado la línea de bandera.
Cierto es que la España que tomó Rajoy no estaba en su mejor momento. De otro modo la derecha no se habría alzado con el triunfo electoral aquel 20N. Pero el PP no hizo más que empeorar los índices económicos, con lo que justificó la aplicación de una política de shock que aceleró el desguace del Estado de Bienestar y abrió la posibilidad de terminar de destruir todo lo que de progresismo dejó Zapatero tras su paso por la presidencia del gobierno. Además lo hace con verdadero deleite.
Por ahora el PP no puso el foco en la reforma de la ley del aborto, una de las promesas electorales, ni en el matrimonio gay. Pero sí reformó el Código Penal para endurecer aún más las de por sí impiadosas penas (que para los delitos más graves pueden llegar hasta 40 años). Además, introduce la figura de la «Prisión permanente revisable», que en teoría permite reducir condenas a cadena perpetua, pero luego de haber pasado no menos de 25 años entre rejas.
Añade luego la llamada «Custodia de seguridad», una medida por la que se suman hasta 10 años más de prisión a un preso que haya cumplido su condena cuando el tribunal sentenciador crea que se trata de un individuo de «especial peligrosidad».
Mientras tanto, y a pesar de que crece exponencialmente la cantidad de víctimas de desalojos por deudas hipotecarias impagas (ya hay más de 350.000 familias que lo perdieron todo en estos 4 años) no hubo acuerdo para cambiar la legislación que reglamenta la dación en pago, es decir, que el banco o el acreedor se quede con la propiedad del deudor, que de este modo se liberaría de su compromiso. Esto es, si al momento de entrar en mora la propiedad vale menos que cuando el incauto la compró, la diferencia se le sigue computando como deuda. En una sociedad con crisis laboral, eso significa que deberá pagar hasta el fin de sus días.
Revista Acción
Diciembre 15 de 2012
El PSOE, que había tenido notorios avances en materia social con la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero a La Moncloa en 2004, se fue enmarañando en soluciones a la crisis financiera pergeñadas en Bruselas que terminaron por poner en controversia hasta las raíces del Estado de Bienestar que representaba el socialismo democrático ibérico.
Hubo una semana clave en su gestión, con una cadena de hechos simbólicos que dejaron entrever el futuro español: a mediados de mayo de 2010, el principal grupo de medios, propietario del diario El País, uno de los emblemas de la España posfranquista, dejaba su mayoría accionaria en manos de un grupo inversor con capitales de Estados Unidos. El anuncio se hizo el mismo día en que el juez Baltasar Garzón era suspendido por el Supremo Tribunal a raíz de su intento de juzgar los crímenes del franquismo y Zapatero anunciaba el primer recorte presupuestario para reducir el déficit fiscal. Fue como un tiro en el pie.
Un año más tarde las protestas y el incremento en la desocupación lo obligaban a adelantar los comicios. Que fijó para el 20 de noviembre: justo el día en el que se cumplían 36 años de la muerte del Caudillo. Ganó, como todos los pronósticos anunciaban, el líder del Partido Popular (PP), Mariano Rajoy, quien asumió su cargo el 21 de diciembre, con promesas de llevar adelante un plan económico que sacara al país de la encrucijada. Un regalo de Navidad que finalmente luego de un año demostró no sólo que era un programa de recortes sin fin, sino que además, tenía como trasfondo la restauración conservadora de España.
Todo peor
En este año de gestión, las variables de la economía no paran de empeorar, a lo que se suman las respuestas que van tomando diferentes sectores de la sociedad ante las escasas perspectivas en un plazo previsible. Así, las calles de las principales ciudades del país son el reflejo de las tensiones que se acumulan. De manera que, entre reclamos de discapacitados por los recortes en el sistema sanitario y una votación que podría encaminar hacia un referendo independentista en Cataluña, terminaba el período para un amplio y «generoso» blanqueo de capitales que, como suele suceder, beneficiaba largamente a los que evadieron sus responsabilidades fiscales en detrimento de los que o no tienen más remedio que pagar los impuestos o consideran que es una obligación moral hacerlo, que no son pocos en ninguna parte del mundo.
En tal sentido, incluso, el gobierno de Rajoy tocó –a pedido de Bruselas– una de las variables que desencajó otro clavo en la maquinaria económica. Aumentó el IVA de 18 a 21%, lo que repercutió negativamente en el índice de precios de setiembre. Por ley, el gobierno tenía que incrementar las jubilaciones y pensiones en una cifra equivalente, pero no lo hizo «por cuestiones presupuestarias».
El IVA es más fácil de cobrar que otros impuestos porque en algún momento de la cadena económica siempre hay alguien que termina aportando, por más mecanismos de evasión que se inventen. Por otro lado, reducir ingresos a los jubilados es casi un deporte para economistas neoliberales, como bien lo saben los retirados argentinos que lo padecieron en tiempos no tan pretéritos. El problema, como marcaron los dirigentes de las dos principales centrales obreras españolas, Comisiones Obreras (CCOO) y la UGT, es que con una desocupación que supera holgadamente el 25% y mantiene a casi 5 millones de personas sin trabajo, hay miles de familias que viven del sueldo del jubilado.
A todo esto se suman los recortes, en general en el sistema de salud, que pusieron primero la mano en el bolsillo de los beneficiarios porque obligan a un copago de servicios que hasta abril eran gratuitos, y se dejaron afuera del sistema de protección a extranjeros e ilegales. Con decir que hasta las ambulancias de los traslados deben pagarse no hace falta agregar mucho más. De allí la masividad de la manifestación de discapacitados que el 3 de diciembre llenó las calles céntricas de la capital española en reclamo por lo que también ellos perdieron en este año.
Regiones alzadas
Pero no sólo de variables económicas se trata el modelo que viene desarrollando el Partido Popular desde que recuperó el poder a fines del año pasado. Así es que a principios de diciembre la noticia era el rechazo de Cataluña al proyecto de reforma educativa que lleva adelante Madrid de la mano del ministro José Ignacio Wert, que mediante la reforma de la ley educativa, con el archiconocido propósito de adecuar la enseñanza a un mundo que necesita jóvenes preparados en nuevas especializaciones, impone como idioma prioritario el castellano en todo el país.
Sobre llovido mojado: a pocos días de una elección clave en Cataluña que abre paso –aunque no tan velozmente como pretendían sus impulsores– a un referendo independentista, el remarcado centralismo madrileño se parece bastante a una provocación. La región más rica de España sufre recortes y la sociedad protesta porque aporta casi el 20% de los ingresos totales de de la administración central y recibe un poco más del 14%. Según la perspectiva catalana, allí reside el colosal déficit que llevó a la región a pedir salvataje a Madrid y a ser la segunda región más endeudada del país.
La ola independentista podría arrastrar al País Vasco, que tiene viejos reclamos independientistas aunque no tan teñidos de aroma impositivo porque logró en su momento lo que se llama el sistema de concierto, que le permite recaudar y girar al gobierno central una cuota para la coparticipación. Para el resto de las comunidades, el sistema es más parecido al argentino: el Estado nacional recauda y luego distribuye. Con el adicional de que lo hace con un prudencial retardo, que se alarga mucho más en tiempos de crisis.
Tampoco para Rajoy son buenas épocas en política exterior. Al principio de su gestión, el canciller José Manuel García-Margallo declaró con un tono nacionalista que el nuevo gobierno iba a luchar por el Gibraltar español. El peñón es para España una espina clavada en el corazón de su orgullo. Y a pesar de tratados y acuerdos que permitieron construir una organización como la Unión Europea, al igual que en Malvinas, los británicos se niegan a hablar de soberanía con sus vecinos amparados en el Tratado de Utrecht de 1713. El ímpetu nacionalista de García Margallo a poco del tercer centenario de aquella afrenta se fue opacando a medida que el primer ministro, David Cameron, también buscó untarse de una pátina patriótica en medio de ajustes presupuestarios ordenados desde Bruselas y con la mano rigurosa de los alemanes. Así que un viaje oportuno del príncipe Eduardo de Inglaterra y su esposa, Sophie Rhys-Jones, sirvió para apaciguar las cosas y sólo quedó el reclamo de que los pescadores españoles puedan seguir su faena en aguas que los ingleses consideran suyas, como hasta entonces.
Cuestión de códigos
La recuperación argentina de la petrolera YPF también fue un golpe al orgullo herido de los españoles. Al menos así lo entendieron los medios de comunicación y el gobierno, que primero amenazó con las peores consecuencias por el desafío. Pero andando el tiempo la temperatura fue bajando tanto en los despachos oficiales como en la ex compañía matriz, Repsol, que ahora decidió hacer reclamos económicos más que imponer trabas políticas. Mucho no pueden alardear los empresarios hispanos en vista de la detención del que fue el titular de la principal cámara patronal del país, nada menos que por lavado de dinero y ocultamiento de bienes para evitar hacerse cargo de millonarias deudas de su empresa Marsans. Gerardo Díaz Ferrán fue en su momento presidente de la privatizada Aerolíneas Argentinas y tanto de este lado del Atlántico como del otro, siempre tuvo micrófonos a mano para protestar por el «despojo» al que lo habría sometido el gobierno argentino cuando nacionalizó la compañía de bandera sin pagarle nada en retribución, argumentando que el español había vaciado la línea de bandera.
Cierto es que la España que tomó Rajoy no estaba en su mejor momento. De otro modo la derecha no se habría alzado con el triunfo electoral aquel 20N. Pero el PP no hizo más que empeorar los índices económicos, con lo que justificó la aplicación de una política de shock que aceleró el desguace del Estado de Bienestar y abrió la posibilidad de terminar de destruir todo lo que de progresismo dejó Zapatero tras su paso por la presidencia del gobierno. Además lo hace con verdadero deleite.
Por ahora el PP no puso el foco en la reforma de la ley del aborto, una de las promesas electorales, ni en el matrimonio gay. Pero sí reformó el Código Penal para endurecer aún más las de por sí impiadosas penas (que para los delitos más graves pueden llegar hasta 40 años). Además, introduce la figura de la «Prisión permanente revisable», que en teoría permite reducir condenas a cadena perpetua, pero luego de haber pasado no menos de 25 años entre rejas.
Añade luego la llamada «Custodia de seguridad», una medida por la que se suman hasta 10 años más de prisión a un preso que haya cumplido su condena cuando el tribunal sentenciador crea que se trata de un individuo de «especial peligrosidad».
Mientras tanto, y a pesar de que crece exponencialmente la cantidad de víctimas de desalojos por deudas hipotecarias impagas (ya hay más de 350.000 familias que lo perdieron todo en estos 4 años) no hubo acuerdo para cambiar la legislación que reglamenta la dación en pago, es decir, que el banco o el acreedor se quede con la propiedad del deudor, que de este modo se liberaría de su compromiso. Esto es, si al momento de entrar en mora la propiedad vale menos que cuando el incauto la compró, la diferencia se le sigue computando como deuda. En una sociedad con crisis laboral, eso significa que deberá pagar hasta el fin de sus días.
Revista Acción
Diciembre 15 de 2012
De adicciones y prohibiciones
Existe una categoría de extranjeros
malhechores que fabrican opio y lo traen a nuestro país para venderlo,
incitando a los necios a destruirse a sí mismos, simplemente con el fin
de sacar provecho (...) Ahora el vicio se ha extendido por todas partes y
el veneno va penetrando cada vez más profundamente (...) Por este
motivo, hemos decidido castigar con penas muy severas a los mercaderes y
a los fumadores de opio, con el fin de poner término definitivamente a
la propagación de este vicio." Para las autoridades chinas, esa carta de
Lin Hse Tsu a la reina Victoria era toda una revelación. No por la
monarca británica, la mayor potencia del mundo en ese año de 1839, sino
porque la dinastía gobernante, Qing, no estaba acostumbrada a dar
explicaciones.
Pero era el imperio más poderoso hasta entonces y China estaba probando el amargo sabor de la decadencia, al punto de que para la milenaria nación se iniciaría con esa primera Guerra del Opio lo que se llamó el Siglo de las Humillaciones. La cosa había comenzado así: China tenía mucho para ofrecer a los anglos, como el té, la seda y la porcelana. Pero no había muchos productos que interesaran a los asiáticos, que mantenían sus mercados cerrados al comercio con Occidente y no permitían la instalación de embajadores. De modo que Londres tenía un déficit permanente que sólo podía equilibrar con la venta de la adormidera que se cultivaba en regiones cercanas.
La primera guerra fue entre 1839 y 1842, la segunda y definitiva, entre 1856 y 1860. Confrontar las fechas con la historia argentina puede ser todo un desafío: en 1858 el emperador Daoguang tuvo que aceptar condiciones de paz severísimas con Inglaterra y sus aliados por las cuales tuvo que permitir el comercio del narcótico, cedió territorios como Hong Kong al Reino Unido y Macao a Portugal, permitió la apertura de puertos para el comercio irrestricto y, como frutilla de postre, abrió la libre navegación por el río Yangtsé. Esto fue a seis años de que Urquiza derrotara a Rosas con ayuda extranjera y acordara la libre navegación de los ríos interiores, y a trece de la Batalla de Obligado.
Pero la historia de las adicciones y su estrecha relación con las prohibiciones y el equilibrio fiscal no empezó con ese incidente. Ya a principios de 1600 el comercio del tabaco enfrentaba a prohibicionistas –cuando aún no se conocía su relación con el cáncer– con los recaudadores. El paradigma tal vez sea Jacobo I de Inglaterra, que escribió "A Counterblaste to Tobacco", un alegato contra el consumo de la planta americana en sus versiones fumables o aspirables en rapé. "Su desaprobación no le impide aumentar los impuestos que pesaban sobre el tabaco cuarenta veces por encima de los precios fijados por la Reina Isabel I", según indica en su página web la British American Tobacco,
una de las multinacionales predominantes en el actual mercado mundial.
Para la época de la Guerra del Opio, los grupos puritanos de Estados
Unidos comienzan su prédica contra el consumo de opio, según recuerda el
español Antonio Escohotado. El especialista anota en uno de sus textos
que ya en 1832 la Rosengarten and Co –origen de la Merck, Sharpe &
Dohme– fabrica morfina y poco más tarde Parke-Davis y Bayer producen
gran parte de los opiáceos y la cocaína que se vende en ese país. Para
1869 el negocio es floreciente y parece no tener techo. Fue el año del
nacimiento del Partido Prohibicionista, creado por Toby Davis en
Michigan.
El lobby que ejerce el PP hace que en 1905 Theodore Roosevelt pida al
Departamento de Estado la creación de tres comisiones para investigar
"el mal", destaca Escohotado. Los debates fueron feroces, porque
involucraban la vida privada de las personas y el derecho a la
privacidad, uno de los pilares de la sociedad estadounidense. El
demócrata Francis Burton Harrison llegó a proponer, incluso, que se
prohibiera la Coca Cola, la Pepsi-Cola y "todas esas cosas que se venden
a los negros del sur". La Asociación Médica Americana, mientras tanto,
advertía que el abuso de drogas sólo se podría controlar a través de la
educación. "Con ese criterio –dijeron– habría que prohibir los
automóviles, porque pueden matar a las personas."
El momento de gloria del PP fue en 1919, cuando lograron imponer la
XVIII Enmienda en la Constitución de los Estados Unidos, que prohibía el
consumo de alcohol.
"Esta noche, un minuto después de las doce, nacerá una nueva nación",
dijo en ese momento el senador Andrew Volstead, el principal impulsor de
la a norma que, por tanto, llevó su nombre. "El demonio de la bebida
hace testamento. Se inicia una era de ideas claras y limpios modales.
Los barrios bajos serán pronto cosa del pasado. Las cárceles y
correccionales quedarán vacíos; los transformaremos en graneros y
fábricas. Todos los hombres volverán a caminar erguidos, sonreirán todas
las mujeres y reirán todos los niños. Se cerraron para siempre las
puertas del infierno", se ilusionó.
Para 1932, en plena crisis económica posterior al crack de 1929,
Franklin Delano Roosevelt prometía en su campaña presidencial terminar
con la desocupación, poner el país nuevamente en marcha… y terminar con
la Ley Seca, que ya había demostrado no sólo que era ineficaz, sino que
además había generado una camada de gángsters que había lucrado con la
venta ilegal de licores. Cuando asumió, en 1933, las arcas del Estado
estaban exhaustas, de modo que se juntaron las dos coincidencias para
conseguir voltear la XVIII Enmienda y ponerle un impuesto importante a
las bebidas alcohólicas. La misma medida que Jacobo I aplicó a los
tabacos.
La lucha contra las drogas se convertiría más tarde en uno de los más
formidables argumentos con los que el nuevo imperio extendió sus
tentáculos por todo el mundo y diseñó políticas represivas "para
combatir el nuevo flagelo de la humanidad". En 1982 el presidente Ronald
Reagan declaró la guerra a las drogas y seis años más tarde la
Convención de Viena, a instancias de Naciones Unidas, endureció medidas
de control en todo el ciclo de la elaboración. Lo que no figura en ese
expediente es la relación entre ocupación militar estadounidense y
aumento de la producción, teniendo en cuenta que el Pentágono tiene
tropas desplegadas en Afganistán y Colombia. Pero esa es otra historia.
Luego de la matanza en la primaria de Newtown, Connecticut, la clase
dirigente de Estados Unidos se ve en la obligación de dar alguna
respuesta a esa otra adicción de los Estados Unidos –el gran consumidor
de droga de Occidente– como es el uso de armas. Adicción protegida en
este caso por una enmienda constitucional. La Segunda, para más datos.
Posterior solamente a la que asegura la libertad de culto y de prensa.
El presidente Barack Obama prometió crear una fuerza de tareas al mando
de su vicepresidente, Joe Biden, para estudiar medidas que impidan
muevas masacres. El debate repite argumentos de la Ley Seca, sólo cambia
el "mal", que ya no es el consumo sino los "límites a la libertad y las
garantías constitucionales". Esta vez el mandatario promete llegar
hasta el hueso, con una comisión que realmente llegue a algo, aunque sin
modificar la sacrosanta Segunda Enmienda. "El hecho de que se trate de
un problema complejo no puede seguir siendo una excusa para no hacer
nada –dijo Obama–, el hecho de que no podamos evitar todo acto de
violencia no significa que no podamos reducirla progresivamente y evitar
la peor."
Los temas en análisis por este equipo –que como especificó, el
presidente tendrá que hacer un informe que sirva y no un dossier para
"cajonear"– incluyen el acceso a la salud mental, la seguridad en las
escuelas y la educación. El corolario debería ser alguna forma de
prohibición de venta de armas semiautomáticas o de asalto.
César Gaviria fue presidente de Colombia y uno de los fundadores de la
Comisión Global sobre Drogas. "Yo era prohibicionista", admitió
recientemente en un congreso científico, como si fuera un adicto
recuperado, para concluir: "Debe cuestionarse si la prohibición no
genera corrupción y violencia en la sociedad." En esa misma línea, el
uruguayo José "Pepe" Mujica piensa que si el Estado se convierte en
proveedor de marihuana, esas miserias pueden ser combatidas con mayor
provecho. Pero las críticas que levantó su propuesta lo hicieron bajar
un cambio y ordenó debatir más las cosas. La sociedad aún no está madura
para entender su propuesta, evaluó.
Cuando hay tanto dinero y poder en juego, las adicciones generan
respuestas contradictorias. Y las prohibiciones se terminan acomodando
según como soplan los vientos.
Tiempo Argentino
Diciembre 21 de 2012
Pero era el imperio más poderoso hasta entonces y China estaba probando el amargo sabor de la decadencia, al punto de que para la milenaria nación se iniciaría con esa primera Guerra del Opio lo que se llamó el Siglo de las Humillaciones. La cosa había comenzado así: China tenía mucho para ofrecer a los anglos, como el té, la seda y la porcelana. Pero no había muchos productos que interesaran a los asiáticos, que mantenían sus mercados cerrados al comercio con Occidente y no permitían la instalación de embajadores. De modo que Londres tenía un déficit permanente que sólo podía equilibrar con la venta de la adormidera que se cultivaba en regiones cercanas.
La primera guerra fue entre 1839 y 1842, la segunda y definitiva, entre 1856 y 1860. Confrontar las fechas con la historia argentina puede ser todo un desafío: en 1858 el emperador Daoguang tuvo que aceptar condiciones de paz severísimas con Inglaterra y sus aliados por las cuales tuvo que permitir el comercio del narcótico, cedió territorios como Hong Kong al Reino Unido y Macao a Portugal, permitió la apertura de puertos para el comercio irrestricto y, como frutilla de postre, abrió la libre navegación por el río Yangtsé. Esto fue a seis años de que Urquiza derrotara a Rosas con ayuda extranjera y acordara la libre navegación de los ríos interiores, y a trece de la Batalla de Obligado.
Pero la historia de las adicciones y su estrecha relación con las prohibiciones y el equilibrio fiscal no empezó con ese incidente. Ya a principios de 1600 el comercio del tabaco enfrentaba a prohibicionistas –cuando aún no se conocía su relación con el cáncer– con los recaudadores. El paradigma tal vez sea Jacobo I de Inglaterra, que escribió "A Counterblaste to Tobacco", un alegato contra el consumo de la planta americana en sus versiones fumables o aspirables en rapé. "Su desaprobación no le impide aumentar los impuestos que pesaban sobre el tabaco cuarenta veces por encima de los precios fijados por la Reina Isabel I", según indica en su página web la British American Tobacco
Tiempo Argentino
Diciembre 21 de 2012
domingo
Pedro Páez Pérez: Por qué conviene apostar por América Latina

–¿Cuál es la diferencia entre el Banco del Sur y el BID o cualquier banco de desarrollo tradicional?
–Una diferencia es que se trata de impulsar necesidades básicas,
prioritarias para el continente, para la construcción de la Patria
Grande más allá de que sea, entre comillas, deficiente desde los
criterios financieros. Nosotros creemos que es necesario sentar los
fundamentos de lo que tiene que ser la nueva integración
latinoamericana…
–¿Quiere decir que perdería plata?
–No necesariamente, pero la lógica del flujo de caja cortoplacista
que exigen los proyectos de desarrollo y la banca comercial no se
ajustan a los ciclos productivos, y lo que necesitamos es crear las
condiciones generales que permitan un sistema de integración más
profundo, lo que requiere de lógicas diferentes. Esa es la primera gran
parte: poner primero lo primero. Un concepto nuevo de soberanía
supranacional que no está en contradicción con la soberanía nacional,
como en el caso europeo, sino un reforzamiento de la soberanía nacional
con la construcción de una soberanía popular al nivel del territorio, de
la comunidad. Y en ese sentido es que está planteado el tema de la
alimentación, de la salud, de la energía, del conocimiento, recursos
naturales, la infraestructura, es decir el tema de la soberanía popular.
La segunda gran diferencia es que el BdS está propuesto como un
instrumento de construcción de soberanía desde la perspectiva
democrática. El BdS es el instrumento financiero de los órganos
representativos electos democráticamente. No es el BID o el Banco
Mundial, que le dicen "mire, me parece que este proyecto no le conviene,
o nuestro proyecto de prioridades es este, o tiene que cumplir primero
con estas condiciones", sólo por decir algunos casos que pueden
plantear. Las negociaciones de lo que es prioritario hacerse en cada uno
de los países las deciden en el Consejo de Ministros, que tienen las
rendiciones de cuentas que corresponden en cada país. Y eso pasa a ser
financiado por el BdS como un proyecto continental.
–La pregunta es de dónde sale el dinero.
–La propuesta del banco no es lo que pueda financiar por sí solo,
sino que sienta en la mesa de negociaciones a los demás bancos,
incluyendo el BM y al BID y entidades nacionales o privadas. Es un
concepto anterior de un banco de inversión. Ahora lastimosamente se
tiene la idea de que un banco de inversión es Goldman Sachs, y esos son
bancos especuladores. El BdS es un banco que se encarga de organizar el
financiamiento de los proyectos de inversión, que los deciden los
órganos democráticamente elegidos. Esto cambia radicalmente la lógica de
la dictadura financiera que ha estado imperando en nuestro continente.
–¿Quiénes son los que están frenando la concreción del BdS?
–Es claro que hay intereses de la vieja arquitectura financiera,
asustados por la existencia no sólo del banco sino de la propuesta de la
Nueva Arquitectura Financiera, que incluye la moneda regional, el
Sucre, y la necesidad urgente de tener una alternativa regional al FMI
sobre la base de los recursos propios del continente (ver recuadro). Son
gente muy hábil que aparece inclusive financiando proyectos a nivel de
organizaciones sociales, de ONGs, de investigación, con agenda
posmoderna y hasta con ropajes marxistas. Esto no nos debería
sorprender, la habilidad de quienes han conservado el poder les permite
tener una ductilidad muy… sutil, digamos. Ellos, primero quisieron
ignorar, luego cuando ya estuvo posicionado en los movimientos sociales,
lo ridiculizaron, y cuando vieron que esto iba en serio han tratado de
secuestrarlo para desnaturalizarlo. El proceso actual es esa disputa por
convertir el BdS en un banco insignificante, porque hoy no tiene un
musculo financiero en dólares como la banca tradicional de desarrollo.
Así, sería un BID chiquito ¿qué sentido tendría? Por eso quieren cambiar
el concepto que se ha venido trabajando durante todo este tiempo, con
esos tres pilares: banco de desarrollo de nuevo tipo, una red de
seguridad financiera alternativa al FMI y una moneda común pero no
única.
–¿Qué es esa moneda “común pero no única”?
–Sucre refiere a Antonio José de Sucre, el prócer de la
independencia, el que comandó las tropas en la batalla final de
Ayacucho. El acrónimo salió de un desayuno entre Chávez y Correa:
Sistema Unitario de Compensación Regional. El Sucre inaugura un frente
de batalla nuevo en el plano de la soberanía monetaria, que además es un
tema muy poco tratado por la economía ortodoxa y por los propios
economistas críticos. Para poner un ejemplo que decía el otro día Adolfo
Pérez Esquivel: EE UU y la Otan tienen 1100 bases militares en todo el
mundo. La evidencia muestra que esas 1100 bases no pueden ser
financiadas con la partida presupuestaria que aparece en la discusión en
EE UU. Buena parte del financiamiento viene de la Reserva Federal, del
señoriaje, que es el privilegio que tiene EE UU de imprimir la cantidad
de dólares que les dé la gana, porque el resto del mundo valida esa
emisión de dólares que desde 1971 no tiene ningún respaldo. Tanto las
aventuras militares de EE UU como el salvataje sin límite a los bancos
que han llevado a esta crisis se dan por ese monopolio. Por ejemplo, si
un importador de Argentina quiere comprarle a un exportador de Colombia,
tiene que contratar primero a un banco que compre en el mercado de
divisas local los dólares para hacer la transacción con un banco
corresponsal en EE UU, pasar por un mecanismo privado monopólico que se
llama Swift, a través de la Reserva Federal, hacia el banco agente del
banco del exportador, ese banco le gira al banco colombiano en dólares y
recién ahí el vendedor recibe su paga en Colombia. Estamos hablando de
mayores costos porque ninguno de ellos es filántropo, mayores trámites,
más tiempo. El Sucre corta los intermediarios, es una conexión directa
entre los bancos centrales de los dos países.
–¿Cómo sería esa misma operación en Sucres?
–Si es que Argentina y Colombia estuviesen en el Sucre, que por
ahora sólo funciona dentro de los países del ALBA, lo que tendrían es
una conexión directa intranet entre el Banco Central de Argentina y el
de Colombia, que contacta a los operadores financieros del exportador y
del importador y ya está hecho. En el caso del Ecuador ni siquiera hace
falta que sean bancos, pueden ser cajas de ahorro, cooperativas locales.
–¿Yo compro en pesos?
–Ese es un problema de cada país. Opera como un convenio entre
bancos centrales y entonces los bancos se abren una tarjeta de crédito
recíproca por seis meses al cabo de los cuales se cambia la diferencia a
dólares. En el momento en que se hace la exportación el país recibe una
cuenta, una acreditación real en Sucres, que son títulos que
inmediatamente pueden ser comerciados. El pago dependerá de lo que
negocie, si será en dólares o moneda local. Es un diseño totalmente
nuevo para condiciones nuevas y utilizando al máximo las nuevas
plataformas informáticas, que ya tienen todos los países de América
Latina y son no sólo homologables sino que han sido provistos por la
misma firma.
–¿No terminaría como el euro?
–El euro fue la locura de poner el carro delante de los caballos.
Se sacrifica en el altar de la moneda todas las otras políticas. El euro
está diseñado para robar soberanía, capacidad de decidir a cada uno de
los países y ponerlo bajo la dictadura monetarista, algo simplemente
insostenible. Lo que estamos haciendo en América Latina un poco marca la
pauta. Supongamos que Colombia le compra a Argentina 1000 millones y
Argentina le compra 3000 millones a Colombia. La suma es de 4000
millones de una demanda totalmente artificial que está impactando sobre
el mercado regional de divisas, porque EE UU no participa de esas
negociaciones. Sin embargo estamos todo el tiempo en esa necesidad de
comprar los dólares y esa demanda incide sobre las decisiones de
inversión inclusive de un ahorrista común y sobre los precios internos,
debilita el manejo de la economía fiscal y el sistema financiero. En
lugar de comprar los 4000 millones nosotros decimos “paguemos solamente
la diferencia”, con lo que habría que comprar nada más que 2000 millones
de dólares. Un alivio significativo sobre el mercado local de divisas.
En el caso del Sucre, las transacciones van y vienen durante seis meses y
el ahorro es todavía mayor. Con esto estamos aumentando la capacidad
de decisión nacional, pero además como ya no toca manipular las tasas de
interés para lograr un objetivo cambiario, también estamos dando más
grados de libertad, más soberanía en la política monetaria y financiera.
Por otro lado, podemos tener un manejo de las tasas de interés más
estables, el servicio de la deuda para los hogares, las empresas y el
Estado sería más bajo. El diseño es totalmente distinto del euro, porque
nosotros estamos fortaleciendo la soberanía nacional y la soberanía
popular, familiar, de los distintos actores sociales y al mismo tiempo
construyendo un nuevo espacio de decisión que no existía, que es el
espacio supranacional que ojala sea pronto Unasur y Celac. El continente
se va constituyendo en un espacio nuevo de decisiones de ejercicio de
la soberanía, que es precisamente por lo que pelearon los Libertadores
de hace 200 años. «
Una nueva arquitectura financiera
“La tercera pata de esta Nueva Arquitectura Financiera Regional es
el Fondo del Sur, que es un sistema y una red financiera, un nuevo tipo
de operación de los bancos centrales para poder reciclar todos los
recursos propios. Sólo en reservas monetarias internacionales, tenemos
cerca de 800 mil millones de dólares. La teoría de las reservas dice que
hay que ponerlas en un lugar seguro por cualquier contingencia interna.
¿Cuál es el lugar seguro? ¿EE UU, Europa?… hombre, hasta el JP Morgan
Chase, con todas las ventajas que le dieron para que dibuje su
contabilidad, ahorita parece que está perdiendo plata. ¿Cómo puede
decirse que el activo libre de riesgo está en EE UU? Hasta el BID tuvo
que reconocer que perdió un quinto de su capital por inversiones
especulativas
¿Qué hace un banco de desarrollo poniendo su plata en el casino del
señor Maddox? ¿Acaso no hay otras prioridades en América latina? En la
teoría del Portafolio se supone que hay una compensación entre la
rentabilidad y el riesgo que se corre. Pero poner las reservas en el
Norte es un riesgo gigantesco, porque Europa no se salva y además las
tasas están cerca de 0,25%, apenas más del 0 por ciento
Como inversionista y desde la perspectiva del capital, si hay algun
área libre de riesgo en muchos sentidos inclusive en el geopolítico, es
precisamente América latina. Y nosotros no estamos aprovechando la
coyuntura y el potencial enorme que tiene. Necesitamos crear condiciones
y movilización de recursos propios, y para poder avanzar en la
inversión productiva sostenible necesitamos trabajar con las monedas
nacionales de los países hermanos. Necesitamos crear incentivos para que
los países que están dando un préstamo en su moneda nacional tengan un
complemento de los países que están tomando el préstamo, cosa de que el
problema de la balanza de pagos pueda ser sostenible. Hay que hacerlo lo
más pronto, posible así podemos liberar recursos que ahora están
puestos debajo del colchón para reciclarlos a través a proyectos
productivos.”
El desequilibrio del euro
–El euro se basa en una construcción teórica que no tiene ningún
fundamento porque la teoría de las zonas monetarias óptimas se basa en
la noción del equilibrio general, cosa que no ha sido probado ni
matemáticamente ni doctrinariamente.
–Pero las universidades siguen formando economistas en la
otra línea, que son los que luego hablan desde los medios sin inmutarse a
pesar de lo que indica la realidad de esta crisis mundial.
–Eso forma parte de una trasformación epistemológica y axiológica.
Pero también es un tema de valores, hombre. En muchos casos hay mala fe,
pero otros simplemente están prisioneros de una epistemología antigua y
de un lavado de cerebros del pensamiento único neoliberal que se basa
sobre una situación absolutamente insostenible. Toda la teoría
neoclásica tiene como presupuesto que existe un equilibrio general. León
Walras, a finales siglo XIX, hace una construcción matemática de un
sistema de ecuaciones lineales en que demuestra que si los precios se
construyen con ecuaciones lineales es posible tener una solución, pero
no demuestra que haya una solución. El hecho de que exista desempleo,
que no haya un trabajo para todos los que están buscando trabajo, te
demuestra que no existe el equilibrio.
–Pero ese no parece un problema para esos economistas.
–Ehhh, ahí viene el tema del oportunismo teórico. Te encoges de
hombros y dices "si no me conviene me hago el opa, como si no existiera
el problema". Sobre esa base se ha construido todo, y por eso es que se
desmorona todo este sistema.
Tiempo Argentino
Diciembre 16 de 2012
viernes
El miserable acoso de los caranchos
En más de una ocasión, el presidente
venezolano Hugo Chávez declaró, con tono grave, que la revolución lo
había tomado por completo. "Ya no me pertenezco", sostuvo varias veces, a
modo de confesión. Era la forma de expresar que un líder de su
estatura, al comando de un proceso político como el que encarnó desde el
intento de acabar con el neoliberalismo del gobierno de Carlos Andrés
Pérez, hace 20 años, no podía darse tiempo para otra cosa.
No era nada nuevo, en realidad. Ninguno de los grandes protagonistas
en la historia de la humanidad fueron otra cosa que hojas en los vientos
que habían desplegado o a los que se habían sumado para dejar la huella
de su paso por este mundo.
En estas horas es cuando se hace más patente esa frase y la certeza
de que cada uno de los venezolanos y de los latinoamericanos que rezan
por la salud de Chávez enfrentan un momento crítico. Las imágenes que
las agencias de noticias envían de militantes o ciudadanos comunes
haciendo vigilias con los ojos vidriosos y los labios apretados para
contener el llanto, certifican que el bolivariano representa mucho más
que el cargo que ocupa. Es la mayor esperanza de cambio para un país
habituado a las injusticias sociales más espeluznantes, con millones que
padecían dramáticas escaseces sentados sobre pozos de petróleo que a
otros enriquecían.
La Venezuela de hoy no es el paraíso. Para eso le falta bastante.
Pero si a lo largo de 14 años y 17 sufragios las grandes mayorías
siguieron apoyando el proyecto chavista, en elecciones absolutamente
limpias, algo será que habrá cambiado para los que menos tienen. Sin
embargo, la presencia de Chávez sigue siendo determinante para la
continuidad del modelo y para acallar esas voces opositoras que en
representación de privilegios perdidos no hacen más que golpear con
cizaña sobre las heridas de un hombre que lucha contra un mal todavía
más poderoso que la ciencia.
Es cierto lo que dijo el ecuatoriano Rafael Correa: "Todos somos
necesarios, pero nadie es imprescindible." También es verdad que la
revolución debe seguir sin Chávez, pase lo que pase. Como quien dice,
que este proceso de cambios necesita ponerse los pantalones largos,
tanto en Venezuela como en el resto del continente, que también pide por
Chávez porque sabe que es un poco rezar por sí mismos.
Mientras tanto, la derecha y los poderes fácticos más retrógrados se
regodean vivando al cáncer, el único que parece en condiciones de
derrotar al militar venezolano, ya que no pueden con él en las urnas.
Así es que algunos periodistas que alcanzaron su cuarto de hora de
fama enviando informes presuntamente surgidos desde el cuerpo médico que
atiende a Chávez, se refriegan las manos como diciendo "no me digan que
no les dije que lo de él era grave". Henrique Capriles, que este
domingo se juega a conseguir en la gobernación de Miranda una segunda
oportunidad para liderar a la oposición tras el fracaso en la
presidencial, ya se encargó de recordar que "el liderazgo de una persona
no se transfiere... (aunque) yo veo que quienes no tienen nada que
ofrecerle a nuestro estado se aprovechan del problema". Cosa de ver si
de ese modo puede revertir encuestas que lo dan como perdedor también
con el candidato oficial Elías Jaua.
Otro periodista venezolano, Andrés Cañizález, hablando de la
proliferación informativa actual sobre la salud presidencial, a las que
contrapone con escuetos comunicados antes de las primeras operaciones,
dice en La Nación: "¿Cuántos venezolanos habrían votado por Chávez
sabiendo que en verdad no estaba curado?"
"Ahorita no tenemos quién dirige este país, y el que ahora está
encargado (por el vicepresidente Nicolás Maduro), él llora en la
televisión para armar un drama, para que la gente vaya a votar porque
pobrecito Chávez. O sea, es doloroso. Entonces, no sabemos si esa
enfermedad es para eso o es porque de verdad el señor está enfermo",
deslizó sin ruborizarse, la abogada María Alicia Altuve, según reproduce
un cable de la agencia The Associated Press.
Esta teoría de que el agravamiento de la enfermedad de Chávez no es
más que un montaje publicitario para ganar este domingo ya fue publicado
en Buenos Aires por alguno de los diarios más influyentes de la
derecha. El mismo que sostiene que la situación económica en Venezuela
no atraviesa por su mejor momento y coteja la política en relación al
dólar con la de Argentina (dos modelos pero el mismo cepo cambiario,
equiparan). Recuerdan mucho a los caranchos que se posan sobre una presa
vencida para despedazarla. Y con mirada canchera dicen "ahora los
quiero ver".
Desde este lado, son muchos los que le reclaman a Chávez, como
contrapartida, no haberse cuidado más una vez que le detectaron la
enfermedad. El mismo mandatario bolivariano recordaba que Fidel Castro
casi lo conminó como un padre a que se revisara de "esas molestias" en
la pelvis que terminaron siendo el primer tumor.
Y es aquí donde aparece esa diferencia entre un hombre que ya no se
pertenece y confía en una inmortalidad imprescindible pero inexistente.
"¿Qué necesidad tenías de dar ese multitudinario discurso antes de las
elecciones bajo semejante lluvia?", le recriminan. Los mismos que
podrían reprocharle a Néstor Kirchner por haberse expuesto en el Luna
Park un par de días después de una cirugía cardiovascular. "Yo tampoco
me pertenecía", repetiría el argentino. ¿Qué necesidad tenía Evita? ¿Y
Perón en el '73? ¿Y el Che, cuando todo le indicaba que no se podía? ¿Y
Dorrego, poco antes de ese 13 de diciembre final? Si tuvo ocasión de
escapar…
Estos son momentos dramáticos para Venezuela y para la región. Pero
también para la vida de un hombre que ahora se muestra en toda su
dimensión humana. Es un tipo común que alguna vez entendió que una
sociedad injusta debe ser cambiada. Y que si él no lo hacía, ¿quién?
Entonces puso todos los huevos en una sola canasta, sin guardarse nada.
Ahora cabe a la dirigencia que se formó a su lado y se consolidó en
estos años de gobierno mantener la antorcha ardiendo mientras Chávez se
recupera con toda la tranquilidad que necesita para volver al ruedo.
Claro que no se la van a hacer fácil, y los caranchos hurgarán en
miserias y diferencias para intentar una división que les permita
revertir los avances logrados desde 1999.
Por lo pronto, ya dicen –a modo de cuestionamiento de sus
debilidades– que Maduro no pasó por una universidad. Y que alguna vez se
ganó la vida conduciendo un ómnibus. Los mismos "sesudos" argumentos
que se escucharon sobre Evo Morales cuando estaba por asumir: que sólo
acreditaba una pobre escuela primaria. Y que es indio.
La presencia de Correa en La Habana y el anuncio de que también
podrían viajar el uruguayo José Mujica y el peruano Ollanta Humala,
certifican todo lo que representa Chávez para este tiempo
latinoamericano, tan auspicioso en el camino de la construcción de una
Patria Grande.
Beneficioso incluso para los caranchos, incapaces de percibir que si
esta oportunidad se pierde, ni ellos habrán de sobrevivir. En un páramo
nadie tiene con qué alimentarse.
(En memoria de mi viejo, Constantino, que se jubiló de colectivero
después de pasar por la línea 7, la 91 y la 44, cuando todavía era color
celeste).
Diciembre 14 de 2012
martes
Katiuska Blanco, la biógrafa de Fidel

–¿Angola era una opción natural para una joven periodista en ese momento?
–No resultaba tan extraño querer hacer periodismo de calidad en una contienda bélica. Además, la participación cubana en Angola era solicitada por el pueblo angoleño contra la invasión sudafricana. No era cualquier lugar sino la Sudáfrica que venía del apartheid. Por lo tanto, también tenía desde el punto de vista social, una razón de peso, profunda y también de lucha contra la discriminación racial. Por otro lado, yo recuerdo que cuando estaba en tercer año de la universidad había tenido lugar en Cuba el Sexto Pleno de la Unión de Periodistas de Cuba, presidido por Fidel. Junto con eso hubo una reunión de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba que enmarcó de alguna manera lo que después él llamó «avanzar por el camino correcto». Fue tan importante para Fidel la retroalimentación que recibió de los intelectuales y de los periodistas que eso definió, de alguna manera, un rumbo distinto en el desarrollo de la revolución. Se llamó también la etapa de la «rectificación de errores». Esto fue en 1985. Yo me gradué en 1987, pero pude participar como estudiante de tercer año de periodismo en encuentros como delegada por la universidad. Ahí tuve la oportunidad de conversar con el Comandante, de hacerle unas preguntas sobre el tema de la orientación...
–¿Era la primera vez que estaba con él?
–No, yo no lo cuento como la primera vez que estuve con Fidel porque él presidía la mesa y yo estaba como una delegada más en una sala del Palacio de las Convenciones. Pero sí creo que le mencioné el hecho de que a veces llegábamos al quinto año de la carrera y no teníamos muy definido el medio en el que íbamos a ir a trabajar. En Cuba tú terminas la universidad y el Estado te emplea. Yo pensaba que había que buscar la manera de que el estudiante supiera con cierta antelación en qué medio iba a estar para que pudiera profundizar los conocimientos específicos de ese medio.
–¿Y qué ocurrió?
–Le hablé del Congreso, porque allí se acordó que los jóvenes graduados tuvieran una especie de entrenamiento después de la carrera. Para ese entrenamiento se escogía a los que habían tenido mejores resultados y también a los más integrales. En Cuba, la selección de los mejores no la hacen los profesores ni los profesionales sino que los propios estudiantes son quienes eligen a los que están indicados en el escalafón, que no incluye sólo los resultados sino que es una discusión de la asamblea estudiantil. Recuerdo que me gradué el 16 de julio de 1987, el 3 de agosto comencé un curso de cámara de cine y de cámara fotográfica en los estudios fílmicos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), el 3 de setiembre terminamos el curso y el 13 nos montamos en el avión y nos fuimos para Angola.
–No hay muchas mujeres corresponsales de guerra. ¿Cómo fue esa experiencia en África?
–Estuve un año en escenarios de guerra. En Angola no siempre se trataba de una guerra convencional de estas que salen en las películas, sino que allí se la conocía como «la guerra de las minas», por las minas antipersonales y antitanques. No presenciamos una guerra común aunque sí había emboscadas en los caminos y demás. Por supuesto había que ir armados a todas partes. Uno iba con un arma de defensa personal, una pistola, porque era un oficial. Todos los estudiantes de periodismo en Cuba en esa etapa tenían entrenamiento militar y salíamos con el grado de tenientes. Era una guerra aburrida y al mismo tiempo no lo era, porque había hostigamiento. Escribí hace mucho tiempo una crónica titulada El sur en la memoria o algo así. Porque el sur era el territorio del espanto. Allí pasaban cosas tremendas. Estaba la invasión sudafricana pero también estaba el Movimiento Unita, apoyado por Estados Unidos y Sudáfrica. No voy a decir que no tuve temores, porque el que diga eso está mintiendo, pero el temor más grande que sentía era pensar en que a mi mamá y a mi familia les llegara una mala noticia. El sufrimiento que iba a causar si a mí me pasaba algo. Aunque a veces siento que era un amuleto para el grupo y que donde yo iba no pasaba nada.
–¿Era así?
–Creo que sí porque no me ha ocurrido nada. Y eso que fui a lugares difíciles. Estuve en un avance hacia un lugar que se llamaba Techipa, que los cubanos decían «Techipa te chupa» por lo malo que era. Hubo allí hostigamiento de E5 y E6, un tipo de artillería donde los proyectiles penetran en los refugios. Si no están bien construidos el proyectil penetra y se expande. Entonces, había que hacer los refugios con gruesos troncos, tierra, gruesos troncos, más tierra y así sucesivamente para que no causaran daños. Tuve compañeros que cayeron en esta guerra.
–¿Todos los días tenía que escribir algo?
–Sí, casi siempre. Aunque yo era muy joven, estaba recién graduada, y las fotos me salían muy mal. A veces mis trabajos no se publicaban. Todavía hoy digo que primero me muero antes que publicar de nuevo aquello que escribí porque era muy elemental. Las crónicas de Angola tenían el mérito de exaltar el valor de los jóvenes cubanos, que estaban allí cumpliendo una tarea de solidaridad muy grande.
–Todavía no llegamos al momento en el que conoció a Fidel.
–Al regreso de Angola comencé a trabajar en el periódico del partido, el Granma. Me tocó cubrir en muchas oportunidades actos oficiales, encuentros y recorridos con Fidel. Yo atendía las secciones Juventud, Familia, Educación y demás. Había escrito un trabajo que se llamaba La secundaria básica. El eslabón más débil. Fidel empezó a preguntar sobre esa parte de la educación, sobre el desarrollo de la secundaria básica en Cuba, porque era el nivel con mayores dificultades, no sólo en Cuba sino en el mundo entero. Fidel me consultó y yo respondí algo que había escrito, que había estado investigando, hablando con maestros y demás. Y de pronto me dijo: «¿Tú eres docente o especialista en secundaria?». Le dije que era periodista de Granma. Luego me preguntó mi nombre, y cuando le dije Katiuska, quiso saber cuándo me pusieron ese nombre. «Creo que el día en que nací», le contesté, en 1964. Y le conté la historia de por qué me llamaba Katiuska (ver Un nombre...). Luego pasaron años sin verlo hasta que fui a una expedición de la juventud que reeditaba el viaje del Granma. Fuimos a México e hicimos la trayectoria marítima del Granma...
–¿Quiénes hicieron ese viaje?
–Eran jóvenes cubanos. Yo iba como periodista. Con las crónicas que escribí para el periódico, ampliadas, se publicó el libro Después de lo increíble. Los compañeros de la juventud, a fin de año, me dicen: «Katiuska, envíanos dos ejemplares que ese va a ser el obsequio de la juventud cubana a Fidel y a Raúl por el aniversario del triunfo de la revolución». A los pocos días, en enero de 1993, Fidel me convocó al Palacio de la Revolución y en un momento me dice que le habría gustado hablar conmigo antes de que el libro se publicara para contarme lo sucedido. En ese momento comenzó una extraordinaria evocación de aquellos hechos. Lo vi varias veces más hasta que en 1996 me invitó a ir a Birán (su lugar de nacimiento).
–¿Eso es lo que narra en Guerrillero del tiempo?
–Claro. Es la etapa en la que empiezo a trabajar, primero como periodista y después como investigadora, en la oficina del vocero de la Cancillería cubana. Al mismo tiempo que hacía mi trabajo investigaba sobre la vida de Fidel, la genealogía, el ambiente, la vida en Birán.
–¿Se fue dando la idea del libro o lo tenía como proyecto?
–Primero se dio a raíz de que él me invitó a ir a Birán. Fidel me dijo: «Vamos y después con eso tú haces lo que quieras». Alguien que estaba al lado mío me dijo: «Deberías hacer algo de largo aliento». Yo me quedé con aquella frase, que para mí es muy poética por la musicalidad de las palabras. Me pregunté: ¿qué será largo aliento? ¿Una crónica de 4 cuartillas, de 15? ¿Un reportaje de 100 páginas? Y cuando hablé con Guillermo Cabrera Álvarez, un maestro de periodistas en Cuba, me dijo: «Katiuska, haz un libro sobre Fidel en Birán. Si cuentas el lugar donde vivió, la gente que lo rodeó, lo que lo marcó, estás contando a Fidel, estás narrando el perfil de Fidel». Así empezó. Ese libro se publicó en 2003 y se llamó Todo el tiempo de los cedros. Paisaje familiar de Fidel Castro Ruz. No lo escribí pensando en hacer una biografía, pero de alguna manera, fui siguiendo a Fidel.
–¿Recogió testimonios de gente del lugar, de familiares…?
–Entrevisté a prácticamente todos los hermanos de Fidel en Cuba. A la hermana mayor, Angelita; Agustina Castro, su hermana menor; entrevisté a Raúl cuando faltaban pocos días para terminar el libro, porque me faltaba nada más su testimonio para tener determinadas precisiones. Porque las cronografías, los estudios en las oficinas en las que investigaba casi siempre eran sobre Fidel. Yo me preguntaba dónde está Raúl en toda la historia de Fidel. El libro se hizo con eso, con indagaciones, revisando los diarios de la época, incluso antes de que Fidel naciera. Porque el libro empieza con un capítulo que se llama «Ángel», que es la narración de la vida del papá de Fidel, desde que nació en España.
–¿En qué lugar de España?
–Una aldea gallega llamada Láncara, en la provincia de Lugo. En España, Castro no es cualquier cosa. Si buscas en las enciclopedias encuentras «la cultura castreja». Castros eran los asentamientos humanos de los celtas en España. Y sobre los vestigios de las ruinas de los celtas se edificaron los castillos romanos. En un determinado momento los nombres de las familias es «del castro tal o cual» hasta que el Castro terminó siendo un apellido. Los castros existen en toda España, pero Galicia es donde hay mayor número. Estos castros celtas tenían una característica: el gran desarrollo de las edificaciones defensivas y su capacidad de resistencia. Para nosotros esto tiene un doble simbolismo. Porque Cuba ha resistido y ha desarrollado una capacidad muy grande de defenderse. Nunca fue un país agresor, por el contrario, fue invadido, ocupado y colonizado.
–Asombrosa coincidencia, ¿no?
–Esta investigación propició, de alguna manera, que comenzara a trabajar en la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado, creada por la guerrillera Celia Sánchez Manduley. Ella comenzó guardando en su mochila papelitos de la contienda o de la guerrilla y cuando éstos ya no le entraban, los dejaba en custodia de campesinos. Así se conservaron todos los documentos del Che, de Fidel, los partes, los mensajes, las comunicaciones, las órdenes que emitían. Todo eso se le debe a Celia.
–¿Cómo surge la idea de hacer una biografía de Fidel?
–Creo que Fidel tenía esa idea desde hacía bastante tiempo. Nosotros conversábamos mucho. Ya para 2009 habíamos trabajado en conjunto en cosas que él quería que yo velara en lo que respecta a la edición de libros, enmiendas y todo eso.
–¿Ya había salido el libro de Ignacio Ramonet sobre Castro?
–Sí, ya estaba publicado. A veces nos pasábamos seis meses sin conversar y otras conversábamos una semana seguida.
–Da la sensación de que cuando se enfermó, se apuró en dejar testimonio.
–Sí, en aquel momento a Fidel le preocupaba cumplir la palabra dada a Ramonet y terminar el libro. Se había dado cuenta de que al transcribir había habido errores de comprensión y entonces había habido datos que presentaban errores. Él quería leer el libro, revisarlo y que quedara una cosa bien hecha. Además Ramonet le había insistido mucho para que lo hiciera y él, por cuestiones de trabajo, no había podido. Creo que Fidel tenía esa gran preocupación porque conocía el riesgo que corría.
–Fue cuando emprendió la tarea de esta biografía que usted escribió.
–Claro. Lo que me conmovía era que más que preocupado por su vida o por vivir o morir, era el rigor y la seriedad que debía tener ese testimonio. Eso es una cosa propia de un hombre que no le tiene temor a la muerte. A partir de una de esas conversaciones que teníamos me dijo: «¿Por qué no me preparas un cuestionario inquisitorio?». Empecé a preparar un buen número de preguntas y fuimos articulando los capítulos. Yo le iba enviando los cuadernillos y él los revisaba. Nunca hizo una enmienda en las preguntas. Que las podría haber hecho porque después de todo, ¿qué soy yo al lado de un hombre de la dimensión de Fidel? Siempre digo y he repetido cuando me preguntan «¿por qué a ti?”», que eso demuestra la humildad de Fidel. Porque podría haber aspirado a que alguien consagrado, no sólo en Cuba sino a nivel internacional, fuera el destinatario de la narración de su historia.
Revista Acción
Noviembre 15 de 2012
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Filtraciones celestiales
Desde que Joseph Ratzinger fue ungido Papa,
hace siete años, no cesan de aparecer escándalos para la Iglesia que
comanda con mano trémula. Este cardenal alemán era el natural
continuador del polaco Juan Pablo II, al que cuidó las espaldas por más
de 20 años como un bastión ultraconservador, y mucho ayudó desde la
Santa Sede a la caída del bloque socialista. Pero desde que se consagró
como Benedicto XVI su pontificado debe enfrentar todo tipo de
cuestionamientos, desde la pedofilia enquistada por décadas en muchos
pliegues de la Iglesia, hasta el entramado financiero que continúa
provocando dolores de cabeza en el Instituto para las Obras de Religión
(IOR), más conocido como el Banco Vaticano. Y ahora, cuando ya cumplidos
los 85 años se aprontan las fichas para una sucesión que por cuestiones
de edad puede ser inminente, las intrigas en su entorno alcanzan
ribetes novelescos.
PROBLEMAS. Benedicto XVI padece la situación, junto con el secretario privado del Vaticano, el italiano Tarcisio Bertone.
Con todos esos ingredientes un periodista italiano, Gianluigi Nuzzi, armó el libro Sua Santità, donde destapa con profusión de datos y documentos un panorama de lo que ocurre en el Vaticano, desde hace por lo menos diez años, con un grupo de cardenales que manejan la organización religiosa más poderosa del mundo atravesada por la más increíble gama de intereses terrenales y en medio de fuertes disputas entre sectores que se niegan a adecuar la dos veces milenaria institución a los tiempos que corren.
Como aquellos documentos –que fueron comidilla en los medios más importantes del mundo– son indesmentibles, una investigación interna determinó que hubo un culpable de las filtraciones, que por esas cuestiones de la oportunidad se dieron en llamar Vatileaks, y que el «soplón» no podía ser otro que el mayordomo del Papa, Paolo Gabriele. Conocido como Paoletto, este italiano de 46 años que, según su abogado, se mostró arrepentido luego de haber pasado 50 días en prisión, pidió disculpas al Papa, al que jura adorar y servir con fruición desde hace seis años y al que asegura haber querido ayudar con la difusión de informes sobre las amenazas que se ciernen sobre su reinado.
En este thriller, uno de los más destacados protagonistas es el secretario privado del Vaticano y camarlengo del Papa, su hombre de confianza en Roma, Tarcisio Bertone, quien ni bien se conocieron esos documentos sostuvo ante la prensa que el Vatileaks es un «ataque con fines determinados contra el Papa». El camarlengo es el administrador de los bienes e ingresos de la Santa Sede. Pero entre sus funciones está la de certificar burocráticamente la muerte del Papa, organizar el proceso sucesorio y regir los destinos de la Iglesia hasta la designación del nuevo Pontífice.
PROBLEMAS. Benedicto XVI padece la situación, junto con el secretario privado del Vaticano, el italiano Tarcisio Bertone.
Con todos esos ingredientes un periodista italiano, Gianluigi Nuzzi, armó el libro Sua Santità, donde destapa con profusión de datos y documentos un panorama de lo que ocurre en el Vaticano, desde hace por lo menos diez años, con un grupo de cardenales que manejan la organización religiosa más poderosa del mundo atravesada por la más increíble gama de intereses terrenales y en medio de fuertes disputas entre sectores que se niegan a adecuar la dos veces milenaria institución a los tiempos que corren.
Como aquellos documentos –que fueron comidilla en los medios más importantes del mundo– son indesmentibles, una investigación interna determinó que hubo un culpable de las filtraciones, que por esas cuestiones de la oportunidad se dieron en llamar Vatileaks, y que el «soplón» no podía ser otro que el mayordomo del Papa, Paolo Gabriele. Conocido como Paoletto, este italiano de 46 años que, según su abogado, se mostró arrepentido luego de haber pasado 50 días en prisión, pidió disculpas al Papa, al que jura adorar y servir con fruición desde hace seis años y al que asegura haber querido ayudar con la difusión de informes sobre las amenazas que se ciernen sobre su reinado.
En este thriller, uno de los más destacados protagonistas es el secretario privado del Vaticano y camarlengo del Papa, su hombre de confianza en Roma, Tarcisio Bertone, quien ni bien se conocieron esos documentos sostuvo ante la prensa que el Vatileaks es un «ataque con fines determinados contra el Papa». El camarlengo es el administrador de los bienes e ingresos de la Santa Sede. Pero entre sus funciones está la de certificar burocráticamente la muerte del Papa, organizar el proceso sucesorio y regir los destinos de la Iglesia hasta la designación del nuevo Pontífice.
Rebelión purpurada
Este nuevo bochorno papal salió a la luz cuando se difundieron una serie de cartas enviadas a Ratzinger por el nuncio apostólico en Estados Unidos, Carlo María Viganò, en las que alertaba sobre diversos casos de corrupción y mala gestión en el Vaticano. Fue la punta del iceberg que removió el avispero mientras el libro de Nuzzi estaba en imprenta. La publicación de Sua Santità mostró más documentos pacientemente conseguidos, según el autor, luego de encuentros casi furtivos con informantes a los que identificó bajo el nombre genérico de María, aunque los medios ya habían bautizado al Garganta Profunda de la Iglesia romana como Il corvo (El cuervo). Lo que vino después fue un vendaval mediático que tiene muchos puntos en común con los de hace un año, cuando las denuncias de abuso de menores generaban repulsión en todo el planeta. En este caso, mucho contribuyeron el diario alemán Die Welt y el italiano La Repubblica.
No fue casualidad que a fines de mayo, una semana después de la aparición del libro, Paoletto haya sido detenido, bajo cargos de espionaje. Y unos días más tarde haya caído en desgracia Ettore Gotti Tedeschi, el presidente del Banco Vaticano. Una seguidilla que sólo se explica por la veracidad de la información y de las especulaciones que se hacen en torno de la casa de San Pedro.
Para investigar las filtraciones, Ratzinger nombró una Comisión Cardenalicia presidida por el español Julián Herranz, de 82 años, ex presidente del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos; el eslovaco Jozef Tomko, prefecto emérito de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, de 88 años; y el italiano Salvatore De Giorgi, ex arzobispo de Palermo, Italia, de 82. La acusación recayó solamente sobre el mayordomo, un romano que vive con su esposa y tres hijos en el Vaticano y siempre luce impecable.
Pero La Repubblica reveló las sospechas respecto a Ingrid Stampa –ama de llaves de Ratzinger–, al obispo alemán Josef Clemens y al responsable de los discursos papales, el cardenal Paolo Sardi, todos de estrecha y cotidiana relación con Paoletto. Pero también sobre Bertone y otro personaje no menor en esta conjura: el secretario personal de Benedicto, el alemán Georg Gänswein. El atlético cardenal germánico es signado como enemigo de Bertone pero también guarda recelos con los tres implicados en esta nueva denuncia, que fueron prontamente borrados de la cercanía del Papa, lo que para los medios que conocen el entramado Vaticano es suficiente prueba de que algo tienen que ver en el entripado al que no dudaron en llamar «la rebelión de los cardenales».
Este nuevo bochorno papal salió a la luz cuando se difundieron una serie de cartas enviadas a Ratzinger por el nuncio apostólico en Estados Unidos, Carlo María Viganò, en las que alertaba sobre diversos casos de corrupción y mala gestión en el Vaticano. Fue la punta del iceberg que removió el avispero mientras el libro de Nuzzi estaba en imprenta. La publicación de Sua Santità mostró más documentos pacientemente conseguidos, según el autor, luego de encuentros casi furtivos con informantes a los que identificó bajo el nombre genérico de María, aunque los medios ya habían bautizado al Garganta Profunda de la Iglesia romana como Il corvo (El cuervo). Lo que vino después fue un vendaval mediático que tiene muchos puntos en común con los de hace un año, cuando las denuncias de abuso de menores generaban repulsión en todo el planeta. En este caso, mucho contribuyeron el diario alemán Die Welt y el italiano La Repubblica.
No fue casualidad que a fines de mayo, una semana después de la aparición del libro, Paoletto haya sido detenido, bajo cargos de espionaje. Y unos días más tarde haya caído en desgracia Ettore Gotti Tedeschi, el presidente del Banco Vaticano. Una seguidilla que sólo se explica por la veracidad de la información y de las especulaciones que se hacen en torno de la casa de San Pedro.
Para investigar las filtraciones, Ratzinger nombró una Comisión Cardenalicia presidida por el español Julián Herranz, de 82 años, ex presidente del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos; el eslovaco Jozef Tomko, prefecto emérito de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, de 88 años; y el italiano Salvatore De Giorgi, ex arzobispo de Palermo, Italia, de 82. La acusación recayó solamente sobre el mayordomo, un romano que vive con su esposa y tres hijos en el Vaticano y siempre luce impecable.
Pero La Repubblica reveló las sospechas respecto a Ingrid Stampa –ama de llaves de Ratzinger–, al obispo alemán Josef Clemens y al responsable de los discursos papales, el cardenal Paolo Sardi, todos de estrecha y cotidiana relación con Paoletto. Pero también sobre Bertone y otro personaje no menor en esta conjura: el secretario personal de Benedicto, el alemán Georg Gänswein. El atlético cardenal germánico es signado como enemigo de Bertone pero también guarda recelos con los tres implicados en esta nueva denuncia, que fueron prontamente borrados de la cercanía del Papa, lo que para los medios que conocen el entramado Vaticano es suficiente prueba de que algo tienen que ver en el entripado al que no dudaron en llamar «la rebelión de los cardenales».
Barrido y limpieza
La otra pata de este enredo se relaciona con el manejo de los fondos de la Iglesia, que allá por las postrimerías de la década del 70 pusieron a Roma en el candelero, primero por la sospechosa muerte de Juan Pablo I y más tarde por la caída de Banco Ambrosiano y las oscuras relaciones del arzobispo Paul Marcinkus –que era el titular del IOR y se lo conocía como el «banquero de Dios»– con la Logia P2 y el manejo de dinero de la mafia italiana.
Ahora el que cayó en desgracia, aunque con menos estrépito –tapado por la oportuna ebullición del Vatileaks– fue Gotti Tedeschi , un economista vinculado con el Opus Dei que tuvo que renunciar luego de que, según información oficial, el consejo de vigilancia del IOR le hizo una moción de censura porque «no había cumplido determinadas labores de extrema importancia» para la institución. Sin aclarar demasiado a qué se refieren esas labores, aunque con la sospecha mediática de que se estaba hablando entre líneas de lavado de dinero. Gotti Tedeschi era el hombre que con su llegada al IOR en 2009 iba a terminar de hacer el trabajo de limpieza de un banco bastante enturbiado por las anteriores gestiones. Lo que no se sabe es si no pudo, no quiso o en realidad sí estaba cumpliendo la tarea y fue eyectado por los enemigos internos que se granjeó en el camino.
Como sea, unos días más tarde se anunció que el IOR había pasado una prueba clave del Consejo de Europa sobre transparencia financiera, aunque con un tirón de orejas por la «baja efectividad» de sus supervisores bancarios y su escasa capacidad para rastrear transacciones sospechosas. La llamada Comisión Moneyval, de todas maneras, celebró que la curia romana cumpliera «a la letra, o con un grado elevado, 9 de las 16 recomendaciones internacionales claves y fundamentales» para combatir el lavado de dinero y la financiación del terrorismo.
El problema está en los otros 7 puntos que quizás trabaron la tarea higiénica de Gotti Tedeschi. Que aquí se vuelve a cruzar con Paoletto, quien, según su abogado, fotocopió y compartió documentación reservada como «un acto de amor hacia el Santo Padre (…y para) colaborar con el Pontífice en un trabajo de limpieza dentro de la Iglesia».
La otra pata de este enredo se relaciona con el manejo de los fondos de la Iglesia, que allá por las postrimerías de la década del 70 pusieron a Roma en el candelero, primero por la sospechosa muerte de Juan Pablo I y más tarde por la caída de Banco Ambrosiano y las oscuras relaciones del arzobispo Paul Marcinkus –que era el titular del IOR y se lo conocía como el «banquero de Dios»– con la Logia P2 y el manejo de dinero de la mafia italiana.
Ahora el que cayó en desgracia, aunque con menos estrépito –tapado por la oportuna ebullición del Vatileaks– fue Gotti Tedeschi , un economista vinculado con el Opus Dei que tuvo que renunciar luego de que, según información oficial, el consejo de vigilancia del IOR le hizo una moción de censura porque «no había cumplido determinadas labores de extrema importancia» para la institución. Sin aclarar demasiado a qué se refieren esas labores, aunque con la sospecha mediática de que se estaba hablando entre líneas de lavado de dinero. Gotti Tedeschi era el hombre que con su llegada al IOR en 2009 iba a terminar de hacer el trabajo de limpieza de un banco bastante enturbiado por las anteriores gestiones. Lo que no se sabe es si no pudo, no quiso o en realidad sí estaba cumpliendo la tarea y fue eyectado por los enemigos internos que se granjeó en el camino.
Como sea, unos días más tarde se anunció que el IOR había pasado una prueba clave del Consejo de Europa sobre transparencia financiera, aunque con un tirón de orejas por la «baja efectividad» de sus supervisores bancarios y su escasa capacidad para rastrear transacciones sospechosas. La llamada Comisión Moneyval, de todas maneras, celebró que la curia romana cumpliera «a la letra, o con un grado elevado, 9 de las 16 recomendaciones internacionales claves y fundamentales» para combatir el lavado de dinero y la financiación del terrorismo.
El problema está en los otros 7 puntos que quizás trabaron la tarea higiénica de Gotti Tedeschi. Que aquí se vuelve a cruzar con Paoletto, quien, según su abogado, fotocopió y compartió documentación reservada como «un acto de amor hacia el Santo Padre (…y para) colaborar con el Pontífice en un trabajo de limpieza dentro de la Iglesia».
Revista Acción
Agosto 15 de 2012
Londres, capital del escándalo financiero
Londres, capital del escándalo financiero
Cuando el 16 de setiembre de 2008 el muy
respetable banco Barclays anunció la compra del sector Mercado de
Capitales, Fusiones y Adquisiciones del quebrado Lehman Brothers, los
principales medios financieros del mundo dejaron escapar un suspiro de
alivio. Parecía que la bancarrota más grande en el mundo de las finanzas
internacionales desde la crisis del 30 encontraba su cauce desde el
propio mercado, una señal alentadora ante un cataclismo que se
aventuraba trágico.
TRADICIONAL. El banco fue fundado en 1690 y ahora está en la picota por las denuncias de fraude. Moody’s le bajó la calificación.
El Barclays, nacido en 1690 cuando John Freame y Thomas Gould abrieron las puertas de su primer local en Lombard Street, Londres, creció hasta contabilizar operaciones en más de 50 países del mundo y unos 147.000 empleados. Ahora se había quedado con activos de Lehman valuados en 72.000 millones de dólares y pasivos por 68.000 millones pagando apenas 1.750 millones. Además, incorporaba a cerca de 10.000 de los 25.000 empleados de la firma.
Ese día, también, el estadounidense Bob Diamond ascendía a la cima de su carrera: luego de sus inicios en Morgan Stanley y First Boston y tras 10 años en la cabecera neoyorquina del Barclays, donde había ingresado en 1997, era el factótum de un negocio que colocaba al banco londinense, el segundo en su país, en la cima del mundo. El paso de Diamond a Londres no se hizo esperar pero al mismo tiempo comenzó una exposición pública que en pocos años lo llevó a lo que bien puede ser una caída definitiva, luego de asumir que la entidad que dirigía con espíritu de conquista había manipulado cifras de la tasa de referencia para, entre otras cosas, parecer más solvente de lo que en realidad era.
La otra parte de esta historia incumbe al ex primer ministro británico Gordon Brown. El líder laborista, ministro de Hacienda de Tony Blair, fue el artífice de la liberación del mercado financiero en el Reino Unido que en ese mismo año, 1997, instaló a Londres como uno de los principales centros financieros del mundo. Algo que cuando Brown se postulaba para suceder a Blair, en 2007, cuando ni se sospechaba que los préstamos inmobiliarios se convertirían en una pesada carga para el planeta, usó como argumento de campaña.
Durante ese período el Barclays bajo el mando de Diamond se jactaba de pagar los mejores salarios y de celebrar cada operación con el mejor champagne. Este descendiente de irlandeses nacido en Massachusetts fue el niño mimado –si se puede llamar así a un señor que a fines de julio cumplió 61 años– de las publicaciones de vanidades a ambos lados del Atlántico. La fiesta, a la vista de la tormenta que fueron despertando los créditos «tóxicos», duró bastante. Pero al igual que los diamantes (como ironizó la revista The Economist, jugando con el apellido del CEO de Barclays, Diamond, y la película de James Bond) no fueron eternos y desde hace tiempo los organismos de vigilancia financiera de Estados Unidos y Gran Bretaña venían investigando el papel de la entidad londinense en la manipulación de las tasas Libor y Eurolibor. Un escándalo que estalló a fines de junio y que tiene imprevisibles consecuencias para todo el sistema financiero global.
Falsa solvencia
La London InterBank Offered Rate (tasa ofrecida entre bancos de Londres o Libor) es el interés que se utiliza como referencia para préstamos entre bancos, privados o incluso a países. Se supone que señala la tasa a la que se prestan las entidades entre sí teniendo en cuenta las variables del mercado cada día y las necesidades de efectivo de cada una de ellas. Se utiliza desde 1986 y se publica diariamente a través de la Asociación de Banqueros Británicos. Un punto más o menos de esta tasa implica que el movimiento de miles de millones de dólares pueda variar en sumas siderales.
Hay dos aspectos por los que alguien que tuerce a voluntad esos índices puede ganar fortunas para sí o para terceros. Una es subiendo los intereses artificialmente cuando una entidad tenga que prestar, o bajándolos de un modo conveniente cuando tenga que tomar dinero del mercado. La otra cuestión, que fue relevante durante el crecimiento de la burbuja financiera, es que el «mercado» interpreta como debilidad financiera que una tasa crezca desmesuradamente, ya que indica que alguien está saliendo a captar fondos. Por el contrario, una tasa baja crea una sensación de fortaleza que los números no necesariamente sustentan, como parece haber sido el caso del propio Barclays.
Un documento del departamento de Justicia de Estados Unidos reveló que una red de traders a ambos lados del océano «conspiró para influir sobre las tasas» libor y su versión europea, la Eurolibor entre 2005 y 2009.
Fue entonces cuando los organismos de control financiero estadounidenses y británicos multaron al Barclays por más de 450 millones de dólares y abrieron sus archivos para una investigación judicial. Paralelamente, en Gran Bretaña una comisión parlamentaria llevó al banquillo a la cúpula del banco y ya provocó la renuncia de tres de sus popes, incluido el financista estrella, Diamond.
Además, el primer ministro conservador David Cameron –el mismo que se negó a firmar el Pacto Fiscal con Europa para no acceder a controles financieros, porque podría conspirar contra Londres como centro financiero mundial– tuvo que romper su pacto con los mercados y prometer nuevas regulaciones. También se pusieron bajo análisis otras entidades de relevancia internacional, entre ellos el nacionalizado Royal Bank of Scotland (RBS) y las sedes estadounidenses del Bank of América, el Citigroup, el Morgan Chase y el Deutsche Bank, por nombrar a algunos.
Sospechas con fundamento
Desde antes de que estallara la burbuja, las autoridades reguladoras sospechaban que algo raro pasaba con la libor. Pero nadie con poder de decisión tomó cartas en el asunto. Y eso que la tasa es de aplicación para fijar el interés sobre un volumen de capital financiero calculado en 360 billones de dólares (el número 360 seguido de nueve ceros, algo fuera de toda dimensión humana).
Un empleado, incluso, llegó a reconocer en abril de 2008 a la Reserva Federal (FED) de Nueva York, que el Barclays manipulaba el tipo de referencia. Según un documento de la FED publicado en la web a instancias del representante republicano Randy Neuberger, el «arrepentido», dijo que el banco estaba informando de modo erróneo su tasa para evitar el estigma asociado con distanciarse en sus informes en relación con otros bancos. Una rueda en la que si los demás iban para un lado, lo conveniente era seguir el rumbo. Según esos documentos ahora públicos, el testigo dijo que otros bancos también «dibujaban» la Libor, y agregó que no podía afirmar que al menos Barclays lo hiciera para incrementar sus beneficios.
Como sea, a fines de junio, y tras admitir la existencia de esos informes adulterados, el banco aceptó pagar una multa a los institutos de control de Nueva York y Londres que en total suma algo más de 450 millones de dólares.
Pero el tramo más sustancioso del asunto se ventila en las audiencias públicas que se llevan a cabo ante una comisión multipartidaria en el Parlamento británico. Luego de dar sus explicaciones del caso, a principios de julio renunciaron el presidente de Barclays, Marcus Agius, y el jefe de operaciones financieras, Jerry Del Missier. Las explicaciones de Diamond –que también terminó dejando el cargo– fueron poco menos que grotescas, y las hizo públicas al difundir un memo dirigido a Del Missier de octubre de 2008, poco después de la caída de Lehman que, según dijo, fue mal interpretado.
«Luego de nuestra última conversación, el señor Paul Tucker (gobernador adjunto del Banco de Inglaterra) reiteró que ha recibido llamadas de altos mandos de Whitehall (por la calle de Westminster donde se encuentran los ministerios) que cuestionan por qué Barclays tiene que estar siempre en la parte alta de los precios del Libor», escribió Diamond.
Según su insólita versión de los hechos, la frase fue mal interpretada por sus súbditos, que la tomaron como una orden que venía de muy arriba y que nadie tenía potestad de cambiar. Diamond juró que no se había enterado de que sus palabras habían sido entendidas como un llamado a reducir artificialmente el índice Libor. Pero eso fue lo que hicieron.
El memo para los medios británicos no tuvo desperdicio porque daba tela para vincular con el escándalo a funcionarios del banco central y a miembros del Gobierno, tanto de la gestión laborista como la actual coalición conservadora-demoliberal. Por eso temen por su futuro político, ahora que la crisis financiera y la secuela de recortes presupuestarios van limando la popularidad de la administración Cameron, tanto como la del líder laborista, Ed Miliband, y el portavoz económico, Ed Balls, que tuvieron parte de la responsabilidad en la desregulación financiera como funcionarios en el gabinete de Brown.
Revista Acción
Agosto 1 de 2012

TRADICIONAL. El banco fue fundado en 1690 y ahora está en la picota por las denuncias de fraude. Moody’s le bajó la calificación.
El Barclays, nacido en 1690 cuando John Freame y Thomas Gould abrieron las puertas de su primer local en Lombard Street, Londres, creció hasta contabilizar operaciones en más de 50 países del mundo y unos 147.000 empleados. Ahora se había quedado con activos de Lehman valuados en 72.000 millones de dólares y pasivos por 68.000 millones pagando apenas 1.750 millones. Además, incorporaba a cerca de 10.000 de los 25.000 empleados de la firma.
Ese día, también, el estadounidense Bob Diamond ascendía a la cima de su carrera: luego de sus inicios en Morgan Stanley y First Boston y tras 10 años en la cabecera neoyorquina del Barclays, donde había ingresado en 1997, era el factótum de un negocio que colocaba al banco londinense, el segundo en su país, en la cima del mundo. El paso de Diamond a Londres no se hizo esperar pero al mismo tiempo comenzó una exposición pública que en pocos años lo llevó a lo que bien puede ser una caída definitiva, luego de asumir que la entidad que dirigía con espíritu de conquista había manipulado cifras de la tasa de referencia para, entre otras cosas, parecer más solvente de lo que en realidad era.
La otra parte de esta historia incumbe al ex primer ministro británico Gordon Brown. El líder laborista, ministro de Hacienda de Tony Blair, fue el artífice de la liberación del mercado financiero en el Reino Unido que en ese mismo año, 1997, instaló a Londres como uno de los principales centros financieros del mundo. Algo que cuando Brown se postulaba para suceder a Blair, en 2007, cuando ni se sospechaba que los préstamos inmobiliarios se convertirían en una pesada carga para el planeta, usó como argumento de campaña.
Durante ese período el Barclays bajo el mando de Diamond se jactaba de pagar los mejores salarios y de celebrar cada operación con el mejor champagne. Este descendiente de irlandeses nacido en Massachusetts fue el niño mimado –si se puede llamar así a un señor que a fines de julio cumplió 61 años– de las publicaciones de vanidades a ambos lados del Atlántico. La fiesta, a la vista de la tormenta que fueron despertando los créditos «tóxicos», duró bastante. Pero al igual que los diamantes (como ironizó la revista The Economist, jugando con el apellido del CEO de Barclays, Diamond, y la película de James Bond) no fueron eternos y desde hace tiempo los organismos de vigilancia financiera de Estados Unidos y Gran Bretaña venían investigando el papel de la entidad londinense en la manipulación de las tasas Libor y Eurolibor. Un escándalo que estalló a fines de junio y que tiene imprevisibles consecuencias para todo el sistema financiero global.
Falsa solvencia
La London InterBank Offered Rate (tasa ofrecida entre bancos de Londres o Libor) es el interés que se utiliza como referencia para préstamos entre bancos, privados o incluso a países. Se supone que señala la tasa a la que se prestan las entidades entre sí teniendo en cuenta las variables del mercado cada día y las necesidades de efectivo de cada una de ellas. Se utiliza desde 1986 y se publica diariamente a través de la Asociación de Banqueros Británicos. Un punto más o menos de esta tasa implica que el movimiento de miles de millones de dólares pueda variar en sumas siderales.
Hay dos aspectos por los que alguien que tuerce a voluntad esos índices puede ganar fortunas para sí o para terceros. Una es subiendo los intereses artificialmente cuando una entidad tenga que prestar, o bajándolos de un modo conveniente cuando tenga que tomar dinero del mercado. La otra cuestión, que fue relevante durante el crecimiento de la burbuja financiera, es que el «mercado» interpreta como debilidad financiera que una tasa crezca desmesuradamente, ya que indica que alguien está saliendo a captar fondos. Por el contrario, una tasa baja crea una sensación de fortaleza que los números no necesariamente sustentan, como parece haber sido el caso del propio Barclays.
Un documento del departamento de Justicia de Estados Unidos reveló que una red de traders a ambos lados del océano «conspiró para influir sobre las tasas» libor y su versión europea, la Eurolibor entre 2005 y 2009.
Fue entonces cuando los organismos de control financiero estadounidenses y británicos multaron al Barclays por más de 450 millones de dólares y abrieron sus archivos para una investigación judicial. Paralelamente, en Gran Bretaña una comisión parlamentaria llevó al banquillo a la cúpula del banco y ya provocó la renuncia de tres de sus popes, incluido el financista estrella, Diamond.
Además, el primer ministro conservador David Cameron –el mismo que se negó a firmar el Pacto Fiscal con Europa para no acceder a controles financieros, porque podría conspirar contra Londres como centro financiero mundial– tuvo que romper su pacto con los mercados y prometer nuevas regulaciones. También se pusieron bajo análisis otras entidades de relevancia internacional, entre ellos el nacionalizado Royal Bank of Scotland (RBS) y las sedes estadounidenses del Bank of América, el Citigroup, el Morgan Chase y el Deutsche Bank, por nombrar a algunos.
Sospechas con fundamento
Desde antes de que estallara la burbuja, las autoridades reguladoras sospechaban que algo raro pasaba con la libor. Pero nadie con poder de decisión tomó cartas en el asunto. Y eso que la tasa es de aplicación para fijar el interés sobre un volumen de capital financiero calculado en 360 billones de dólares (el número 360 seguido de nueve ceros, algo fuera de toda dimensión humana).
Un empleado, incluso, llegó a reconocer en abril de 2008 a la Reserva Federal (FED) de Nueva York, que el Barclays manipulaba el tipo de referencia. Según un documento de la FED publicado en la web a instancias del representante republicano Randy Neuberger, el «arrepentido», dijo que el banco estaba informando de modo erróneo su tasa para evitar el estigma asociado con distanciarse en sus informes en relación con otros bancos. Una rueda en la que si los demás iban para un lado, lo conveniente era seguir el rumbo. Según esos documentos ahora públicos, el testigo dijo que otros bancos también «dibujaban» la Libor, y agregó que no podía afirmar que al menos Barclays lo hiciera para incrementar sus beneficios.
Como sea, a fines de junio, y tras admitir la existencia de esos informes adulterados, el banco aceptó pagar una multa a los institutos de control de Nueva York y Londres que en total suma algo más de 450 millones de dólares.
Pero el tramo más sustancioso del asunto se ventila en las audiencias públicas que se llevan a cabo ante una comisión multipartidaria en el Parlamento británico. Luego de dar sus explicaciones del caso, a principios de julio renunciaron el presidente de Barclays, Marcus Agius, y el jefe de operaciones financieras, Jerry Del Missier. Las explicaciones de Diamond –que también terminó dejando el cargo– fueron poco menos que grotescas, y las hizo públicas al difundir un memo dirigido a Del Missier de octubre de 2008, poco después de la caída de Lehman que, según dijo, fue mal interpretado.
«Luego de nuestra última conversación, el señor Paul Tucker (gobernador adjunto del Banco de Inglaterra) reiteró que ha recibido llamadas de altos mandos de Whitehall (por la calle de Westminster donde se encuentran los ministerios) que cuestionan por qué Barclays tiene que estar siempre en la parte alta de los precios del Libor», escribió Diamond.
Según su insólita versión de los hechos, la frase fue mal interpretada por sus súbditos, que la tomaron como una orden que venía de muy arriba y que nadie tenía potestad de cambiar. Diamond juró que no se había enterado de que sus palabras habían sido entendidas como un llamado a reducir artificialmente el índice Libor. Pero eso fue lo que hicieron.
El memo para los medios británicos no tuvo desperdicio porque daba tela para vincular con el escándalo a funcionarios del banco central y a miembros del Gobierno, tanto de la gestión laborista como la actual coalición conservadora-demoliberal. Por eso temen por su futuro político, ahora que la crisis financiera y la secuela de recortes presupuestarios van limando la popularidad de la administración Cameron, tanto como la del líder laborista, Ed Miliband, y el portavoz económico, Ed Balls, que tuvieron parte de la responsabilidad en la desregulación financiera como funcionarios en el gabinete de Brown.
Revista Acción
Agosto 1 de 2012
Estados Unidos, elecciones y giro a la derecha

Los estadounidenses que votan –que usualmente no llegan a ser ni la mitad de los ciudadanos habilitados para hacerlo, en un universo de por sí restringido por impedimentos legales a grandes porcentajes de la población– deberán elegir presidente y definir de ese modo el rumbo que seguirá el país en los próximos 4 años. El actual ocupante de la Casa Blanca, Barack Obama, va por un nuevo mandato en un marco particularmente hostil, dominado por la profunda crisis económica que afecta al país del norte desde el estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008. A su favor puede mostrar la aprobación de la reforma a la ley de salud, recientemente avalada por la Corte. En la columna del debe, no faltan quienes señalan como su principal promesa incumplida, no haber desmantelado la base militar de Guantánamo. Otras críticas se focalizan en que no pudo cambiar el rumbo decadente de la economía ni reducir el índice de desempleo a menos del 8%.
«Hemos creado 4,5 millones de nuevos puestos de trabajo en los últimos 29 meses y 1,1 millón de empleos nuevos este año», se justificó a principios de agosto el presidente para admitir a continuación que «aún hay muchos compañeros allí afuera que están buscando trabajo».
Manos de tijera
Pero muchos de esos «compañeros», curiosamente, se inclinan por supuestas soluciones cada día más afines al discurso de la derecha, un dato no menor que se refleja en el candidato elegido por los republicanos y también en quien lo secunda en la oferta electoral. Porque Ryan, joven, atlético y de ojos azules, es el niño mimado del mayor grupo de presión dentro del partido conservador, los ultramontanos del Tea Party, quienes se encargaron de bloquear todo intento progresista de Obama. Del compañero de fórmula de Romney admiran especialmente su apego por las tijeras como único modo de resolver la crisis que envuelve al país, pero sobre todo por el lugar hacia adonde apunta el filo: los planes sociales.
A finales de junio, la Corte Suprema convalidó la constitucionalidad de la única modificación fuerte que hizo Obama desde que, pleno de expectativas, llegó a Washington en los albores de 2009: la reforma del sistema de salud. Una retahíla de gobernadores republicanos y fundaciones neoconservadoras habían presentado demandas contra la reforma sanitaria porque entendían que alteraba un principio básico de la Constitución como es el de la libertad individual. Es que la ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible, según su denominación técnica, penaliza a quien no tenga un seguro de salud, ya sea personal o estatal, es decir, lo obliga a estar cubierto.
El espaldarazo judicial a la ley fue aprobado con el voto positivo de cinco magistrados contra cuatro. Sonó a triunfo rotundo, pero poco duró el envión y las encuestas reflejaron que no cambiaba demasiado el humor de los votantes de cara a noviembre.
«La reforma del sistema de salud, que para estándares europeos es una medida tímida, para los Estados Unidos es lo más cerca que estuvieron de una experiencia revolucionaria en los últimos años», acota Gabriel Puricelli, presidente del Laboratorio de Políticas Públicas y uno de los pocos invitados argentinos a la Convención Demócrata, la ceremonia donde formalmente es ungido el candidato a la presidencia por el partido, que este año se desarrolla en el edificio Time Warner Cable Arena de Charlotte, Carolina del Norte. Efectivamente, como señala este especialista en el entramado político estadounidense, el proyecto fue presentado con pompa y circunstancia ni bien Obama se asentó en su despacho, pero encontró rechazo incluso entre muchos legisladores demócratas y tuvo que negociar a la baja la mayoría de sus artículos.
«Esta es realmente una gran victoria para nosotros, a pesar de todas las dudas que me genera esta ley», festejó Michael Moore, el cineasta que con su documental SickO alertó sobre la inhumanidad que subyace en el sistema sanitario que en los 70 impuso Richard Nixon.
Sin embargo, no es sólo por razones ideológicas que esta apocada ley está en el centro del debate de la campaña. Una de las explicaciones de las resistencias de la derecha a la tímida reforma de Obama, según el sociólogo estadounidense James Petras, es que el poder real de su país defiende una clara política de recorte a los programas sociales para solventar el aparato represivo, con énfasis en «contratistas (mercenarios) policiales y militares privados y operaciones clandestinas en todo el mundo».
Petras viene advirtiendo en los últimos años –desde los 90, pero particularmente luego de los atentados a las Torres Gemelas– acerca de un notable crecimiento de lo que llama el «Estado policial», con la creación vertiginosa de agencias, organismos y departamentos de vigilancia y control sobre millones de personas que en forma totalmente secreta son catalogados como virtualmente peligrosos para las instituciones estadounidenses. Petras pone en la misma bolsa a todos los gobiernos, desde George Bush padre hasta Obama y aporta datos para demostrarlo. «El presupuesto militar pasó de 359.000 millones de dólares en 2000 a 544.000 millones en 2004 y 903.000 millones en 2012», recalca el docente universitario y autor de decenas de libros donde desnuda el sistema imperial de su país.
Pablo Pozzi es otro conocedor de lo que ocurre al norte del Río Bravo. Titular de la cátedra Historia de los Estados Unidos en la Universidad de Buenos Aires, pone el dedo en la llaga de Guantánamo, como ejemplo de lo que Obama prometió, que podría haber hecho «en los primeros cien días de gobierno y no hizo» y representa un punto débil ante su electorado de centroizquierda.
«Votantes de las grandes ciudades, jóvenes que no son evangélicos, liberales y sectores progresistas, son muy críticos de la política exterior de Obama, ellos esperaban más. Esperaban efectivamente que Guantánamo se cerrara, que se volviera al Estado de Derecho, que se pusiera fin a la Patriot Act (ley que con la excusa de combatir el terrorismo avanza sobre las libertades individuales), que hubiera algún tipo de propuesta más coherente y más inmediata de retirada de Irak y Afganistán».
Pero muchos de esos «compañeros», curiosamente, se inclinan por supuestas soluciones cada día más afines al discurso de la derecha, un dato no menor que se refleja en el candidato elegido por los republicanos y también en quien lo secunda en la oferta electoral. Porque Ryan, joven, atlético y de ojos azules, es el niño mimado del mayor grupo de presión dentro del partido conservador, los ultramontanos del Tea Party, quienes se encargaron de bloquear todo intento progresista de Obama. Del compañero de fórmula de Romney admiran especialmente su apego por las tijeras como único modo de resolver la crisis que envuelve al país, pero sobre todo por el lugar hacia adonde apunta el filo: los planes sociales.
A finales de junio, la Corte Suprema convalidó la constitucionalidad de la única modificación fuerte que hizo Obama desde que, pleno de expectativas, llegó a Washington en los albores de 2009: la reforma del sistema de salud. Una retahíla de gobernadores republicanos y fundaciones neoconservadoras habían presentado demandas contra la reforma sanitaria porque entendían que alteraba un principio básico de la Constitución como es el de la libertad individual. Es que la ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible, según su denominación técnica, penaliza a quien no tenga un seguro de salud, ya sea personal o estatal, es decir, lo obliga a estar cubierto.
El espaldarazo judicial a la ley fue aprobado con el voto positivo de cinco magistrados contra cuatro. Sonó a triunfo rotundo, pero poco duró el envión y las encuestas reflejaron que no cambiaba demasiado el humor de los votantes de cara a noviembre.
«La reforma del sistema de salud, que para estándares europeos es una medida tímida, para los Estados Unidos es lo más cerca que estuvieron de una experiencia revolucionaria en los últimos años», acota Gabriel Puricelli, presidente del Laboratorio de Políticas Públicas y uno de los pocos invitados argentinos a la Convención Demócrata, la ceremonia donde formalmente es ungido el candidato a la presidencia por el partido, que este año se desarrolla en el edificio Time Warner Cable Arena de Charlotte, Carolina del Norte. Efectivamente, como señala este especialista en el entramado político estadounidense, el proyecto fue presentado con pompa y circunstancia ni bien Obama se asentó en su despacho, pero encontró rechazo incluso entre muchos legisladores demócratas y tuvo que negociar a la baja la mayoría de sus artículos.
«Esta es realmente una gran victoria para nosotros, a pesar de todas las dudas que me genera esta ley», festejó Michael Moore, el cineasta que con su documental SickO alertó sobre la inhumanidad que subyace en el sistema sanitario que en los 70 impuso Richard Nixon.
Sin embargo, no es sólo por razones ideológicas que esta apocada ley está en el centro del debate de la campaña. Una de las explicaciones de las resistencias de la derecha a la tímida reforma de Obama, según el sociólogo estadounidense James Petras, es que el poder real de su país defiende una clara política de recorte a los programas sociales para solventar el aparato represivo, con énfasis en «contratistas (mercenarios) policiales y militares privados y operaciones clandestinas en todo el mundo».
Petras viene advirtiendo en los últimos años –desde los 90, pero particularmente luego de los atentados a las Torres Gemelas– acerca de un notable crecimiento de lo que llama el «Estado policial», con la creación vertiginosa de agencias, organismos y departamentos de vigilancia y control sobre millones de personas que en forma totalmente secreta son catalogados como virtualmente peligrosos para las instituciones estadounidenses. Petras pone en la misma bolsa a todos los gobiernos, desde George Bush padre hasta Obama y aporta datos para demostrarlo. «El presupuesto militar pasó de 359.000 millones de dólares en 2000 a 544.000 millones en 2004 y 903.000 millones en 2012», recalca el docente universitario y autor de decenas de libros donde desnuda el sistema imperial de su país.
Pablo Pozzi es otro conocedor de lo que ocurre al norte del Río Bravo. Titular de la cátedra Historia de los Estados Unidos en la Universidad de Buenos Aires, pone el dedo en la llaga de Guantánamo, como ejemplo de lo que Obama prometió, que podría haber hecho «en los primeros cien días de gobierno y no hizo» y representa un punto débil ante su electorado de centroizquierda.
«Votantes de las grandes ciudades, jóvenes que no son evangélicos, liberales y sectores progresistas, son muy críticos de la política exterior de Obama, ellos esperaban más. Esperaban efectivamente que Guantánamo se cerrara, que se volviera al Estado de Derecho, que se pusiera fin a la Patriot Act (ley que con la excusa de combatir el terrorismo avanza sobre las libertades individuales), que hubiera algún tipo de propuesta más coherente y más inmediata de retirada de Irak y Afganistán».
La guerra y la paz
«¿Es una masa importante de gente la que piensa como esos sectores progresistas?», pregunta Acción. «Es gente relativamente influyente, personas que en Nueva York manejan medios de comunicación y poder económico», dice Pozzi.
En coincidencia, Puricelli destaca que en este punto el presidente se quedó a mitad de camino, porque «el cierre de Guantánamo era totalmente consistente con el retiro anticipado de Irak. No cerrar Guantánamo tiene costos para Obama. Hay un sector de la izquierda del partido demócrata, particularmente de la sociedad civil, de la academia, que se movilizó muy fuertemente en su primera campaña y que priorizaba el cierre de Guantánamo. A nivel simbólico lo veía casi como más importante que retirarse de Irak, porque Guantánamo daña la legitimidad internacional de los Estados Unidos y es absolutamente contrario a los mejores principios constitucionales a los que adhiere la izquierda realmente existente de los Estados Unidos».
El cineasta Moore representa a ese sector y ni bien la Academia Sueca la otorgó a Obama en 2009 un sorpresivo Premio Nobel, le escribió una carta personal a Obama en la que le dijo: «Usted está realmente en una encrucijada. Puede escuchar a los generales y expandir la guerra (sólo para dar lugar a una previsible derrota) o puede declarar terminadas las guerras de Bush y traer todas las tropas a casa, ahora. Eso es lo que un verdadero hombre de paz haría. No hay nada malo en que usted haga lo que el último tipo no pudo hacer –la captura del hombre o los hombres responsables de los asesinatos en masa de 3.000 personas el 11 de setiembre–. Pero no puede hacerlo con tanques y tropas».
Que no iba a cumplir con lo que se espera de un Nobel de la Paz ya lo habían advertido otros intelectuales de Estados Unidos. El lingüista y docente del MIT, Noam Chomsky, desconfiaba incluso desde antes, de cuando ganó la interna demócrata. Pero fue más duro en una reciente entrevista con Democracy now, el programa de Amy Goodman. «Si a la administración Bush no le gustaba alguien, lo secuestraban y lo enviaban a las cámaras de tortura. Si la administración Obama decide que no le gusta alguien, lo asesinan, por lo que no tiene que tener cámaras de tortura por todas partes». La referencia es clara hacia los asesinatos selectivos y la utilización de drones, los aviones no tripulados que hacen estragos en Pakistán, Afganistán y se extienden ahora a otros países árabes.
¿Quiso Obama hacer algo distinto y no pudo? Según Puricelli, «en su política exterior hay una intención y algunas medidas prácticas para posicionarse de una manera distinta, sobre todo en Oriente Medio y a partir de su discurso en el El Cairo, al principio de su mandato, de jugar un rol muy cauteloso como lo hizo frente a la Primavera Árabe, que ha dado mucho más margen a Arabia Saudita y Catar. Hubo una reorientación de la política exterior con una línea mucho menos intervencionista, de respetar un poco el proceso doméstico de cada país pero, al mismo tiempo, todos los programas que tiene en marcha el Complejo Militar Industrial y el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas han seguido su curso como si no hubiera cambiado el gobierno. Yo creo que con Guantánamo encuentra una correlación de fuerzas que no le permite hacerlo. El retiro de Irak lo hace y Guantánamo no lo hace».
Por eso, lo que Obama pudo exhibir como un triunfo puertas adentro de Estados Unidos, como el homicidio de Osama bin Laden, en mayo de 2011, no alcanzó para levantar el crédito en una gestión que no pudo bajar el índice de desocupación de forma significativa y peor aún, hacer crecer la esperanza respecto a que la economía funcionará mejor con él. La crisis económica pone en riesgo empleos y la esperanza de un futuro para millones de votantes que aceptarían cualquier promesa, según reflejan las encuestas, a pesar de que ya conocen la medicina de la restricción presupuestaria.
«¿Es una masa importante de gente la que piensa como esos sectores progresistas?», pregunta Acción. «Es gente relativamente influyente, personas que en Nueva York manejan medios de comunicación y poder económico», dice Pozzi.
En coincidencia, Puricelli destaca que en este punto el presidente se quedó a mitad de camino, porque «el cierre de Guantánamo era totalmente consistente con el retiro anticipado de Irak. No cerrar Guantánamo tiene costos para Obama. Hay un sector de la izquierda del partido demócrata, particularmente de la sociedad civil, de la academia, que se movilizó muy fuertemente en su primera campaña y que priorizaba el cierre de Guantánamo. A nivel simbólico lo veía casi como más importante que retirarse de Irak, porque Guantánamo daña la legitimidad internacional de los Estados Unidos y es absolutamente contrario a los mejores principios constitucionales a los que adhiere la izquierda realmente existente de los Estados Unidos».
El cineasta Moore representa a ese sector y ni bien la Academia Sueca la otorgó a Obama en 2009 un sorpresivo Premio Nobel, le escribió una carta personal a Obama en la que le dijo: «Usted está realmente en una encrucijada. Puede escuchar a los generales y expandir la guerra (sólo para dar lugar a una previsible derrota) o puede declarar terminadas las guerras de Bush y traer todas las tropas a casa, ahora. Eso es lo que un verdadero hombre de paz haría. No hay nada malo en que usted haga lo que el último tipo no pudo hacer –la captura del hombre o los hombres responsables de los asesinatos en masa de 3.000 personas el 11 de setiembre–. Pero no puede hacerlo con tanques y tropas».
Que no iba a cumplir con lo que se espera de un Nobel de la Paz ya lo habían advertido otros intelectuales de Estados Unidos. El lingüista y docente del MIT, Noam Chomsky, desconfiaba incluso desde antes, de cuando ganó la interna demócrata. Pero fue más duro en una reciente entrevista con Democracy now, el programa de Amy Goodman. «Si a la administración Bush no le gustaba alguien, lo secuestraban y lo enviaban a las cámaras de tortura. Si la administración Obama decide que no le gusta alguien, lo asesinan, por lo que no tiene que tener cámaras de tortura por todas partes». La referencia es clara hacia los asesinatos selectivos y la utilización de drones, los aviones no tripulados que hacen estragos en Pakistán, Afganistán y se extienden ahora a otros países árabes.
¿Quiso Obama hacer algo distinto y no pudo? Según Puricelli, «en su política exterior hay una intención y algunas medidas prácticas para posicionarse de una manera distinta, sobre todo en Oriente Medio y a partir de su discurso en el El Cairo, al principio de su mandato, de jugar un rol muy cauteloso como lo hizo frente a la Primavera Árabe, que ha dado mucho más margen a Arabia Saudita y Catar. Hubo una reorientación de la política exterior con una línea mucho menos intervencionista, de respetar un poco el proceso doméstico de cada país pero, al mismo tiempo, todos los programas que tiene en marcha el Complejo Militar Industrial y el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas han seguido su curso como si no hubiera cambiado el gobierno. Yo creo que con Guantánamo encuentra una correlación de fuerzas que no le permite hacerlo. El retiro de Irak lo hace y Guantánamo no lo hace».
Por eso, lo que Obama pudo exhibir como un triunfo puertas adentro de Estados Unidos, como el homicidio de Osama bin Laden, en mayo de 2011, no alcanzó para levantar el crédito en una gestión que no pudo bajar el índice de desocupación de forma significativa y peor aún, hacer crecer la esperanza respecto a que la economía funcionará mejor con él. La crisis económica pone en riesgo empleos y la esperanza de un futuro para millones de votantes que aceptarían cualquier promesa, según reflejan las encuestas, a pesar de que ya conocen la medicina de la restricción presupuestaria.
Malas influencias
Para Pozzi, «hay una escisión profunda en la sociedad norteamericana, entre los que tienen y los que no tienen; evangélicos y no evangélicos; grandes ciudades y ciudades del interior. Hay un corrimiento de la sociedad hacia la derecha que explica el ascenso de Romney. Y es una cantidad de gente muy grande de jóvenes seducidos por las tendencias evangélicas o fundamentalistas cristianas, incluyendo a una cantidad de gente pobre o humilde».
Cabría acotar que esa tendencia no comienza con el actual mandatario. Y que incluso Obama es consciente del laberinto en que está metido. «El resultado concreto de su administración ha sido una política centrista si somos buenos, y de ciertos corrimientos hacia la derecha si somos malos. O sea, él se para y dice que él personalmente está a favor del matrimonio igualitario para captar el voto de la comunidad gay que es muy importante, pero al mismo tiempo no hace nada al respecto», señala Pozzi, que se autodefine como único historiador de Estados Unidos en la Argentina.
Resulta relevante, por cierto, la influencia de fundamentalistas como el movimiento Tea Party y los sectores ultrarreligiosos que no sólo condicionan al conservadurismo más retrógrado dentro de la sociedad, sino al propio seno de los dos partidos con chances de ganar las elecciones. Inserción manifiesta, como es obvio, entre los republicanos, que en las primarias eligieron entre Rick Santorum, un católico antiabortista y antigay, o Mitt Romney, un mormón igualmente antiabortista y antigay, y que ahora logró unir ambas tendencias con el dúo Romney-Ryan. Además, como señala la lúcida Bryce Covert en The Nation, defiende una política que afectará principalmente a las mujeres, porque eliminar los ya escuálidos programas sociales repercutirá en primera instancia en ellas, que son beneficiarias de un 70% de los planes. Habrá que ver entonces si los ojos azules le alcanzan.
Para Pozzi, «hay una escisión profunda en la sociedad norteamericana, entre los que tienen y los que no tienen; evangélicos y no evangélicos; grandes ciudades y ciudades del interior. Hay un corrimiento de la sociedad hacia la derecha que explica el ascenso de Romney. Y es una cantidad de gente muy grande de jóvenes seducidos por las tendencias evangélicas o fundamentalistas cristianas, incluyendo a una cantidad de gente pobre o humilde».
Cabría acotar que esa tendencia no comienza con el actual mandatario. Y que incluso Obama es consciente del laberinto en que está metido. «El resultado concreto de su administración ha sido una política centrista si somos buenos, y de ciertos corrimientos hacia la derecha si somos malos. O sea, él se para y dice que él personalmente está a favor del matrimonio igualitario para captar el voto de la comunidad gay que es muy importante, pero al mismo tiempo no hace nada al respecto», señala Pozzi, que se autodefine como único historiador de Estados Unidos en la Argentina.
Resulta relevante, por cierto, la influencia de fundamentalistas como el movimiento Tea Party y los sectores ultrarreligiosos que no sólo condicionan al conservadurismo más retrógrado dentro de la sociedad, sino al propio seno de los dos partidos con chances de ganar las elecciones. Inserción manifiesta, como es obvio, entre los republicanos, que en las primarias eligieron entre Rick Santorum, un católico antiabortista y antigay, o Mitt Romney, un mormón igualmente antiabortista y antigay, y que ahora logró unir ambas tendencias con el dúo Romney-Ryan. Además, como señala la lúcida Bryce Covert en The Nation, defiende una política que afectará principalmente a las mujeres, porque eliminar los ya escuálidos programas sociales repercutirá en primera instancia en ellas, que son beneficiarias de un 70% de los planes. Habrá que ver entonces si los ojos azules le alcanzan.
Los próximos 4 años
Se supone que un Obama ganador tendría
posibilidades de concretar lo que no pudo lograr en su primer mandato,
debido a que otros 4 años le permitirían no estar tan pendiente de
complacer a un electorado que será necesario para quedarse en el Salón
Oval. Pero si en los primeros días de su gestión, cuando tenía todo el
viento a favor y el empuje del triunfo electoral, no hizo nada fuera del
esquema habitual de los mandatarios estadounidenses, sería poco
esperable que haga algo diferente ahora. Y, además, su campaña no cambió
los ejes de la anterior de un modo drástico. Pone énfasis, sí, en
aumentar impuestos a los ricos, algo que no logró hacer en este período y
que le permite justificarse diciendo que la mayoría republicana no dejó
resquicio para que fructificaran esas iniciativas. Pero es posible que
ese punto se relacione también con que su contrincante en ese sentido
está «flojo de papeles» con una fortuna calculada en 250 millones de
dólares convenientemente oculta en los pliegues de paraísos en las Islas
Caimán.
La cuestión es si llegaran a ganar los republicanos. Para Puricelli, si esto ocurre, «Estados Unidos en vez de jugar este rol de defensor del estímulo frente a la crisis internacional que encarna Obama, se podría correr a la lógica de austeridad de Merkel, suponiendo que Merkel llegara a enero del año que viene si continúa bancando las políticas de austeridad, algo que hoy en día es difícil de prever». Para Pozzi, un triunfo del ex mandatario de Massachusetts implicaría «un retorno a las peores formas de intervencionismo norteamericano de la época de Bush».
Romney mostró algunos de esos rasgos brutalmente imperiales en estos últimos meses. El ex gobernador de Massachusetts alcanzó cierta fama de buen gestor en su momento cuando salvó del desastre las Juegos Olímpicos de Invierno de 2002 realizadas en Salt Lake City, que venían de una serie de escándalos de corrupción en la junta organizadora y pasaron a la historia como las mejor desarrolladas en la historia de ese país. Ese antecedente le sirvió de trampolín para la gobernación de su estado y hace unas semanas para estar como invitado en los juegos de Londres. Pero allí mostró la hilacha: primero cuestionó, como si fuera un ciudadano británico, que justo en el momento en que se llevaba a cabo las Juegos Olímpicos aparecía la información que una empresa de seguridad privada «no tiene suficientes empleados y hay una supuesta huelga de los empleados de inmigración y aduanas, algo que no resulta muy alentador». Para rematar puso en duda el éxito del evento: «Es difícil saber cómo va a acabar saliendo todo». Un puñetazo demoledor en el rostro del conservador David Cameron que le granjeó, además, las pullas más feroces de los diarios sensacionalista de la isla.
En su visita a Israel no fue más diplomático. Se encargó de tranquilizar a los sectores más duros del gobierno de Benjamín Netanyahu con un «hay que emplear todas las medidas posibles para poner fin a la deriva nuclear del régimen iraní». Para luego levantar polvareda al declarar que Jerusalén es la capital de Israel. Un tema controversial en vista del pedido de admisión de Palestina como Estado pleno ante la Asamblea General de las Naciones Unidas.
La cuestión es si llegaran a ganar los republicanos. Para Puricelli, si esto ocurre, «Estados Unidos en vez de jugar este rol de defensor del estímulo frente a la crisis internacional que encarna Obama, se podría correr a la lógica de austeridad de Merkel, suponiendo que Merkel llegara a enero del año que viene si continúa bancando las políticas de austeridad, algo que hoy en día es difícil de prever». Para Pozzi, un triunfo del ex mandatario de Massachusetts implicaría «un retorno a las peores formas de intervencionismo norteamericano de la época de Bush».
Romney mostró algunos de esos rasgos brutalmente imperiales en estos últimos meses. El ex gobernador de Massachusetts alcanzó cierta fama de buen gestor en su momento cuando salvó del desastre las Juegos Olímpicos de Invierno de 2002 realizadas en Salt Lake City, que venían de una serie de escándalos de corrupción en la junta organizadora y pasaron a la historia como las mejor desarrolladas en la historia de ese país. Ese antecedente le sirvió de trampolín para la gobernación de su estado y hace unas semanas para estar como invitado en los juegos de Londres. Pero allí mostró la hilacha: primero cuestionó, como si fuera un ciudadano británico, que justo en el momento en que se llevaba a cabo las Juegos Olímpicos aparecía la información que una empresa de seguridad privada «no tiene suficientes empleados y hay una supuesta huelga de los empleados de inmigración y aduanas, algo que no resulta muy alentador». Para rematar puso en duda el éxito del evento: «Es difícil saber cómo va a acabar saliendo todo». Un puñetazo demoledor en el rostro del conservador David Cameron que le granjeó, además, las pullas más feroces de los diarios sensacionalista de la isla.
En su visita a Israel no fue más diplomático. Se encargó de tranquilizar a los sectores más duros del gobierno de Benjamín Netanyahu con un «hay que emplear todas las medidas posibles para poner fin a la deriva nuclear del régimen iraní». Para luego levantar polvareda al declarar que Jerusalén es la capital de Israel. Un tema controversial en vista del pedido de admisión de Palestina como Estado pleno ante la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Revista Acción
Setiembre 1 de 2012
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