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“Debemos protegernos y cuidarnos sin injerencia de Estados Unidos”

Vino para la inauguración del Centro de Estudios Estratégicos de la Defensa, CEED, la primera avanzada en la elaboración de planes para la seguridad común que se da la Unasur. Y horas antes de exponer la posición de su gobierno, el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera habló con Tiempo Argentino sobre su visión de lo que el subcontinente debiera hacer para cuidarse y protegerse mutuamente, sin ingerencia de Estados Unidos.

–¿Cuál va a ser su planteo en el CEED?
–Nosotros pensamos en un sistema de defensa y seguridad continental que nos coloque en el contexto del mundo como una especie de Continente-Estado, integrado por muchas naciones, pero con la capacidad de ponerle el sello y nuestra huella a estos momentos de construcción de una economía globalizada donde los países solos ya no tienen mucha influencia y necesitan agruparse.
–¿Cómo se piensa construir ese sistema de defensa?
–Ese es un tema delicado, porque se precisa la articulación, la coordinación, la colaboración entre sistemas de seguridad soberanos de cada país, desde sus fuerzas armadas hasta sus sectores de inteligencia. Ya hay experiencia de que podemos resolver entre nosotros muchos problemas regionales. No necesitamos el tutelaje norteamericano ni europeo para resolver problemas que son latinoamericanos. Temas como el narcotráfico, la delincuencia organizada, el blanqueo de dinero, los podemos comenzar a resolver entre nosotros sin generar tensiones entre las inteligencias de cada uno de los países. Podemos ir avanzando en base a confianzas y en base a acuerdos entre países de Unasur. Evidentemente que hay adversidades y amenazas por nuestra posición estratégica en la economía del mundo, por los recursos que poseemos como región. Pero todas estas cuestiones las tenemos que ver con sinceridad y con grandeza. La idea es buscar mecanismos de protección continental, en base a los propios países latinoamericanos, que compartimos casi las mismas raíces y necesidades. Eso es algo que no se hace de un día para otro.
–¿Sería como una OTAN sin los Estados Unidos?
–Diría que es América Latina para los latinoamericanos, parafraseando a Monroe. Son demasiados los abusos, los maltratos, la manipulación que han sufrido nuestros países de parte de potencias que no tienen amigos sino sólo intereses para defender por encima de quien sea. El aliado del hoy, mañana puede ser crucificado, encarcelado. El conocido y socio de hoy para cualquier tipo de fechoría mañana puede ser acusado de terrorismo, narcotráfico, en una maniobra frívola, abusiva y matona de quererte llevar por delante. América Latina debe comenzar a pensar con cabeza propia.
–¿Usted inscribiría este planteo en las diferencias de su gobierno con la DEA y el descabezamiento de la cúpula de la Policía Nacional luego de detectar casos de corrupción al más alto nivel?
–Hay que ir con cuidado para no herir susceptibilidades. Hay que tener sueños pero a lo leninista, sueños realistas. Hoy es muy fuerte en nuestras instituciones la idea de lo soberano, por lo tanto debemos imaginar el continente en el marco de la existencia de las instituciones soberanas. Ir creando no algo que sustituya a las instituciones soberanas sino mecanismos de interconexión de esas instituciones. La DEA está en nuestros países y supuestamente dirige la lucha contra el narcotráfico, hace seguimientos de narcotraficantes, cuando quieren lo exhiben y lo desollan en la plaza pública y cuando no quieren se lo guardan porque usan políticamente el tema del narcotráfico. ¿Cuál es la fortaleza de la DEA?: tienen recursos, son sistemáticos, son ordenados y son pacientes. ¿No podemos nosotros también tener algo así? Alguito de dinero juntado entre todos los países, paciencia, lógica en las cosas y perseverancia en nuestros seguimientos, de manera que de aquí a cinco años podamos contar con información de cómo están estos flujos del narcotráfico que se quiere combatir. No imaginemos un sistema gigantesco de defensa continental.
–No estamos hablando de misiles.
–Estamos hablando de cosas muy prácticas, de lucha contra el narcotráfico, intercambio de formación de oficiales, creación de las bases para una doctrina continental que sustituya a la de la seguridad nacional que vino de EE UU, apoyo en momentos de desastres, mecanismos continentales de colaboración. Una base de datos común a mediano plazo que favorezca a nuestros países y para irnos independizando de esos sistemas de manipulación política militar norteamericanos. No es que ellos sean enemigos, pero son tipos sospechosos. ¿Por qué no unirnos entre latinoamericanos, que tenemos historias comunes y no nos creemos los amos del mundo ni andamos persiguiendo a nadie como si fuéramos sheriffs? ¿Por qué no nos protegemos y no nos cuidamos entre nosotros, en este contexto planetario?

Tensiones y Revolución
“El proceso boliviano ha tenido varias etapas. Una primera donde se funda la voluntad de poder de los sectores populares, indígenas, campesinos. Un segundo momento donde se dio una especie de dualidad de poderes, lo que llamamos empate catastrófico entre el proyecto neoliberal dominante y el proyecto popular indígena emergente. Luego el momento de la bifurcación o momento jacobino de toda revolución, que es cuando se define quién tiene el poder, si queda la vieja élite o se consolida el nuevo bloque revolucionario. Fue entre 2008 y 2009. Aun estamos en una quinta etapa, de la emergencia de contradicciones en el seno del pueblo. Derrotado temporalmente el enemigo principal, emergen tensiones fundamentalmente en la disputa del excedente de una pequeña riqueza. No es entre enemigos irreconciliables, pero hay sectores que propugnan un uso corporativo del excedente y hay sectores que piden un uso colectivo nacional del excedente. En la COB ha emergido una clase media estatal –sectores de salud, educación– reclamando un incremento de salarios. Tienen necesidades, por supuesto, pero otros sectores propugnan un uso colectivo común de ese excedente. Era algo previsible, algo necesario, y es de esas tensiones que nuestro proceso revolucionario se revitaliza, saca lecciones, se detiene, corrige errores y vuelve a caminar. Es un aprendizaje de ida y de vuelta. Si no hiciéramos eso no seríamos revolucionarios”.

Tiempo Argentino
Mayo 27 de 2011

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