Sirte, la ciudad natal de Muammar Khadafi, es el último objetivo de la OTAN y de las tropas que obedecen al Consejo Nacional de Transición (CNT), el grupo opositor que inició la revuelta contra el líder libio en febrero y ya ocupa una gran porción del territorio de ese país del norte de África y de hecho es el representante oficial del país reconocido por gran parte de las naciones del mundo.
Distrito clave en el esquema de poder armado por Khadafi desde que derrocó al rey Idris I en 1969, en esa ciudad también nació la Unión Africana, en 1999, a instancias del coronel cuya cabeza hoy vale 1,7 millones de dólares. En Sirte, además, y luego de ingentes negociaciones para poner fin a una matanza horrorosa, se firmó uno de los tratados que llevaron al fin de la Segunda Guerra del Congo, uno de los primeros logros de la entidad regional que marcaba el inicio de nuevas formas de resolver conflictos en el continente africano.
Es que la UA pretendía replicar la organización que dio paso a la Unión Europea. Y Khadafi, diez años más tarde, ya hablaba de tomarla como base para crear los Estados Unidos de África, una gran nación con 1000 millones de habitantes y múltiples y apetecibles recursos naturales en la que se proponía unificar modelos de desarrollo, promover una moneda común y eliminar fronteras. Pero ahí pueden haber nacido algunos de los males que terminaron por hundir al gobierno de Khadafi. Porque de las arcas libias salieron en gran medida los fondos para crear y mantener a la UA. Pero a medida que la organización iba creciendo, Libia iba perdiendo contacto con el resto de los países árabes.
De modo que mientras Khadafi se proclamaba cada vez más africano y estrechaba vínculos con la África negra, iba perdiendo sustento y ganando desconfianzas en la comunidad musulmana, tanto la que vive puertas adentro del país como en el resto de las naciones que mantienen con Libia el mismo tronco étnico y religioso.
Por eso en cuanto apareció una cuña entre el líder libio y las tribus del oeste, asentadas en Benghazi, la Liga Árabe (LA) mostró su distancia de Khadafi al punto que ya en febrero pidió “el fin de los ataques sobre la población civil”, en coincidencia con el argumento que sirvió de base para la intervención de Europa y Estados Unidos en Libia.
Una injerencia que simultáneamente la UA trató de evitar proponiendo una salida negociada para la crisis que Trípoli mantenía con sus opositores. El periodista Pepe Escobar lo refleja claramente en un artículo donde sostiene que en esta contienda están por una parte la OTAN y la LA y por la otra la UA y el grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Sería, agrega el corresponsal de The Real News, una pugna entre “el Occidente atlantista y sus aliados árabes contrarrevolucionarios contra África y las potencias económicas emergentes (que dio lugar a) un trueque a fin de que la Casa de Saud (la monarquía que rige en Arabia Saudita) tuviera las manos libres para reprimir las protestas por la democracia en Bahrein”, y también en Yemen.
Menudo problema entonces para la UA y el presidente Jacob Zuma, como representante de la principal potencia de esta entidad, Sudáfrica. Porque el mandatario, que siempre mantuvo una relación muy intensa con Khadafi, no puede olvidar el apoyo que recibió del libio el Congreso Nacional Africano, el partido que llevó al poder a Nelson Mandela. Y del que regularmente servía para sustentar los gastos burocráticos de la UA.
El entramado de las naciones emergentes, del que también forma parte Brasil, llevó al ex presidente Lula da Silva hasta Guinea Ecuatorial a fines de junio para debatir el caso libio. Allí, el metalúrgico brasileño aprovechó para pedir una ONU que tenga el coraje de “imponer un alto el fuego en Libia”. Para lo cual, evaluó, solo queda cambiar las reglas de juego en el organismo creado para institucionalizar el poder de los ganadores de la Segunda Guerra Mundial, pero que ya no expresa las necesidades de los 193 estados que pueblan la tierra.
“No es posible que América Latina con 400 millones de habitantes no tenga representante en el Consejo de Seguridad. No es posible que el continente africano, con 53 países, no tenga representante en el Consejo de Seguridad. No es posible que cinco países decidan lo que hay que hacer y cómo”, insistió Lula.
Lo que sobrevuela es la sospecha de que la caída de Khadafi podría herir de muerte también a la UA. Pero también que esta escalada de los países todavía centrales del planeta repercuta negativamente en ese organismo regional que pacientemente y con mucho esfuerzo intentan los países de Sudamérica, la Unasur.
De este ángulo puede entenderse que el venezolano Hugo Chávez saliera con tanto entusiasmo a cuestionar la incursión de la OTAN y el insólito apoyo que recibieron los insurgentes desde que anunciaron la creación del CNT. Insólito porque para nuestro continente significaría algo parecido a que las principales potencias del mundo reconocieran a las fuerzas de la guerrilla que desde hace décadas combaten en las selvas colombianas y la apoyaran con un escudo aéreo, instructores, armas y mercenarios.
Sin embargo, en este caso Estados Unidos –que ahora se apresuró al reconocimiento oficial a la CNT junto con sus socios de la OTAN– impuso el Plan Colombia, la estrategia del Pentágono para desplegar tropas y bases militares en ese territorio sudamericano a partir del gobierno de Andrés Pastrana, que luego profundizó a niveles demenciales con Álvaro Uribe.
El venezolano no es el único que alerta sobre el procedimiento empleado para deshacerse de un enemigo público como Khadafi. Un método que, sobre todo, terminó por poner una cuña en la primavera árabe que prometía un soplo de aire democrático en el norte de África y en amplias regiones del Medio Oriente.
Es que el procedimiento para construir la arremetida sobre Trípoli se parece mucho a la que se utilizó contra el mismo Chávez en 2002, cuando un golpe cívico mediático que lo alejó momentáneamente del poder y que refleja el excelente documental La revolución no será transmitida, de los irlandeses Kim Bartley y Donnacha O’Briain. Una escalada similar pudo abortar la Unasur contra Evo Morales, cuando el intento de golpe de los comités cívicos derechistas, a mediados de 2008.
No se trata de una defensa de Khadafi, quien de un pasado honroso fue virando hacia posiciones cada vez más criticadas, que incluyen relaciones poco transparentes con algunos de los más encarnizados enemigos de hoy, como el francés Nicolás Sarkozy o el italiano Silvio Berlusconi y habría que ver si violaciones a los Derechos Humanos.
Pero tampoco de admitir sin chistar la injerencia de tropas extranjeras en otras naciones. Se trata de no permitir que ahora, Sarkozy y el premier David Cameron sueñen con pasearse por las calles de Trípoli con aire triunfal como en una típica invasión colonialista del siglo XIX. O que todo un continente pretenda calmar mercados alterados por una crisis económica con la promesa de petróleo y oro a voluntad.
Tiempo Argentino
Agosto 27 de 2011
sábado
El tiempo está a favor de los pequeños
El triunfo contundente de Cristina Fernández no sólo produjo impacto en la política argentina sino que significó un fuerte respaldo para el modo de encarar los problemas del mundo que intentan poner en práctica los gobiernos de la región. El hecho fue destacado por cada uno de los gobernantes que esperaban, ansiosos, el resultado de la primaria del domingo pasado. Y que respiraron aliviados cuando se confirmó la cifra y ahora esperan ir por más, ante un mundo que, parafraseando a Roberto Arlt, podríamos decir que se desmorona inevitablemente.
Ese hecho fue profusamente destacado y aplaudido por la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, y el uruguayo José Mujica, pero también por el resto de los mandatarios del Mercosur y de la Unasur, incluido los de Chile y Colombia. Juan Manuel Santos, dicho sea de paso, le vino a traer en persona las congratulaciones, y no se olvidó de explicar en qué marco regional y mundial se inscribe.
Ahora que los medios opositores y la gran mayoría de los partidos antikirchneristas tratan de buscar explicaciones para un resultado que ni en el peor de los pronósticos podían pensar, es entendible también el alivio del arco de gobiernos sudamericanos ante el mismo escenario.
Y para este análisis nada mejor que aprovechar las palabras del colombiano en su encuentro con Cristina del jueves. Porque Santos viene de la derecha y está sin dudas ligado a la política represiva que como ministro de Defensa de Álvaro Uribe aplicó en Colombia entre 2002 y 2010. Pero que con la llegada al poder entendió que en otros ámbitos muy poco tenía por ganar. Pragmatismo que le dicen, pero de un tinte bien diferente al de las relaciones carnales que justificaba a Carlos Menem y al resto de los gobiernos de los ’90.
Cierto es que cambiaron las cosas en Europa y sobre todo en los Estados Unidos, que padecen ahora una indigestión con los mismos remedios que desde el Consenso de Washington vivieron aplicando en el sur esa serie de gobiernos respetuosos del orden mundial que llevaron al derrumbe de la Argentina y la desaparición en cadena del modelo neoliberal ni bien despuntaba el siglo XXI.
Y, como la necesidad tiene cara de hereje, Santos y también el chileno Sebastián Piñera ponen las barbas en remojo por lo que pudiera. Con la mirada puesta en el vecindario, porque finalmente terminaron de entender que el bote es el mismo y que entre todos sería más fácil reparar cualquier perforación en el casco antes que hundirse en privado. Porque, además, perciben como nunca que el salvavidas que pudieran ofrecer desde el hemisferio norte está confeccionado en puro plomo.
Santos, otra vez, fue clarísimo cuando dijo que se viene un huracán y conviene estar preparado no sea cosa que los arrastre a todos. Y si finalmente no ocurre nada, da lo mismo, pues ninguna precaución es poca y nada se pierde con cuidarse en salud.
Y aquí es donde se comprende mejor las razones de las élites sudamericanas –ya no solamente progresistas– para respirar aliviadas por el resultado de la primaria argentina. Más aun cuando se vio de qué modo en el antikirchnerismo –la mal llamada oposición– se pasan facturas por la derrota. O llegan a confesar sus bajezas, como el tambero Biolcati, que finalmente acepta que parte de los votos eran por la estabilidad y el miedo a la crisis internacional.
Los medios hegemónicos y muchos opinólogos prefirieron interpretar que no ganó el gobierno sino que perdió la oposición, que no pudo encontrar ni un candidato ni un discurso común. Pero, en ese contexto, aparecieron un par de fotos que sirven para entender la película que los derrotados de este domingo no terminan de aceptar.
Como el mensaje “antisubversivo” de Eduardo Duhalde, repentinamente girado hacia la derecha más furiosa, por convicción o por cálculo. ¿Alguien imagina a un Duhalde presidente felicitado por Dilma o por el Pepe Mujica, ambos guerrilleros y presos políticos en su juventud? Cierto que Macri se bajó de la candidatura presidencial para abroquelarse en su feudo capitalino, cosa de volver a mostrarse en 2015, pero ¿es posible vislumbrar al empresario tejiendo alianzas para evitar la especulación financiera y apostando al desarrollo y la igualdad social con Fernando Lugo o Evo Morales, después de todo lo que dijo de paraguayos y bolivianos cuando los ya olvidados incidentes en el Parque Indoamericano?
No es descabellado pensar que Raúl Alfonsín también hubiera apostado por la integración. El ex presidente radical fue el impulsor del Mercosur y buscó sin éxito crear un frente común para enfrentar el problema de la deuda externa y evitar una invasión estadounidense a la Nicaragua sandinista. ¿Haría honor a ese antecedente su hijo Ricardo Alfonsín, aliado con De Narváez y González Fraga? ¿Lo habría hecho Lilita Carrió, socia política del empresario agropecuario Benito Llambías?
Algo similar hubiese ocurrido en Brasil de haber ganado José Serra, que dijo en plena campaña que el Mercosur era una traba para el desarrollo del coloso sudamericano. Y puede ocurrir si en Paraguay no aparece una figura “del palo” para suceder a Lugo cuando finalice su mandato.
La construcción de una región integrada lleva tiempo y esfuerzos, pero sobre todo paciencia y determinación para seguir el rumbo adecuado sin escuchar los cantos de sirena de los apocalípticos. Es lo que con sus más y sus menos están haciendo los gobiernos de la Unasur.
Con un horizonte más despejado en un país clave como la Argentina y luego del triunfo de Ollanta Humala en Perú, la región puede encarar su futuro con mejores armas. El desafío de la hora es impulsar fuertemente el cambio de paradigma. No sólo en el ámbito económico –bien sabemos los latinoamericanos a dónde conduce la ortodoxia neoliberal– sino sobre todo cultural y político.
Si se prueba que hay espacio para una derecha integradora, bueno sería que los conservadores la tomaran como modelo, para luchar juntos contra el principal enemigo, que es la mirada colonizada, la admiración por naciones y sistemas que se caen a pedazos. Aunque más no fuera porque como buenos conservadores, verían que así van a perder menos, y hasta pueden salir ganando.
Desde el otro lado del escritorio, en este rincón plagado de amenazas y también de oportunidades, los gobiernos tienen el desafío de profundizar la integración. Poniendo en marcha de una buena vez el Banco del Sur, pero atendiendo a la experiencia fallida del Banco Central Europeo. Para convertirlo en un banco de desarrollo en el que se podrían, como sueñan los más osados, resguardar las reservas internacionales y los depósitos en oro de cada uno de los miembros y hasta los fondos de la jubilación de todos los trabajadores de Sudamérica.
Para lo cual no vendría mal tampoco que los sindicatos fueran acercando mucho más sus líneas. Porque también tienen mucho que decirse, como ya lo están haciendo los estudiantes de la zona reunidos a raíz de la crisis en el sistema educativo chileno.
Pocas veces en estos 200 años de historia este puñado de países ha tenido una ocasión como esta para romper las cadenas. Y puede decirse que esto ocurre desde que todos juntos clausuraron el ALCA, en 2005 en Mar del Plata, dándole la espalda a la solución colonial.
Quizás en este detalle habría que buscar las razones que llevan a los medios concentrados a minimizar o directamente ningunear a estas instituciones sudamericanas que para su información –la de ellos– han llegado para quedarse.
Tiempo Argentino
Agosto 20 de 2011
Ese hecho fue profusamente destacado y aplaudido por la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, y el uruguayo José Mujica, pero también por el resto de los mandatarios del Mercosur y de la Unasur, incluido los de Chile y Colombia. Juan Manuel Santos, dicho sea de paso, le vino a traer en persona las congratulaciones, y no se olvidó de explicar en qué marco regional y mundial se inscribe.
Ahora que los medios opositores y la gran mayoría de los partidos antikirchneristas tratan de buscar explicaciones para un resultado que ni en el peor de los pronósticos podían pensar, es entendible también el alivio del arco de gobiernos sudamericanos ante el mismo escenario.
Y para este análisis nada mejor que aprovechar las palabras del colombiano en su encuentro con Cristina del jueves. Porque Santos viene de la derecha y está sin dudas ligado a la política represiva que como ministro de Defensa de Álvaro Uribe aplicó en Colombia entre 2002 y 2010. Pero que con la llegada al poder entendió que en otros ámbitos muy poco tenía por ganar. Pragmatismo que le dicen, pero de un tinte bien diferente al de las relaciones carnales que justificaba a Carlos Menem y al resto de los gobiernos de los ’90.
Cierto es que cambiaron las cosas en Europa y sobre todo en los Estados Unidos, que padecen ahora una indigestión con los mismos remedios que desde el Consenso de Washington vivieron aplicando en el sur esa serie de gobiernos respetuosos del orden mundial que llevaron al derrumbe de la Argentina y la desaparición en cadena del modelo neoliberal ni bien despuntaba el siglo XXI.
Y, como la necesidad tiene cara de hereje, Santos y también el chileno Sebastián Piñera ponen las barbas en remojo por lo que pudiera. Con la mirada puesta en el vecindario, porque finalmente terminaron de entender que el bote es el mismo y que entre todos sería más fácil reparar cualquier perforación en el casco antes que hundirse en privado. Porque, además, perciben como nunca que el salvavidas que pudieran ofrecer desde el hemisferio norte está confeccionado en puro plomo.
Santos, otra vez, fue clarísimo cuando dijo que se viene un huracán y conviene estar preparado no sea cosa que los arrastre a todos. Y si finalmente no ocurre nada, da lo mismo, pues ninguna precaución es poca y nada se pierde con cuidarse en salud.
Y aquí es donde se comprende mejor las razones de las élites sudamericanas –ya no solamente progresistas– para respirar aliviadas por el resultado de la primaria argentina. Más aun cuando se vio de qué modo en el antikirchnerismo –la mal llamada oposición– se pasan facturas por la derrota. O llegan a confesar sus bajezas, como el tambero Biolcati, que finalmente acepta que parte de los votos eran por la estabilidad y el miedo a la crisis internacional.
Los medios hegemónicos y muchos opinólogos prefirieron interpretar que no ganó el gobierno sino que perdió la oposición, que no pudo encontrar ni un candidato ni un discurso común. Pero, en ese contexto, aparecieron un par de fotos que sirven para entender la película que los derrotados de este domingo no terminan de aceptar.
Como el mensaje “antisubversivo” de Eduardo Duhalde, repentinamente girado hacia la derecha más furiosa, por convicción o por cálculo. ¿Alguien imagina a un Duhalde presidente felicitado por Dilma o por el Pepe Mujica, ambos guerrilleros y presos políticos en su juventud? Cierto que Macri se bajó de la candidatura presidencial para abroquelarse en su feudo capitalino, cosa de volver a mostrarse en 2015, pero ¿es posible vislumbrar al empresario tejiendo alianzas para evitar la especulación financiera y apostando al desarrollo y la igualdad social con Fernando Lugo o Evo Morales, después de todo lo que dijo de paraguayos y bolivianos cuando los ya olvidados incidentes en el Parque Indoamericano?
No es descabellado pensar que Raúl Alfonsín también hubiera apostado por la integración. El ex presidente radical fue el impulsor del Mercosur y buscó sin éxito crear un frente común para enfrentar el problema de la deuda externa y evitar una invasión estadounidense a la Nicaragua sandinista. ¿Haría honor a ese antecedente su hijo Ricardo Alfonsín, aliado con De Narváez y González Fraga? ¿Lo habría hecho Lilita Carrió, socia política del empresario agropecuario Benito Llambías?
Algo similar hubiese ocurrido en Brasil de haber ganado José Serra, que dijo en plena campaña que el Mercosur era una traba para el desarrollo del coloso sudamericano. Y puede ocurrir si en Paraguay no aparece una figura “del palo” para suceder a Lugo cuando finalice su mandato.
La construcción de una región integrada lleva tiempo y esfuerzos, pero sobre todo paciencia y determinación para seguir el rumbo adecuado sin escuchar los cantos de sirena de los apocalípticos. Es lo que con sus más y sus menos están haciendo los gobiernos de la Unasur.
Con un horizonte más despejado en un país clave como la Argentina y luego del triunfo de Ollanta Humala en Perú, la región puede encarar su futuro con mejores armas. El desafío de la hora es impulsar fuertemente el cambio de paradigma. No sólo en el ámbito económico –bien sabemos los latinoamericanos a dónde conduce la ortodoxia neoliberal– sino sobre todo cultural y político.
Si se prueba que hay espacio para una derecha integradora, bueno sería que los conservadores la tomaran como modelo, para luchar juntos contra el principal enemigo, que es la mirada colonizada, la admiración por naciones y sistemas que se caen a pedazos. Aunque más no fuera porque como buenos conservadores, verían que así van a perder menos, y hasta pueden salir ganando.
Desde el otro lado del escritorio, en este rincón plagado de amenazas y también de oportunidades, los gobiernos tienen el desafío de profundizar la integración. Poniendo en marcha de una buena vez el Banco del Sur, pero atendiendo a la experiencia fallida del Banco Central Europeo. Para convertirlo en un banco de desarrollo en el que se podrían, como sueñan los más osados, resguardar las reservas internacionales y los depósitos en oro de cada uno de los miembros y hasta los fondos de la jubilación de todos los trabajadores de Sudamérica.
Para lo cual no vendría mal tampoco que los sindicatos fueran acercando mucho más sus líneas. Porque también tienen mucho que decirse, como ya lo están haciendo los estudiantes de la zona reunidos a raíz de la crisis en el sistema educativo chileno.
Pocas veces en estos 200 años de historia este puñado de países ha tenido una ocasión como esta para romper las cadenas. Y puede decirse que esto ocurre desde que todos juntos clausuraron el ALCA, en 2005 en Mar del Plata, dándole la espalda a la solución colonial.
Quizás en este detalle habría que buscar las razones que llevan a los medios concentrados a minimizar o directamente ningunear a estas instituciones sudamericanas que para su información –la de ellos– han llegado para quedarse.
Tiempo Argentino
Agosto 20 de 2011
La otra reconquista
Ahora van a por Francia”, temía el diario español Público en su tapa del jueves. Se refería a los fondos especulativos que mantienen en jaque a las principales economías del mundo, las que en los últimos días reaccionaron tímidamente ante el embate de las calificadoras de riesgo y finalmente decidieron bloquear la venta de acciones en descubierto, para limitar el poder de fuego de “los mercados”.
Es bueno recordar qué decían esos mismos actores internacionales hace diez años cuando los especuladores venían “a por Argentina” y la explicación en boga era que el país no había hecho bien los deberes. Peor aún, muchos líderes vernáculos que entonces se jugaban todo a la convertibilidad parecen haber escrito el libreto con el que la troika (el FMI, la UE y el Banco Central Europeo) aplaude ahora los tijeretazos en Portugal y recomienda afilar aún más los instrumentos en Grecia, España e Italia.
Son las mismas políticas que dejaron el tendal de pobreza, miseria y desesperanza en América latina desde fines de los ’90, cuando S&P y Moody’s eran la verdad revelada y no esos niños malos en que parecen haberse convertido repentinamente, cuando los que padecen sus interesados pronósticos son estadounidenses, franceses o alemanes. La mano de las evaluadoras está detrás de la lucha feroz entre demócratas y republicanos que están fagocitando al gobierno de Barack Obama con tal de defender los privilegios de los más acaudalados. De manera que en lugar de agrandar el presupuesto subiendo impuestos, se reducirá con recortes en los magros beneficios sociales que los demócratas prometieron ampliar al llegar a la Casa Blanca.
El mismo problema de qué espaldas soportarán la carga lo viven los chilenos con la crisis educativa. El presidente Sebastián Piñera dijo que en la vida todo tiene su costo y que para tener educación gratuita no tendría más remedio que aumentar impuestos. Espantosa opción, considera el mandatario conservador, como para que la clase media comience a replantearse su apoyo a esos jóvenes díscolos que tienen la osadía de poner como ejemplo a la educación argentina, que suele albergar a miles de estudiantes de otros países latinoamericanos sin cobrar por ello. Una conquista cultural que sin dudas habrá que agradecerle a Sarmiento –tan poco solidario en otros ámbitos– y a la reforma estudiantil radical de 1918.
Mientras tanto, en el Reino Unido las facturas entre policías y el gobierno pueden llevar a una nueva y más profunda crisis política. El primer ministro David Cameron acusa a Scotland Yard de no haber desplegado la cantidad suficiente de hombres en las calles londinenses para evitar los desmanes producidos en esta semana. La policía británica le respondió ácidamente que los que critican no estaban en el frente de batalla cuando estalló la violencia. Efectivamente, es verano y Cameron descansaba en una villa toscana, mientras que los bobbies masticaban bronca. Por un lado, porque los dos máximos directivos tuvieron que renunciar en el marco del escándalo Murdoch, acusados de haber hecho la vista gorda cuando muchos de sus subordinados cobraban un extra pinchando teléfonos para los medios del grupo.
Pero, además, miles de uniformados perderán sus empleos por los recortes presupuestarios. Y si es cierto que nada es gratis en la vida, esas deudas políticas se pagan más temprano que tarde. Porque por más que Cameron diga que los despedidos serán administrativos, son compañeros de armas de los que tendrán que poner el pecho a las balas en la convulsionada Albión.
“Tarde piaste”, dirían los más viejos; los países europeos se desayunan con que el problema no son los evanescentes mercados, sino los especuladores de carne y hueso a los que todavía no identificaron, y que se escudan detrás de fondos de inversión que apuestan contra el euro. La paradoja es que si miraran en la experiencia de este lado del océano, encontrarían respuestas que una suma de cerrazón intelectual e intereses férreos en mantener el status quo no dejan avizorar.
Y en este lado, los países de la Unasur –que padecieron con todo su rigor el experimento neoliberal en los ’90 y por eso ya saben qué gusto tiene la medicina y, además, que el remedio neoliberal es peor que cualquier enfermedad– se unen para ensayar respuestas conjuntas ante una crisis que no crearon pero que pueden sufrir si se quedan de brazos cruzados.
Bajo la mirada sobradora de los grandes medios de todos los países de la región, que ningunean el encuentro porque pretenden que este grupo de presidentes populistas no pueden, ni deben, triunfar donde otros fracasan. Por eso presionan desde todos los rincones para convencer de que la caída será inevitable y que la única forma de precaverse es... el ajuste perpetuo.
Un día como ayer, nuboso y frío pero de hace 205 años, el francés Santiago de Liniers contemplaba desde el atrio de la iglesia de la Merced el avance de sus tropas, un tanto desordenadas pero valerosas, contra el invasor británico que se había instalado en el Fuerte de Buenos Aires y pretendía controlar el virreinato del Rio de la Plata. No vienen a cuento los detalles –porque la historia luego condenaría a Liniers y los capitales ingleses aprovecharían la derrota para diseminarse por la región después de esta intentona– la cuestión es que cerca del mediodía de aquel 12 de agosto de 1806, el jefe de las fuerzas nativas, según sus propias palabras, logró la rendición del general Beresford después de expresarle “la justa estimación que me merecía su valor (lo que) me estimulaba a concederle los honores de la guerra; y efectivamente, habiendo hecho formar mi tropa en ala, salieron los ingleses del Fuerte con sus armas, tocando marcha, y las depositaron a la cabeza de nuestro ejército en número de 1200, habiendo perdido en la acción 412 hombres, y 5 oficiales entre muertos y heridos; y nuestros de la misma clase sólo 180, el alférez de navío don Joseph Miranda, herido en una mano y el alférez del ejercito del Imperio francés, mi edecán D. Juan Bautista Fantin, una pierna rota.”
Habían pasado menos de un mes desde que el virrey Sobremonte había huido hacia Córdoba llevándose el tesoro real, para salvaguardarlo de la angurria anglosajona, ante el descrédito de los porteños que lo consideraron un cobarde y un traidor. Porque como quien dijera, había escapado en helicóptero.
Pero las tropas criollas aprendieron, combatiendo en las calles que rodeaban al Cabildo y conducían a la Plaza Mayor (donde hoy día está la City, con su pléyade de inversores y especuladores de toda pelambre) que si podían salir de esa, no les costaría tanto deshacerse del rey que moraba en Madrid.
Allí comenzaba otra historia, como la que define un grupo de países sudamericanos que, entre presiones y chanzas, se proponen otra reconquista. La de las decisiones nacionales.
Tiempo Argentino
Agosto 13 de 2011
Es bueno recordar qué decían esos mismos actores internacionales hace diez años cuando los especuladores venían “a por Argentina” y la explicación en boga era que el país no había hecho bien los deberes. Peor aún, muchos líderes vernáculos que entonces se jugaban todo a la convertibilidad parecen haber escrito el libreto con el que la troika (el FMI, la UE y el Banco Central Europeo) aplaude ahora los tijeretazos en Portugal y recomienda afilar aún más los instrumentos en Grecia, España e Italia.
Son las mismas políticas que dejaron el tendal de pobreza, miseria y desesperanza en América latina desde fines de los ’90, cuando S&P y Moody’s eran la verdad revelada y no esos niños malos en que parecen haberse convertido repentinamente, cuando los que padecen sus interesados pronósticos son estadounidenses, franceses o alemanes. La mano de las evaluadoras está detrás de la lucha feroz entre demócratas y republicanos que están fagocitando al gobierno de Barack Obama con tal de defender los privilegios de los más acaudalados. De manera que en lugar de agrandar el presupuesto subiendo impuestos, se reducirá con recortes en los magros beneficios sociales que los demócratas prometieron ampliar al llegar a la Casa Blanca.
El mismo problema de qué espaldas soportarán la carga lo viven los chilenos con la crisis educativa. El presidente Sebastián Piñera dijo que en la vida todo tiene su costo y que para tener educación gratuita no tendría más remedio que aumentar impuestos. Espantosa opción, considera el mandatario conservador, como para que la clase media comience a replantearse su apoyo a esos jóvenes díscolos que tienen la osadía de poner como ejemplo a la educación argentina, que suele albergar a miles de estudiantes de otros países latinoamericanos sin cobrar por ello. Una conquista cultural que sin dudas habrá que agradecerle a Sarmiento –tan poco solidario en otros ámbitos– y a la reforma estudiantil radical de 1918.
Mientras tanto, en el Reino Unido las facturas entre policías y el gobierno pueden llevar a una nueva y más profunda crisis política. El primer ministro David Cameron acusa a Scotland Yard de no haber desplegado la cantidad suficiente de hombres en las calles londinenses para evitar los desmanes producidos en esta semana. La policía británica le respondió ácidamente que los que critican no estaban en el frente de batalla cuando estalló la violencia. Efectivamente, es verano y Cameron descansaba en una villa toscana, mientras que los bobbies masticaban bronca. Por un lado, porque los dos máximos directivos tuvieron que renunciar en el marco del escándalo Murdoch, acusados de haber hecho la vista gorda cuando muchos de sus subordinados cobraban un extra pinchando teléfonos para los medios del grupo.
Pero, además, miles de uniformados perderán sus empleos por los recortes presupuestarios. Y si es cierto que nada es gratis en la vida, esas deudas políticas se pagan más temprano que tarde. Porque por más que Cameron diga que los despedidos serán administrativos, son compañeros de armas de los que tendrán que poner el pecho a las balas en la convulsionada Albión.
“Tarde piaste”, dirían los más viejos; los países europeos se desayunan con que el problema no son los evanescentes mercados, sino los especuladores de carne y hueso a los que todavía no identificaron, y que se escudan detrás de fondos de inversión que apuestan contra el euro. La paradoja es que si miraran en la experiencia de este lado del océano, encontrarían respuestas que una suma de cerrazón intelectual e intereses férreos en mantener el status quo no dejan avizorar.
Y en este lado, los países de la Unasur –que padecieron con todo su rigor el experimento neoliberal en los ’90 y por eso ya saben qué gusto tiene la medicina y, además, que el remedio neoliberal es peor que cualquier enfermedad– se unen para ensayar respuestas conjuntas ante una crisis que no crearon pero que pueden sufrir si se quedan de brazos cruzados.
Bajo la mirada sobradora de los grandes medios de todos los países de la región, que ningunean el encuentro porque pretenden que este grupo de presidentes populistas no pueden, ni deben, triunfar donde otros fracasan. Por eso presionan desde todos los rincones para convencer de que la caída será inevitable y que la única forma de precaverse es... el ajuste perpetuo.
Un día como ayer, nuboso y frío pero de hace 205 años, el francés Santiago de Liniers contemplaba desde el atrio de la iglesia de la Merced el avance de sus tropas, un tanto desordenadas pero valerosas, contra el invasor británico que se había instalado en el Fuerte de Buenos Aires y pretendía controlar el virreinato del Rio de la Plata. No vienen a cuento los detalles –porque la historia luego condenaría a Liniers y los capitales ingleses aprovecharían la derrota para diseminarse por la región después de esta intentona– la cuestión es que cerca del mediodía de aquel 12 de agosto de 1806, el jefe de las fuerzas nativas, según sus propias palabras, logró la rendición del general Beresford después de expresarle “la justa estimación que me merecía su valor (lo que) me estimulaba a concederle los honores de la guerra; y efectivamente, habiendo hecho formar mi tropa en ala, salieron los ingleses del Fuerte con sus armas, tocando marcha, y las depositaron a la cabeza de nuestro ejército en número de 1200, habiendo perdido en la acción 412 hombres, y 5 oficiales entre muertos y heridos; y nuestros de la misma clase sólo 180, el alférez de navío don Joseph Miranda, herido en una mano y el alférez del ejercito del Imperio francés, mi edecán D. Juan Bautista Fantin, una pierna rota.”
Habían pasado menos de un mes desde que el virrey Sobremonte había huido hacia Córdoba llevándose el tesoro real, para salvaguardarlo de la angurria anglosajona, ante el descrédito de los porteños que lo consideraron un cobarde y un traidor. Porque como quien dijera, había escapado en helicóptero.
Pero las tropas criollas aprendieron, combatiendo en las calles que rodeaban al Cabildo y conducían a la Plaza Mayor (donde hoy día está la City, con su pléyade de inversores y especuladores de toda pelambre) que si podían salir de esa, no les costaría tanto deshacerse del rey que moraba en Madrid.
Allí comenzaba otra historia, como la que define un grupo de países sudamericanos que, entre presiones y chanzas, se proponen otra reconquista. La de las decisiones nacionales.
Tiempo Argentino
Agosto 13 de 2011
De plazas, mercados y revoltosos
"Esto parece un estado de sitio, me imagino que habrá sido así hace 30 años.” La frase, en boca de Camila Vallejo, la joven de 23 años que lidera a los universitarios que reclaman una profunda modificación del sistema educativo chileno, sonó a descubrimiento. Pero no es porque recién tuviera conciencia de que esas escenas fueron cotidianas en las calles de Santiago por aquellos lejanos setentas. Después de todo, viene de una familia de militantes comunistas ligados al gobierno de Salvador Allende. Sin embargo, una cosa es la imagen que dejan los recuerdos de los mayores, los libros de historia o los documentales, y otra el áspero sabor de las bombas lacrimógenas, las corridas y los palazos en la propia espalda.
La represión policial, que el jueves castigó la marcha convocada por los estudiantes trasandinos y terminó con la detención de 874 muchachos, fue justificada por el vocero presidencial y primo de Sebastián Piñera, Andrés Chadwick. “La policía actuó conforme a la ley y está cumpliendo con su responsabilidad. Cuenta con el respaldo del gobierno”, sostuvo, sin reparar en que las brigadas antimotines actuaron al amparo de un decreto emitido en 1983 por el dictador Augusto Pinochet para disolver las protestas cada vez más masivas en su contra.
“Alguien se ha empeñado en que, como los ‘indignados’ han tomado la Puerta del Sol como un símbolo, pues nosotros también tenemos que tomarla como demostración de que no les vamos a dejar instalarse allí”, lamentó, a más de 10 mil kilómetros de distancia, José Manuel Sánchez Fornet. El hombre sabe algo de lo que habla, ya que es el secretario general del Sindicato Unificado de la Policía española (SUP) y en declaraciones a la Cadena SER se deshizo en reproches contra “los errores políticos” cometidos en Madrid cuando expulsaron a los “indignados” del 15M de Puerta del Sol, provocando una situación tensa que el mismo jueves dejó un saldo de al menos 20 manifestantes heridos.
María Dolores Carrión es delegada del gobierno central en la Comunidad de Madrid y, al mismo tiempo, es una profesional de carrera que asumió en abril pasado como enlace entre las dos administraciones. Por eso recordó que el PSOE está haciendo un trabajo conjunto con el ayuntamiento, en manos del PP. Si bien no lo dijo expresamente, quedó en el aire la sensación de que los dos partidos, que públicamente tienen duros enfrentamientos de cara a las elecciones adelantadas para noviembre en el plano nacional, quieren la capital “limpia” de quejosos antes de la visita programada de Benedicto XVI para la Jornada Mundial de la Juventud, que se desarrollará en Madrid del 16 al 21 de agosto.
“No se puede desalojar un lugar por la mañana y que por la noche se reproduzca la situación. Hay que poner los medios para evitar que eso vuelva a reproducirse”, dijo la delegada, también a la Cadena SER, para justificar la carga policial que se abroqueló para que los manifestantes no vuelvan a ocupar los espacios públicos.
Se comienza a percibir en los grandes medios españoles y en los dirigentes políticos la caracterización de los “indignados” como una suerte de piqueteros a la europea. En la misma categoría en que pusieron en su momento a Evo Morales, conocido primero como el dirigente cocalero boliviano que encabezaba cortes de ruta para manifestar la voluntad de cambio de la población, harta de las mismas leyes neoliberales que están hundiendo a los países desarrollados. Todavía se recuerda el desdén con que fue tratado Morales en su primera visita a España como presidente, por haber ido a una entrevista con el rey español vestido con su ahora tradicional chompa.
Temiendo esa tercermundización, será que el dirigente gremial policial Sánchez Fornet recomendó a los 15-M “organizarse de otra forma”, o sea, sin cortar el tráfico, para luchar mejor por la “noble causa que defienden”. Será también por esta razón que Ignacio Lario, presidente de la Asociación de Comerciantes de Preciados el Carmen y Arenal (Apreca) –por las calles que rodean a la Puerta del Sol– reclamó que “en caso de que fuese necesario, la policía use la fuerza”.
No puede decirse que Lario manda a decir las cosas. “Si tienen autorización para concentrarse en Sol, bien, si no, la policía no debería permitirlo, porque están cometiendo una clara ilegalidad”, se explayó. Y para hacer cumplir las leyes, recomendó a las autoridades seguir “una serie de pasos: no se puede empezar dando voces ni palos, aunque llega un momento en que las personas no quieren retirarse y entonces la única persona que, por ley, puede usar la fuerza es la policía”. La hoja de ruta del tendero es un verdadero plan de operaciones: primero la policía “hablará”, luego “ordenará”, después “forzará” y, finalmente, “usará la fuerza”.
Para agregar más leña al fuego, el Partido Popular –favorito para las próximas elecciones– no ahorró lisonjas hacia su caudal electoral. Así, el secretario general de los conservadores madrileños, Francisco Granados, afirmó que “está planteándose muy seriamente” convocar a una contramanifestación en apoyo de los comerciantes. “Que 300 indignados estén condicionando la convivencia de más de 3 millones de habitantes” de Madrid, le resulta intolerable. Algo parecido piensa el candidato socialista al gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba.
En Santiago, mientras tanto, las imágenes de la brutal represión policial se cruzaron con las del incendio de una sucursal de la tienda La Polar, ubicada detrás de la Casa Central de la Universidad de Chile. Testigos citados por los medios santiaguinos dicen que casi en simultáneo con la represión, un grupo de jóvenes habría levantado las cortinas de hierro para luego lanzar varios artefactos incendiarios hacia el interior. De inmediato comenzó a circular un video en YouTube, donde se muestran nerviosas imágenes del incidente.
Poco costaba asociar el incendio intencional con la efervescencia estudiantil. Que pide, como se sabe, educación gratuita y universal, y no una educación planificada con un objetivo exclusivamente comercial. Y hasta judicialmente, quizás la propietaria de la cadena minorista pueda explicar sin problemas el siniestro ante los sabuesos de las compañías de seguros.
Porque, vamos, el local había cerrado más temprano por las marchas de los jóvenes díscolos y las autoridades dieron asueto al personal. Incluso los primeros en llegar fueron los carabineros, que intentaron apagar las llamas con sus carros Neptuno lanzaagua. Para peor, los bomberos tardaban en llegar por las corridas de los estudiantes perseguidos por la policía.
La otra parte de esta historia es que La Polar está por estas horas hundida en uno de los mayores escándalos financieros de Chile. La cadena minorista está acusada de malas prácticas crediticias, de abuso y estafa, en una operatoria que afectó a miles de clientes y provocó, según los analistas, una mayor volatilidad a la Bolsa chilena.
Mientras tanto, en Italia la fiscalía de Trani, al sudeste del país, incautó decenas de documentos de las calificadoras de riesgo Moody’s y Standard & Poor’s, en el marco de una investigación sobre los cuestionados manejos de las dos agencias, que con sus informes suelen generar volatilidad en los mercados mundiales desde hace décadas.
Claro que hasta hace diez años los mercados que volaban estaban de este lado del Atlántico y debajo del Ecuador, y ahora los que tiemblan ante el embate de la especulación están en el primer mundo. Que hasta ahora se preciaba de no mostrar sino muy esporádicamente las calles llenas de revoltosos.
Tiempo Argentino
Agosto 6 de 2010
La represión policial, que el jueves castigó la marcha convocada por los estudiantes trasandinos y terminó con la detención de 874 muchachos, fue justificada por el vocero presidencial y primo de Sebastián Piñera, Andrés Chadwick. “La policía actuó conforme a la ley y está cumpliendo con su responsabilidad. Cuenta con el respaldo del gobierno”, sostuvo, sin reparar en que las brigadas antimotines actuaron al amparo de un decreto emitido en 1983 por el dictador Augusto Pinochet para disolver las protestas cada vez más masivas en su contra.
“Alguien se ha empeñado en que, como los ‘indignados’ han tomado la Puerta del Sol como un símbolo, pues nosotros también tenemos que tomarla como demostración de que no les vamos a dejar instalarse allí”, lamentó, a más de 10 mil kilómetros de distancia, José Manuel Sánchez Fornet. El hombre sabe algo de lo que habla, ya que es el secretario general del Sindicato Unificado de la Policía española (SUP) y en declaraciones a la Cadena SER se deshizo en reproches contra “los errores políticos” cometidos en Madrid cuando expulsaron a los “indignados” del 15M de Puerta del Sol, provocando una situación tensa que el mismo jueves dejó un saldo de al menos 20 manifestantes heridos.
María Dolores Carrión es delegada del gobierno central en la Comunidad de Madrid y, al mismo tiempo, es una profesional de carrera que asumió en abril pasado como enlace entre las dos administraciones. Por eso recordó que el PSOE está haciendo un trabajo conjunto con el ayuntamiento, en manos del PP. Si bien no lo dijo expresamente, quedó en el aire la sensación de que los dos partidos, que públicamente tienen duros enfrentamientos de cara a las elecciones adelantadas para noviembre en el plano nacional, quieren la capital “limpia” de quejosos antes de la visita programada de Benedicto XVI para la Jornada Mundial de la Juventud, que se desarrollará en Madrid del 16 al 21 de agosto.
“No se puede desalojar un lugar por la mañana y que por la noche se reproduzca la situación. Hay que poner los medios para evitar que eso vuelva a reproducirse”, dijo la delegada, también a la Cadena SER, para justificar la carga policial que se abroqueló para que los manifestantes no vuelvan a ocupar los espacios públicos.
Se comienza a percibir en los grandes medios españoles y en los dirigentes políticos la caracterización de los “indignados” como una suerte de piqueteros a la europea. En la misma categoría en que pusieron en su momento a Evo Morales, conocido primero como el dirigente cocalero boliviano que encabezaba cortes de ruta para manifestar la voluntad de cambio de la población, harta de las mismas leyes neoliberales que están hundiendo a los países desarrollados. Todavía se recuerda el desdén con que fue tratado Morales en su primera visita a España como presidente, por haber ido a una entrevista con el rey español vestido con su ahora tradicional chompa.
Temiendo esa tercermundización, será que el dirigente gremial policial Sánchez Fornet recomendó a los 15-M “organizarse de otra forma”, o sea, sin cortar el tráfico, para luchar mejor por la “noble causa que defienden”. Será también por esta razón que Ignacio Lario, presidente de la Asociación de Comerciantes de Preciados el Carmen y Arenal (Apreca) –por las calles que rodean a la Puerta del Sol– reclamó que “en caso de que fuese necesario, la policía use la fuerza”.
No puede decirse que Lario manda a decir las cosas. “Si tienen autorización para concentrarse en Sol, bien, si no, la policía no debería permitirlo, porque están cometiendo una clara ilegalidad”, se explayó. Y para hacer cumplir las leyes, recomendó a las autoridades seguir “una serie de pasos: no se puede empezar dando voces ni palos, aunque llega un momento en que las personas no quieren retirarse y entonces la única persona que, por ley, puede usar la fuerza es la policía”. La hoja de ruta del tendero es un verdadero plan de operaciones: primero la policía “hablará”, luego “ordenará”, después “forzará” y, finalmente, “usará la fuerza”.
Para agregar más leña al fuego, el Partido Popular –favorito para las próximas elecciones– no ahorró lisonjas hacia su caudal electoral. Así, el secretario general de los conservadores madrileños, Francisco Granados, afirmó que “está planteándose muy seriamente” convocar a una contramanifestación en apoyo de los comerciantes. “Que 300 indignados estén condicionando la convivencia de más de 3 millones de habitantes” de Madrid, le resulta intolerable. Algo parecido piensa el candidato socialista al gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba.
En Santiago, mientras tanto, las imágenes de la brutal represión policial se cruzaron con las del incendio de una sucursal de la tienda La Polar, ubicada detrás de la Casa Central de la Universidad de Chile. Testigos citados por los medios santiaguinos dicen que casi en simultáneo con la represión, un grupo de jóvenes habría levantado las cortinas de hierro para luego lanzar varios artefactos incendiarios hacia el interior. De inmediato comenzó a circular un video en YouTube, donde se muestran nerviosas imágenes del incidente.
Poco costaba asociar el incendio intencional con la efervescencia estudiantil. Que pide, como se sabe, educación gratuita y universal, y no una educación planificada con un objetivo exclusivamente comercial. Y hasta judicialmente, quizás la propietaria de la cadena minorista pueda explicar sin problemas el siniestro ante los sabuesos de las compañías de seguros.
Porque, vamos, el local había cerrado más temprano por las marchas de los jóvenes díscolos y las autoridades dieron asueto al personal. Incluso los primeros en llegar fueron los carabineros, que intentaron apagar las llamas con sus carros Neptuno lanzaagua. Para peor, los bomberos tardaban en llegar por las corridas de los estudiantes perseguidos por la policía.
La otra parte de esta historia es que La Polar está por estas horas hundida en uno de los mayores escándalos financieros de Chile. La cadena minorista está acusada de malas prácticas crediticias, de abuso y estafa, en una operatoria que afectó a miles de clientes y provocó, según los analistas, una mayor volatilidad a la Bolsa chilena.
Mientras tanto, en Italia la fiscalía de Trani, al sudeste del país, incautó decenas de documentos de las calificadoras de riesgo Moody’s y Standard & Poor’s, en el marco de una investigación sobre los cuestionados manejos de las dos agencias, que con sus informes suelen generar volatilidad en los mercados mundiales desde hace décadas.
Claro que hasta hace diez años los mercados que volaban estaban de este lado del Atlántico y debajo del Ecuador, y ahora los que tiemblan ante el embate de la especulación están en el primer mundo. Que hasta ahora se preciaba de no mostrar sino muy esporádicamente las calles llenas de revoltosos.
Tiempo Argentino
Agosto 6 de 2010
lunes
Entre copa y copa
George W. Bush no quedará en la historia por su coeficiente intelectual. Pero además de algunas guerras iniciadas con mentiras de patas demasiado cortas, dejará algunas anécdotas que, por lo desmesuradas, terminaron por reflejar la época que protagonizó como el 43º presidente de los Estados Unidos. Una de ellas viene a cuento en estos afiebrados días que padece su sucesor, el demócrata Barack Obama. Fue hace exactamente tres años, cuando la crisis financiera daba sus primeros, despiadados coletazos, y el ex mandatario iniciaba el plan de salvataje para las grandes instituciones bancarias a punto de quebrar por el estallido de la burbuja inmobiliaria.
En ese clima tenso, que mucho se parece al que se vive en Washington por estas horas, durante un acto privado en Houston, Texas, Bush dijo, seguro de que se habría cumplido su pedido de off the record: “Wall Street se emborrachó y ahora tiene resaca.”
Bush, conocido antes que como hijo de un presidente que aspiraba a pasearse también por los jardines de la Casa Blanca, por sus problemas con el alcohol, abundó ante los asistentes a la charla, que lo rodeaban jocosos: “La cuestión ahora es cuánto tardará (la plaza financiera) en recuperar la sobriedad y no intentar manejar estos instrumentos financieros complicados.” Se refería al modelo de inversión que había llevado a la crisis. Pero leída a la distancia la frase –que originó un escandelete mediático en ese momento–, suena casi como una premonición.
Porque pasó tanta agua debajo de los puentes que ahora, cuando desde todos los rincones del planeta se miran con expectativa los escarceos entre republicanos y demócratas para evitar un default de la principal economía del mundo, los bancos se anotaron en primera fila para exigir “cordura” a la dirigencia política estadounidense.
El planteo –que coincide en pinceladas gruesas con la nueva directora del FMI, Christine Lagarde– dice que “las consecuencias de la inacción serían fatales: para nuestra economía, para nuestro ya debilitado mercado laboral, para las condiciones financieras de nuestras firmas y familias y para el papel de liderazgo económico de Estados Unidos en el mundo”. La advertencia fue emitida por el Financial Services Forum, una organización que nuclea a los principales bancos de ese país y que fuera muy activa también cuando percibió que todo se caía y necesitaba colaboración estatal para salir indemnes. “Las tasas para cualquier prestatario aumentarían, el valor del dólar bajará, los mercados de acciones y de préstamos entrarían en turbulencias”, insisten los banqueros. Después añaden que una situación semejante no haría sino empeorar la ya complicada situación económica. “En vista de estos peligros muy reales, los responsables de las decisiones políticas deben corregir nuestro curso político financiero (…) para recuperar la confianza de los mercados (…) y crear nuevos puestos de trabajo”, amenazan.
El Financial Services Forum es una institución que junta las cabezas de los cuatro jinetes Wall Street como los llama el periodista y escritor estadounidense Dean Henderson. Allí se reúnen para hacer lobby los CEO de Goldman Sachs (cuándo no), Lloyd Blankfein; de JP Morgan, Jamie Dimon, junto con directivos de Citigroup y el Bank of America, entre otros.
El propio Henderson, en Big Oil & Their Bankers in the Persian Gulf (Las grandes compañías petroleras y sus banqueros en el Golfo Pérsico), recuerda que “una combinación de la desregulación y de fusión-manía (durante los años ’90) ha dejado a cuatro megabancos al tope del gallinero financiero. De acuerdo a Global Finance, en 2010 ellos son el Bank of America (con depósitos por 2,2 billones de dólares), JP Morgan Chase (con 2 billones de dólares), Citigroup (1,9 billones de dólares) y Wells Fargo (1,25 billones de dólares).”
En tiempos de la resaca de la que habló Bush, la Reserva Federal (FED) aportó tras apuradas votaciones en el Capitolio, 700 mil millones de dólares al sistema financiero para subsidiar a los gigantes del sector inmobiliario, los paraestatales Fannie Mae, Freddie Mac o el Bear Sterns, que pasó a manos del JP Morgan Chase.
“Esto sólo es el principio de la crisis”, acertó entonces Joseph Stiglitz. El Nobel de Economía sostiene que la crisis nació como consecuencia de una “mala gestión” de la administración republicana y de la Reserva Federal, que no supervisó debidamente el sistema financiero y –otra vez la parábola etílica– “emborrachó a Wall Street con liquidez antes de la crisis”. Sin dejar de lado “la guerra de los tres billones de dólares”, como llamó a la aventura bélica en Irak.
La línea de tiempo de ese proceso es interesante. Toda esta inyección monetaria se produjo luego de la quiebra del cuarto banco estadounidense, el Lehman Brothers, el 15 de setiembre de 2008. Luego, el Bank of America se quedó con otro caído, el Merrill Lynch. Tres días más tarde, Bush anunció el rescate multimillonario, y las bolsas de todo el mundo alcanzaron subidas récord.
Una semana después, el 22 de septiembre, la Fed aprobó la conversión del Goldman Sachs y el Morgan Stanley de bancos de inversión a bancos comerciales, lo que en teoría permite a las autoridades ejercer una mayor regulación sobre las entidades.
Pero por eso de que es muy difícil salirse de las adicciones, al cabo de poco más de un año, y con un nuevo ocupante en el Salón Oval, surgió otro escandalete cuando se conocieron los balances de los mismos bancos que se suponía debilitados por la crisis. Que a fines del 2009 habían pagado unos 144 mil millones de dólares en primas y bonificaciones a sus ejecutivos. En consideración a las ganancias obtenidas en ese ejercicio.
La polvareda fue tan grande que desde algunos rincones de la burocracia estatal se iniciaron investigaciones sobre los bancos cuestionados. Así fue que la Comisión del Mercado de Valores de EE UU (SEC, por su siglas en inglés) abrió una demanda contra Goldman Sachs por haber escondido información a sus inversores sobre los productos que estaban ofertando, que no eran otra cosa que las hipotecas tóxicas, y perdieron millones.
La cosa no duró mucho y en julio del año pasado, Goldman llegó a un acuerdo extrajudicial. Solucionó el problema pagando 500 millones de dólares de multa (una bicoca, dado los montos de los que se habla) y todos en paz. Hace algunas semanas, la SEC acordó con JP Morgan la devolución de 106 millones de euros a inversores que también habían sido damnificados por la información errónea que recibieron.
El procurador general del estado de Nueva York, Eric T. Schneiderman, también inició una investigación, aunque en el foro penal, contra el Bank of America, el Goldman Sachs y Morgan Stanley por sus operaciones inmobiliarias. Funcionarios judiciales de otros estados están negociando arreglos amplios con los grandes bancos sobre lo que en inglés se conoce como el foreclosuregate, por los posibles fraudes con hipotecas que pueden dejar a millones en la calle a raíz de maniobras con créditos pedidos de buena fe.
Huffington Post dio detalles sobre una auditoría federal al Bank of America, el JP Morgan Chase, Wells Fargo, Citigroup y Ally Financial, también sobre el espinoso tema de las hipotecas.
Como es usual en los Estados Unidos, bien pudiera terminar todo en convenios entre abogados sin llegar a presentarse ante los jueces. Por eso de que siempre es mejor un mal acuerdo que un buen juicio, sobre todo para la reputación de los bancos. Arreglos que se suelen cerrar con un whisky en las rocas.
Tiempo Argentino
Julio 30 de 2011
En ese clima tenso, que mucho se parece al que se vive en Washington por estas horas, durante un acto privado en Houston, Texas, Bush dijo, seguro de que se habría cumplido su pedido de off the record: “Wall Street se emborrachó y ahora tiene resaca.”
Bush, conocido antes que como hijo de un presidente que aspiraba a pasearse también por los jardines de la Casa Blanca, por sus problemas con el alcohol, abundó ante los asistentes a la charla, que lo rodeaban jocosos: “La cuestión ahora es cuánto tardará (la plaza financiera) en recuperar la sobriedad y no intentar manejar estos instrumentos financieros complicados.” Se refería al modelo de inversión que había llevado a la crisis. Pero leída a la distancia la frase –que originó un escandelete mediático en ese momento–, suena casi como una premonición.
Porque pasó tanta agua debajo de los puentes que ahora, cuando desde todos los rincones del planeta se miran con expectativa los escarceos entre republicanos y demócratas para evitar un default de la principal economía del mundo, los bancos se anotaron en primera fila para exigir “cordura” a la dirigencia política estadounidense.
El planteo –que coincide en pinceladas gruesas con la nueva directora del FMI, Christine Lagarde– dice que “las consecuencias de la inacción serían fatales: para nuestra economía, para nuestro ya debilitado mercado laboral, para las condiciones financieras de nuestras firmas y familias y para el papel de liderazgo económico de Estados Unidos en el mundo”. La advertencia fue emitida por el Financial Services Forum, una organización que nuclea a los principales bancos de ese país y que fuera muy activa también cuando percibió que todo se caía y necesitaba colaboración estatal para salir indemnes. “Las tasas para cualquier prestatario aumentarían, el valor del dólar bajará, los mercados de acciones y de préstamos entrarían en turbulencias”, insisten los banqueros. Después añaden que una situación semejante no haría sino empeorar la ya complicada situación económica. “En vista de estos peligros muy reales, los responsables de las decisiones políticas deben corregir nuestro curso político financiero (…) para recuperar la confianza de los mercados (…) y crear nuevos puestos de trabajo”, amenazan.
El Financial Services Forum es una institución que junta las cabezas de los cuatro jinetes Wall Street como los llama el periodista y escritor estadounidense Dean Henderson. Allí se reúnen para hacer lobby los CEO de Goldman Sachs (cuándo no), Lloyd Blankfein; de JP Morgan, Jamie Dimon, junto con directivos de Citigroup y el Bank of America, entre otros.
El propio Henderson, en Big Oil & Their Bankers in the Persian Gulf (Las grandes compañías petroleras y sus banqueros en el Golfo Pérsico), recuerda que “una combinación de la desregulación y de fusión-manía (durante los años ’90) ha dejado a cuatro megabancos al tope del gallinero financiero. De acuerdo a Global Finance, en 2010 ellos son el Bank of America (con depósitos por 2,2 billones de dólares), JP Morgan Chase (con 2 billones de dólares), Citigroup (1,9 billones de dólares) y Wells Fargo (1,25 billones de dólares).”
En tiempos de la resaca de la que habló Bush, la Reserva Federal (FED) aportó tras apuradas votaciones en el Capitolio, 700 mil millones de dólares al sistema financiero para subsidiar a los gigantes del sector inmobiliario, los paraestatales Fannie Mae, Freddie Mac o el Bear Sterns, que pasó a manos del JP Morgan Chase.
“Esto sólo es el principio de la crisis”, acertó entonces Joseph Stiglitz. El Nobel de Economía sostiene que la crisis nació como consecuencia de una “mala gestión” de la administración republicana y de la Reserva Federal, que no supervisó debidamente el sistema financiero y –otra vez la parábola etílica– “emborrachó a Wall Street con liquidez antes de la crisis”. Sin dejar de lado “la guerra de los tres billones de dólares”, como llamó a la aventura bélica en Irak.
La línea de tiempo de ese proceso es interesante. Toda esta inyección monetaria se produjo luego de la quiebra del cuarto banco estadounidense, el Lehman Brothers, el 15 de setiembre de 2008. Luego, el Bank of America se quedó con otro caído, el Merrill Lynch. Tres días más tarde, Bush anunció el rescate multimillonario, y las bolsas de todo el mundo alcanzaron subidas récord.
Una semana después, el 22 de septiembre, la Fed aprobó la conversión del Goldman Sachs y el Morgan Stanley de bancos de inversión a bancos comerciales, lo que en teoría permite a las autoridades ejercer una mayor regulación sobre las entidades.
Pero por eso de que es muy difícil salirse de las adicciones, al cabo de poco más de un año, y con un nuevo ocupante en el Salón Oval, surgió otro escandalete cuando se conocieron los balances de los mismos bancos que se suponía debilitados por la crisis. Que a fines del 2009 habían pagado unos 144 mil millones de dólares en primas y bonificaciones a sus ejecutivos. En consideración a las ganancias obtenidas en ese ejercicio.
La polvareda fue tan grande que desde algunos rincones de la burocracia estatal se iniciaron investigaciones sobre los bancos cuestionados. Así fue que la Comisión del Mercado de Valores de EE UU (SEC, por su siglas en inglés) abrió una demanda contra Goldman Sachs por haber escondido información a sus inversores sobre los productos que estaban ofertando, que no eran otra cosa que las hipotecas tóxicas, y perdieron millones.
La cosa no duró mucho y en julio del año pasado, Goldman llegó a un acuerdo extrajudicial. Solucionó el problema pagando 500 millones de dólares de multa (una bicoca, dado los montos de los que se habla) y todos en paz. Hace algunas semanas, la SEC acordó con JP Morgan la devolución de 106 millones de euros a inversores que también habían sido damnificados por la información errónea que recibieron.
El procurador general del estado de Nueva York, Eric T. Schneiderman, también inició una investigación, aunque en el foro penal, contra el Bank of America, el Goldman Sachs y Morgan Stanley por sus operaciones inmobiliarias. Funcionarios judiciales de otros estados están negociando arreglos amplios con los grandes bancos sobre lo que en inglés se conoce como el foreclosuregate, por los posibles fraudes con hipotecas que pueden dejar a millones en la calle a raíz de maniobras con créditos pedidos de buena fe.
Huffington Post dio detalles sobre una auditoría federal al Bank of America, el JP Morgan Chase, Wells Fargo, Citigroup y Ally Financial, también sobre el espinoso tema de las hipotecas.
Como es usual en los Estados Unidos, bien pudiera terminar todo en convenios entre abogados sin llegar a presentarse ante los jueces. Por eso de que siempre es mejor un mal acuerdo que un buen juicio, sobre todo para la reputación de los bancos. Arreglos que se suelen cerrar con un whisky en las rocas.
Tiempo Argentino
Julio 30 de 2011
sábado
Las artes oscuras
Distraído, abatido, como un hombre con el corazón destrozado (…) salió de su casa a las tres de la tarde del 17 de julio y fue a dar un paseo bajo la lluvia. Se cruzó con una vecina, charló brevemente con ella, dijo “adiós, nos veremos” y siguió andando, adentrándose en los bosques que rodeaban su casa (…). En un lugar apartado debajo de un árbol, uno de esos sitios en los que quedan los enamorados, abrió una botella de Evian y se tragó nueve analgésicos. Se sentó al pie del árbol, se quitó el reloj y se hizo un pequeño corte en la muñeca izquierda con un cuchillo de jardinero. Pero no brotó sangre. Lo intentó una segunda vez, con el mismo efecto; como si temiera al dolor, o quizás no estuviera todavía totalmente convencido de la medida que había decidido tomar. En el quinto intento no titubeó y se seccionó del todo una arteria. Bebió uno o dos tragos más de agua mineral mientras se desangraba suavemente hasta morir.”
Podría ser el inicio de una novela de suspenso. Algún apresurado podría incluso tomarlo como la posible descripción de los últimos momentos de vida del periodista británico Sean Hoare, encontrado muerto el 18 de julio pasado. Pero es la crónica que desde Londres escribió para el diario español El País John Carlin sobre la muerte del científico David Kelly, otro 18 de julio, pero del año 2003.
Las similitudes entre ambos casos fueron traídas a la luz cuando el ex cronista de espectáculos del desaparecido News of the World fue encontrado muerto en su casa de Watford, en el condado de Hertfordshire, en las afueras de Londres. Kelly era un biólogo de prestigio, que por esas cosas de la vida, terminó como asesor del Ministerio de Defensa e inspector militar de Naciones Unidas. Solía decir que cuando conoció a Saddam Hussein, supo que los próximos diez años de su vida estarían relacionados con el líder iraquí. Kelly había sido convocado durante la primera guerra contra Irak, luego de su invasión a Kuwait en 1991, para estudiar qué era eso de las armas biológicas de los iraquíes.
Sus informes sirvieron luego como fundamento para que en 2003 George W. Bush completara la tarea iniciada por su padre: la invasión plena. Para lo cual aprovechó la colaboración de dos líderes “occidentales” que sintonizaban su misma onda. El entonces primer ministro británico Tony Blair (laborista) y el jefe del gobierno español, José María Aznar (conservador, y miembro del directorio del holding Murdoch).
Blair le acercó a Bush los informes de Kelly, aunque un poquitín retocados. A raíz de lo cual, el científico aceptó ser informante para un reportaje difundido por la BBC, en el que aseguraba que se había exagerado la importancia de las supuestas armas químicas en poder de Hussein. En definitiva, que Blair había manipulado información para congraciarse con Bush en la aventura invasora.
Sucede que Kelly fue una fuente anónima, pero el periodista de la BBC dio suficientes pistas como para que el gobierno lo identificara y lo “quemara” ante la opinión pública. Kelly fue sometido al escarnio y aparecía como una especie de traidor al país que le pagaba sus salarios.
Casi para la misma fecha –14 de julio del 2003, otra casualidad– la esposa de un diplomático estadounidense, Valerie Palme, también era “quemada” como agente encubierta de la CIA por el Washington Post. El marido, el ex embajador Joseph Wilson, también había investigado un tema relacionado con las armas para Hussein, y encontró que no había evidencias de que tuviera un plan para construir una bomba nuclear. Los detalles pueden verse en el film Fair Game, protagonizado por Sean Penn y Naomi Watts, del año 2010.
Palme y Wilson pudieron rehacer sus vidas. Kelly apareció muerto en un bosque de Oxfordshire. Y provocó un escándalo del que le costó volver al entonces primer ministro y a la cadena BBC. Incluso recibió críticas el periodista que hizo la nota, Andrew Gilligan. La investigación judicial determinó que el biólogo se había suicidado, que la causa de la muerte fue por una “hemorragia por heridas incisas de la muñeca izquierda” en combinación con la “ingestión de coproxamol y una aterosclerosis coronaria”. El juez, aunque considerado un hombre serio e intachable, clasificó como ultrasecretos el informe de la autopsia y las fotografías del cuerpo por el término de 70 años, según señaló, “para proteger a la esposa e hijas de Kelly de la angustia de los informes de los medios de comunicación acerca de la muerte”.
“Estar en el ojo de la tormenta es una experiencia horrible. No creo que (Kelly y Hoare) hayan sido asesinados porque nadie estaba interesado en hacerlo, cualquiera que tenga por lo menos una partícula de sensatez en el gobierno no lo haría, porque son conscientes de que el hecho de matarlos sólo daría más envergadura a la historia. Ambos estuvieron bajo una tremenda presión como personas que poseían información y no pudieron hacer frente a la situación”, comentó el mismo Gilligan, ahora editor en el Daily Telegraph de Londres.
Tal vez tenga razón, pero desde que el cuerpo de Hoares apareció sin vida muy poco se avanzó en la investigación. Que no había evidencias de homicidio, dijo al policía. Que había sido despedido de los medios Murdoch por sus adicciones. Deslizando la sospecha de que se pasó de la medida. Pero Scotland Yard está en el centro de las acusaciones por el escándalo Murdoch, y precisamente Hoares había denunciado la corruptela armada desde el ya desaparecido News of the World para pinchar teléfonos y hacer seguimientos a estrellas mediáticas y a políticos.
El problema es que ni siquiera los medios le dan mucha relevancia al hecho puntual de la muerte. Uno de los pocos que recordó su figura fue Nick Davies, desde las páginas del The Guardian, el diario que batió parches por meses con los oscuros procedimientos de los Murdoch. Davies, que lo tuvo como fuente, describió a Hoare como un hombre amable y sencillo. Quizás arrepentido del daño que había hecho mientras trabajó para el multimedio. Y convencido de que debería haber alguna forma de reparar ese mal.
“Contó que comenzaba el día con un desayuno de estrella de rock: una línea de cocaína y una botella de Jack Daniel’s; después seguía bebiendo todo el día mientras recababa chismes y enviaba sus textos”, escribió Davies.
“Venía de la clase trabajadora, fanático del Arsenal, siempre votó por el laborismo y se definía como un Cláusula IV”, como se llama dentro del partido a los que todavía se consideran socialistas y creen en la propiedad pública de los medios de producción. “Pero, al trabajar como reportero, de repente se encontró hasta los codos en las drogas y el delirio”, dice Davies.
“Se me pagaba por ir con las estrellas de rock a meternos droga, pastillas, cocaína. Era un mundo muy competitivo”, le dijo, y agregó que “por lograr la exclusiva tenías que estar dispuesto a hacer cosas que ninguna persona en su sano juicio haría”. El caso es que se fue desbarrancando y dejó de ser útil para una maquinaria perversa a la que llamó “las artes oscuras del periodista”.
En septiembre del año pasado habló con The New York Times y acusó al entonces asesor en medios del primer ministro David Cameron, Andy Coulson, de haber obligado a sus periodistas a utilizar estas prácticas perversas para incrementar las ventas del NOTW. Y describió en detalle las distintas modalidades de las que también participaban agentes de Scotland Yard.
Un amigo de Hoare dijo que en estas últimas semanas “se volvió paranoico”, y decía que desde el gobierno lo estaban persiguiendo. “Si alguien pregunta por mí, di que no estoy”, dice que le dijo. “Luchaba una batalla constante contra el alcohol”, agregó.
La investigación sobre el escándalo Murdoch debería continuar, según pide la oposición, con las relaciones del multimedios, el gobierno y la policía. Pero también comienzan a revelarse las vinculaciones del magnate australiano con el laborismo.
Tiempo Argentino
Julio 23 de 2011
Podría ser el inicio de una novela de suspenso. Algún apresurado podría incluso tomarlo como la posible descripción de los últimos momentos de vida del periodista británico Sean Hoare, encontrado muerto el 18 de julio pasado. Pero es la crónica que desde Londres escribió para el diario español El País John Carlin sobre la muerte del científico David Kelly, otro 18 de julio, pero del año 2003.
Las similitudes entre ambos casos fueron traídas a la luz cuando el ex cronista de espectáculos del desaparecido News of the World fue encontrado muerto en su casa de Watford, en el condado de Hertfordshire, en las afueras de Londres. Kelly era un biólogo de prestigio, que por esas cosas de la vida, terminó como asesor del Ministerio de Defensa e inspector militar de Naciones Unidas. Solía decir que cuando conoció a Saddam Hussein, supo que los próximos diez años de su vida estarían relacionados con el líder iraquí. Kelly había sido convocado durante la primera guerra contra Irak, luego de su invasión a Kuwait en 1991, para estudiar qué era eso de las armas biológicas de los iraquíes.
Sus informes sirvieron luego como fundamento para que en 2003 George W. Bush completara la tarea iniciada por su padre: la invasión plena. Para lo cual aprovechó la colaboración de dos líderes “occidentales” que sintonizaban su misma onda. El entonces primer ministro británico Tony Blair (laborista) y el jefe del gobierno español, José María Aznar (conservador, y miembro del directorio del holding Murdoch).
Blair le acercó a Bush los informes de Kelly, aunque un poquitín retocados. A raíz de lo cual, el científico aceptó ser informante para un reportaje difundido por la BBC, en el que aseguraba que se había exagerado la importancia de las supuestas armas químicas en poder de Hussein. En definitiva, que Blair había manipulado información para congraciarse con Bush en la aventura invasora.
Sucede que Kelly fue una fuente anónima, pero el periodista de la BBC dio suficientes pistas como para que el gobierno lo identificara y lo “quemara” ante la opinión pública. Kelly fue sometido al escarnio y aparecía como una especie de traidor al país que le pagaba sus salarios.
Casi para la misma fecha –14 de julio del 2003, otra casualidad– la esposa de un diplomático estadounidense, Valerie Palme, también era “quemada” como agente encubierta de la CIA por el Washington Post. El marido, el ex embajador Joseph Wilson, también había investigado un tema relacionado con las armas para Hussein, y encontró que no había evidencias de que tuviera un plan para construir una bomba nuclear. Los detalles pueden verse en el film Fair Game, protagonizado por Sean Penn y Naomi Watts, del año 2010.
Palme y Wilson pudieron rehacer sus vidas. Kelly apareció muerto en un bosque de Oxfordshire. Y provocó un escándalo del que le costó volver al entonces primer ministro y a la cadena BBC. Incluso recibió críticas el periodista que hizo la nota, Andrew Gilligan. La investigación judicial determinó que el biólogo se había suicidado, que la causa de la muerte fue por una “hemorragia por heridas incisas de la muñeca izquierda” en combinación con la “ingestión de coproxamol y una aterosclerosis coronaria”. El juez, aunque considerado un hombre serio e intachable, clasificó como ultrasecretos el informe de la autopsia y las fotografías del cuerpo por el término de 70 años, según señaló, “para proteger a la esposa e hijas de Kelly de la angustia de los informes de los medios de comunicación acerca de la muerte”.
“Estar en el ojo de la tormenta es una experiencia horrible. No creo que (Kelly y Hoare) hayan sido asesinados porque nadie estaba interesado en hacerlo, cualquiera que tenga por lo menos una partícula de sensatez en el gobierno no lo haría, porque son conscientes de que el hecho de matarlos sólo daría más envergadura a la historia. Ambos estuvieron bajo una tremenda presión como personas que poseían información y no pudieron hacer frente a la situación”, comentó el mismo Gilligan, ahora editor en el Daily Telegraph de Londres.
Tal vez tenga razón, pero desde que el cuerpo de Hoares apareció sin vida muy poco se avanzó en la investigación. Que no había evidencias de homicidio, dijo al policía. Que había sido despedido de los medios Murdoch por sus adicciones. Deslizando la sospecha de que se pasó de la medida. Pero Scotland Yard está en el centro de las acusaciones por el escándalo Murdoch, y precisamente Hoares había denunciado la corruptela armada desde el ya desaparecido News of the World para pinchar teléfonos y hacer seguimientos a estrellas mediáticas y a políticos.
El problema es que ni siquiera los medios le dan mucha relevancia al hecho puntual de la muerte. Uno de los pocos que recordó su figura fue Nick Davies, desde las páginas del The Guardian, el diario que batió parches por meses con los oscuros procedimientos de los Murdoch. Davies, que lo tuvo como fuente, describió a Hoare como un hombre amable y sencillo. Quizás arrepentido del daño que había hecho mientras trabajó para el multimedio. Y convencido de que debería haber alguna forma de reparar ese mal.
“Contó que comenzaba el día con un desayuno de estrella de rock: una línea de cocaína y una botella de Jack Daniel’s; después seguía bebiendo todo el día mientras recababa chismes y enviaba sus textos”, escribió Davies.
“Venía de la clase trabajadora, fanático del Arsenal, siempre votó por el laborismo y se definía como un Cláusula IV”, como se llama dentro del partido a los que todavía se consideran socialistas y creen en la propiedad pública de los medios de producción. “Pero, al trabajar como reportero, de repente se encontró hasta los codos en las drogas y el delirio”, dice Davies.
“Se me pagaba por ir con las estrellas de rock a meternos droga, pastillas, cocaína. Era un mundo muy competitivo”, le dijo, y agregó que “por lograr la exclusiva tenías que estar dispuesto a hacer cosas que ninguna persona en su sano juicio haría”. El caso es que se fue desbarrancando y dejó de ser útil para una maquinaria perversa a la que llamó “las artes oscuras del periodista”.
En septiembre del año pasado habló con The New York Times y acusó al entonces asesor en medios del primer ministro David Cameron, Andy Coulson, de haber obligado a sus periodistas a utilizar estas prácticas perversas para incrementar las ventas del NOTW. Y describió en detalle las distintas modalidades de las que también participaban agentes de Scotland Yard.
Un amigo de Hoare dijo que en estas últimas semanas “se volvió paranoico”, y decía que desde el gobierno lo estaban persiguiendo. “Si alguien pregunta por mí, di que no estoy”, dice que le dijo. “Luchaba una batalla constante contra el alcohol”, agregó.
La investigación sobre el escándalo Murdoch debería continuar, según pide la oposición, con las relaciones del multimedios, el gobierno y la policía. Pero también comienzan a revelarse las vinculaciones del magnate australiano con el laborismo.
Tiempo Argentino
Julio 23 de 2011
El poder de los medios
Vincent Cable es un economista británico recibido en Cambridge, que supo hacer carrera en la empresa privada –ocupó altos cargos en la Shell– y tuvo participación importante en la fundación del partido Liberal Demócrata. Integra en este espacio que forma parte de la coalición gobernante en Gran Bretaña, lo que podría llamarse el ala liberal, en el mejor sentido sajón del término. Esto es: cree en las leyes del mercado pero también en las regulaciones. Considera que la empresa privada es un pilar en la sociedad, pero a la vez entiende que la política impositiva sirve para guiar la mano invisible de los mercados. Es autor de un libro revelador, The Storm (La Tormenta) donde analiza la crisis económica que se desató en Gran Bretaña a partir del estallido del modelo especulativo inmobiliario en los Estados Unidos y Europa. Allí habla del rol de los créditos basura en el trasfondo de esa crisis, y desliza su pretensión de mayores controles sobre los bancos y el sistema financiero.
No es que The Storm revele algo demasiado novedoso. El tema es que lo dice uno de los líderes intelectuales de los liberal- demócratas británicos, que cogobiernan desde mediados de 2010, tras desplazar al laborismo del poder. Cable –apellido significativo si los hay en esta trama– fue uno de los operadores políticos del encuentro entre Nick Clegg y el conservador David Cameron, ahora primer ministro.
Desde ese lugar aspiró primero al Ministerio de Finanzas, para poner en práctica sus ideas sobre el modo de recuperar la economía de su país. Pero se tuvo que conformar con el de Negocios, Innovación y Oficios. Una dependencia para la pequeña y mediana empresa desde la que, hace unos días, presionó a los grandes bancos. “Aplicaremos un impuesto a las inversiones para los que no den créditos adecuados a las pymes”, amenazó.
Pero el salto a la fama de Cable se produjo a mediados de diciembre del año pasado, cuando trascendió una conversación que había mantenido con las que creyó dos militantes de su partido y resultaron ser periodistas del Daily Telegraph. Por esos días, la cartera a su cargo tenía que aprobar la compra del 61% de la empresa British Sky Broadcasting (BSkyB), el mayor proveedor de televisión por cable británico. El comprador era el dueño del 39% restante de las acciones, el magnate australiano Rupert Murdoch.
En aquella controvertida charla, Cable dijo algo políticamente incorrecto: “He declarado la guerra al señor Murdoch. Creo que ganaré. No lo he politizado porque es una situación legal. Está intentado tomar el control de BSkyB. Es un accionista minoritario y quiere ser mayoritario. Lo he bloqueado usando los poderes que tengo.”
Las damas también anotaron otra frase de esas que sólo deberían susurrarse en la intimidad: “Tengo una bomba, una opción nuclear que puede hacer caer al primer ministro.” Claro que, aclaró, activaría el detonador sólo si se sentía muy apurado por los compañeros de ruta conservadores. La publicación mostró a la flamante coalición en medio de una guerra constante de posiciones por el control ideológico de este proceso. Pero desató una crisis que sólo se calmó cuando Cameron negoció un sutil enroque con los liberal-demócratas. Así, el tema medios salió del área de Vincent Cable y pasó al Ministerio de Cultura, Medios y Deportes, a cargo del conservador Jeremy Hunt. La batalla parecía haberla ganado Murdoch, pero la bomba con la que amenazaba el economista de Cambridge finalmente explotó, unos días antes de que Hunt estampara su rúbrica en el acuerdo de BSkyB. Curiosa coincidencia.
Porque las escandalosas operaciones de espionaje del legendario News of the World (NOTW) se difundieron en un nuevo contexto y con nuevos agregados. Y la prensa mundial reflejó el horror de periodistas que aplicaban técnicas reñidas con la ética profesional y no tenían empacho en violar la ley con tal de obtener primicias.
El caso más emblemático es el de la familia de Milly Dowler, la chica de 13 años, a la que el semanario pinchó el celular mientras estaba secuestrada y fue encontrada muerta seis meses después, aunque la familia y la policía creían que continuaba con vida porque el diario seguía publicando información que dio lugar a falsas esperanzas. Sin embargo, el caso es de marzo de 2002. The Guardian insistió con estos fantasmas del pasado.
La lista de teléfonos pinchados podría sumar hasta 4000. La técnica es de una sencillez que abruma: las empresas telefónicas suelen dar un número clave para la casilla de correo de voz que consiste en cuatro dígitos (1234, o 1111, por ejemplo) que el usuario debería cambiar y normalmente pocos hacen. Sólo les hizo falta hallar las claves de los más preocupados por su seguridad, para lo cual contrataron detectives privados o pagaron sobornos a empleados desleales o policías no menos infieles.
La que parece haber pergeñado el método –según todas las sospechas y acusaciones– es la actual número dos del emporio Murdoch, Rebekah Brooks, quien llegó a dirigir el NOTW entre 2000 y 2003. La mujer no es querida en el ambiente. La catalogan cuando menos de ser una trepadora sin escrúpulos. Al punto que el anunciado cierre del periódico, fundado en 1843 para ser leído por la incipiente clase trabajadora británica, fue entendido como una concesión para no entregar la pelirroja cabellera de la dama.
Entre los que cayeron en esta rodada está también quien dirigió el NOTW entre 2003 y 2007. Andy Coulson tuvo que dejar el cargo cuando el redactor encargado de la familia real, Clive Goodman, y el detective privado Glenn Mulcaire fueron encarcelados tras las primeras denuncias por las escuchas. Pero fue “rescatado” del olvido por Cameron, que lo contrató como vocero ni bien llegó al cargo. Lo que generó críticas de la peor especie y finalmente, a medida que el escándalo iba tomando espesor, dimitió en enero pasado, un par de semanas después del enroque que corrió a Cable del caso BSkyB.
El ex director del FMI, Dominque Strauss-Kahn renunció por un escándalo sexual profusamente aprovechado en sus aspectos más escabrosos por el New York Post, también propiedad de Murdoch, que en los Estados Unidos posee el ariete más poderoso de la derecha a través de la cadena Fox, odiada con prolijidad por el presidente Barack Obama. La camarera del caso DSK terminó demandando al diario neoyorquino por haber publicado que es prostituta en el hotel donde se produjo la presunta violación.
Varias demandas contra el NOTW culminaron en arreglos extrajudiciales. Sucedió con la actriz Sienna Milles, hackeada cuando era novia de Jude Law, a la que la corporación de Murdoch pagó 100 mil libras esterlinas para que se olvidara del entredicho.
Cameron llegó al poder tras un acuerdo no escrito con el Grupo Murdoch, el mismo que acosa al actual ocupante de la Casa Blanca. Pero ahora enfrenta las consecuencias de una alianza mediática que en la búsqueda de poder e influencia no reparó en medios, precisamente.
El premier conservador dijo que enviará al Parlamento un proyecto para regular los medios. Y mientras tanto su gobierno pateó para adelante la venta de BSkyB. Pero el poder de News Corporation no caerá por esto. Sólo está esperando la oportunidad de volver.
Tiempo Argentino
Julio 9 de 2011
No es que The Storm revele algo demasiado novedoso. El tema es que lo dice uno de los líderes intelectuales de los liberal- demócratas británicos, que cogobiernan desde mediados de 2010, tras desplazar al laborismo del poder. Cable –apellido significativo si los hay en esta trama– fue uno de los operadores políticos del encuentro entre Nick Clegg y el conservador David Cameron, ahora primer ministro.
Desde ese lugar aspiró primero al Ministerio de Finanzas, para poner en práctica sus ideas sobre el modo de recuperar la economía de su país. Pero se tuvo que conformar con el de Negocios, Innovación y Oficios. Una dependencia para la pequeña y mediana empresa desde la que, hace unos días, presionó a los grandes bancos. “Aplicaremos un impuesto a las inversiones para los que no den créditos adecuados a las pymes”, amenazó.
Pero el salto a la fama de Cable se produjo a mediados de diciembre del año pasado, cuando trascendió una conversación que había mantenido con las que creyó dos militantes de su partido y resultaron ser periodistas del Daily Telegraph. Por esos días, la cartera a su cargo tenía que aprobar la compra del 61% de la empresa British Sky Broadcasting (BSkyB), el mayor proveedor de televisión por cable británico. El comprador era el dueño del 39% restante de las acciones, el magnate australiano Rupert Murdoch.
En aquella controvertida charla, Cable dijo algo políticamente incorrecto: “He declarado la guerra al señor Murdoch. Creo que ganaré. No lo he politizado porque es una situación legal. Está intentado tomar el control de BSkyB. Es un accionista minoritario y quiere ser mayoritario. Lo he bloqueado usando los poderes que tengo.”
Las damas también anotaron otra frase de esas que sólo deberían susurrarse en la intimidad: “Tengo una bomba, una opción nuclear que puede hacer caer al primer ministro.” Claro que, aclaró, activaría el detonador sólo si se sentía muy apurado por los compañeros de ruta conservadores. La publicación mostró a la flamante coalición en medio de una guerra constante de posiciones por el control ideológico de este proceso. Pero desató una crisis que sólo se calmó cuando Cameron negoció un sutil enroque con los liberal-demócratas. Así, el tema medios salió del área de Vincent Cable y pasó al Ministerio de Cultura, Medios y Deportes, a cargo del conservador Jeremy Hunt. La batalla parecía haberla ganado Murdoch, pero la bomba con la que amenazaba el economista de Cambridge finalmente explotó, unos días antes de que Hunt estampara su rúbrica en el acuerdo de BSkyB. Curiosa coincidencia.
Porque las escandalosas operaciones de espionaje del legendario News of the World (NOTW) se difundieron en un nuevo contexto y con nuevos agregados. Y la prensa mundial reflejó el horror de periodistas que aplicaban técnicas reñidas con la ética profesional y no tenían empacho en violar la ley con tal de obtener primicias.
El caso más emblemático es el de la familia de Milly Dowler, la chica de 13 años, a la que el semanario pinchó el celular mientras estaba secuestrada y fue encontrada muerta seis meses después, aunque la familia y la policía creían que continuaba con vida porque el diario seguía publicando información que dio lugar a falsas esperanzas. Sin embargo, el caso es de marzo de 2002. The Guardian insistió con estos fantasmas del pasado.
La lista de teléfonos pinchados podría sumar hasta 4000. La técnica es de una sencillez que abruma: las empresas telefónicas suelen dar un número clave para la casilla de correo de voz que consiste en cuatro dígitos (1234, o 1111, por ejemplo) que el usuario debería cambiar y normalmente pocos hacen. Sólo les hizo falta hallar las claves de los más preocupados por su seguridad, para lo cual contrataron detectives privados o pagaron sobornos a empleados desleales o policías no menos infieles.
La que parece haber pergeñado el método –según todas las sospechas y acusaciones– es la actual número dos del emporio Murdoch, Rebekah Brooks, quien llegó a dirigir el NOTW entre 2000 y 2003. La mujer no es querida en el ambiente. La catalogan cuando menos de ser una trepadora sin escrúpulos. Al punto que el anunciado cierre del periódico, fundado en 1843 para ser leído por la incipiente clase trabajadora británica, fue entendido como una concesión para no entregar la pelirroja cabellera de la dama.
Entre los que cayeron en esta rodada está también quien dirigió el NOTW entre 2003 y 2007. Andy Coulson tuvo que dejar el cargo cuando el redactor encargado de la familia real, Clive Goodman, y el detective privado Glenn Mulcaire fueron encarcelados tras las primeras denuncias por las escuchas. Pero fue “rescatado” del olvido por Cameron, que lo contrató como vocero ni bien llegó al cargo. Lo que generó críticas de la peor especie y finalmente, a medida que el escándalo iba tomando espesor, dimitió en enero pasado, un par de semanas después del enroque que corrió a Cable del caso BSkyB.
El ex director del FMI, Dominque Strauss-Kahn renunció por un escándalo sexual profusamente aprovechado en sus aspectos más escabrosos por el New York Post, también propiedad de Murdoch, que en los Estados Unidos posee el ariete más poderoso de la derecha a través de la cadena Fox, odiada con prolijidad por el presidente Barack Obama. La camarera del caso DSK terminó demandando al diario neoyorquino por haber publicado que es prostituta en el hotel donde se produjo la presunta violación.
Varias demandas contra el NOTW culminaron en arreglos extrajudiciales. Sucedió con la actriz Sienna Milles, hackeada cuando era novia de Jude Law, a la que la corporación de Murdoch pagó 100 mil libras esterlinas para que se olvidara del entredicho.
Cameron llegó al poder tras un acuerdo no escrito con el Grupo Murdoch, el mismo que acosa al actual ocupante de la Casa Blanca. Pero ahora enfrenta las consecuencias de una alianza mediática que en la búsqueda de poder e influencia no reparó en medios, precisamente.
El premier conservador dijo que enviará al Parlamento un proyecto para regular los medios. Y mientras tanto su gobierno pateó para adelante la venta de BSkyB. Pero el poder de News Corporation no caerá por esto. Sólo está esperando la oportunidad de volver.
Tiempo Argentino
Julio 9 de 2011
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