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viernes

México y las flores del mal



Hace un par de años, en una charla en el Instituto Argentino de Estudios Geopolíticos (IADEG), Leopoldo González Aguayo, cientista político y docente en el Centro de Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de México, contaba la añeja relación de las fuerzas militares y la dirigencia política de su país con el comercio de droga. Específicamente, ironizaba, en un país que aún lamenta estar tan lejos de Dios como cerca de la principal potencia global, "eso también se lo debemos a los Estados Unidos".
La explicación no tiene desperdicio. Cuando el gobierno de Franklin Delano Roosevelt –que había hecho del aislacionismo en la segunda guerra una bandera, percibió que le iba a resultar imposible mantenerse al margen– evaluó medidas para volver a los campos de batalla. En toda guerra es imprescindible contar con tecnología y una industria poderosa detrás. Pero entonces también se precisaba suficiente y segura provisión de morfina para aliviar los dolores de los soldados heridos o mutilados en combate.
Fue entonces que, recordaba González Aguayo, "Washington le pidió al gobierno mexicano el abastecimiento de la droga, lo que nuestra dirigencia cumplió con esmero, al igual que el Ejército mexicano. Fue así que se estimuló el cultivo masivo de amapolas en el país, esencialmente para producir opio en cantidades industriales." De ese modo se abandonaron cultivos de frutales, legumbres y hortalizas por uno más rentable.
Hay académicos que rechazan esta versión de la historia porque no han encontrado documentación que la verifique. Lo que no es de extrañar ya que se trató de acuerdos secretos. Revelarlos antes hubiese implicado reconocer que EE UU planeaba entrar en guerra. Reconocerlos después, su rol en el desarrollo de un negocio ominoso que cuesta miles de vidas de la forma más violenta y que incluso subyace entre las causas más profundas en la desaparición de los 43 estudiantes del Colegio de Ayotzinapa, un caso que arrastra a la dirigencia política mexicana en pleno a una crisis que bien pudiera ser terminal.
¿Por qué se habría impuesto el proyecto de adormideras el sur del Río Bravo? La primera razón es que las tradicionales regiones asiáticas –el triángulo dorado de Birmania, Laos y Tailandia– habían sido invadidas por Japón. Los "negacionistas" de aquel espaldarazo a una verdadera fiebre por el cultivo de amapolas –de cuyo bulbo se extrae no solo la morfina y la heroína– sostienen que las zonas elegidas en México no son mejores que otras dentro de Estados Unidos.
Sucede que Washington necesitaba garantizarse, además de la morfina, fronteras seguras. En la primera guerra Alemania propuso ayudar al México de la Revolución a recuperar el territorio que le habían birlado medio siglo antes abriendo un frente en el sur estadounidense.
El caso es que abruptamente quedaron miles de hectáreas aptas y productivas sin mercado legal. Ahí es donde comenzaron a tallar las virtudes empresariales de los sectores más dinámicos de otro triángulo dorado, el de Sinaloa, Durango y Chihuahua. "Constituye lo más granado de nuestro emprendedor y exitoso empresariado", ironizaba González Aguayo.
Para esos años, las principales drogas eran la marihuana y posteriormente la cocaína. México era productor de la primera y Colombia se fue haciendo fuerte en nuevas cepas de coca desarrolladas especialmente para cultivarse en la selva. En poco tiempo, los carteles colombianos se convirtieron en verdaderas multinacionales que vendían una cocaína de primera en los principales mercados del mundo. Estados Unidos en primerísimo lugar, y luego Europa. Para ello contaron con la ayuda inestimable de la CIA y la DEA, de fundación más reciente, para cuando el control de drogas se había convertido en una estrategia destinada a la ocupación, con Richard Nixon. Conviene no olvidar el papel de estos organismos en los '80 en la financiación de los Contras en Nicaragua por medio de negocios ilícitos, como la venta de armas a Irán y la comercialización y el peaje para el tráfico de drogas hacia el país del norte, como reveló oportunamente el periodista Carl Bernstein, uno de los investigadores del escándalo de Watergate.
Tras el homicidio de Pablo Escobar Gaviria y el desmembramiento de los cárteles colombianos, comenzaron a destacar los mexicanos, que ingresan la mercadería producida en Colombia o incluso en Perú por la frontera. El 90% de la cocaína que sale de Colombia, atraviesa América Central y sigue ese camino. Pero también venden producción propia: marihuana, heroína y compuestos de diseño, como la metanfetamina. Se supone que el 70% del tráfico de drogas ilegales que entran en Estados Unidos lo hace desde las zonas calientes de Chihuahua, Sonora o Tamaulipas.
Fue así que prosperaron los carteles de Sinaloa, Michoacán, y se hicieron famosos personajes como el Chapo Guzmán y los hermanos Beltrán Leyva. Precisamente un desprendimiento de esta última organización criminal, Guerreros Unidos, mantiene una vieja disputa con los Rojos por el control del negocio en el estado de Guerrero.
Según cifras que recopiló el periodista Gustavo Castillo García en el diario La Jornada: "En Guerrero se produce más de 60% de la amapola y goma de opio de México. Estadísticas de la Organización de Naciones Unidas refieren que en el país, desde 2008, se duplicó el número de hectáreas de este cultivo ilícito, al pasar de 6900 hectáreas a 15 mil, y aumentar la producción de 150 toneladas a más de 325."
En Guerrero permanece sosteniendo su historia de luchas populares, el Colegio Normal Rural de Ayotzinapa. Es uno de las tantas escuelas fundadas en los años 20 para alfabetizar a los campesinos: ese instituto forma maestros rurales con conciencia de su papel en la sociedad. Allí se formaron Lucio Cabañas Barrientos y Genaro Vázquez Rojas, miembros luego del grupo Partido de los Pobres en la década del sesenta, ambos tempranamente muertos.
Con estos antecedentes, los distintos gobiernos estaduales o nacionales no vieron conveniente cerrar la escuela, pero en concreto la asfixian financieramente. Es así que los reclamos estudiantiles son moneda corriente entre el distrito de Tixtla y en Chilpancingo, la capital de Guerrero. El 12 de diciembre de 2011 en una de esas manifestaciones la policía reprimió mató a dos de alumnos.
El 26 de septiembre pasado, un grupo de muchachos iban a Iguala también con ánimo de reclamo. Las circunstancias posteriores van saliendo a la luz de a poco. El alcalde José Luis Abarca Velázquez tenía vinculaciones con Guerreros Unidos a través de su esposa. Al parecer, no quería protestas en su municipio, Iguala, y pidió impedir la posible manifestación. Los chicos habían tomado tres ómnibus para trasladarse y fueron detenidos por agentes policiales, quienes los habrían entregado a sicarios del cartel. Al día de hoy 43 siguen desaparecidos y según la fiscalía general de México, fueron asesinados y quemados hasta la disolución en polvo en los fondos de un basural, porque los Guerreros los creyeron miembros de los Rojos.
Los padres de los jóvenes solo confían en el Equipo Argentino de Antropología Forense para identificar los restos hallados. Pero la crisis política arrastra a toda la dirigencia: al PRI en el gobierno central, porque demoró una investigación seria; al PRD, el partido de izquierda fundado por Cuauhtémoc Cárdenas que era la esperanza de cambio, porque tanto el gobernador de Guerrero como el alcalde ganaron con el apoyo de esa agrupación. Las policías, porque se reveló que hasta sus salario suelen ser pagados por los narcos. El Ejército esta vez estuvo casi al margen. Buena la habían llevado en el período del Felipe Calderón en el gobierno, cuando las acciones militares no hicieron más que incrementa a límites demenciales el número y la violencia de las respuestas criminales. Por eso también calla el PAN.
Desde La Habana, los negociadores de paz de las FARC recordaron que Colombia también "ha estado sometida a estas prácticas de intolerancia y barbarie, impuestas por concepciones de defensa diseñadas por la estrategia dominadora de los Estados Unidos".
Las cifras globales no desmienten al grupo guerrillero más viejo de América Latina. Los principales productores de droga del mundo son Colombia, México y Afganistán. Según la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), el negocio representa cerca del 1,5% del PBI mundial, unos 683 mil millones de dólares en 2013, y el 7% de las exportaciones mundiales.
Cómo será que hace un mes la oficina estadística de la Unión Europea, Eurostat, reveló que el PBI de los 28 países de la comunidad es un 2,3% más grande si se le suman los beneficios de la prostitución y del tráfico de drogas. La ONU también alerta que en 2014 las hectáreas cultivadas con amapola en Afganistán crecieron un 7% y que la producción de opio aumentó un 17 por ciento.
Conviene recordar que Estados Unidos mantiene desde 1999 el Plan Colombia, con un enorme despliegue de bases y de militares para supuestamente combatir el narcotráfico. El Plan Mérida, en México, cumple funciones similares desde 2008. Afganistán fue invadido por tropas estadounidenses y de la OTAN en 2001. 

Tiempo Argentino
Noviembre 14 de 2014

Ilustró Sócrates 

jueves

Un mundo nuevo tras la caída del muro de Berlín



Fue el  notable historiador Eric Hobsbawm quien acuñó el concepto «corto siglo XX» para referirse al período entre el comienzo de la Primera Guerra Mundial y la disolución de la Unión Soviética, 1914- 1991. Razones no le faltan al investigador de origen británico, porque hay una continuidad significativa en esos  87 años que  marcan el surgimiento del primer ensayo comunista y su posterior derrumbe, en medio de la desaparición de los imperios europeos y el surgimiento de Estados Unidos como potencia global dominante.
Hay sin embargo una fecha que simbólicamente preanuncia ese final. En la noche del 9 al 10 de noviembre de 1989, hace justo un cuarto de siglo, comenzó literalmente la demolición del muro de Berlín,  ese paredón de unos 120 kilómetros de extensión y casi 4 metros de altura que había separado a las dos Alemanias desde 1961. Era el fin efectivo de la Guerra Fría en su principal campo de batalla de esa disputa entre el mundo occidental o capitalista y el oriental o socialista.
Esa permanente tensión que se expresaba en el territorio desde donde el nazismo intentó construir un imperio para mil años, implicó a partir de 1945 la creación de dos entidades diversas: la República Democrática de Alemania, dentro del campo soviético, y la Republica Federal de Alemania, alineada con Estados Unidos y ocupada con tropas estadounidenses, francesas y británicas.
El paredón se había levantado en agosto de 1961 entre los sectores que dividían la Berlín oriental de la que ocupaban los países occidentales. Mucho se dijo sobre las razones y sinrazones de esa construcción. Lo cierto es que de un lado de la pared los europeos iban tejiendo alianzas entre tradicionales enemigos como Alemania y Francia que llevaron a la creación de la actual Unión Europea. También cimentaron una coalición de tipo militar con Estados Unidos a través de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).  Ambos dos son protagonistas principales de esa disputa que no cesa, ahora en una de las ex repúblicas soviéticas, Ucrania (ver aparte).
Porque ese momento histórico dio para pensar en qué mundo estaba naciendo en ese adelantado inicio del siglo XXI.  Fue en ese contexto que un hasta ese momento desconocido politólogo de origen japonés, Francis Fukuyama, lanzó desde la tapa de un libro una frase de la que después se arrepentiría. La humanidad había llegado, según el catedrático de  de la Universidad John Hopkins, a la cima de su desarrollo, era «el fin de la historia». Que es como decir, el futuro terminó.
Ese lugar paradisíaco, según deslizaba Fukuyama, era el momento de las democracias liberales, el capitalismo como sistema económico excluyente y el  dominio absoluto de Estados Unidos desde un lugar de imperio político, faro cultural y gendarme mundial. El neoliberalismo, que primero prosperó en América Latina mediante el consenso de Washington en el marco de gobiernos afines, dio lugar a la extensión del poder financiero hasta los últimos rincones del planeta.
UNIPOLARIDAD
Fue entonces que Estados Unidos emprendió cruzadas como la primera guerra del Golfo pérsico, en 1991, tras la invasión de Kuwait  por tropas iraquíes enviadas por el gobierno de Saddam Hussein.  Hussein, que había fluctuado en acercamientos a la Casa Blanca tras la revolución iraní al punto de ser funcional al combate de la República Islámica, de pronto aparecía como enfrentado a los ganadores de la Guerra Fría.
La administración del republicano George Bush padre, el hombre que había sido director de la CIA de 1976 a 1977 y luego vicepresidente de Ronald Reagan entre 1981 y 1989 fue protagonista fundamental de todo ese período previo a la caída de la URSS. Conocía a fondo y había incluso promovido muchas de las decisiones que llevaron a Fukuyama y a muchos otros líderes internacionales a pensar que efectivamente ya no había más que hacer, la historia había llegado a su conclusión. Bush llegó a decir que su lucha era por un Nuevo Orden Mundial. Y pocos lo intentaban desmentir.
Fue en este contexto que la operación contra el Irak de Hussein encontró  un fuerte apoyo en las Naciones Unidas. El Consejo de Seguridad, que comenzaría a integrar Rusia como heredera del sitial que correspondía a la Unión Soviética, aprobó junto con las otras cuatro potencias –EE UU, China, Francia y Gran Bretaña- una incursión para desplazar a los ejércitos iraquíes de Kuwait. La operación recibió, además, el apoyo de 34 países entre los que estaba la Argentina de Carlos Menem, que envió dos fragatas para sumarse a la Operación Escudo del Desierto.
Durante estos años de oro del imperio estadounidense, ya sea con el primer Bush o con el demócrata Bill Clinton, Estados Unidos y la OTAN tuvieron un rol fundamental por acción o por omisión en algunos de los conflictos más dramáticas de la posguerra fría, como las guerras balcánicas tras la desaparición de Yugoslavia y la de Somalia. Pero poco a poco, esa alianza férrea se fue a su turno disolviendo. Un poco por el propio peso de errores y  de los enormes costos que implicaba poner tropas a lo largo y a lo ancho del globo y por el despliegue de bases militares en los lugares clave para consolidar la Pax Americana.
«La última década del Siglo XX ha sido testigo de cambios teutónicos en los asuntos mundiales... La derrota y el colapso de la Unión Soviética fue el paso final en el rápido ascenso de una potencia del hemisferio occidental, los Estados Unidos, como único, y, en realidad, primer poder verdaderamente mundial», escribió por esos años Zbigniew Brzezinski, quien fuera consejero de seguridad del gobierno de Jimmy Carter y es uno de los estrategas  geopolíticos más respetados por los círculos de poder de Washington y alrededores.
«La cuestión de cómo los Estados Unidos, comprometido mundialmente, se enfrentaría a las complejas relaciones de poder en Euro Asia—y particularmente si ha de prevenir el surgimiento de un poder euroasiático dominante y antagonista—es crucial para poder ejercer su dominio mundial» agregó en «El gran tablero mundial: la supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos», su libro publicado en 1997 donde desde el título adelanta la conclusión.
EL HIJO PRODIGO
Sin embargo, poco duraría esa era de supremacía por la que luchaba Brzezinski. Tras los dos períodos de Clinton sobrevendría una nueva gestión de los Bush, esta vez en manos de George W, un hombre de escasas luces que se había aferrado al metodismo –esa vertiente puritana protestante nacida en la Gran Bretaña del siglo XVIII- para escapar del alcoholismo. GWB llegó al gobierno luego de una elecciones con el que fuera vicepresidente de Clinton, Al Gore, que terminaron ajustadamente y con denuncias bastante certeras de que hubo fraude en el conteo de votos en el estado de Florida, gobernado entonces por Jeb, otro hermano de la dinastía. Un baldón para la democracia que se mostraba como ejemplar y que tras más de un mes de incertidumbre y de presiones políticas de todo calibre, fue laudado por la Corte Suprema dándole el triunfo a Bush pero en medio del mayor de los desprestigios, que pusieron al sistema electoral estadounidense a la altura de las repúblicas bananeras que habían auspiciado a lo largo de sus intervenciones en al sur del Río Bravo.
Como fuera, Bush hijo tendría su bautismo de fuego el 11 de setiembre de 2001, cuando dos aviones de línea se estrellaron  contra las Torres Gemelas, provocando lo que para algunos representa el primer ataque a gran escala fronteras adentro de los Estados Unidos, y justo en lo que era el símbolo máximo del poder financiero internacional,  en el corazón de Nueva York.
Fue entonces que la historia daría una nueva voltereta, aunque más no fuera para demostrar que seguía habiendo futuro.  Los temores azuzados por los medios y los poderes fácticos desde entonces sirvieron para justificar eso que para los estadounidenses mas aferrados a las libertades civiles comenzaría a ser una de las épocas más oscuras, mediante la profundización de los mecanismos de control social y el endurecimiento de penas por nuevos delitos  en el marco de la lucha antiterrorista. Si Bush padre tejió alianzas para un Nuevo Orden Mundial, Bush hijo lo intentaría hacer lo propio para una lucha a muerte contra el «eje del mal».
Para ejercer el control, GWB contó con las nuevas herramientas tecnológicas que se habían desarrollado en Estados Unidos, como internet, y que había explotado a través de la red web durante los años 90, en la era Clinton. Nacida como una red militar y defendida desde entonces como un arma estratégica fundamental por el Pentágono, internet es el principal reservorio de información sensible de ciudadanos de todo el mundo para las agencias de espionaje estadounidense.
Los años de Bush hijo sumieron a EE UU y al mundo en una catarata de guerras por el dominio de los recursos cada vez más sofisticadas y al mismo tiempo más desembozadas. La invasión de Afganistán en ese mismo 2001 tuvo como excusa el combate del terrorismo y la búsqueda del presunto autor intelectual de los ataques en Nueva York, el saudita Osama bin Laden y de los talibanes que lo acompañaban, quienes  también habían sido aliado de Washington durante la invasión soviética en los 80. 
La invasión a Irak en 2003 fue la forma de culminar la guerra que había iniciado su padre una docena de años antes. La excusa en este caso sería la peligrosidad de Hussein, que tenía un arsenal de armas de destrucción masiva listas para utilizar contra las «naciones libres».  El argumento fue expuesto ante la Asamblea de la ONU por el entonces secretario de Defensa, Colin Powel y logró el apoyo de una coalición occidental bastante menor. La poca credibilidad de argumento, que desoía la información de un comité de el mismo organismo internacional y pasaba sobre las sospechas que se extendían desde varios gobiernos, lograría solo el sostén político y militar de los gobiernos del español José María Aznar y el británico Tony Blair.
INQUILINO NEGRO
Barack Obama pasará a la historia por haber sido el primer ciudadano de raza no blanca en ocupar el Salón Oval de la Casa Blanca. Llegó en representación de los demócratas tras la caída del banco Lehman Brothers en 2008, que desencadenó la crisis económica más importante en el capitalismo desde la de 1930. Llegó, también, en medio de la aversión generalizada por el estado belicista que dejaba Bush y con la promesa, no solo de reimpulsar el crecimiento de la todavía principal economía del mundo y de poner fin a todas las guerras que llevaba adelante Estados Unidos. Asumió, como es de rigor en ese país, un 20 de enero y a fines de ese mismo año de 2009, basados en las promesas de cambio y en medio de lo que se llamó la Primavera Árabe, que hacía presagiar nuevas realidades, le entregaron el Premio Nobel de la Paz.
Pero el mundo de Obama ya era otro. China y Rusia son ahora cabezas de puente de una nueva multipolaridad en la que, a través de entidades como los BRICS, nuclea a Brasil, India y Sudáfrica, cada uno con su propio esquema de ambiciones pero con el objetivo común de disputar el futuro de los próximos años.  Europa, con sus contradicciones, ahora marcha al ritmo que le marca Alemania, una nación que fue superando viejas antinomias internas y desde 2006 tiene como líder a una mujer formada en lo que fuera el área comunista, pero que es ferviente defensora del sistema capitalista.
Poco a poco, las promesas de Obama se fueron convirtiendo en esquivas realidades incluso para quienes habían sostenido con fervor su candidatura en tiempos de Bush. Para peor, no solo no pudo dejar de lado las guerras –de hecho si bien retiró tropas de Irak y Afganistán, terminó forzando nuevas intervenciones- sino que perfeccionó métodos que escandalizarían a los «padres fundadores». Los procedimientos de asesinatos selectivos, como hizo un comando en el refugio de Bin Laden  en Pakistán, se suman a la extensión del espionaje en las redes informáticas y los teléfonos celulares de ciudadanos y mandatarios internacionales, como demostró el ex agente Edward Snwoden.  Y también apañó golpes en América Latina –Honduras y Paraguay- y hasta en Egipto cuando las cosas amenazaban con irse de rumbo.
No pudo hacerlo en Siria para derrocar a Bashar al Assad por el rechazo firme del presidente ruso Vladimir Putin –en ese país está una de las bases militares que queda de la era soviética- como tampoco pudo intervenir en Crimea, donde hay otra. Pero el escenario que enfrenta Obama no desmerecería a su antecesor: guerras e inestabilidad en Irak, Afganistán y Libia y un nuevo enemigo, el grupo yihadista Estado Islámico, que justificaría una intervención militar con los aliados que le quedan: Gran Bretaña, Francia y en menor medida la OTAN.
A nivel político, la orfandad de Estados Unidos tal vez quedó reflejada con la nueva votación en la Asamblea de la ONU contra el embargo a Cuba: de 193 naciones miembro, 188 votaron por el levantamiento del castigo impuesto en 1961 a la revolución. Hubo tres abstenciones de países que poca influencia tienen a nivel diplomático, como Palau, Islas Marshall y Micronesia, y solo dos a favor de la permanencia del embargo, Israel y el propio Estados Unidos. La situación resulta tan comprometida en términos diplomáticos que un editorial del influyente The New York Times, que viene generando consenso para la apertura hacia el gobierno de La Habana, lo resumió así: « Es irónico que una política destinada a aislar a Cuba ha causado el efecto contrario y el que se ha quedado solo es Estados Unidos».

Noviembre 6 de 2014

viernes

Churchill y George W. Bush salen de copas por Asia

Según cuenta la leyenda, luego de una noche de libaciones por demás excesivas, el secretario para las Colonias de Gran Bretaña "dibujó" una frontera entre Jordania y Arabia Saudita bastante sinuosa que se parecía bastante a un capricho. Era marzo de 1921, el imperio otomano acababa de derrumbarse en la Primera Guerra Mundial –de cuyo inicio se cumple en días un siglo– y quedaban a la deriva millones de habitantes diseminados en millones de kilómetros cuadrados de superficie con riquezas que el mundo capitalista ya necesitaba con desesperación. Pero además, dos dinastías árabes reclamaban su cuota en el reparto luego de haber hecho su aporte para la caída del régimen turco.
El hombre luego sería uno de los líderes más importantes en el combate contra el nazismo y se haría famoso con su habano siempre a mano. Winston Churchill, incluso llegó a ganar el premio Nobel de 1953 en Literatura por sus memorias sobre la Segunda Guerra. La línea se conoce como "El hipo de Churchill" pero según estudiosos de la cuestión como el español Miguel Máiquez, no se trató de una resaca del dos veces primer ministro británico sino de una necesidad geopolítica.
El imperio británico se caracterizó durante su intervención en Asia y Medio Oriente de aplicar criterios geopolíticos o de control poblacional para diseñar países y fronteras. Ya lo había hecho en América latina a la caída del imperio español y en el centro de Europa tras la debacle de Napoleón. Es así que en Afganistán dibujó otra frontera en 1893 conocida como la Línea Durand, un borde artificial de 2640 kilómetros de largo que dividió regiones sin el menor criterio nacional o étnico entre la tierra de los pashtunes y Paquistán. Lo que generó condiciones para que las tensiones entre los distintos pueblos fuesen permanentes.
Otro bebedor –en este caso tuvo que hacer tratamiento curativo– impulsó un nuevo diseño para lo que alguna vez su secretaria de Estado, Condoleeza Rice llamó el Medio Oriente Ampliado (MOA). George W. Bush, que de él se trata, generó leyes que quitaron a los estadounidenses muchas de los derechos individuales de que se enorgullecía esa sociedad. Los escándalos por el espionaje universal no son sino una consecuencia directa de los atentados a las Torres Gemelas y de las Actas Patrióticas de Bush. También lo es el proyecto estratégico que Rice comentó casi como al pasar en el año 2006 y que se cumple a rajatabla, por más que el sucesor de Bush, Barack Obama, haya llegado al poder con la promesa de acabar con las guerras.
Recuerda el ya mencionado Máiquez –quien fue durante más de siete años redactor jefe y editor en el diario español 20 Minutos y en el canadiense El Popular– que "el acuerdo Sykes-Picot fue un pacto secreto entre Gran Bretaña y Francia, con el consentimiento de la Rusia aún presoviética, para el reparto de las posesiones del Imperio Otomano tras la Primera Guerra Mundial. Se firmó en mayo de 1916 y estipulaba que –a pesar de las promesas realizadas a los árabes a cambio de su levantamiento contra los turcos– Siria, Irak, Líbano y Palestina se dividirían en áreas administradas por británicos y franceses." Sobre esta base es que Churchill, laudando a duras penas entre las dinastías Saud y Faisal pero por sobre todo defendiendo los intereses de la corona británica, trazó las líneas que crearon Irak, Jordania y Palestina.
¿Qué se proponían los estrategas de Bush? Según el francés Thierry Meyssan, fundador de la Red Voltaire, un canal de información independiente creado en 1994, el MOA es un "nuevo concepto geográfico (que) designa a los Estados que van desde los pozos de petróleo del Sahara Occidental a los oleoductos de Paquistán, excepto los países del 'Eje del Mal' e Israel que ya está democratizado". La creación obedecía a la inventiva de un programa del Departamento de Estado, MEPI (por la siglas en inglés de Iniciativa para la Asociación en Medio Oriente) para apoyar a diferentes ONG que trabajan en la región de Medio Oriente y el Norte de África (MENA por sus siglas en inglés). Una de las más fervientes propulsoras de esta ideas era Elizabeth "Liz" Cheney, la hija del entonces vicepresidente Dick Cheney.
En las últimas semanas la “novedad” informativa volvió a Irak, con la aparición del grupo yihadista ISIS (Estado Islámico de Irak y Siria en inglés) como un actor primordial no sólo en la guerra civil de Siria sino ahora también en Irak, al punto que amenazan al poder central en Bagdad. ¿Se le escapó la tortuga Obama, que llegó a la Casa Blanca prometiendo retirar las tropas de Irak y Afganistán?
Un filósofo nacido en Alemania, que se refugió en Estados Unidos en 1938 y falleció en 1973, Leo Strauss, no tan conocido en estos lares pero que ejerce una influencia decisiva en los ultraconservadores estadounidenses, puede ser la explicación para entender en parte lo que está ocurriendo.
Strauss sostenía, dicen quienes mejor conocen su pensamiento, que "la verdad es peligrosa y destructiva para la sociedad. Desde el principio de los tiempos los hombres han elaborado mentiras para poder vivir con tranquilidad (…) entre ellas, la religión, la esperanza en el más allá, la vida eterna, el castigo a los malos y el premio a los buenos…" Como corolario de esta doctrina se puede afirmar sin ánimo de parecer chabacano, que "la verdad verdadera es insoportable para la mayoría".  Strauss tiene acólitos que, como él, si bien alcanzaron sitiales de relevancia, gustan de mantener en segundo plano sus verdaderas intenciones. Uno de ellos es Paul Wolfowitz, quien fuera titular del Banco Mundial y subsecretario de Defensa con George W. y por lo tanto es una figura clave en el plan MOA.
¿En qué consiste ese proyecto? El mapa ya circulaba en 2006, cuando Rice lo dio a conocer. Contempla la partición de Irak en una región chiíta y una sunnita y la creación del estado de Kurdistán, con una zona actualmente bajo jurisdicción iraquí, otra turca y la restante siria. Una forma de pagar la promesa comprometida por EE UU para el apoyo en el derrocamiento de Saddam Hussein. También se crearían nuevos estados en la región de Afganistán y de la península arábiga. Desde el punto de vista geopolítico este nuevo reparto de tierras es más conveniente para el dominio de Estados Unidos. Pero también, dicen los conocedores, puede ser fuente de futuros conflictos. Algo que el propio Strauss no hubiera desestimado, ya que era partidario del "caos constructor". 
Y lo que ocurre en la región en estos días tiene mucho de caos, aunque no se sabe cuánto de constructor. Descartada o muy sofrenada una respuesta bélica de Estados Unidos tras el retiro de las tropas, la variante de dejar que las cosas ocurran –aunque con una pequeña intervención de los organismos de inteligencia, a través de las relaciones bajo cuerda con Al Qaeda, ISIS, Boko Haram y otros– sería la más conveniente. Porque fuerza un nuevo diseño del mundo pero se cuida de decirlo con todas las letras, por eso de que la verdad es insoportable.
El miércoles, el ex vicepresidente Cheney, activo belicista que "factura" a través de empresas constructoras en esas regiones como Halliburton, anunció el lanzamiento de una ONG que dirigirá su hija Liz, la Alianza para una América Fuerte. El proyecto, sostuvieron en un artículo a The Wall Street Journal "es apoyado por ciudadanos que se dedican a la tarea difícil pero necesaria de preservar la libertad y restaurar la fuerza y el poder norteamericanos a raíz de los fallos de seguridad nacional del gobierno de Obama", al que acusan de haber puesto "a Estados Unidos en el camino del declive".
"El horror de Estados Unidos es repugnante", decía en un mail a sus padres el sargento Bowe Bergdahl, quien estuvo más de cinco años en manos de las talibanes en Afganistán y fue intercambiado por detenidos que estaban el Guantánamo por el presidente hace unos días. "Se supone que debíamos ganarnos los corazones de los afganos, simpatizar con ellos. Estas personas necesitan ayuda, sin embargo lo que reciben es al país más vanidoso del mundo, diciéndoles que no son nada, que son estúpidos, que no tienen idea de cómo vivir. Nos burlamos de ellos delante de sus caras, nos reímos porque no comprenden que los estamos insultando. No nos importa cuando los oímos hablar entre ellos acerca de la ejecución de sus hijos en plena calle, atropellados por nuestros camiones", agregó.
El soldado, que tenía 23 años cuando desapareció en terreno dominado por talibanes, parece que descubrió la verdad y por eso aún no lo presentaron públicamente. Esos mismos sectores que denostan a Obama lo acusan a Bergdahl de traidor.
Churchill y George W. también conocen la verdad y eligen salir de copas, quizás para hacerla tolerable.

Tiempo Argentino
Junio 20 de 2014
Ilustró Sócrates