sábado

Europa, entre Merkozy y el Rubicón

Merkozy es la humorada con que los medios franceses y británicos bautizaron a los acuerdos no escritos pero bien explícitos que identifican a los mandatarios de Alemania y Francia, Nicolás Sarkozy y Angela Merkel frente a la crisis. Así como Reaganomics definía a las medidas neoliberales que el ex presidente de los Estados Unidos impulsó en su gestión, el término sintetiza la más cruda e impiadosa disciplina fiscal que quienes realmente deciden en Bruselas imponen a los demás socios de la Unión Europea.
En el caso de la canciller germana, con un país que es el verdadero motor de Europa y un déficit fiscal inferior al tope del 3% del PBI, se trata simplemente de trasladar el rígido espíritu con que los teutones manejan sus variables económicas al resto de los 27 miembros de la UE. Pero el pacto fiscal encuentra rechazo en las demás sociedades, al punto que el triunfo del socialismo en Francia podría trastocar definitivamente la estrategia de austeridad ensayada en los últimos tres años y fundamentalmente desde la caída de Grecia.
En cuanto al actual presidente francés, se dice con bastante picardía que su alianza ideológica con Merkel no es otra cosa que una forma de posicionar a su país, que no puede mostrar a los mercados la misma puntillosidad macroeconómica. Algunos, incluso, deslizan que Sarkozy defiende la dureza en las cuentas públicas para hacer creer que Francia es como Alemania, cosa de que nadie raspe el maquillaje y vea que, en realidad, está más cerca de España e Italia.
El tema vuelve a circular desde el domingo, entre otras razones, porque parece que los franceses no le terminan de creer a Sarkozy y el socialista François Hollande se encaminaría al triunfo el próximo 6 de mayo.
El plan de Hollande no es novedoso, sino que más bien retoma tímidamente la plataforma del socialismo, que en medio de la debacle europea fueron abandonando los anteriores gobiernos de España (José Luis Rodríguez Zapatero) y Grecia (Giorgios Papandreu). Más que seguir a rajatabla el pacto fiscal “merkozyano”, el candidato francés dijo que lo primero que hará en caso de ganar es convocar a un encuentro continental para rediscutir los acuerdos fiscales paneuropeos. También propone un paquete de medidas de estímulo y solidaridad, mediante la creación de eurobonos. Y que el Banco Central Europeo preste directamente a los Estados y no a los bancos, cosa de administrar los recursos, contemplando más las necesidades colectivas que el beneficio particular.
Hollande pretende bloquear la ratificación del tratado de estabilidad presupuestaria –trámite que aún deben efectivizar 25 países– para torcerle el brazo al empecinamiento alemán. “Me he reunido con varios jefes de Estado europeos y no son muchos los que están contentos con la situación económica. Así que no estoy solo”, se despachó el candidato ante el diario económico Handelsblatt.
Ni lerda ni perezosa, Merkel le respondió secamente en un reportaje con los diarios del grupo Westdeutsche Allgemeine Zeitung que el pacto fiscal “no es negociable”. El portavoz del gobierno alemán, Steffen Seibert, salió luego a aclarar definitivamente de qué hablan en Berlín. “El crecimiento es el segundo pilar” de las medidas contra la crisis que se tomaron en la zona euro, pero antes se deben seguir los pasos ya señalados de austeridad presupuestaria hasta alcanzar el equilibrio fiscal, el primer pilar obviamente.
En el cruce, también metió baza Guido Westerwelle, ministro de Relaciones Exteriores alemán. “Todo el mundo debe saber que lo que hemos acordado en Europa para superar la crisis de la deuda ha sido pactado y se mantiene. No dependerá de los resultados electorales”, indicó.
 “Los gobiernos negocian por sus países, no para ellos”, concluyó, en claro mensaje a Hollande.
“Los planes de austeridad de Merkel y Sarkozy están arruinando a Europa, con un interés egoísta y no solidario”, le replicó Arnaud Montebourg, diputado en la Asamblea Nacional de Francia y representante especial del candidato socialista para la elección presidencial.
Es que otro tema que sobrevuela el intercambio de pólvora entre funcionarios germanos y los voceros del PSF se relaciona con el libre tránsito de personas a través de las fronteras europeas. Un asunto que se vuelve candente en la medida en que grandes capas de la sociedad europea comienzan a ver a los extranjeros como parte del problema económico que los sumerge en la pobreza. “Merkozy” también había acordado suspender durante un mes los viajes internos sin pasaporte para contener los  “flujos extraordinarios” de inmigrantes. Con lo cual el pedido de solidaridad de Hollande y Montebourg se entiende bastante mejor.
Y también resulta más claro que a cinco días del triunfo en primera vuelta, las encuestas muestren a Hollande a la cabeza con el 54% contra el 46% de Sarkozy, con ligeras variantes según la consultora. Y que esta cifra casi se repite entre los votantes de la ultraderechista Marine Le Pen, del xenófobo Frente Nacional. Datos que, sin dudas, son la envidia del PSOE, que no pudo retener el gobierno en noviembre pasado, y que llevó al secretario general de ese partido, Alfredo Pérez Rubalcaba, a considerar que “la suerte de la economía española se juega en Francia”.
Son muchos los que piensan que este 6 de mayo los europeos están en la misma encrucijada que Julio César en el año ’49 antes de Cristo sobre si cruzar o no el Rubicón. Y esperan que como el líder romano, se llenen los pulmones diciendo “alea jacta est” (la suerte está echada) para poner fin a una oscura época signada por los ajustes perpetuos.

Tiempo Argentino
Abril 28 de 2012

El estabalishment y la oligarquía

Hay una escena memorable de un film no menos destacado de Oliver Stone, JFK, que relata la investigación del fiscal Jim Garrison (Kevin Costner) sobre la oscura trama detrás del asesinato del presidente John Kennedy, ocurrido el 23 de noviembre de 1963 en Dallas, Texas. Un impecable Donald Sutherland interpreta a un militar de alto rango que pide ser llamado simplemente X, para no dar detalles que podrían comprometerlo. Míster X –que luego se sabría, era el coronel Fletcher Prouty, entonces jefe de Servicios Especiales y el principal enlace entre la CIA y el Pentágono– le cuenta a Garrison qué se esconde detrás del magnicidio, e involucra a las agencias de inteligencia y las cúpulas militares de Estados Unidos, como ya venía comprobándolo Garrison.
Sorprendido por la revelación, Costner-Garrison le dice a X-Sutherland que no se imaginaba lo peligroso para el establishment que había sido Kennedy (“I never realized Kennedy was so dangerous to the establishment”). Lo interesante del  subtítulo que se dio en la Argentina es que por “establishment” traducían “oligarquía”.
Establishment es una palabra cuya aplicación para definir a la red de individuos que conforman los centros oficiales del poder se atribuye al periodista británico Henry Fairlie, quien parece haberla usado por primera vez en la revista The Spectator en 1955. “Es también toda la matriz de relaciones oficiales y sociales dentro de la cual se ejerce el poder”, explicaba Fairlie, que créase o no llegó a tener su cuarto de hora de fama por el hallazgo, pronto utilizado en todo el mundo como sinónimo de “los que mandan”.
En Ensayo sobre el subdesarrollo, Latinoamérica, 200 años después, el nicaragüense Augusto Zamora Rodríguez hace un repaso de este bicentenario en los países que se independizaron de la España monárquica desde 1810. El hombre, cabe aclarar, suele escribir para medios españoles, es profesor de Derecho Internacional en la Universidad Autónoma de Madrid y, para agregar una cuota de color a la cosa, es embajador de Nicaragua en España.
La tesis de Zamora Rodríguez es que nuestros países fueron conformados por dirigencias oligárquicas más que por un verdadero establishment. Para lo cual aplica una diferenciación que hace el economista de Harvard Lester Thurow, en La guerra del siglo XXI, entre oligarquía (oligarchy) y establishment.
“La meta fundamental de un establishment es asegurar que el sistema funcione, de modo que a la larga el país tenga éxito. Un establishment confía en que si el sistema funciona y el país va bien, sus miembros prosperarán personalmente”, dice Thurow. Por el contrario, “una oligarquía es un grupo de individuos inseguros que acumula fondos en cuentas bancarias secretas. Como creen que deben atender siempre a su interés personal inmediato, no los atrae la idea de invertir su tiempo o su esfuerzo en mejorar la prosperidad del país a largo plazo. Dicho francamente, no confían en que, si el país tiene éxito, ellos lo tendrán.” 
Más adelante, agrega Zamora Rodríguez, Thurow analiza cuestiones tan cotidianas como la política fiscal. “Si una oligarquía diseña un sistema impositivo, montará el sistema de modo que ella pague el mínimo impuesto posible.” El establishment, en cambio, rebajará sólo en último término sus propios impuestos. El embajador de Managua en Madrid añade que la oligarquía no duda en anteponer sus propios intereses a los del país.
Algo de todo esto se juega en estos momentos desde la decisión de nacionalizar la petrolera YPF. Y los medios argentinos tanto como los españoles, con sus honrosas excepciones, respondieron como mandan los manuales… de la más cruda oligarquía mundial. “La medida que tomó la presidenta Cristina Fernández de Kirchner viola todos los principios de las relaciones internacionales entre países serios y respetuosos del orden”, es más o menos el mensaje. Y amenazan con las peores calamidades por semejante desafío al statu quo.
No es la primera vez que el país soporta este tipo de vendavales. Porque desde la declaración del default en 2002 hasta la quita de la deuda que decidió el gobierno de Néstor Kirchner, la Argentina se convirtió en poco menos que la encarnación del mal. A pesar de lo cual, no pueden entender el soberbio crecimiento y la disminución en la brecha de la desigualdad desde aquellas decisiones soberanas. Peor aún, no se las quieren explicar porque eso significaría violar los preceptos que una oligarquía que se precie guarda celosamente: a la Argentina no le puede ir bien porque eso implicaría un pésimo ejemplo para el resto de las naciones. En pocas palabras, una tesis inaceptable para los dueños del mundo. Esa trama de intereses financieros, mediáticos y militares de la misma categoría de la que hace casi 50 años eliminó a JFK.
Hay, sin embargo, analistas que como Joshua E. Keating, en Foreign Policy, le dan un marco más razonable al tema YPF. “Aunque la compra hostil por parte del Estado de una empresa de 7700 millones de dólares ha causado un inmenso escándalo –escribe Keating– este tipo de nacionalizaciones tiene precedentes, en especial en Latinoamérica. Al día de hoy, las compañías petrolíferas de propiedad estatal, muchas de las cuales se constituyeron mediante adquisiciones hostiles como la de Argentina, controlan el 85% de las reservas mundiales de petróleo y el 55% de la producción.” Y a continuación recomienda el mejor modo de expropiar en beneficio del país.
Este editor asociado de FP recuerda los antecedentes de expropiaciones en ese mercado tan sensible a lo largo de la historia. Desde las setentistas de Irak y Libia, hasta las más actuales en Bolivia, Ecuador, Venezuela y Rusia. Desde la de México en 1938, que desató un enfrentamiento entre la Standard Oil y el presidente Lázaro  Cárdenas, hasta la del primer ministro Mohamed Mossadeg en el Irán de los cincuenta. Que le costó el golpe de estado organizado por la CIA en 1954 para reponer al Sha Rehza Pahlevi. El Míster X de la película de Stone se ufana de haber participado en ese golpe mediante el cual la Anglo-Iranian Oil Company terminó cobrando 70 millones de dólares de entonces por la expropiación.
Otro detalle que anota Keating es el golpe contra Chávez hace diez años –que apoyó el gobierno del PP de José María Aznar– que pretendía devolver a sus cargos a la cúpula de PDVSA, una oligarquía burocrática que el gobierno bolivariano había desplazado un par de meses antes.
Eduardo Galeano recuerda en uno de sus textos más bellos aquella guerra entre Bolivia y Paraguay a la que puso fin una negociación del canciller argentino Carlos Saavedra Lamas, por la que ganó el Nobel de la Paz, en 1936. “Los dos pueblos más pobres de América del Sur, los que no tienen mar, los más vencidos y despojados, se aniquilan mutuamente por un pedazo de mapa. Escondidas entre los pliegues de ambas banderas, la Standard Oil Company y la Royal Dutch Shell disputan el posible petróleo del Chaco.”
Ahora el gobierno español, que aceptó sin chistar los recortes a diestra y siniestra a que la obliga su pertenencia a la Unión Europea, tomó como causa nacional la defensa de Repsol, la tenedora de las acciones mayoritarias de YPF. Y pretende que las instituciones que representan al establishment mundial acudan en su defensa. Desde la propia UE hasta el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Grupo G-20.
El problema es que a algunas de esas oficinas devenidas en defensoras de la oligarquía internacional la Argentina ya no tiene que rendirles cuentas y de otras, como el foro de los 20 países más desarrollados del mundo, España es invitada permanente pero no forma parte. Porque no siempre se puede pertenecer.

Tiempo Argentino
Abril 21 de 2012

La orquesta del Titanic

Le faltaba poco al británico Joseph Bruce Ismay para cumplir 50 años y estaba en su mejor momento. Presidente de una de las líderes en el transporte marítimo mundial, a bordo de la maravilla técnica más grande construida jamás por el ser humano, que le iba a devolver la supremacía en los mares de todo el mundo, ¿qué más podía pedirle a la vida?.
El RMS Titanic, el orgullo de la White Star Lines, era un buque monumental que nunca podría hundirse, construido en un momento muy particular para una Europa que mostraba varias décadas sin guerras y cuyas clases privilegiadas ostentaban una prosperidad sin límites, sustentada en los imperios de ultramar (para quien los tenía) y la bonanza del libre mercado y de la globalización. El transatlántico era, entonces, una especie de Arca de Noé del siglo XX que albergaba en su interior a 1364 pasajeros y 860 tripulantes. Estaban representadas todas las clases sociales: desde los ricos muy ricos de las cubiertas A y B, hasta los asalariados más humildes que atendían las máquinas y oficiaban de personal de servicio, en la cubierta F.
Ismay, hombre elegante y de bigote tipo manubrio de bicicleta, había nacido en Lancashire, Inglaterra. Heredero de una familia de armadores de barcos, se subió al RMS Titanic al mediodía del 10 de abril de 1912 en el puerto de Southampton para alojarse en el más lujoso de los camarotes, el B-52, al lado de la escalera de la primera clase.
Comandaba el transatlántico el también inglés capitán Edward John Smith, heredero, en cambio, de una gran pobreza –padre alfarero, madre costurera– pero de sólida fe metodista, nacido en Stoke-on-Trent 62 años y cuatro meses antes. Había comenzado su carrera como simple aprendiz en la línea de los Ismayl y escaló en base a perseverancia y sentido del deber, en una carrera que lo llevó a la cumbre en aquel viaje que los medios del momento resaltaron como impactante.
Cuenta la historia que el Titanic era fruto de un desafío de Ismay para destronar a su competidora más importante, la Cunard Line, que había botado dos soberbios transatlánticos poco antes y se llevaba las palmas en el recorrido desde Europa hasta Nueva York, la frutilla del postre de cualquier negocio de navegación. El caso es que aquel mediodía las expectativas estaban depositadas en ese conglomerado de almas que disfrutarían de un momento especial. Un pequeño paso de un puñado de hombres en el contexto de un gran paso para la humanidad, podría decirse, parafraseando al primer hombre en pisar la Luna, Neil Armstrong.
Ismayl contempló los avatares de la partida por el ojo de buey, sin mucho contacto con el resto del pasaje. Cuatro días después, estaba a punto de dormirse cuando sintió un gran alboroto en los pasillos y se abrigó apenas para salir a averiguar qué ocurría. También fue despertado a las apuradas el capitán Smith, que había dejado a cargo a su primer oficial, de apellido Murdoch. El capitán supo desde el primer momento que el choque con el iceberg había averiado seriamente a la nave. Ismay aparentemente quiso creer que las bombas de achique podrían evitar la catástrofe. El empresario tenía, de todas maneras, un dato de importancia crucial: no habría botes suficientes para salvar a todos. Si bien no se violaba ninguna disposición vigente entonces, había salvavidas para no más de 1100 personas y en el transatlántico había más de 2200.
A la hora de la verdad, y a pesar de que la orquesta, como dice la leyenda, seguía tocando para que el pánico no corriera por el interior del buque, Ismay se subió a un bote desplegable C junto con otro pasajero de primera clase, William Carter, otro ricachón, pero de Filadelfia, y se lanzaron al mar. Todos lo recuerdan como el primero en escapar y en salvarse. Y también que ni se dio vuelta para no mirar lo que ocurría en el Titanic. Cargó el resto de su vida con el brulote de ser un cobarde y egoísta hasta su muerte, en 1937.
Smith, mientras tanto, pasó sus últimos minutos llamando con un altavoz a los que escapaban en los botes. Pudieron haberse salvado muchos más, pero los salvavidas partían antes de que se llegaran a completar, por lo que fueron rescatados apenas 707 náufragos. Smith, cumpliendo a rajatabla con el precepto de que un capitán debe hundirse con su barco, se quedó en la cubierta y terminó en el fondo del mar en ese paraje perdido del Atlántico norte, camino a Nueva York.
La metáfora del Titanic no es nueva para ilustrar la crisis económica que sacude a Europa y los Estados Unidos, curiosamente la misma línea que cubría la White Star, empresa que finalmente se fusionó con su archirrival en 1934 para desaparecer ambas en 2005 a manos de la Carnival Corporation. También es un buen ejemplo de cómo funciona el sistema capitalista. Como recuerda el bloguero gallego José Ramón Fernández de la Cigoña en , se salvó el 62% de los pasajeros de primera clase, el 41% de los de segunda y el 25% de la tercera. Entre los menores –apunta este administrador de empresas de Vigo– la realidad no fue mejor, y muy a pesar de eso de “mujeres y niños deben primero”, de tercera clase murieron el 66% de los chicos, mientras que la mortandad entre los de la primera fue de sólo el 3%.
El presidente Barack Obama, que va por la reelección, volvió a desempolvar su viejo proyecto de que los ricos paguen más impuestos. Algo a que los republicanos se oponen fervientemente. Aun cuando un multimillonario, Warren Buffet, demostró fehacientemente que él, con toda su fortuna, aporta menos al fisco que su secretaria. Del otro lado del océano la crisis sigue golpeando a España y a la quebrada Grecia. En ambos países la desocupación entre los menores de 25 años es de más del 50%. Es decir, que son más los jóvenes desempleados que los que tienen trabajo.
Dicen que el capitán Smith sabía que navegaba aguas turbulentas, por la gran cantidad de hielo que flotaba en el camino elegido. Pero que el oficial a cargo no pudo ver la cercanía del iceberg fatal porque había olvidado los prismáticos en el puerto.
En el Atlántico norte de estos días también hay un problema de visión a corto plazo. Y mientras la orquesta sigue tocando en cubierta, cada vez más cerca de otro iceberg, quizás piensen que Europa no se puede hundir nunca.
Resulta incomprensible por qué razón desechan el ejemplo de países que salieron de encrucijadas similares, como la Argentina. Podría pensarse que olvidaron el largavistas en algún puerto. O que las clases ricas saben dónde están los salvavidas y cómo ubicarse a tiempo. Porque siempre hay millones de Smith que hacen el trabajo heroico. O secretarias que pagan los impuestos.

Tiempo Argentino
Abril 14 de 2012

lunes

Locura criminal

Mohamed Merah nació en Francia y era hijo de inmigrantes argelinos (como Zinedine Zidane, acotación al margen). Tenía antecedentes como simple ratero de poca suerte hasta que, luego de una breve temporada en prisión, según una versión sobre su vida, se le dio por ir a Afganistán y Pakistán, donde también habría estado entre rejas. De allí, de acuerdo a informes que ahora desempolvan los investigadores, vino convertido en un duro salafista e intransigente militante de Al Qaeda dispuesto a todo. Pero quedó como un criminal sin demasiada sustancia que masacró, en una mezcla indigesta de ideología radical y locura homicida, a soldados musulmanes que defendían la bandera francesa, a chicos de una escuela judía y a un rabino.

Las autoridades francesas no tienen respuestas demasiado profundas para explicar este horror. Podrían hablar de la crisis económica y social que desde años golpea sobre todo en las primeras generaciones de hijos de emigrantes, sobre todo del norte de África. O de extremismos enfermizos en un continente atravesado por una cruza de culturas, como no se veía desde hace siglos. Para lo que le podría venir como anillo al dedo el caso del noruego Anders Behring Breivik, que asesinó a 77 personas en julio del año pasado, con un perfil igualmente intoxicado de ideología y delirio, aunque de otra clase social y de otra composición racial.
Pero el eje del debate se inclinó a las responsabilidades de los que comandan los destinos de un país sumergido en el último tramo de la campaña presidencial. Por lo pronto, así como en Noruega las agencias gubernamentales disponían de información que podría haber llevado a adelantarse a lo que se proponía el rubio Breivik –según la lectura fácil del diario del lunes por supuesto–, también en el caso del franco-argelino su ficha personal lo hacía candidato a algún disparate. Por lo que trascendió, ni bien el joven de 23 años cayó baleado desde el balcón de su casa, el FBI tenía a Merah en una lista negra como un peligroso mujaidin que fugó de una prisión de Kandahar, al sur de Afganistán, para reaparecer en Francia. “Tenemos constancia documental de que ingresó bajo nuestra custodia en 2007 por colaborar con los insurgentes, pero no podemos precisar con exactitud cuándo se fugó”, declaró el director del presidio, Ghulam Farouq. El funcionario fue desmentido por un portavoz de la provincia afgana, Zalmai Ayubi, quien habló de una confusión de nombres en los papeles oficiales.
El discurso oficial ahora pide endurecer leyes y defender la actuación policial. Nicolas Sarkozy lo planteó así, deseoso de mostrarse operativo ante la crisis. El empuje en las encuestas ante el socialista François Hollande lo justifica, pero en este esquema de respuesta fácil, las fuerzas de seguridad, se sabe, deberían extremar precauciones ante cualquier sospecha, sin importarles que se pierdan libertades civiles.
En un trabajo publicado por Global Research, el think tank canadiense, James Tracy analiza la noción de represión elaborada por Sigmund Freud en función de los grandes dramas que estremecen a una sociedad, como sin dudas lo es la matanza de Toulouse en la Francia actual. Tracy explica que las experiencias de vida colectivas quedan registradas en el inconsciente “y aquellas que son especialmente inquietantes y socialmente inadmisibles, son voluntariamente suprimidas para emerger más tarde como neurosis”. El estudioso registra sobre todo el cambio en la sociedad estadounidense luego de los atentados del 11 de setiembre de 2001, donde las grandes mayorías aceptaron la pérdida de gran parte de las garantías constitucionales con la excusa de la seguridad pública. Y le agrega luego el detalle no menor de que la sociedad quedó tan conmovida como con el asesinato del presidente John Fitzgerald Kennedy, el 22 de noviembre de 1963.
Es que el caso de Merah tiene características que recuerdan a Lee Harvey Oswald, el solitario “asesino oficial” de Kennedy. Un joven de origen humilde de Nueva Orleans que primero se enroló como marine pero luego terminó emigrando a la Unión Soviética, donde estuvo seis años y se casó con una rusa. Envuelto en el misterio, un buen día vuelve a Estados Unidos con su nueva familia y aparece metido en una conspiración que años después Oliver Stone reflejaría una obra monumental como su JFK, basada en las investigaciones del fiscal Jim Garrison. Oswald siempre negó haber disparado desde un edificio en Dallas contra Kennedy, y juró que no tenía nada que ver con el asunto, que era un perejil. Pero daba el perfil conveniente –¿o cayó en una trampa muy bien elaborada?– para cerrar el caso ante la opinión pública a pocas horas de un magnicidio que perturbó a la nación. Oswald fue asesinado dos días más tarde por un hombre vinculado a la mafia, durante un traslado. Tenía 24 años.
Casualmente en Kandahar se registró un hecho que en otro marco debería haber generado la misma sensación de horror. Allí el 11 de marzo fueron asesinados 17 civiles a manos de un efectivo de los EE UU en un demencial raid nocturno por los alrededores de su cuartel de Panjwai. Las tropas occidentales ocuparon Afganistán como primera reacción de la gestión George W. Bush por los atentados a las torres gemelas. La excusa fue perseguir a Al Qaeda y sobre todo ponerle fin a la vida de su líder Osama bin Laden, finalmente eliminado durante la administración Barack Obama.
El sargento estadounidense Robert Bales fue acusado de aquellas 17 muertes y espera en una base de Kansas el juicio por el que podría ser condenado a la pena de muerte.
El diario The New York Times, en una biografía bastante detallada, sindica al militar como un hombre de 38 años, casado, con dos hijos y una residencia familiar en Lake Tapps, Washington, muy comprometida por una hipoteca. Que llegó a Afganistán en diciembre pasado, pero es veterano de Irak, donde perdió en combate parte de un pie y fue malherido en la cabeza. Este es uno de los argumentos de su abogado defensor para hablar de problemas mentales. “Él no recuerda nada de lo ocurrido”, afirma John Henry Browne.
El diario neoyorquino encuentra que Bales dijo haberse alistado en el Ejército luego del 11-S como una contribuir con la patria. Sin embargo, venía de fracasar como asesor financiero, había sido enjuiciado por fraude, y se salvó por poco de terminar preso, aunque perdió la licencia para trabajar en ese rubro. Incluso fue acusado de haber intentado abusar de una mujer en un bar de Tacoma para la misma época.
Hay sospechas de que el soldado que actuó en aquella noche trágica no iba solo. Pero su defensor confía en que no podrán sustanciarle cargos: “No hay escena del crimen, no hay ADN, no hay confesión. Va ser un caso difícil de demostrar para el gobierno.” También ahora se investiga si Merah actuó en solitario o formaba parte de una organización terrorista. O si simplemente fue otra víctima de un ataque de locura criminal, la explicación más sencilla y a mano para estos casos.

Tiempo Argentino
Marzo 25 de 2012

sábado

Miserias del mundillo financiero

Para algunos medios, Greg Smith quería emular a Jerry Maguire, el personaje que encarnó alguna vez Tom Cruise. Porque eso de que el hasta hace horas niño mimado de Goldman Sachs un día se dio cuenta de que el dinero no es lo más importante en la vida. Pero a diferencia del film de 1996, el directivo del banco más poderoso del mundo causó un terremoto con una carta de renuncia al coloso financiero enviada desde Londres y que le publicó sin recortes el The New York Times. Fue un portazo fenomenal desmenuzando la política empresaria que aplica GS con una crudeza que solo podría haber revelado alguna filtración de WikiLeaks, como esas sobre abusos militares en Irak por las que un soldado estadounidense enfrenta un juicio por traición a la patria.
En concreto, Smith –que fue director ejecutivo del negocio de derivados en Europa, Medio Oriente y África en los últimos 12 años de su vida– dice que el ambiente de trabajo en GS desde que estalló la crisis mundial es de tal opresión que “está más tóxico y destructivo que nunca”.
Smith nació en Johannesburgo, Sudáfrica, hijo de un farmacéutico y una mujer dedicada al trabajo social, hace 33 años, y apunta al corazón del problema: Goldman Sachs, hasta no hace tanto oficialmente dueña en Argentina de un 18% de las acciones del Grupo Clarín, sólo se interesa, por ganar montañas de dinero sin preocuparse por la situación de sus clientes, a los que se afana –nunca mejor utilizado el verbo– por esquilmar sin miramientos y a los que llama, despectivamente, Muppets, por la forma en que los manipula.
Los detalles de cómo se comportan los empleados del banco y la cultura que los hace crecer en la pirámide interna no resultan extraños para el público común, que alguna vez escuchó hablar sobre la responsabilidad de GS en la creación de la burbuja financiera, en el estallido de los activos derivados y en el dibujo contable que permitió el ingreso de Grecia a la Eurozona, cuyas consecuencias el país heleno habrá de pagar por varias generaciones.
Quizás tampoco suene extraño el modo en que GS se fue convirtiendo en los años locos del neoliberalismo global en el gran jugador de esa timba sin límite, con algunos de sus personajes ocupando puestos clave en los gobiernos de Europa y los Estados Unidos.
Como que Robert Rubin, Jon Corzine y John Paulson fueron importantes en el gabinete económico de Bill Clinton y siguieron vinculados a la esfera pública con George Bush y luego Barack Obama, que tiene entre sus principales guías dentro del mundillo financiero a Rahm Emanuel.
En Europa, la profundidad de la influencia de GS se verifica en que, además de armar el paquete tóxico que ahora les quema las manos, logró colocar en la reparación de los daños a algunos de sus principales directivos. Entre ellos. el premier que les fue impuesto a los griegos en noviembre pasado, Lucas Papademos, y el que tienen que soportar los italianos tras la caída de Berlusconi, Mario Monti. También es hombre de GS el presidente del Banco Central Europeo, otro italiano, Mario Draghi.
La renuncia de Smith no habla de estas cuestiones, sino que se mete en la oscura relación que mantiene con los clientes, ya sea fondos de inversión anónimos, países recónditos o individuos con nombre y apellido. Y lo dice luego de recordar quién era: una estrella entre los diez que aparecían en el video de reclutamiento para futuros empleados, que usualmente se buscan en los campus universitarios de todo el mundo. Alguien que además de alistar personalmente a muchos de los jóvenes aspirantes, los fue guiando en sus primeros pasos hacia lo que creía un paraíso encantado. Tarea de la que se sintió orgulloso, recuerda, al igual que su trabajo con “dos de los fondos de cobertura más grandes del planeta, cinco de los mayores administradores de activos de los Estados Unidos y tres de los fondos soberanos más prominentes de Medio Oriente y Asia”, con la administración de un volumen de dinero de mil millones de dólares. “Siempre he tenido el mayor orgullo en asesorar a mis clientes para que hicieran lo que creo más correcto para ellos, incluso si eso significaba menos dinero para la empresa –dijo el hombre– lo que se está volviendo cada día más impopular en Goldman Sachs.”
El renunciante anota luego algunos momentos memorables de su vida. “Cuando obtuve una beca para ir de Sudafrica a la Universidad de Stanford (…) cuando gané una medalla de bronce en tenis de mesa en los Juegos Macabeos de Israel.” Y dice que siempre supo que todo en la vida se le iba a dar “luego de un trabajo arduo, sin recurrir a atajos”. Como cuando dio sus primeros pasos en GS.
Por eso su carta de despedida suena tan desencantada. Porque dice que se venía sintiendo mal en su tarea,cuando escuchaba que muchos de sus colegas estaban totalmente ganados por esa cultura del hacer dinero a cualquier precio y trepar a como dé lugar. Algo que jugaba en contra de su forma de entender su contribución al funcionamiento de una entidad crediticia y de su lugar junto a un cliente que va a volver porque confía en sus buenos consejos. “Supe que era tiempo de irme cuando me di cuenta de que ya no podía mirar a los estudiantes a los ojos y decirles qué gran lugar era este al que venían a trabajar.”
Finalmente, Smith reflexiona en que no se necesita ser un científico espacial para entender que con una perspectiva de diez años de plazo, “un analista junior, (que hoy está) sentado tranquilamente en un rincón de la sala hablando despectivamente sobre Muppets a los que hay que arrancar los ojos para obtener diferencias no se convertirá exactamente en un ciudadano modelo”.
Amigos de Smith de su época de estudiante lo recuerdan como alguien con una sólida conducta moral. El diario neoyorquino cuenta que la renuncia cayó como una bomba en el resto de los empleados y se encargó de publicar luego la desmentida del banco. Que rechaza los cargos y señala que si hubiera algo turbio en algún recóndito departamento interno, lo investigará. Puertas adentro, explicó al personal que en un mundo de más de 30 mil personas como es el plantel de GS, “no es sorprendente que algunas personas puedan sentirse descontentas”. Otros voceros oficiosos deslizaron que en 2011 Smith ganó medio millón de dólares en su trabajo en la sucursal londinense y que alimentaba rencores porque le habían negado un ascenso.
Lo de siempre, Hollywood explicando ciertas actitudes sin escarbar demasiado en los motivos profundos.

Tiempo Argentino
Marzo 17de 2012

Cuestión de consensos

Parece que Juan Manuel Santos quiere cambiar la historia. Y luego de un pasado como disciplinado personaje de la derecha colombiana, fue poco a poco torciendo el rumbo. No hacia posiciones de izquierda, pero al menos en el sentido de una más decidida sensatez política. Algo que le granjea desconfianzas entre conservadores y liberales que no entienden de qué juega. Sin embargo, en su viaje a Cuba terminó de virar en un hombre escrupuloso que puede llevarse bien con tirios y troyanos del continente. Lo que no es poco, teniendo en cuenta que Colombia es el mayor aliado de los Estados Unidos en esta parte del mundo –con ingentes cantidades de dinero en “ayuda” militar– y que Santos es considerado como el “nuevo mejor amigo” del venezolano Hugo Chávez.
Como buen anfitrión, el hombre se vio en la necesidad de explicar al vecino “inconveniente” del barrio por qué no lo iba a invitar a una fiesta que se organizaba en su casa. Cuestiones de “consenso”, le dijo a Raúl Castro. Lo mismo le repitió a Hugo Chávez, cuando lo abrazó en su centro de internación. El bolivariano, como se sabe, impulsa la presencia de los cubanos en la Cumbre de las Américas que se celebra el mes próximo en Cartagena de Indias y como integrante del ALBA apoya un boicot al encuentro en caso de una negativa.
Finalmente, el canciller cubano agradeció públicamente la gestión de Santos para que la reunión presidencial expresara verdaderamente la unidad de todos los países y no el deseo caprichoso de Washington. Cosa que Bruno Rodríguez Parrilla se encargó de dejar bien en claro. “Cuba nunca pidió ser invitada a ninguna de las llamadas Cumbres de las Américas. Se limitó a responder que, de ser invitada en igualdad de condiciones y con plenos e iguales derechos, actuaría con apego a los principios y a la verdad, con todo respeto, como hace siempre.” A renglón seguido, dijo que no querían convertir a la isla en una piedra en el zapato de los asistentes. Y todos en paz.
La primera Cumbre de las Américas, convocada por la Organización de Estados Americanos fue en 1994, en pleno Consenso de Washington, con el objetivo de “resolver los problemas del continente”. Participan 34 países americanos, pero desde el vamos fue excluida Cuba. La razón era que la isla había sido expulsada de la OEA en 1962. La excusa entonces fue que había adherido públicamente al marxismo-leninismo, lo que según los dirigentes de entonces, “es incompatible con el Sistema Interamericano y el alineamiento (de Cuba) con el bloque comunista quebranta la unidad y solidaridad del hemisferio”.
Pero las cumbres –que se pretendieron una continuidad histórica del Panamericanismo nacido con las revoluciones latinoamericanas de 1810 y fomentado luego desde Simón Bolívar a José Martí– no eran más que una preparación para conformar un mercado común de Alaska a Tierra del Fuego. No por casualidad el primer encuentro fue en Miami, cuna de la derecha hispanoamericana más radicalmente pro estadounidense.
Sin embargo, a medida que las ideas neoliberales fueron dejando el tendal de miseria y destrucción –con la crisis argentina como el mayor exponente de esa tragedia social– los gobiernos surgidos en el siglo XXI intentaron dejar de lado tanto el consenso neoliberal como la sumisión a la Casa Blanca.
Mucho tuvo que ver Chávez con este derrotero. Pero fundamentalmente Néstor Kirchner, que en la famosa Cumbre de las Américas de Mar del Plata, en 2005, como anfitrión de un encuentro donde se suponía que iba a plasmarse definitivamente el ALCA, articuló con el venezolano y el brasileño Lula da Silva la forma de sepultar ese mercado común que sólo prometía más hambre y devastación. Ante las narices de George W. Bush, que comenzaba su segundo mandato, esta vez sí refrendado en las urnas y no como la primera vez, en que sólo pudo llegar al Salón Oval mediante el fraude en las urnas de Miami.
Lo que siguió fue un notable avance en la integración regional y un fuerte posicionamiento de los países latinoamericanos frente a los deseos imperiales, tanto de Bush como luego de Obama, que en la Cumbre de 2009, en Trinidad-Tobago, cuando recién asumía su gestión, prometió nuevas relaciones con el “patio trasero”.
Para ese entonces, la exclusión de Cuba alcanzaba un rechazo casi unánime entre los asistentes, la Unasur era una realidad palpable y se estaba gestando la CELAC, una organización creada con el deliberado propósito de armar una fiesta en la que no serían invitados ni los Estados Unidos ni Canadá. Y que nació a fines del año pasado en Caracas.
La trabajosa unidad de la región intentó mostrar los dientes cuando el golpe de estado en Honduras, apenas dos meses después de aquel encuentro de los presidentes con Obama. Y tal como se había hecho con Cuba hace 50 años, se expulsó al gobierno de facto hondureño de la OEA. Si lo de Cuba no era democrático, al decir de los disciplinados a Washington, no tendría por qué serlo un gobierno surgido del derrocamiento de un presidente elegido constitucionalmente, al que se sacó del país en pijamas. A cambio de volver a aceptar nuevamente a Honduras en la OEA, los países del continente votaron dejar sin efecto la expulsión de Cuba. Con lo que se reparó en parte una deuda histórica con los cubanos.
En ese 2009 también se fue tensando la relación del entonces presidente colombiano, Álvaro Uribe, con Chávez, por la instalación de nuevas bases militares en su territorio. Uribe, un hombre servil a los designios estadounidenses, casi produce un enfrentamiento bélico un año más tarde, a poco de dejar su cargo en manos de su ex ministro de Defensa.
Si bien Santos tuvo un actuación bastante ominosa en la incursión de tropas colombianas en territorio ecuatoriano para matar al entonces número uno de las FARC, Raúl Reyes, Uribe intuía que una “guerrita” con el “dictador” Chávez obligaría a que el futuro gobierno siguiera un rumbo más ligado a la Casa Blanca. Pero la intervención del secretario de la Unasur, el argentino Kirchner, fue decisiva para salvar la paz y fomentar, de paso, esa nueva amistad que, por lo que se ve, ninguno quiere perder.
El colombiano –que viene de una familia poderosa, propietaria en su momento del grupo que editaba el influyente diario El Tiempo, y está ligado a héroes de la independencia y algún presidente del siglo XIX– prometió que va a luchar en Cartagena por la inclusión de Cuba en los futuros encuentros vecinales y por ponerle fin al bloqueo económico a la isla, que ya cumplió medio siglo.
Funcionarios estadounidenses insistieron hace unos días en que Cuba no cumple con los requisitos que se exigen para estar en la Cumbre. “Ellos no se ajustan a la definición de los países democráticos”, afirmó la secretaria de Estado Hillary Clinton. Un portavoz de la ministra de Estado de Canadá para el continente, Diane Ablonczy, declaró a su turno que “Cuba no cumple con las condiciones democráticas unánimemente adoptadas en la Cumbre de las Américas de 2001 (en Quebec)”.
Por ahora esa unanimidad (consenso) da para que Cuba no se haga presente en Cartagena. Pero todo indica que no será por mucho tiempo. En todo caso, otras fiestas esperan a los países latinoamericanos. Sin esos vecinos tan molestos del norte.

Tiempo Argentino
Marzo 10 de 2012

Los dìas contados

"El presidente sirio tiene los días contados”, comentó al pasar Barack Obama, quien confía en que Bashar al Assad no tardará mucho en caer, entre otras razones, porque el gobierno estadounidense “está trabajando” para acelerar las definiciones. Obama no tuvo más remedio que mencionar el detalle de que la oposición siria está fuertemente dividida y que no sabe cómo evitar la oposición de Rusia y China a una solución bélica, como se hizo en Libia, con aquella escalada que en sus tramos finales implicó el bloqueo aéreo y los ataques de la OTAN.
El presidente estadounidense, que espera renovar su mandato en noviembre próximo, evaluó en una entrevista publicada ayer que “Siria es un país muy grande, muy sofisticado y más complicado que Libia”, pero se mostró convencido de que finalmente podrá, con sus aliados europeos –Francia y Gran Bretaña, como antes–, imponer un nuevo gobierno “pacífico, estable y representativo”.
Si es por mirarse en el espejo libio, una comisión investigadora de la ONU concluyó que, tanto las fuerzas leales al coronel Muammar Khadafi, como los insurrectos libios junto con efectivos de la OTAN, cometieron crímenes de guerra durante los combates que se desarrollaron hace un año en las arenas norafricanas. Los khadafistas, dice el informe presentado ayer,“ejecutaron y torturaron hasta la muerte a miles de prisioneros civiles, por lo que constituyen delitos de lesa humanidad”. Pero a renglón seguido indica que los llamados rebeldes “ejecutaron y torturaron hasta la muerte a leales a Khadafi y a supuestos mercenarios que no eran miembros del Ejército. Durante el conflicto armado, esto (también) constituye un crimen de guerra.”
Las voces críticas de esta salida para la crisis en Siria apuntan datos que inscriben las acciones militares dentro de un programa más delicado y trascentente. La periodista Felicity Arbuthnot, quien conoce como pocos el conflicto de Irak, no tiene dudas de que el plan que le tocó encabezar a Obama viene de lejos y destaca que uno de los principales estrategas de esta solución es el teniente coronel retirado Ralph Peters.
A los 60 años, Peters es un personaje importante en el mundo de la seguridad global estadounidense. Obtuvo sus primeros galones en las bases de EE UU en Alemania, donde llegó a ser un especialista en la Unión Soviética, para terminar su carrera como jefe adjunto de Inteligencia del Estado Mayor. Además de haber escrito numerosos libros de estrategia militar que lo convierten en una voz influyente dentro y fuera del Pentágono, es también autor de novelas de espionaje bajo el seudónimo Owen Parry. Entre ellas figuran Bravo Romeo, El soldado perfecto, La guerra después del Armagedón, Nuestros simples regalos: cuentos de la Guerra Civil, Los rebeldes de Babilonia y el Club de los oficiales.
Peters elaboró en 2006 –cuando Obama era apenas una promesa de los demócratas para retornar a la Casa Blanca– un mapa del Asia en un intento por rediseñar las fronteras hasta alcanzar, explicó, una paz duradera pero por sobre todas las cosas, conveniente para Washington. Si bien su trabajo se basa en planes que desde hace un siglo dibujaron el desguace del entonces Imperio Otomano, lo presentó como un modo de resolver actuales situaciones de inestabilidad perpetua en esos confines que llamó Fronteras Sangrientas.
Propone, entre otras cosas, dividir Irak en dos naciones, una chiíta y otra sunnita. Y crear dos nuevos países sobre la base de pueblos que ancestralmente luchan por constituirse en un Estado. Uno de ellos es Beluchistán, con parte del territorio de Pakistán, Irán y Afganistán. El otro, el Kurdistán, implicaría tomar parte de Irán, Irak y Turquía. Para la zona mediterránea, plantea un Israel dentro de las fronteras de 1967, mientras que aumenta la superficie de Líbano y Jordania, convirtiendo a Siria en un país sin salida al mar.
Peters, que ha publicado en los diarios más grandes del país, tiene una columna en el New York Post y es analista en Fox News. El hombre no es de andar callándose las cosas y en un artículo de 1997 para la revista de la Escuela de Guerra de Estados Unidos escribió: “No habrá paz. En todo momento del resto de nuestras vidas, habrá múltiples conflictos en formas cambiantes en todo el mundo. Los conflictos violentos dominarán los titulares, pero las luchas culturales y económicas serán más constantes y en última instancia más decisivas. El papel de las fuerzas armadas de Estados Unidos será de hecho mantener el mundo seguro para nuestra economía y abierto para nuestro asalto cultural. Con ese fin, cometeremos una buena cantidad de asesinatos.” El lema de Peters es “si no puedes ganar limpio, gana sucio” (If you cannot win clean, win dirty).
En otra oportunidad consideró explícitamente la necesidad de que los militares utilicen su arsenal contra los periodistas. Su argumento fue que “aunque parezca impensable ahora, las guerras del futuro pueden requerir la censura, bloqueos informativos y, en última instancia, los ataques militares contra los medios de comunicación partidistas”.
Peters, quien aparece en cables filtrados por WikiLeaks incitando directamente al homicidio del creador de ese sitio, Julian Assange, piensa también que “las fronteras internacionales nunca son completamente justas. Pero el grado de injusticia que infligen a quienes ellas obligan a reagruparse o a separarse, crea una enorme diferencia, con frecuencia la diferencia entre libertad y opresión, tolerancia y barbarie, imperio de la ley y terrorismo, o incluso entre paz y guerra.”
Uno de los admiradores del prolífico estadounidense es, en el mundo hispanohablante, Rafael Bardají, cercano al Partido Popular español y miembro de dos fuertes think tanks de la derecha, la Fundación para el análisis y los estudios sociales (FAES) y el Grupo de Estudios Estratégicos (GEES). Bardají, quien fue asesor del ex presidente de gobierno José María Aznar, piensa que “la lógica radical de la revolución de los asuntos militares nos conduce, no sólo a una nueva faz de la guerra, sino a una nueva guerra, la guerra de la información, con su peculiar campo de batalla, el ciberespacio, y donde las batallas se librarán con virus y software, no con cañones y balas”.
Según Bardají, “Peters sabe muy bien que los soldados reales, de carne y hueso, no los cibersoldados de bata blanca y salas oscuras, son los que se están enfrentando a oponentes también reales en diversas partes del mundo. De hecho (sabe que tal vez) las armas burdas, como el machete, sean poco elegantes comparadas con un misil de crucero o un láser cegador, pero matan igualmente.” Experto también el cuestiones bélicas, el español, sin embargo, no muestra la hilac ha tanto como su mentor: “en un ambiente donde la ley y el orden son inexistentes, donde la distinción entre población civil y combatiente clara no es, ni mucho menos, donde el enemigo luchará con sus armas, normalmente sucias, y no con las limpias y sofisticadas, las preferidas por nuestras fuerzas armadas, será el entrenamiento y la capacidad de aguante lo que marque la diferencia real, no la mayor o menor precisión de las armas”.
Las palabras de Obama no parecen vagos testimonios de ocasión. En verdad, a como están las cosas, pocos apostarían por la continuidad de Al Assad. Pero pocos también estarían en condiciones de augurar un período de paz y respeto por la vida humana en la región. La situación de constantes conflictos entre chiítas y sunnitas en Irak tras el retiro del grueso de las tropas estadounidenses y la denuncia de la ONU en Libia muestran que quien pensaba en tiempos mejores no tiene mucho para festejar.

Tiempo Argentino
Marzo 3 de 2012