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viernes

Mani Pulite a la brasileña

La detención de los presidentes de las constructoras Odebrecht y Andrade Gutiérrez alarma a Dilma Rousseff. El embate continuo de la justicia brasileña y los medios de comunicación por el caso Petrobras no sólo pone en jaque su propia gestión, sino que apunta en forma cada vez más estrecha sobre quien debería ser su sucesor natural, Lula da Silva.

Emulando un caso que conmovió la Italia de los 90 -Mani Pulite, Manos Limpias- el juez brasileño Sergio Moro lleva adelante la Operación Lava Jato (lavado de autos), porque el proceso se inició sobre una cadena de lavaderos donde además de vehículos presuntamente se "higienizaba" dinero desviado de la petrolera de bandera. En noviembre pasado el magistrado ya había ordenado el arresto de una treintena de ejecutivos de algunas de las mayores empresas brasileñas y de dirigentes del PT y aliados.
El politólogo y sociólogo brasileño Emir Sader señaló en una columna publicada por Tiempo que "las alianzas que Lula había formulado con sectores del empresariado se han deshecho; necesitan una recomposición para que venga un nuevo ciclo expansivo de la economía".  Para la continuidad del PT, agregaría uno, es vital que se profundice esta interacción entre un sector de la burguesía brasileña y un gobierno que, a la sazón, es continuador del desarrollismo de los 50 y 60.
Esa alianza sostuvo el entramado que desde 2003 potenció una nueva era para ese país, el resto de América Latina y el planeta. No es ocioso recordar que en estos años creció ese selecto club de las potencias emergentes conocido como BRICS, que con Brasil integran Rusia, India, China y Sudáfrica.
No es casual, entonces, que estas grandes empresas que se expandieron al mundo durante este período aparezcan en el medio del ataque mediático y judicial. Ni que Marcelo Odebrecht aparezca entre rejas denunciado por corrupción, o se lo escarnezca mediáticamente por sus frecuentes visitas al palacio de Planalto -la sede de gobierno en Brasilia- y los viajes al exterior con Lula primero y Dilma después. Como que estuvo en la última visita de la presidenta a Cuba para la inauguración del Puerto Mariel, una mega obra cerca de La Habana hecha por la empresa con créditos del Banco Nacional de Desarrollo de Brasil.
Si esto sólo constituyera delito ¿cuántos mandatarios del mundo no deberían estar entre rejas? Raúl Alfonsín, sin ir más lejos, se reunía regularmente con los "capitanes de la industria". En un país capitalista, la planificación del desarrollo se hace codo a codo con algún sector del empresariado. Si se cuestiona esta cercanía, todas las grandes empresas deberían ser juzgadas como corruptas, comenzando con las estadounidenses.
Las firmas involucradas en esta investigación, aparte de las dos mencionadas, son Mendes Júnior, UTC, Galvão Engenharia, Queiroz Galvão, GDK, Promon y las más conocidas de este lado de la frontera Camargo Correa –propietaria en Argentina de Loma Negra y Alpargatas- Skanska y Techint. Lo más granado de la construcción y la ingeniería, asociadas a los planes de desarrollo estatal.
Los principales acusados por violaciones de los Derechos Humanos en los 70 fueron los militares, que empuñaron las armas y manejaron los instrumentos de tortura. Pero también hay empresarios implicados. Son los que ganaron con los planes diseñados por los Chicago Boys para la región. Sin embargo, hubo empresarios que fueron torturados y despojados y que incluso perdieron la vida. Porque no se adecuaban a las nuevas reglas, porque eran burguesía, pero burguesía nacional, algo que esta etapa superior del capitalismo rechaza. ¿Será este el caso de las empresas involucradas en el escándalo de Petrobras? ¿O es una advertencia para quienes intentan desafiar al establishment global?
Porque uno de los rasgos más sobresalientes de esta causa es que solo uno de los reos podría decirse que pertenece al mundo financiero.  Alberto Youssef, el cambista acusado de lavar dinero que delató a sus socios para reducir su propia condena. ¿Estas detenciones buscan que alguno pida un trato similar para ir sobre la presidenta y Lula, de modo de enterrar al PT por varias generaciones?
Otra cuestión es la injerencia de organismos de Estados Unidos en el caso. Hasta hace poco Petrobras era la joya de la corona brasileña y la más grande de América Latina. El descubrimiento de colosales reservas bajo la capa de sal en la plataforma submarina la colocó entre las mayores del mundo. El gobierno de Lula logró aprobar una ley que le da exclusividad en la explotación de las cuencas y el 30% de los ingresos si se asocia con multinacionales. Las regalías se comprometieron para planes de salud y educación a repartir entre los diferentes estados.
Es decir que Petrobras es la fuente de financiación para los planes de reforma social del PT. Por lo tanto, pegarle a Petrobras es cortarle las piernas y su razón de ser al Partido Trabalhista brasileño, que aceptó las reglas de juego del sistema democrático pergeñado por los militares para dejar el poder en 1985. Un sistema de permanencia política inspirado en el pinochetismo y con el corset de las leyes económicas dictadas por los acólitos de Milton Friedman en la misma época.
Para llegar al gobierno, Lula tuvo que negociar con el PMDB, un partido amigo del régimen, y con el poder financiero, al que dejó el control del Banco Central y de la cartera de Economía. Que es lo que repitió Dilma, acosada por los escándalos mediáticos. Justo ella, que desde que llegó al Planalto tiró de su gabinete a cuanto funcionario apareciera denunciado, como para dar una señal de inflexibilidad con la corrupción. Pero con eso evidentemente no alcanzó.
El espionaje que reveló Edward Snowden sobre la presidenta y a Petrobras es apenas un detalle en una operación mayor de intromisión en el gigante sudamericano. El destape de negocios oscuros en el futbol que hizo el FBI es otra forma de meterse en un ámbito donde suele reinar Brasil, el pentacampeão. Pero esa es otra cuestión.
El juez Sergio Moro es un joven de 43 años nacido en el estado de Paraná que ejerce como juez federal desde 1996, cuando tenía 24 años, todo un récord. En 1998 hizo cursos de instrucción en la Harvard Law School y en programas sobre lavado de dinero que dicta el Departamento de Estado. La asociación de abogados brasileños lo quiere en la Corte Suprema en remplazo del renunciante Joaquim Barbosa. En Estados Unidos también.
Hay letrados que varias veces han cuestionado en otras causas el poco apego de Moro al Código de Ética de la Magistratura en cuanto al respeto de los derechos de los acusados y de la imparcialidad esperada a un juez. Pero seguramente sería difícil rebatir la existencia de corrupción en Petrobras.
Pero no es buen dato que su esposa sea una abogada ligada al opositor PSDB y a las petroleras foráneas, según revela Emanuel Cancella, coordinador del  Sindicato de Petroleros del Estado do Rio de Janeiro (Sindipetro-RJ) y de la Federación Nacional de Petroleros (FNP).
Moro acaba de pedir ayuda a Estados Unidos para proseguir la investigación. Paralelamente, el ex candidato del PSDB José Serra envió un proyecto de ley para cambiar la exclusividad de Petrobras en la explotación de las cuencas marinas. Por otro lado, la empresa cotiza en Nueva York desde 1994, con el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, tiene accionistas privados y por tanto le caben las generales de esas leyes que no domina el gobierno brasileño.
Acotaciones al margen: Estados Unidos no reconoce las 200 millas de mar territorial. Y cuando se anunció el hallazgo en el Pre-sal, reactivó la Cuarta Flota de Mar, disuelta en 1950 al firmarse el Tratado de Río de Janeiro de defensa continental.
¿De estas cuestiones hablará Dilma con Barack Obama este lunes? ¿El ataque de Moro es una estocada contra Dilma y para bloquear a Lula ante la falta de liderazgo opositor?  Conviene recordar que del Mani Pulite surgió la Italia de Silvio Berlusconi.

Tiempo Argentino
Junio 26 de 2015

Ilustró Sócrates 


miércoles

Renzi, el heredero de la nueva Italia

http://www.accion.coop/wp-content/uploads/2014/11/159-34-1.jpgSi algo caracteriza a Matteo Renzi es su irrefrenable ansia de poder. Lo cual lo hace decidido, audaz y con ese toque entre irreverente e inescrupuloso que los italianos tanto valoran, aunque rechacen esta imagen que les devuelve el espejo. De otro modo no se explica que Silvio Berlusconi haya sido el gran arquitecto de la política de ese país durante más de dos décadas. Peor aún, que gracias a Renzi todavía lo siga siendo, a pesar de que la Justicia hace tiempo lo puso en la mira y le hace pagar viejas cuentas pendientes que lo dejan fuera de la carrera para ocupar cargos públicos.
La extraña alianza entre el actual presidente del Consejo de Ministros de Italia –cargo que se conoce como Primer Ministro– y el líder de la derecha había despuntado a principios de este año, cuando se reunieron para delinear aspectos de una reforma a la ley electoral que permitiera la gobernabilidad en un país tan acostumbrado a los vaivenes políticos desde el fin de la Guerra Mundial. Renzi, que era el alcalde de Florencia y acababa de ganar la secretaría del Partido Democrático, la alianza entre sectores de los tres más grandes partidos de la posguerra, el Partido Comunista Italiano (PCI), el Partido Socialista (PSI) y la democracia cristiana (PDC). Berlusconi era poco menos que un cadáver político tras las últimas condenas por fraude y el escándalo de prostitución que lo vinculó con la menor Karima el Marough, más conocida como Ruby. Fue un golpe mediático importante ya que daba en el corazón del endeble consenso que mantenía en el gobierno a Enrico Letta, también del PD. Italia sufre desde hace años una caída en la actividad económica pero sobre todo en la institucionalidad; mucho antes de que la crisis financiera se extendiera por gran parte de la Europa del sur.
Renzi, un florentino nacido en enero de 1975, creció en ese ambiente de inestabilidad política que solo un líder controvertido como Giulio Andreotti podía mantener en pie. Il divo comandó la Democracia Cristiana en el marco de una fuerte alianza para mantener fuera del poder al PCI, por entonces el partido comunista más poderoso de Occidente. Y lo logró de un modo tan efectivo como oscuro, al punto que terminó sus días acusado de relacionarse con la mafia y la CIA y sospechado por su pasividad ante el crimen de Aldo Moro en 1978.
El actual primer ministro proviene de un hogar democristiano y su tesis doctoral, cuando se recibió de abogado en la Universidad de Florencia, versó sobre Giorgio La Pira, un católico militante que fue alcalde florentino en los 60 pero que al mismo tiempo mantuvo contactos con el mundo soviético y fue un luchador  por el fin de la guerra de Vietnam.
Su primera incursión en la política fue precisamente en el Partido Popular Italiano, heredero de la DC, enfrascada en 1994 en una crisis terminal por sucesivos escándalos de corrupción de los que no fue ajeno Andreotti ni toda la dirigencia que lo acompañó. Caída la Unión Soviética y con su propia crisis de identidad en el PCI, la DC había dejado de ser funcional para detener el avance comunista. Sin un líder de la talla de Il divo, Il cavaliere, como se conoce a Berlusconi, fue la salida que encontró el establishment italiano para mantenerse en el poder real. Empresario de medios, bon vivant y desprejuiciado, encarnaba en los años de apogeo del neoliberalismo el ideal de triunfador que la sociedad italiana anhelaba como modelo. Pero tras casi 20 años de «éxitos», Berlusconi cayó en desgracia y con él creció la inestabilidad, justo cuando el resto del continente le exigía mayores ajustes y cambios económicos al país. Reformas imposibles de sostener sin un gobierno fuerte o de consenso.
Para cuando moría Andreotti, en 2013, y Berlusconi ya estaba raleado del poder por sus problemas tribunalicios, el PD ganó las elecciones llevando al frente a Pier Luigi Bersani, un boloñés con poco carisma que no logró formar gobierno a pesar de haber ganado los comicios parlamentarios y tampoco pudo promover un candidato para la presidencia del país, un cargo más bien simbólico pero que resulta a la postre fundamental para mantener la institucionalidad.
Ya por entonces Renzi se alistaba para la toma del poder. Lo consideraban los medios amigos como el Tony Blair italiano, el Berlusconi 2.0; los otros lo llamaban Il piacione, una palabra que designa a esos personajes que desesperadamente buscan agradar a todo el mundo. En una maniobra desesperada para no dejar todos los cargos vacantes, la Legislatura aprobó una medida inédita en la historia de la democracia parlamentaria de Italia: prorrogó la presidencia de Giorgio Napolitano, un ex integrante del PCI que a los 89 años puede decirse que las vio todas.

El eterno
Napolitano, que ya anunció su deseo de dejar el puesto a la brevedad, nombró sucesivamente para hacerse cargo de la papa ardiente de la jefatura de Gabinete a un tecnócrata de la Unión Europea que había hecho sus primeros pasos en la banca Goldman Sachs, Mario Monti, y luego del frustrado triunfo de Bersani, a Letta. La embestida final de Renzi se produjo en febrero de este año, cuando tras conseguir la secretaría general del PD hizo retirar el apoyo parlamentario a su correligionario. Tras su fustigado encuentro con Berlusconi y la promesa de cambios en la ley electoral, era el único que podía prometer una salida al estancamiento en que estaba la economía y ante la falta de perspectivas de solución a corto plazo. Entendió que no hay nada peor que no hacer nada pero además, a los 39 años, era el único que podía expresar el descontento de una generación  que se había criado en el desánimo y la vaciedad.
Porque el otro personaje que podría representar el cambio que la sociedad reclamaba, el cómico Beppe Grillo, se había ido ahogando en su propia salsa desde ese mismo comicio, en que despuntó como sorpresa de la antipolíitica pero no pasó de ser un representante testimonial sin respuesta a reclamos más concretos para la ciudadanía que no fuera el descontento moral por el desmanejo de la cosa pública. Renzi pertenece a la misma dirigencia y se ofrece como el medio para avanzar hacia el futuro desde otro rincón de la política. De hecho su eslogan es que llegó para cambiar Italia y no simplemente para administrarla.
Tiene razón Berlusconi cuando dice que fue el último premier elegido por el voto del pueblo. Pero al menos Renzi se dio un baño de triunfo electoral en mayo pasado, cuando en la votación para el europarlamento logró más del 40% de los sufragios, siendo el mandatario de centroizquierda más votado en el continente. Una elección que normalmente no aporta mucho fue el espaldarazo para reforzar el liderazgo del joven  impetuoso al que muchos comparan a otro gran florentino, Maquiavelo.
Envalentonado con al resultado, Renzi planteó en la cumbre europea poner fin a la era de los recortes en la región para avanzar hacia la reducción del desempleo. La exigencia de un nuevo Pacto de Estabilidad alarmó a conservadores y socialdemócratas. Hasta el francés François Hollande, que había llegado al poder con la agenda del socialismo y luego dio un giro de 180 grados, quedó descolocado al verse acorralado por izquierda. Pero claro, el PSF está entre los que más perdieron en ese fatídico 25 de mayo en que la derecha xenófoba y antieuropea cantó presente desde las urnas.
Durante lo que va del año, Renzi mantuvo una reunión mensual con Berlusconi. La obsesión de ambos es reformar las leyes políticas para garantizar un bipartidismo que permita la gobernanza. El derechista lo hace para mantener su cuota de influencia con su partido, Forza Italia. El premier, para consolidarse como el líder de los años que vienen. «Se necesita un sistema para gobernar Italia, con un ganador claro la misma noche de las elecciones», señalaron Renzi y Berlusconi.
La idea que plasmaron es que en el futuro el partido que alcance el 40% de los votos obtendrá la mayoría de escaños gracias a una «prima del vencedor» que le daría un plus de legisladores. En caso de que nadie logre esa cifra, se deberá realizar un balotaje con los dos partidos que hayan tenido más votos. Difieren acerca de si ese plus de legisladores corresponderá para la coalición más votada o para el partido en forma individual, pero la frutilla del postre es que se comprometieron a que los integrantes del actual Congreso permanezcan en sus puestos hasta 2018, lo cual tranquilizaría a los que ocupan cargos y a la vez permite a Renzi implementar las medidas que se propone para su modelo.

Plan conflictivo
El otro gran cambio de Renzi se basa en la reforma de las leyes laborales. Es un plan de flexibilización muy resistido por los sindicatos, que ya le hicieron dos paros, sumando otro el 12 de diciembre, y también dentro de la propia agrupación política que sostiene al primer ministro. Conocida como Jobs Act, en uno de sus artículos, el séptimo, propone «simplificar» los 46 tipos de contratos existentes hasta ahora mediante un «contrato indeterminado de protecciones crecientes» que según los críticos de la normativa refuerza el poder de la patronal porque la relación cambiaría según las exigencias productivas de la empresa. El otro tema en debate es la derogación del artículo 18 del Código del Trabajo (ver aparte).
A principios de noviembre gremios de base hicieron una huelga que se hizo sentir en los principales distritos italianos, ya que pararon los transportes públicos y privados y trabajadores de la educación y sanidad. Dos de las principales centrales, la Confederación General Italiana del Trabajo (CGIL) y la Unión Italiana del Trabajo (UIL). Entre ellos está la otrora poderosa FIOM, el gremio metalúrgico, golpeado con la ida de la Fiat. A mediados de año, la emblemática automotriz turinesa confirmó que tras la fusión con la estadounidense Chrysler deja el país para ser una compañía global con sede en Londres, registrada bajo leyes holandesas y que cotiza en la Bolsa de Nueva York. Nada que ver con Italia.

Revista Acción
Diciembre 1 de 2014

Apogeo y caída de Berlusconi



http://www.accion.coop/wp-content/uploads/2013/11/135-32-1.jpgAcaba de cumplir 77 años y se lo ve juvenil, aunque un exceso en el color y la rigidez del cabello le dejan una imagen decadente. En todo caso, no se resigna al paso del tiempo, una verdadera obsesión que lo acompaña desde que comenzó su fulgurante carrera política, allá por 1994, cuando fundó su primer partido, al que bautizó con el nombre de los cantitos de aliento tribuneros a la escuadra italiana: Forza Italia.
Para entonces, Silvio Berlusconi ya se había convertido en el hombre más influyente en los medios italianos, al punto que desde 1974 era dueño de canales de televisión  en su país natal, en Francia y en España. De hecho, fue el primero en darse cuenta de que era hora de apropiarse de las señales cuando en Europa se fue abriendo a manos privadas el espectro televisivo hasta entonces estatal.
Ávido no sólo de dinero sino básicamente de poder, este abogado recibido en la Universidad de Milán «cum laudem» con una tesis sobre las implicancias de la publicidad, extendió sus tentáculos a la prensa escrita y las editoras de libros. Así se fue quedando con la mayoría accionaria de diarios como Il Giornale o incluso, a través del grupo Mondadori, del más prestigioso La Repubblica, los semanarios L’Espresso y Epoca y decenas de otras publicaciones.
Una lista detallada de sus participaciones económicas sería demasiado extensa. Baste decir que su fortuna, según la revista Forbes, supera hoy los 6.000 millones de dólares y está en el puesto 7 en Italia y 194 entre los «billonarios» del mundo (los que tienen más de 1.000 millones según la denominación sajona).
Algunas de esas adquisiciones lo llevaron a los estrados judiciales y específicamente en uno de esos casos, el de la compra del Fininvest, uno de los conglomerados financieros más importantes de Italia, luego integrada al grupo audiovisual Mediaset, implicó el principio de su caída final. Pero ese no es su único inconveniente judicial. Lo curioso –o simbólico si se quiere– es que quienes le dieron la estocada final son sus más cercanos dirigentes políticos. Uno, incluso, diseñó una ley para protegerlo de terminar preso por sus múltiples problemas judiciales aunque luego le dio la espalda de una manera tan ruidosa como definitiva.

Forza Italia
Con Forza Italia, Berlusconi fue presidente del Consejo de Ministros de Italia en tres ocasiones: de 1994 a 1995, de 2001 a 2006 y de 2008 a 2011. Todas ellas resultaron atravesadas por escándalos a granel, especialmente por cuestiones económicas y de faldas. El hombre se mostraba como un latin lover y disponía de todo el poder. En primer lugar su propia fortuna, pero al mismo tiempo utilizaba las ventajas de un cargo de relevancia para organizar fiestas que hacían recordar a la Roma imperial. Por si fuera poco, además de sus propios medios televisivos, aprovechaba los estatales a su favor, como la RAI. Siempre tuvo que dejar el gobierno por algunos de estos «excesos».
Pero la última vez quería aprovechar la experiencia acumulada en tantos años de disputas en los entresijos de la política italiana, a la que había llegado con la promesa de ser una nueva brisa en un país que en aquellos tiempos se debatía en los coletazos de la crisis de mani pulite y la tangentópolis (casos de corrupción en los gobiernos de la Democracia Cristiana).
Así fue que, otra vez premier con una nueva agrupación derechista creada en 2007, el Partido del Pueblo de la Libertad (PdL) designó como ministro de Justicia a una joven promesa destinada a sucederlo. Se trata de Angelino Alfano, nativo de Agrigento, actualmente con 43 años y una imagen de funcionario ejecutivo para un momento particularmente complicado en la historia moderna de la península.
Con Berlusconi en el Palazzo Chighi, Alfano pergeñó una normativa destinada a proteger de acusaciones judiciales a la máxima dirigencia política el país. En realidad, el único que estaba en problemas era su tutor. La llamada ley Alfano, aprobada en 2008, prevé la suspensión de cualquier tipo de proceso penal contra el presidente de la República, el presidente del Senado, el presidente de la Cámara o el presidente del Consejo de Ministros.
La crisis económica y el hastío por la frivolidad de Il Cavaliere terminaron sepultándolo en noviembre de 2011. Pero pudo seguir siendo una suerte de árbitro de la política italiana porque la situación no mejoró con los que lo sucedieron, primero el tecnócrata Mario Monti y tras unas elecciones que no hicieron más que desnudar la orfandad de soluciones dentro del sistema político, Enrico Letta, quien comenzó una gestión totalmente debilitada por la falta de consensos fuertes en la legislatura.
En agosto pasado, Belusconi, luego de varias chicanas legales, resultó condenado a cuatro años de prisión por contabilidad fraudulenta masiva en la cadena de televisión Mediaset. Sólo deberá cumplir un año de arresto en virtud de una ley que también oportunamente dictó en su gestión en 2006. Y por otro lado, debido a su edad, ese año lo podrá pasar en su casa o brindando servicios comunitarios. Pero el asunto lo deja fuera del Senado.
Casi en simultáneo, en otro estrado judicial se condenó al holding familiar a pagar una multa de 494 millones de euros en concepto de daños por la amañada adquisición de la editorial Mondadori. Le hicieron precio, porque por la primera sentencia debía pagar 564 millones. Se trata de un escándalo que incluye una disputa con otra empresa, CIR, a la que debe abonar el resarcimiento por las comprobadas maniobras para quedarse con la editorial. Para lo cual Berlusconi habría recurrido a sobornos a jueces y a funcionarios judiciales y de la entidad recaudadora de impuestos.

Presiones y amenazas
Acostumbrado a la presión mediática y política, el magnate amenazó con hacer caer al gobierno de Letta. Surgido en condiciones de debilidad, y frente al rechazo de los legisladores enrolados con el cómico Beppe Grillo en apoyar una coalición gobernante, el Pdl le dio sustento a Letta, que colocó como Ministro del Interior al mismo Alfano.
Pero entonces ocurrió lo impensado: un grupo de partidarios de Berlusconi se negó a crear otra crisis política para salvarle el pellejo a su líder, que había sido condenado por la causa Mediaset. Quizás les pareció desmesurado en vista de la situación por la que atraviesa la nación. Quizás entrevieron que Berlusconi ya es pasado y decidieron acompañarlo sólo hasta la puerta del cementerio. Como sea, Alfano, «con todo el dolor y la amargura del alma» encabezó una rebelión a los deseos de Il Cavaliere y no sólo no renunció al cargo junto con los demás Pdl sino que le dio un voto de confianza a Letta el 2 de octubre. No tardaría mucho en sellar su alejamiento también de las filas del partido que integraba.
A mediados de noviembre anunció la creación de un grupo parlamentario al que denominó Nueva Centroderecha. Son 30 senadores y 27 diputados que le dieron una oportuna dosis de aire fresco a la gestión de Letta, que parecía destinada a un nuevo fracaso. Es bueno señalar que parte de este entramado de gobernabilidad fue una de las últimas contribuciones que le puede haber hecho a Italia el presidente de la República, Giorgio Napolitano, un antiguo dirigente del Partido Comunista de 88 años que debió dejar su cargo en abril pero aceptó ser reelegido porque era el único político con cierta aceptación entre los italianos. Como nunca antes en la república nacida tras la caída del fascismo, en la Segunda Guerra Mundial, un presidente decidió olvidar que se trata de un cargo meramente formal y metió «las patas en el barro» para apurar a los dirigentes a no caer en chiquilinadas.
El caso es que Berlusconi, que si algo tiene es un orgullo a prueba de misiles, el mismo día que su delfín anunciaba la creación de un nuevo movimiento de derecha, dictaba la sentencia de muerte del PdL y anunciaba con toda la pompa la vuelta de Forza Italia. Ante más de 800 delegados dio un emotivo discurso en que se cuidó de denostar a los que abandonaron el barco. Sabía que no iba a poder evitar la expulsión pero tampoco podía encender nuevos incendios, fundamentalmente para no quedarse aún más solo.
La imagen final de un médico llamado al escenario para verificar si todo estaba bien con Berlusconi fue un símbolo. El facultativo lo ayudó a bajar las escaleras como a un anciano jubilado.

Otras causas
Además del año de prisión domiciliaria que lo alejó del Senado, Silvio Berlusconi tiene abiertas otras condenas  que lo inhabilitan de por vida para ejercer cargos públicos. Con lo que si soñaba con un venerable cargo de presidente a la manera de un Napolitano de la derecha, deberá dejarlo para otra ocasión.
Il Cavaliere tiene sobre sus espaldas el caso Ruby sobre abuso de poder e instigación a la prostitución de menores de edad. La agraciada joven marroquí Karima el Mahroug fue noticia luego de un incidente con la policía en mayo de 2010, cuando se comunicó para decirle que la habían apresado por  robo. De gira por Francia, Berlusconi llamó a la comisaría central de Milán para decirles que Ruby, apodada «Robacorazones», era sobrina de Hosni Mubarak y la detención le generaba un incidente diplomático. Durante el juicio dijo que solo quería ayudar a una jovencita que buscaba abrirse camino en un mundo hostil. De tal modo, justificó pagos de 45.000 euros para la compra de un equipo laser destinado a un centro de belleza . «Lo hice para que no cayera en la prostitución», explicó.
Luego de 27 meses de investigación y medio centenar de audiencias, un tribunal condenó al ex premier a siete años de prisión e inhabilitación perpetua. El caso, en  apelación, se suma a la causa por Fininvest, pero lo principal es que destapó lo que hasta entonces era comidilla en los centros del poder italiano: que Berlusconi organizaba verdaderas orgías en su residencia privada de Arcore a las que invitaba a políticos y empresarios de todo el continente. Berlusconi iniciará 2014 con otro proceso judicial derivado de esa agitada dolce vita.  Este caso involucra a empresarios acusados de proveer adolescentes para esas recepciones pantagruélicas. Testificarán 26 mujeres y entre los reos figura Gianpaolo Tarantini y seis cómplices que, se sospecha, se habían granjeado la amistad del jefe de Gobierno con esa metodología tan afín a Berlusconi para conseguir beneficios en sus negocios particulares en el rubro de la salud. Berlusconi dice que espera una amnistía del presidente Napolitano.

Revista Acción
Diciembre 1 de 2013