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viernes

Duran Barba y las lecciones que dejó Ronald Reagan

Seymour Hersh tiene prestigio como periodista desde que en 1969 publicó una investigación sobre la masacre cometida por tropas estadounidenses en la aldea vietnamita de My Lai. Ganador de cuanto galardón existe en Estados Unidos a una profesión que supo tener mejores tiempos en todo el mundo –Pultizer, George Polk y George Orwell– "Sy" Hersh se destapó en 2004 con otro caso espeluznante: los vejámenes contra detenidos en la prisión iraquí de Abu Ghraib. Hace unos días, de su pluma salió otra denuncia que si bien tiene menos carnadura, no dejó de generar escozor en la política norteamericana y especialmente en el gobierno de Barack Obama.
Según Hersh –que como se percibe, es de los que de verdad tienen fuentes recontrachequeadas– la Casa Blanca mintió en su versión sobre la muerte de Osama bin Laden en mayo de 2011. La administración demócrata indicó en su momento que había obtenido información sobre el líder de Al Qaeda rastreando su servicio de mensajería y que al intentar detenerlo fue baleado en un tiroteo con un comando de los Navy Seals, todo esto sin conocimiento de las autoridades pakistaníes.
Hersh, en cambio, contó que el Pentágono ubicó a Bin Laden por los datos que aportó un soplón del servicio de inteligencia de Pakistán y que los espías de ese país guiaron a los Navy Seals hasta la habitación que ocupaba el creador de Al Qaeda. "La historia de la Casa Blanca pudo haber sido escrita por Lewis Carroll", reflexionaba Hersh, que ligó de un plumazo la versión oficial con la inventiva del autor de Alicia en el País de las Maravillas. De paso, le quitaba heroísmo a una acción que, más allá de la legalidad y de la legitimidad de un crimen cometido en una nación extranjera y sin juicio alguno, había reimpulsado la imagen de Obama como de un presidente ejecutivo en el orden exterior a meses de su reelección.
Como era de esperar, el gobierno salió a desmentir a Hersh. Y ayer agregó otro punto sobre la cuestión que en principio desvía la atención del planteo del periodista. Así fue que la Oficina del Director Nacional de Inteligencia (ODNI) anunció la desclasificación de documentos relacionados con el caso y corroboró es que efectivamente hubo un soplón, Usman Khalid, un oficial del Ejército pakistaní que había vivido por 35 años en Londres y murió en 2014. La otra cuestión sobre Bin Laden es que se difundió la lista de los libros de su biblioteca y de sus futuros objetivos terroristas. Los libros, justo es decir, valen la pena puesto que van desde Noam Chomsky y Paul Kennedy hasta Bon Woodward, uno de los que reveló el escándalo Watergate.
Es interesante constatar que en el mundo del marketing se suele decir que Obama es uno de los mejores cultores de una técnica desarrollada en los inicios de los '90, el storytelling. Una traducción pobre diría que se trata de una narración de cuentos. Y tiene mucho de eso, pero no solamente es eso. Como alerta el francés Christian Salmon, el storytelling es una "máquina de fabricar historias y formatear las mentes".
Según publicó el especialista colombiano David Gómez, contar historias para vender un producto tiene varias ventajas: generan confianza, son fáciles de recordar y de contar, brindan un contexto de datos pero por sobre todas las cosas, apela al costado emocional de las personas porque, dicho sea de paso, "todos amamos las historias".
El ejemplo que ponen los especialistas es el de Steve Jobs, el fallecido creador de Apple que, cuando presentó la revolucionaria Macintosh, en 1984, no detalló en qué consistía sino que asoció su creación a la lucha de seres de espíritu libre por romper con el Gran Hermano, representado en la televisión unidireccional, mediante la metáfora del famoso libro de Orwell.
En política hay coincidencia en que el mayor storyteller fue Ronald Reagan, presidente de Estados Unidos entre 1981 y 1989. La imagen de Reagan, un hombre que mostraba pocas luces, surgido de Hollywood, donde había protagonizado películas menores como cowboy elemental, no lo autorizada para ocupar el Salón Oval. Una de las peores críticas a un film de 1942 fue que "había estado solo casualmente en contacto con su personaje". Luego sería dirigente gremial de los actores y desde allí delató a todos los que en Hollywood tenían inclinaciones de izquierda en la época del macartismo. Como gobernador de California y luego candidato a presidente solía cometer errores incluso de geografía y tenía un lenguaje más bien escaso. Sin embargo, logró captar a multitudes hacia un proyecto notoriamente retrógrado, como fue la imposición a nivel mundial del neoliberalismo más descarnado, junto con su socia británica Margaret Thatcher.
¿Cuál era el secreto del actor devenido en líder político? En la década del '50 la General Electric lo contrató para presentador en un programa de ficción en la recién nacida televisión que se hizo muy popular. Los directivos de la multinacional le extendieron entonces el contrato para hacer giras por todas las plantas de la firma. Debía dar hasta 14 discursos por día ante un público popular, lo que le granjeó una experiencia inigualable para seducir audiencias con frases cortas, contundentes y sobre todo sencillas. "Él era demócrata. Pero recorrió el país en tren, leyó libros sobre economía e historia. En todos lados donde fue, la gente le contaba historias de cómo el gobierno se entrometía y lastimaba en sus negocios. Así se hizo republicano", señaló hace unos días la revista británica The Economist al presentar la última biografía sobre Reagan, del historiador Henry William Brands.
Otro de los biógrafos del actor-presidente, que murió con Alzheimer en 2004, es William F. Lewis, quien también hace hincapié en este aspecto de Reagan para explicar el secreto de su éxito. "Reagan usó dos tipos de historias. Era experto en anécdotas cortas, chistes y detalles que ilustraban preceptos simples, porque las historias parecían verdaderas o al menos verdaderas para la vida." Pero también el ex presidente derechista –ligado al combate ilegal del sandinismo y al apoyo a feroces dictaduras latinoamericanas pero también a la caída de la Unión Soviética ayudado por el Papa Juan Pablo II– usó el mito para seducir al electorado con la historia de un Estados Unidos como nación elegida con base en la familia y el vecindario "conducido inevitablemente hacia adelante por su heroico pueblo trabajador".
Salmon anota en su libro –que debe esta columna a la generosidad de Jorge Mancinelli– una frase de los expertos en imagen política James Carville, conocido en estas pampas por haber asesorado alguna vez a Eduardo Duhalde, y Paul Begala: "Reagan ha sido el mayor narrador de la historia política de los últimos 50 años, aunque la mayoría de las historias que contaba eran simplemente falsas." Una de ellas narraba el caso de una "reina bienestar" (queen welfare) que se había comprado un Cadillac gracias a la demagogia económica del gobierno en contra de todos los trabajadores asediados por impuestos. El discurso caló hondo.
El miércoles se conoció un Manual de Instrucciones del asesor del PRO Jaime Duran Barba para los candidatos de la alianza Juntos por Córdoba. Llamó la atención de los medios desprevenidos pero en realidad es una vieja guía que Mauricio Macri viene siguiendo al pie de la letra desde que se cruzó en la vida con el experto en marketing político ecuatoriano.  Dice el texto filtrado a la prensa que en el discurso de campaña se debe "contar historias (con nombre, apellido y localidad) de gente común que haya conocido durante la campaña. No importa hablar de propuestas, importa emocionar a la gente que está escuchando, mostrar a los candidatos humanos, cercanos. Reforzar la idea de cambio. Hablar de la gente."
Es decir, el catálogo del storytelling que llevó al éxito a Reagan y sus políticas que perjudicaron irremisiblemente a quienes lo votaron y no sólo en el aspecto económico. Y que ahora, de la mano de otro conservador británico, David Cameron, prometen profundizarse en Gran Bretaña luego del triunfo del 7 de mayo. En Argentina, por los ejemplos que mostraron sus pupilos del PRO, el eje pasa por la seguridad y la historia de un Juan, esposo de una María amiga de un Cacho. O algo así.


Tiempo Argentino
Mayoi 22 de 2015

Ilustró Sócrates


La CIA y el recurso del método

Russell Brand es conocido como humorista, actor, presentador televisivo y comediante. Muchos de sus comentarios de actualidad suelen viralizarse a través de Youtube. En uno de los últimos, con la cama de su habitación como fondo, desmenuza el informe del Senado de Estados Unidos sobre el uso de la tortura en la CIA. "De acuerdo con Amnesty International, programas de televisión como 24, creado por Fox, en el cual un par de tipos neoconservadores le dan glamour y justifican la idea de la tortura, ayudan a aceptar que esto es un aspecto normal del espionaje internacional".
Los datos más oscuros del informe que presentó la senadora demócrata Dianne Feinstein ya circulaban hace un tiempo. Y desde 2001, se conocían a través de la prensa alternativa, pero fueron invisibilizados por los grandes medios, que los tildaron de teorías conspirativas. Barack Obama ya había denunciado las prácticas de tortura. Pero el informe del Senado le da una sustancia que no tenían las palabras del presidente porque surge luego de cinco años de investigación y ocupan más de 6000 páginas con pruebas documentales y evidencias incontrastables. ¿Por qué se hizo el anuncio ahora? Era el Día de los Derechos Humanos y el quinto aniversario de la entrega del Nobel de la Paz a Obama. Además, en pocos días los republicanos recuperan el senado, lo que significa que lo hubieran cajoneado sin el menor reparo.
Los detalles más amarillos se difundieron masivamente. También se resaltó que esas prácticas no aportaron información eficaz ni sobre golpes de Al Qaeda ni sobre ningún otro tema sensible para la seguridad del país. "La información más precisa sobre Abu Ahmad al-Kuwaiti, el 'facilitador' cuya identificación y seguimiento condujo a hallar el refugio de Osama bin Laden y a la operación que resultó en la muerte de Osama, fue obtenida de un detenido de la CIA que aún no había sido sometido a las 'técnicas de interrogatorio mejorado' (Enhanced Interrogation Program)de la CIA; mientras que los detenidos (que sí habían sido sometidos a esos métodos) retuvieron y fabricaron información sobre Abu Ahmad al-Kuwaiti", dicen los senadores .
Pero hay otros detalles que quedaron en el tintero. Es el caso de los personajes que desarrollaron esas técnicas criminales y andan por el mundo sin muestras de sonrojo. Uno de ellos es un puertorriqueño que trabajó 31 años en la CIA –tuvo un cargo en la embajada de EE UU en Buenos Aires en tiempos de "relaciones carnales"–. Los otros son dos psicólogos que formaron una proveedora del Pentágono en esos menesteres y que si bien no llegaron a cobrar el total pactado de 180 millones de dólares, alcanzaron a llevarse 81 millones de indemnización por los "trabajitos" que hicieron hasta 2007, dos años antes de terminar el contrato. La CIA puso un millón más para protegerlos judicialmente.
El "hispano" José A Rodríguez, nacido en Puerto Rico hace 66 años, es un ejemplo de cómo actúa el organismo y quienes hacen el trabajo sucio. Con un bigotazo modelo galán mexicano de los '50, Rodríguez tuvo su primer affaire en la década del '80, en el escándalo Irán- Contras; la venta de armas al régimen iraní en tiempos de Ronald Reagan para financiar a las milicias que luchaban contra la revolución sandinista. Del '94 al '96 anduvo por Buenos Aires –tras un paso por Panamá, Dominicana, Perú y México-, y en el 2004 llegó a la cima en la división Operaciones Clandestinas de la CIA.
Un año más tarde se encargó de destruir grabaciones de interrogatorios a detenidos en cárceles de varios países donde la CIA alojaba sospechosos. El Senado pidió entonces una investigación, pero el jefe de Rodríguez dijo que la información contenida en los cassettes no era relevante, que incluso podría comprometer a los interrogadores, un argumento que defensores de presos en Guantánamo, por ejemplo, desmintieron fervorosamente. Para ellos eran evidencias que ya no podrían utilizarse en ningún juzgado.  
Para 2007, el puertorriqueño anunciaba su retiro de la organización. Como tenía tanto para dar aún, pasó a la actividad privada como asesor en Blackwater, entonces la mayor contratista de mercenarios del planeta. También encontró empleo en la National Interest Security Company de Fairfax, Virginia, luego adquirida por el gigante IBM. En 2012 cerraría el círculo con un libro, Hard Measures: How Aggressive CIA Actions After 9/11 Saved American Lives (Medidas duras: qué tan agresivas fueron las acciones que salvaron la vida de los estadounidenses después del 9/11). Allí fundamenta la tortura como elemento de investigación válido y aceptable.
James Elmer Mitchell y Bruce Jessen son dos psicólogos que formaron parte de las fuerzas armadas estadounidenses. Luego armaron Mitchell Jessen & Associates, un emprendimiento para enseñar a la CIA novedosas formas de obtener información mediante métodos que llevan a la mayor degradación humana. Tanto para la víctima como para el victimario, como se pudo observar con el tiempo.
Mitchell tiene más exposición mediática que su socio y en una entrevista con VICE News, un medio vinculado a la cadena FOX, no tuvo empacho en mostrar sus habilidades como navegante a través del río Myakka, cerca de Tampa, Florida, donde tiene una mansión con amarradero propio. Allí recibió al periodista Kaj Larsen para un especial "El arquitecto del programa de interrogatorios de la CIA".
Mitchell fue experto en explosivos y no es un secreto que fue muy ducho en el programa SERE (Survival, Evasion, Resistance, and Escape) para endurecer cuerpos y espíritus ante la tortura. Era un modelo para entrenar a los soldados estadounidenses en resistir las formas más violentas de castigo, lo que implica someterse a las más bárbaras vejaciones, aceptadas por el bien de la patria, para recibir la ciudadanía en el caso de inmigrantes o simplemente por dinero. De paso, ese entrenamiento lleva conocer los puntos débiles de un potencial enemigo.
Mitchell aparece en el video como un señor que representa los 64 años que tiene, pero con fuerte espíritu deportivo. Una especie de tío piola que dirige su kayak entre los cocodrilos y muestra algunos trofeos en una casa como las típicas de una isla del Tigre bonaerense. Con una cuidada barba blanca, se parece al Donald Sutherland que compartía secretos militares con el fiscal Garrison (Kevin Costner) en la película JFK. Pero no se le suelta la lengua. Dice que no tiene permitido hablar,que no confirma no rechaza su participación en el método aunque si, cree que la tortura es una forma de obtener información valiosa.
En los informas de la CIA, Mitchell es Grayson Swigert y su socio Hammond Dunbar. Podrían haber quedado ocultos tras esos sobrenombres, pero alguien reveló a la prensa su identidad. Esto fue hace tiempo, y en 2008 los colegios de psicólogos estadounidenses se plantearon si era ético o no participar en esos programas represivos. Finalmente ninguno de los dos "arquitectos" perdieron su licencia, aunque tampoco se sabe que atiendan a pacientes particulares.
Muchos de los datos sobre lo que sucede en las cámaras de tortura son atribuidos a las filtraciones de alguien que participó en algunas de esas sesiones y no resistió las consecuencias éticas. Estuvo, como Mitchell, frente al prisionero Abu Zubaydah, un militante de Al Qaeda. El caso Zubaydah es clave en el informe del Senado. El hombre fue encadenado a una silla semanas enteras y lo dejaron en una caja del tamaño de un ataúd durante horas. Lo tuvieron once días sin dormir y quedó reducido a un ser balbuceante sin el menor raciocinio.
Fue tal vez el que más veces pasó por el waterboarding (submarino), el método preferido de Mitchell. Los investigadores afirman que Zubaydah no dijo nada que valiera la pena. Rodríguez, de todas maneras, se sinceró a CBS: "Hicimos a algunos terroristas de Al Qaeda con sangre estadounidense en sus manos sentirse incómodos por unos días. Estoy seguro de que lo que hicimos ayudó a salvar vidas."
Ninguno de estos personajes enfrenta riesgos judiciales. Distinto es el horizonte de John Kiriakou, un ex analista de la CIA que siendo jefe de Contraterrorismo en Pakistán lideró la captura de Zubaydah en 2002. En 2007, Kiriakou confirmó a un periodista de ABC  que la CIA aplicaba métodos de tortura para obtener información. Lo procesaron por violar la Ley de Espionaje, como sucedió con Edward Snowden o el soldado Manning. En enero del año pasado, Kiriakou fue condenado a 30 meses de prisión. Todavía tiene para seis meses y medio más.
En estos días un grupo de presos de Guantánamo llegó a Montevideo, que les dio refugio luego de años de prisión, tortura y vacío legal. "Si no hubiera sido por Uruguay, hoy aún estaría en ese agujero negro en Cuba", declaró Omar Mahmud Faraj, uno de los seis.
En coincidencia, Dilma Rousseff presentó en Brasil el informe de la Comisión de la Verdad sobre crímenes de la dictadura, entre 1964 y 1985. La ley de Amnistía impide juzgar a los culpables de cientos de muertes y vejámenes. El general del ejército Nilton Cerqueira, uno responsable de aquellos delitos, se quejó de lo que considera una injusticia: "¿Yo, que cumplí la ley, soy el que violó Derechos Humanos? ¿Y los terroristas? ¿Y la terrorista que hoy preside el país?" 

Tiempo Argentino
Diciembre 12 de 2014

Ilustró Sócrates


Churchill y George W. Bush salen de copas por Asia

Según cuenta la leyenda, luego de una noche de libaciones por demás excesivas, el secretario para las Colonias de Gran Bretaña "dibujó" una frontera entre Jordania y Arabia Saudita bastante sinuosa que se parecía bastante a un capricho. Era marzo de 1921, el imperio otomano acababa de derrumbarse en la Primera Guerra Mundial –de cuyo inicio se cumple en días un siglo– y quedaban a la deriva millones de habitantes diseminados en millones de kilómetros cuadrados de superficie con riquezas que el mundo capitalista ya necesitaba con desesperación. Pero además, dos dinastías árabes reclamaban su cuota en el reparto luego de haber hecho su aporte para la caída del régimen turco.
El hombre luego sería uno de los líderes más importantes en el combate contra el nazismo y se haría famoso con su habano siempre a mano. Winston Churchill, incluso llegó a ganar el premio Nobel de 1953 en Literatura por sus memorias sobre la Segunda Guerra. La línea se conoce como "El hipo de Churchill" pero según estudiosos de la cuestión como el español Miguel Máiquez, no se trató de una resaca del dos veces primer ministro británico sino de una necesidad geopolítica.
El imperio británico se caracterizó durante su intervención en Asia y Medio Oriente de aplicar criterios geopolíticos o de control poblacional para diseñar países y fronteras. Ya lo había hecho en América latina a la caída del imperio español y en el centro de Europa tras la debacle de Napoleón. Es así que en Afganistán dibujó otra frontera en 1893 conocida como la Línea Durand, un borde artificial de 2640 kilómetros de largo que dividió regiones sin el menor criterio nacional o étnico entre la tierra de los pashtunes y Paquistán. Lo que generó condiciones para que las tensiones entre los distintos pueblos fuesen permanentes.
Otro bebedor –en este caso tuvo que hacer tratamiento curativo– impulsó un nuevo diseño para lo que alguna vez su secretaria de Estado, Condoleeza Rice llamó el Medio Oriente Ampliado (MOA). George W. Bush, que de él se trata, generó leyes que quitaron a los estadounidenses muchas de los derechos individuales de que se enorgullecía esa sociedad. Los escándalos por el espionaje universal no son sino una consecuencia directa de los atentados a las Torres Gemelas y de las Actas Patrióticas de Bush. También lo es el proyecto estratégico que Rice comentó casi como al pasar en el año 2006 y que se cumple a rajatabla, por más que el sucesor de Bush, Barack Obama, haya llegado al poder con la promesa de acabar con las guerras.
Recuerda el ya mencionado Máiquez –quien fue durante más de siete años redactor jefe y editor en el diario español 20 Minutos y en el canadiense El Popular– que "el acuerdo Sykes-Picot fue un pacto secreto entre Gran Bretaña y Francia, con el consentimiento de la Rusia aún presoviética, para el reparto de las posesiones del Imperio Otomano tras la Primera Guerra Mundial. Se firmó en mayo de 1916 y estipulaba que –a pesar de las promesas realizadas a los árabes a cambio de su levantamiento contra los turcos– Siria, Irak, Líbano y Palestina se dividirían en áreas administradas por británicos y franceses." Sobre esta base es que Churchill, laudando a duras penas entre las dinastías Saud y Faisal pero por sobre todo defendiendo los intereses de la corona británica, trazó las líneas que crearon Irak, Jordania y Palestina.
¿Qué se proponían los estrategas de Bush? Según el francés Thierry Meyssan, fundador de la Red Voltaire, un canal de información independiente creado en 1994, el MOA es un "nuevo concepto geográfico (que) designa a los Estados que van desde los pozos de petróleo del Sahara Occidental a los oleoductos de Paquistán, excepto los países del 'Eje del Mal' e Israel que ya está democratizado". La creación obedecía a la inventiva de un programa del Departamento de Estado, MEPI (por la siglas en inglés de Iniciativa para la Asociación en Medio Oriente) para apoyar a diferentes ONG que trabajan en la región de Medio Oriente y el Norte de África (MENA por sus siglas en inglés). Una de las más fervientes propulsoras de esta ideas era Elizabeth "Liz" Cheney, la hija del entonces vicepresidente Dick Cheney.
En las últimas semanas la “novedad” informativa volvió a Irak, con la aparición del grupo yihadista ISIS (Estado Islámico de Irak y Siria en inglés) como un actor primordial no sólo en la guerra civil de Siria sino ahora también en Irak, al punto que amenazan al poder central en Bagdad. ¿Se le escapó la tortuga Obama, que llegó a la Casa Blanca prometiendo retirar las tropas de Irak y Afganistán?
Un filósofo nacido en Alemania, que se refugió en Estados Unidos en 1938 y falleció en 1973, Leo Strauss, no tan conocido en estos lares pero que ejerce una influencia decisiva en los ultraconservadores estadounidenses, puede ser la explicación para entender en parte lo que está ocurriendo.
Strauss sostenía, dicen quienes mejor conocen su pensamiento, que "la verdad es peligrosa y destructiva para la sociedad. Desde el principio de los tiempos los hombres han elaborado mentiras para poder vivir con tranquilidad (…) entre ellas, la religión, la esperanza en el más allá, la vida eterna, el castigo a los malos y el premio a los buenos…" Como corolario de esta doctrina se puede afirmar sin ánimo de parecer chabacano, que "la verdad verdadera es insoportable para la mayoría".  Strauss tiene acólitos que, como él, si bien alcanzaron sitiales de relevancia, gustan de mantener en segundo plano sus verdaderas intenciones. Uno de ellos es Paul Wolfowitz, quien fuera titular del Banco Mundial y subsecretario de Defensa con George W. y por lo tanto es una figura clave en el plan MOA.
¿En qué consiste ese proyecto? El mapa ya circulaba en 2006, cuando Rice lo dio a conocer. Contempla la partición de Irak en una región chiíta y una sunnita y la creación del estado de Kurdistán, con una zona actualmente bajo jurisdicción iraquí, otra turca y la restante siria. Una forma de pagar la promesa comprometida por EE UU para el apoyo en el derrocamiento de Saddam Hussein. También se crearían nuevos estados en la región de Afganistán y de la península arábiga. Desde el punto de vista geopolítico este nuevo reparto de tierras es más conveniente para el dominio de Estados Unidos. Pero también, dicen los conocedores, puede ser fuente de futuros conflictos. Algo que el propio Strauss no hubiera desestimado, ya que era partidario del "caos constructor". 
Y lo que ocurre en la región en estos días tiene mucho de caos, aunque no se sabe cuánto de constructor. Descartada o muy sofrenada una respuesta bélica de Estados Unidos tras el retiro de las tropas, la variante de dejar que las cosas ocurran –aunque con una pequeña intervención de los organismos de inteligencia, a través de las relaciones bajo cuerda con Al Qaeda, ISIS, Boko Haram y otros– sería la más conveniente. Porque fuerza un nuevo diseño del mundo pero se cuida de decirlo con todas las letras, por eso de que la verdad es insoportable.
El miércoles, el ex vicepresidente Cheney, activo belicista que "factura" a través de empresas constructoras en esas regiones como Halliburton, anunció el lanzamiento de una ONG que dirigirá su hija Liz, la Alianza para una América Fuerte. El proyecto, sostuvieron en un artículo a The Wall Street Journal "es apoyado por ciudadanos que se dedican a la tarea difícil pero necesaria de preservar la libertad y restaurar la fuerza y el poder norteamericanos a raíz de los fallos de seguridad nacional del gobierno de Obama", al que acusan de haber puesto "a Estados Unidos en el camino del declive".
"El horror de Estados Unidos es repugnante", decía en un mail a sus padres el sargento Bowe Bergdahl, quien estuvo más de cinco años en manos de las talibanes en Afganistán y fue intercambiado por detenidos que estaban el Guantánamo por el presidente hace unos días. "Se supone que debíamos ganarnos los corazones de los afganos, simpatizar con ellos. Estas personas necesitan ayuda, sin embargo lo que reciben es al país más vanidoso del mundo, diciéndoles que no son nada, que son estúpidos, que no tienen idea de cómo vivir. Nos burlamos de ellos delante de sus caras, nos reímos porque no comprenden que los estamos insultando. No nos importa cuando los oímos hablar entre ellos acerca de la ejecución de sus hijos en plena calle, atropellados por nuestros camiones", agregó.
El soldado, que tenía 23 años cuando desapareció en terreno dominado por talibanes, parece que descubrió la verdad y por eso aún no lo presentaron públicamente. Esos mismos sectores que denostan a Obama lo acusan a Bergdahl de traidor.
Churchill y George W. también conocen la verdad y eligen salir de copas, quizás para hacerla tolerable.

Tiempo Argentino
Junio 20 de 2014
Ilustró Sócrates