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viernes

Alzate, alumno dilecto de Petraeus en contrainsurgencia

El general Rubén Darío Alzate, a los 55 años, tiene un historial que puede llenar de orgullo a sus pares. Estudioso, decidido, hizo cursos de liderazgo y de contrainsurgencia en la academia de Fort Leavenworth, en Kansas, y el Army War College (AWC), de Pensilvania. En un país tan íntimamente ligado a Estados Unidos, la carrera de Alzate (nombre simbólico si los hay para un general latinoamericano) puede decirse brillante. Para lo cual necesita, claro, olvidar que se trata de la misma nación que para obtener beneficios leoninos con la construcción del Canal Interoceánico, inaugurado hace justo un siglo, forzó la independencia de la provincia de Panamá.
Como parte de los acuerdos Torrijos-Carter, en 1999 el canal pasó a manos del gobierno panameño. Para la misma fecha, Bill Clinton y Andrés Pastrana firmaban el Plan Colombia, con el objetivo de "terminar con el conflicto armado y crear una zona antinarcótica".  Diez años más tarde, Barack Obama firmaba otro acuerdo con Álvaro Uribe que, ante el cierre de la base de Manta en Ecuador, otorgaba a las tropas estadounidenses prácticamente el control total de siete bases militares desde las que se puede vigilar todo el subcontinente y enviar aviones de guerra a cualquier rincón en pocas horas. El contrato era incluso más leonino que el del viejo Theodore Roosevelt en 1903 y la Corte suspendió su vigencia en 2010.
Los acuerdos que se suelen considerar en todo nuevo "contrato" hablan de los pactos militares previos desde 1952, tras la Segunda Guerra, y no olvidan cuestiones económicas ni el cada vez más creciente combate al tráfico de drogas. Casi la misma edad tiene la guerrilla en ese país.
 El desafío de Juan Manuel Santos de pacificar a Colombia colisionó desde el principio con quien fuera su mentor, Uribe. Convencido de que la paz es el mejor negocio, Santos fue quien más avanzó en negociaciones con los grupos insurgentes y quien más garantiza el cumplimiento de los documentos que se firmen. En este marco desarrolló su carrera el general Alzate.
Como se dijo, es un hombre muy preparado para la guerra y con mejor instrucción aun para trabajar sobre poblaciones civiles en conflictos armados internos. Según recordaba Joshua Goodman, de la agencia AP, Alzate hizo su tesis en el AWC sobre el modo de actuar en escenarios de insurgencia. Para lo cual se basó en textos de Mao Tse Tung y de un intelectual francés, David Galula. Goodman destaca que el alto oficial recibió la insignia de general de manos de otro de esos militares estudiosos, el estadounidense David Petraeus.
Eran los tiempos de crecimiento profesional de ese hijo de un holandés emigrado a Nueva York, quien alcanzaría su zenit y también su caída en la era Obama. Petraeus formó parte de un grupo de oficiales de élite y sólida ilustración que desde la guerra de Bosnia en adelante el Pentágono desplegó en Oriente Medio y Afganistán. Integraba este selecto club otro general de cuatro estrellas y alcance mediático, Stanley McChrystal.
Hay una historia interesante que involucra a este dúo en maniobras y manipulaciones de grueso calibre que en gran medida explican el fracaso de Estados Unidos en sus últimas incursiones armadas. Todo comienza con el almirante William Fallon, designado durante la gestión de George W. Bush comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos para las guerras de Irak y Afganistán.
En marzo de 2008 la revista Esquire publicó el artículo "El Hombre entre la Guerra y la Paz" donde el autor, que mantuvo un contacto muy estrecho con el militar, lo describe como contrario a la estrategia de imponer medidas más duras contra Teherán por su plan nuclear. Fallon tuvo que renunciar y su lugar fue ocupado por Petraeus.
Meses más tarde, otro "top", Stanley McChrystal, se hacía cargo de ambos frentes de batalla. Era el inicio de la administración Obama y todo apuntaba a que el nuevo mandatario iba a cumplir con su promesa de que las tropas volvieran a casa.
 En junio de 2010 la nota de tapa de la revista Rolling Stone (RS) causaba estupor en la Casa Blanca. En un extenso artículo firmado por Michael Mahon Hastings, McChrystal se despachaba con todo tipo de críticas y brulotes contra el gabinete demócrata y ridiculizaba especialmente al vicepresidente Joe Biden. Convocado de urgencia a Washington, tuvo que dimitir.
Muchos entendieron que no había sido inocente al aceptar la entrevista, como tampoco habían creído en la ingenuidad de Fallon dos años antes. Eran sin dudas señales del descontento por cómo se estaban llevando a cabo las acciones en los dos países asiáticos, invadidos luego de los atentados a las Torres Gemelas.
Petraeus popularizó desde las arenas de Irak la que tal vez haya sido su contribución más importante a la estrategia militar estadounidense. Su doctrina de contrainsurgencia, basada en los mismos textos de las guerrillas en Vietnam y Malasia pero con signo inverso, buscaba captar a las poblaciones locales con políticas de seducción más que la sola aplicación de la violencia. Fue como una Biblia que convenció a la dirigencia política de que había una forma de que iraquíes y afganos amaran a los estadounidenses. Y además, que se amaran entre sí, sin diferencias entre talibanes, moderados, chiítas y sunnitas.
"Petraeus casi redefinió el concepto de guerra en un nuevo manual de su autoría (Counterinsurgency Field Manual) que puso en práctica en Irak. Su idea principal era que los Estados Unidos no podían salirse de la guerra. Tenían que proteger y ganarse a la población, vivir entre ellos, para que un gobierno estable y competente pudiera prosperar. El nuevo soldado, según él, debía ser un trabajador social, un planificador físico, un antropólogo y un psicólogo", lo definió Hastings en RS.
Catalogado no sólo como intelectual sino también deportista y de costumbres austeras, Petraeus llevó su experiencia a la CIA, donde fue nombrado director en abril de 2011. Fue su cuarto de hora: el mundo le sonreía y parecía girar según sus predicciones. Daba para confiar en que al dejar Irak y Afganistán las tropas estadounidenses dejarían dos sociedades estables y agradecidas. Si todo hubieses seguido así, Petraeus estaba destinado a ser el nuevo Dwight Eisenhower que le pronosticaban los asesores de imagen. Pero ese soldado adusto y frugal tenía una debilidad. Y cuando en noviembre de 2012 se publicó que mantenía una relación extramatrimonial con una mujer que estaba escribiendo un libro sobre su vida, que para colmo, también era casada, su final quedó echado. Estas horas de violencia en la región prueban que ni siquiera su plan estratégico era lo que hizo creer.
Hastings murió en un accidente automovilístico en junio de 2013 en Los Ángeles, a la edad de 33 años. Poco antes había dejado otro hallazgo, también en la RS, cuando escribió que desde una unidad militar estadounidense se habían puesto en marcha operaciones de inteligencia y manipulación psicológica para conseguir dinero y apoyo político destinado a las guerras asiáticas. Las víctimas habrían sido, según Hastings, desde el senador republicano John McCain hasta el propio jefe de las fuerzas armadas, Mike Mullen. Uno de los mandos de esas operaciones citados en la revista, el teniente coronel Michael Holmes, explica su tarea como "acciones psicológicas aplicadas a la cabeza de la gente para conseguir que el enemigo se comporte como nosotros queremos que se comporte".
El domingo pasado. Alzate, actualmente jefe de la Fuerza de Tarea Conjunta, un grupo de élite contrainsurgente conocido como Titán,  junto con un cabo primero y una abogada que trabaja en esa institución navegaban en bote, vestidos de civil  por el río Atrato. El botero les avisó que estaban cruzando un área de conflicto, pero el general lo hizo seguir. Un poco más adelante fueron detenidos por efectivos de las FARC.
Pudo pasar cualquier cosa, pero los guerrilleros simplemente dejaron ir al botero y se llevaron a los demás. El primero en hablar del secuestro de un general fue el solicito Uribe. Santos confirmó la noticia más tarde, pero agregaba algo que pone las cosas en perspectiva. "Mindefensa y Cdte Gral: quiero que me expliquen por qué BG Alzate rompió todos los protocolos de seguridad y estaba de civil en zona roja", tuiteó el presidente, para anunciar luego que suspendía el diálogo de paz en La Habana.
Todo indica que los tres "retenidos" serán liberados en breve y las negociaciones continuarán. Y sí, el alumno dilecto de Petraeus  y sus jefes deberán dar explicaciones. El caso se parece demasiado a una operación "para que el enemigo se comporte como nosotros queremos que se comporte". Por suerte las FARC no pisaron el palito.

Tiempo Argentino
Noviembre 21 de 2014

Ilustró Sócrates


México y las flores del mal



Hace un par de años, en una charla en el Instituto Argentino de Estudios Geopolíticos (IADEG), Leopoldo González Aguayo, cientista político y docente en el Centro de Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de México, contaba la añeja relación de las fuerzas militares y la dirigencia política de su país con el comercio de droga. Específicamente, ironizaba, en un país que aún lamenta estar tan lejos de Dios como cerca de la principal potencia global, "eso también se lo debemos a los Estados Unidos".
La explicación no tiene desperdicio. Cuando el gobierno de Franklin Delano Roosevelt –que había hecho del aislacionismo en la segunda guerra una bandera, percibió que le iba a resultar imposible mantenerse al margen– evaluó medidas para volver a los campos de batalla. En toda guerra es imprescindible contar con tecnología y una industria poderosa detrás. Pero entonces también se precisaba suficiente y segura provisión de morfina para aliviar los dolores de los soldados heridos o mutilados en combate.
Fue entonces que, recordaba González Aguayo, "Washington le pidió al gobierno mexicano el abastecimiento de la droga, lo que nuestra dirigencia cumplió con esmero, al igual que el Ejército mexicano. Fue así que se estimuló el cultivo masivo de amapolas en el país, esencialmente para producir opio en cantidades industriales." De ese modo se abandonaron cultivos de frutales, legumbres y hortalizas por uno más rentable.
Hay académicos que rechazan esta versión de la historia porque no han encontrado documentación que la verifique. Lo que no es de extrañar ya que se trató de acuerdos secretos. Revelarlos antes hubiese implicado reconocer que EE UU planeaba entrar en guerra. Reconocerlos después, su rol en el desarrollo de un negocio ominoso que cuesta miles de vidas de la forma más violenta y que incluso subyace entre las causas más profundas en la desaparición de los 43 estudiantes del Colegio de Ayotzinapa, un caso que arrastra a la dirigencia política mexicana en pleno a una crisis que bien pudiera ser terminal.
¿Por qué se habría impuesto el proyecto de adormideras el sur del Río Bravo? La primera razón es que las tradicionales regiones asiáticas –el triángulo dorado de Birmania, Laos y Tailandia– habían sido invadidas por Japón. Los "negacionistas" de aquel espaldarazo a una verdadera fiebre por el cultivo de amapolas –de cuyo bulbo se extrae no solo la morfina y la heroína– sostienen que las zonas elegidas en México no son mejores que otras dentro de Estados Unidos.
Sucede que Washington necesitaba garantizarse, además de la morfina, fronteras seguras. En la primera guerra Alemania propuso ayudar al México de la Revolución a recuperar el territorio que le habían birlado medio siglo antes abriendo un frente en el sur estadounidense.
El caso es que abruptamente quedaron miles de hectáreas aptas y productivas sin mercado legal. Ahí es donde comenzaron a tallar las virtudes empresariales de los sectores más dinámicos de otro triángulo dorado, el de Sinaloa, Durango y Chihuahua. "Constituye lo más granado de nuestro emprendedor y exitoso empresariado", ironizaba González Aguayo.
Para esos años, las principales drogas eran la marihuana y posteriormente la cocaína. México era productor de la primera y Colombia se fue haciendo fuerte en nuevas cepas de coca desarrolladas especialmente para cultivarse en la selva. En poco tiempo, los carteles colombianos se convirtieron en verdaderas multinacionales que vendían una cocaína de primera en los principales mercados del mundo. Estados Unidos en primerísimo lugar, y luego Europa. Para ello contaron con la ayuda inestimable de la CIA y la DEA, de fundación más reciente, para cuando el control de drogas se había convertido en una estrategia destinada a la ocupación, con Richard Nixon. Conviene no olvidar el papel de estos organismos en los '80 en la financiación de los Contras en Nicaragua por medio de negocios ilícitos, como la venta de armas a Irán y la comercialización y el peaje para el tráfico de drogas hacia el país del norte, como reveló oportunamente el periodista Carl Bernstein, uno de los investigadores del escándalo de Watergate.
Tras el homicidio de Pablo Escobar Gaviria y el desmembramiento de los cárteles colombianos, comenzaron a destacar los mexicanos, que ingresan la mercadería producida en Colombia o incluso en Perú por la frontera. El 90% de la cocaína que sale de Colombia, atraviesa América Central y sigue ese camino. Pero también venden producción propia: marihuana, heroína y compuestos de diseño, como la metanfetamina. Se supone que el 70% del tráfico de drogas ilegales que entran en Estados Unidos lo hace desde las zonas calientes de Chihuahua, Sonora o Tamaulipas.
Fue así que prosperaron los carteles de Sinaloa, Michoacán, y se hicieron famosos personajes como el Chapo Guzmán y los hermanos Beltrán Leyva. Precisamente un desprendimiento de esta última organización criminal, Guerreros Unidos, mantiene una vieja disputa con los Rojos por el control del negocio en el estado de Guerrero.
Según cifras que recopiló el periodista Gustavo Castillo García en el diario La Jornada: "En Guerrero se produce más de 60% de la amapola y goma de opio de México. Estadísticas de la Organización de Naciones Unidas refieren que en el país, desde 2008, se duplicó el número de hectáreas de este cultivo ilícito, al pasar de 6900 hectáreas a 15 mil, y aumentar la producción de 150 toneladas a más de 325."
En Guerrero permanece sosteniendo su historia de luchas populares, el Colegio Normal Rural de Ayotzinapa. Es uno de las tantas escuelas fundadas en los años 20 para alfabetizar a los campesinos: ese instituto forma maestros rurales con conciencia de su papel en la sociedad. Allí se formaron Lucio Cabañas Barrientos y Genaro Vázquez Rojas, miembros luego del grupo Partido de los Pobres en la década del sesenta, ambos tempranamente muertos.
Con estos antecedentes, los distintos gobiernos estaduales o nacionales no vieron conveniente cerrar la escuela, pero en concreto la asfixian financieramente. Es así que los reclamos estudiantiles son moneda corriente entre el distrito de Tixtla y en Chilpancingo, la capital de Guerrero. El 12 de diciembre de 2011 en una de esas manifestaciones la policía reprimió mató a dos de alumnos.
El 26 de septiembre pasado, un grupo de muchachos iban a Iguala también con ánimo de reclamo. Las circunstancias posteriores van saliendo a la luz de a poco. El alcalde José Luis Abarca Velázquez tenía vinculaciones con Guerreros Unidos a través de su esposa. Al parecer, no quería protestas en su municipio, Iguala, y pidió impedir la posible manifestación. Los chicos habían tomado tres ómnibus para trasladarse y fueron detenidos por agentes policiales, quienes los habrían entregado a sicarios del cartel. Al día de hoy 43 siguen desaparecidos y según la fiscalía general de México, fueron asesinados y quemados hasta la disolución en polvo en los fondos de un basural, porque los Guerreros los creyeron miembros de los Rojos.
Los padres de los jóvenes solo confían en el Equipo Argentino de Antropología Forense para identificar los restos hallados. Pero la crisis política arrastra a toda la dirigencia: al PRI en el gobierno central, porque demoró una investigación seria; al PRD, el partido de izquierda fundado por Cuauhtémoc Cárdenas que era la esperanza de cambio, porque tanto el gobernador de Guerrero como el alcalde ganaron con el apoyo de esa agrupación. Las policías, porque se reveló que hasta sus salario suelen ser pagados por los narcos. El Ejército esta vez estuvo casi al margen. Buena la habían llevado en el período del Felipe Calderón en el gobierno, cuando las acciones militares no hicieron más que incrementa a límites demenciales el número y la violencia de las respuestas criminales. Por eso también calla el PAN.
Desde La Habana, los negociadores de paz de las FARC recordaron que Colombia también "ha estado sometida a estas prácticas de intolerancia y barbarie, impuestas por concepciones de defensa diseñadas por la estrategia dominadora de los Estados Unidos".
Las cifras globales no desmienten al grupo guerrillero más viejo de América Latina. Los principales productores de droga del mundo son Colombia, México y Afganistán. Según la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), el negocio representa cerca del 1,5% del PBI mundial, unos 683 mil millones de dólares en 2013, y el 7% de las exportaciones mundiales.
Cómo será que hace un mes la oficina estadística de la Unión Europea, Eurostat, reveló que el PBI de los 28 países de la comunidad es un 2,3% más grande si se le suman los beneficios de la prostitución y del tráfico de drogas. La ONU también alerta que en 2014 las hectáreas cultivadas con amapola en Afganistán crecieron un 7% y que la producción de opio aumentó un 17 por ciento.
Conviene recordar que Estados Unidos mantiene desde 1999 el Plan Colombia, con un enorme despliegue de bases y de militares para supuestamente combatir el narcotráfico. El Plan Mérida, en México, cumple funciones similares desde 2008. Afganistán fue invadido por tropas estadounidenses y de la OTAN en 2001. 

Tiempo Argentino
Noviembre 14 de 2014

Ilustró Sócrates 

sábado

La batalla por los canales en América Central

Los proyectos para hacer un canal transoceánico en Nicaragua no son nuevos. Pero desde que el gobierno de Daniel Ortega aprobó la Ley Especial para el Desarrollo de Infraestructura y Transporte Nicaragüense Atingente a El Canal, Zonas de Libre Comercio e Infraestructuras Asociadas,  la dirigencia panameña comenzó a preocuparse por un molesto competidor que, ahora sí, amenaza su exclusividad para la comunicación marítima entre el Pacífico y el Caribe. Por un lado se lanzaron a analizar cuáles podrían ser sus pérdidas de concretarse el proyecto, teniendo en cuenta que ya tenía en marcha la ampliación del canal propio, que acaba de cumplir 100 años de funcionamiento.  Pero también para intentar de alguna manera convencer a los inversores de que el mejor negocio es quedarse con los viejos conocidos.

 La primera novedad que trascendió llevó tranquilidad a la «opinión pública» panameña: el costo de tamaña obra treparía hasta cerca de 70 mil millones de dólares y la construcción se demoraría una década al menos, con lo que en términos prácticos no resultaría en una competencia a corto plazo. Y como diría John Maynard Keynes, «a largo plazo todos estaremos muertos».

Sin embargo, a medida que el gobierno nicaragüense avanzaba con los anuncios y presentó el documento firmado a favor exclusivo del Concesionario chino Wang Jing, la calma dejó lugar a una zozobra creciente.  Si China está metida en el asunto, evaluaron, la situación tiene visos de ser una cuestión estratégica. Y el recuerdo de lo que implicó la construcción del actual canal en Panamá atormentó a aquellos descendientes de quienes durante décadas habían  luchado por recuperar el control del emprendimiento de manos de Estados Unidos.
  
Es que el primer proyecto de construcción de una vía para evitar el largo camino hacia el estrecho de Magallanes para trasladarse en barco hacia el Atlántico tiene algunos componentes clásicos en las luchas imperiales. Hace algunas semanas recordaba el diario español El país un libro del holandés JanGeert van der Post, «El largo y sinuoso camino», donde se hace un prolijo estudio sobre los 72 proyectos de canal en Nicaragua, aprovechando las ventajas que ofrece en extenso Gran Lago de Nicaragua como para que el tramo de sección sobre tierra firme sea mínimo en territorio nicaragüense para pasar de un mar a otro.

Desde Napoleón…

El historiador de los Países Bajos señala en ese texto que ya desde las guerras napoleónicas surgió la idea de acortar camino para el creciente comercio internacional devenido tras la primera expansión global del capitalismo, hacia principios del siglo XIX. Para 1849 Cornelius Vanderbilt, uno de los empresarios estadounidenses más poderosos, había obtenido una concesión para construir un cruce interoceánico.

El propio Napoleón había encargado en 1799 estudios a un ingeniero francés para construir un canal en el istmo de Suez que conectaría el Mar Rojo con el mediterráneo, cosa de apurar el comercio con el Asia desde Europa sin pasar por las Américas. De hecho, el primer proyecto elaborado con los cánones ingenieriles modernos fue del año 1847. Ese desarrollo fue el que tomó el célebre Ferdinand de Lesseps, quien lo presenta a las autoridades egipcias como de una empresa a su cargo en 1852.  El Canal de Suez fue inaugurado el 17 de noviembre de 1866, con el estreno mundial de la opera Aída, de Giusseppe Verdi.

Sería Lesseps quien intentaría convencer al gobierno de Colombia de la construcción de un canal similar en el istmo de Panamá, por entonces una provincia colombiana y también el símbolo de la unidad latinoamericana tras el Congreso Anfictiónico panamericano promovido por el Libertador Simón Bolívar en 1826. En 1878 se firma en Bogotá un convenio para poner en marcha ese proyecto monumental.

En una saga de escándalo, corrupción e intrigas, la obra se fue tiñendo de sospecha y de hecho la empresa fundada por Lesseps fue a la bancarrota en 1888, arrastrando a inversores y dirigentes políticos de la Tercera República francesa. Para fines del siglo el polémico empresario había muerto y los acusados de desfalco resultaron absueltos. Pero el proyecto seguía interesando a las potencias del momento, por su implicancia para el comercio internacional.

El Big Stick

Entre la quiebra de la compañía francesa y el ingreso de Estados Unidos en el negocio y en la apropiación del proyecto final, el gobierno de Teddy Roosevelt, el presidente estadounidense famoso por su política del Big Stick (el Gran Garrote) , forzó la independencia de Panamá ante el rechazo de Bogotá al traspaso del proyecto original. Es así que tras la creación del nuevo estado, Panamá, en 1903, la construcción se acelera y la inauguración se produciría en agosto de 1914. Con una salvedad: el usufructo del canal era a perpetuidad para Estados Unidos, la soberanía del territorio alrededor de la vía navegable era también exclusiva y además, los buques estadounidenses tenían el derecho a cruzar gratuitamente, no así los que circulaban bajo otra bandera.

Esto creó un territorio partido al medio con una población de origen estadounidense que se autodenominaba «zonians». En ocasión de celebrarse el centenario del canal, el fotoperiodista español Matías Costa hizo un extenso reportaje sobre los que quedan de ese grupo de nativos de un país que ya no existe y que gozó mientras pudo de un paraíso irrepetible. Lo tenían todo al alcance de la mano y subvencionado por el gobierno estadounidense.

« El lugar era administrado por una única e inmensa corporación, la Compañía del Canal de Panamá (PCC en sus siglas en inglés), que, financiada por el Departamento de Defensa, creó una especie de falansterio: eran autosuficientes y no existía la propiedad privada, sino un régimen de usufructo. La compañía se hacía cargo de las escuelas, hospitales, clubes, cines y oficinas de correos, y protegía a sus ciudadanos de modo paternalista. Tenían su propia policía, sus propios jueces y fiscales, que no obedecían a las leyes de Estados Unidos, sino a las de la Administración del Canal. Todos los productos de consumo básico tenían la etiqueta de la compañía, en todos los despachos colgaba el mismo calendario y en cada mesa se usaba el mismo pisapapeles. Cualquiera no podía ir a vivir allí, había listas de espera y quien no cumplía las normas a rajatabla era expulsado de la zona.», anota Costa.

Pero todo se fue al diablo cuando el gobierno de Jimmy Carter cedió ante el impùslo de un mandatario con ímpetu nacionalista como Omar Torrijos y firmó un acuerdo en 1979 por el cual le otorgaría la soberanía del canal y su explotacuión al país centroamericano en 1999.
  
El proyecto de Nicaragua, sin embargo, se mantenía latente por las ventajas que otorgaría al tráfico mundial en momentos en que los grandes petroleros y los buques de carga fueron creciendo a niveles que ya no hacían viable el viejo canal. Fue así que se comenzó con el plan de ampliación en Panamá, en 2007, a un costo estimado entonces de poco más de 5200 millones de dólares financiado por créditos de los principales bancos de fomento internacionales. El plan es construir un canal paralelo y nuevas exclusas para duplicar la capacidad de transporte.

¿Mayores costos?

A principios de este año, un incidente casi paraliza las obras, cuando el consorcio que integra la constructora española Sacyr, que en Argentina llegó a tener participación en el paquete accionario de Repsol YPF, planteó mayores costos para su parte de las obras, lo que implicó el rechazo del gobierno de Ricardo Martinelli. A su reemplazo por Juan Carlos Varela, en julio pasado, la situación se había normalizado sin que se difundieran los términos del convenio al que arribaron las autoridades. En concreto, la empresa española se comprometió a entregar las obras en 2016.

Pero en ese transcurso se hizo patente el interés de China en no perder el «barco de la historia». Fue así que el empresario Wang aparece al frente de un consorcio denominado H K Nicaragua Canal Development Invest Co. Ltda, empresa constituida en Hong Kong para llevar adelante el emprendimiento a un costo que estimaron en 40 mil millones de dólares, pero que podría subir un 50%, según analistas panameños.

Las críticas sobre el proyecto y quienes lo llevan a la práctica se parecen mucho a las que envolvieron al viejo Lesseps y sus aliados en el gobierno francés de fines del siglo XIX. Se dice que el empresario es un aventurero que no tiene ningún tipo de aval para lanzarse a semejante aventura. Que el gobierno de Ortega se embarca –nunca mejor aplicado el término- en un proyecto irrealizable.

El ex canciller Fernando Núñez Fábrega le dijo a la web de BBC Mundo hace unos meses que «es más fácil llegar a la Luna a que se construya un canal en Nicaragua». El actual administrador del Canal, Jorge Luis Quijano, y otros funcionarios del gobierno panameño coincidieron en las críticas.  «No es viable un segundo canal en Centroamérica» dijo Quijano, y lamentó que «compartir el negocio no sea bueno para ellos (por los nicaragüenses) ni para nosotros».

Los ejemplos que ponía Quijano parecen demoledores.  «Desde que lo iniciaron los franceses (1881) a la fecha de terminar la ampliación, habremos excavado y dragado 545 millones de metros cúbicos. Ellos tienen que excavar y dragar por lo menos 10 veces, en cinco años. Calculamos que esas obras costarán unos 70.000 millones de dólares, no 40.000 (como estima Managua)».

 Entre los fundamentos técnicos, insistió el administrador panameño, «ese canal mide más de tres veces que el nuestro: 80 kilómetros versus más de 230 kilómetros. Esto implica que excavando podrían llevarse más de 10 años. Asimismo, hablan de que la inversión es de $60,000 millones, cifra al menos 10 veces superior a la ampliación en curso de nuestro canal».  Mientras tanto, la Asamblea nicaragüense aprobó su construcción y los estudios ambientales comenzarían a principios de 2015.

Octubre 18 de 2014

lunes

La crisis de las nacionalidades

El referéndum escocés y el deseo de consulta catalán son dos de las formas en que se expresa la crisis de del Estado-Nación en Europa. Pero también son un reflejo de la crisis de identidad de muchos pueblos en el marco de la creación de Estados supranacionales que apelan a políticas económicas que resultan difíciles de digerir para grandes capas de la población.
El importante apoyo que recibió el No al separatismo de Escocia, lejos de expresar el fin de reclamos de independencia, debiera ser un dato a analizar. Porque fue conseguido tras promesas y amenazas de última hora y además, si bien deja un diferencia grande sobre el Si de más de diez puntos, revela que casi el 45% de los ciudadanos escoceses prefiere dejar el Reino Unido.
En Cataluña la situación es otra. El gobierno de Mariano Rajoy rechaza la legalidad de cualquier referéndum como el convocado para el 9N. Y por más que el Parlament haya aprobado una ley para regular las consultas populares, resulta una traba difícil de soslayar a la hora de pretender una separación formal. En otras épocas, estas cuestiones se resolvían en el campo de batalla, pero no son estos los tiempos de Europa.
Hay tres posturas que quizás reflejen lo que se juega en los meses que siguen en España. Xosé (Pepe para los íntimos) fue alcalde de un pequeño ayuntamiento en Galicia. Jubilado reciente, el hombre no deja de reconocer la capacidad e industriosidad de los catalanes. Llega a admitir que eso los amerita para merecer la independencia, pero eso es algo que lamentaría porque considera que “debilita aún más a nuestro país para debatir cuestiones económicas en Bruselas”, la sede de las principales instituciones europeas.
Natalia es propietaria de un barcito frente a la playa de Badalona. Ella culpa sin tapujos a Madrid por los males que padecen los catalanes. “Nos quieren hacer pagar por carreteras y por el AVE (el tren de alta velocidad) por más de lo que costaron, nos dan mucho menos de lo que aportamos al fisco”, se queja. Jordi es un profesional que vive a su pesar en Madrid pero añora su pequeño pueblo en el interior de Cataluña. Está particularmente indignado por lo que se vive en su tierra por estos días, una suerte de final de fútbol, dice. “Nadie habla de que hay media España que tiene otra bandera. Y la mía es la tricolor”, la roja, amarilla y violeta de la República.
La UE nació como una construcción diferente a lo que fueron hasta hace un siglo los imperios plurinacionales como los austrohúngaro, otomano o zarista. Incluso se hizo sobre una base distinta a la extinta Unión Soviética, fundada en un régimen anticapitalista. Pero terminó tras la caída de la URSS en un sistema que busca la gobernanza a través de rígidas concepciones económicas de mercado. Para lo cual crearon una moneda común que se pretende como de reserva y comercio internacional en competencia con el dólar. Lo cual creó una guerra de divisas que potenció posiciones neoliberales con consecuencias que están a la vista: la desaparición del estado de bienestar.
Ángela Merkel es el adalid de esta posición extrema y es el centro de todas las críticas. El gobierno de Francois Hollande, que llegó al Eliseo como una esperanza de cambio hacia un socialismo aggiornado, terminó cediendo a esta rigidez y ahora en su propio partido debe enfrentar el rechazo a recortes presupuestarios en nombre de la “razón de Estado”.
Es aquí donde puede entenderse el crecimiento de reclamos secesionistas como los que se agolpan detrás de la puerta en el país Vasco, Bretaña y Occitania en Francia, la Padania, Córcega y Cerdeña en Italia y lo que tal vez sea el más emblemático, Flandes, en la mismísima Bruselas, la “capital” europea.
El líder de la unificación italiana, Giuseppe Mazzini, dijo en ese año de 1860 ante su obra cumbre: “Hemos creado a Italia, ahora deberemos crear a los italianos”. Lo mismo deberían decir los líderes europeos si no estuvieran tan preocupados por cuestiones extramuros.
Una de esas cuestiones fue creada por la misma UE en Ucrania, cuando intento avanzar con proyectos de unión comercial. Rusia se reivindica como nación a partir del Rus de Kiev de fines del siglo IX. Y Crimea es el origen de otra corriente nacionalista durante el zarismo, en la segunda mitad del siglo XIX. Era difícil que no estallara un conflicto de consecuencias impredecibles si se iba por ese camino.
La otra región del mundo inmersa en disputas nacionales es el Asia Menor. Allí la preocupación se centra por estas horas en los grupos yihaidistas que dominan una parte de Siria e Irak con el objetivo manifiesto de formar un Estado Islámico de tinte medieval y represivo. Armados y entrenados por Occidente, como se recuerda, para combatir al régimen de Bashar al Assad, ahora dan muestras cotidianas de barbarie incontrolada. Esto despertó viejas ansias del pueblo kurdo, un nación de unas 25 millones de almas dispersas en territorios de Turquía, Irak, Irán y Siria, que reclaman su derecho a un estado propio. Las fronteras actuales ante la dilución del Imperio Otomano obedece al capricho y el interés del todavía poderoso Imperio Británico, alrededor de 1920, pero no contempló voluntades ni necesidades de la población local.
En Europa crecen también movimientos ultranacionalistas que en muchos casos hacen temer una vuelta de extremismos como el de la Alemania nazi o la Italia fascista. El ejemplo más claro es el de Amanecer Dorado en Gercia, el partido más radical que prospera a medida que la crisis se ensaña con los griegos de a pie.
En Gran Bretaña los conservadores del premier David Cameron deben lidiar contra miembros de su partido que se cruzan al UKIP, el grupo antieuropeo que avanza en las encuestas. Algo similar ocurre en Francia con el Frente Nacional de Marina Le Pen.
¿Qué ocurrirá en Escocia si Londres no cumple con las promesas de última hora para que gane el No? Algunas refriegas producidas en Glasgow muestran alguna de las peores posibilidades. ¿Qué ocurrirá en Cataluña los ciudadanos no pueden elegir si quieren seguir formando parte del reino? ¿Cómo se resolverá la cuestión kurda ahora que los países europeos envían armas para defenderse de los fundamentalistas del EI?
De la crisis del 30, evalúan muchos analistas con bastante criterio, no se salió solamente por las medidas keynesianas que aplicó Franklin D. Roosevelt, sino por la Segunda Guerra Mundial. Las guerras suelen ser un buen vehículo para la unificación nacional ¿Será esta la forma en que se resolverá esta crisis?

Tiempo Argentino
Setiembre 21 de 2014

viernes

Obama en la trampa de la guerra

Barack Obama apareció con una oferta razonable para terminar con las incursiones bélicas de Estados Unidos en los rincones más alejados del mundo. Empantanado en Afganistán y en Irak, el gobierno de George W. Bush enfrentaba en sus horas póstumas de 2008 una grave crisis económica que amenazaba la estabilidad del sistema financiero internacional. Además, los sectores progresistas o simplemente liberales le imputaban los ataques contra las garantías individuales a partir de las leyes "patrióticas" dictadas tras el 11S.
El "Yes, we can" (Sí, podemos) fue todo un símbolo para una sociedad que, hastiada de las gestiones republicanas y sobre todo de décadas de neoliberalismo, soñó con un giro hacia aquellos ideales representados por el partido demócrata desde el cuatro veces electo presidente Franklin Roosevelt en adelante.
Pero luego de cinco años en la Casa Blanca, hay poco espacio para malos entendidos. Obama es lo que mostró hasta ahora, más allá de que aparezca incómodo dando la orden de volver a los bombardeos en Irak. A tres meses de los cruciales comicios de medio término, ahora enfrenta en el oficialismo a alguien que aspira a sucederlo y se quiere ofrecer como su contracara: Hillary Clinton.
La ex primera dama y ex secretaria de Estado del propio Obama salió a la palestra como precandidata para 2017 con un libro, Decisiones difíciles, donde critica la política exterior del actual inquilino de la Casa Blanca. Claro que, como se usa por estas costas, le cuestiona las iniciativas que tomó desde que ella dejó el cargo, en febrero de 2013. Así, en un reportaje a la revista The Atlantic le recrimina a su ex jefe haber dejado un vacío en Siria "que fue llenado por los yihadistas".  Luego buscó despegarse del gobierno sumándose a la acidez que los republicanos suelen dedicarle a Obama. La oposición ironiza que la toda política del demócrata consiste en "no hacer idioteces", y Hillary replica que "las grandes naciones necesitan principios rectores, y 'no hacer idioteces' no es un principio rector".
Hay un economista y docente de la Universidad de Quebec, Rodrigue Tremblay, autor entre otros libros de El nuevo imperio americano, que en un texto que tituló "Las decisiones inspiradas por los neoconservadores que gatillaron las mayores crisis de nuestro tiempo", anota algunos puntos que pueden servir para clarificar la responsabilidad de demócratas y republicanos en el mundo que nos toca padecer.
Recuerda Tremblay tres hechos fundamentales que tuvieron lugar durante la gestión de Bill Clinton, el esposo de la ahora crítica precandidata: la justificación de las guerras por razones humanitarias, la derogación de la ley Glass-Steagall en 1999 y la cancelación de la promesa de Bush padre y de Baker al presidente Mijail Gorbachov de que la OTAN no avanzaría sobre Europa oriental y la frontera rusa.
William Jefferson Clinton hizo uso –y abuso– del salón Oval entre 1993 y 2001. Poco antes la Unión Soviética se había diluido en una implosión inimaginable. George Herbert Walker Bush fue vicepresidente de Ronald Reagan entre 1981 y 1989 y luego presidente hasta 1993. Fue, por tanto, testigo y protagonista clave en el lento derrumbe del bloque socialista. James Baker fue su secretario de Estado. En un momento de esta historia, ambos se habían comprometido a mantener un status quo en el continente que contemplaba sorprendido la reunificación de Alemania y el avance del capitalismo en lo que fuera la "Cortina de Hierro". Mijail Gorbachov necesitaba ciertas garantías para tranquilizar a su frente  militar interno, que el dúo Bush-Baker mantuvo mientras permaneció en el gobierno.
La guerra civil en Yugoslavia, que terminó con el desmembramiento del país en los inicios de los '90, sirvió de excusa para la expansión de aquella Europa en crecimiento que enfrentaba el desafío de una moneda común. Azuzada como estaba por un gobierno como el de Clinton, que veía "el campo orégano" para avanzar sobre las fronteras rusas.
En 1998 el Senado de EE UU aprobó la extensión de la OTAN a Polonia, Hungría y la República Checa. Poco después, en la primavera del '99, y luego de ocho años de guerras genocidas entre los pueblos balcánicos, se inició una intervención humanitaria "para proteger al pueblo kosovar".
En ese mismo fin de siglo XX el gobierno demócrata liberalizó el mercado financiero. La Ley Glass-Steagal, promulgada durante el primer mandato de Roosevelt, estableció en 1933 medidas tendientes a evitar la especulación financiera como la que había llevado a la crisis del treinta. Tremblay pone en su artículo una frase de un libro de Luigi Zingales, Un capitalismo para el pueblo: "La belleza de la Ley Glass-Steagall, después de todo, era su simplicidad: los bancos no deben apostar con dinero asegurado por el gobierno, hasta un chico de seis años puede entender eso."
Un especialista en relaciones diplomáticas con Rusia, George F. Kennan –que no era precisamente un amigo del comunismo ni de la URSS–, escribió para la misma época que con la ampliación de la OTAN comenzaba una nueva Guerra Fría. "Creo que los rusos gradualmente reaccionarán muy negativamente. Creo que es un error trágico (...este acto) demuestra muy poca comprensión de la historia rusa y soviética. Por supuesto, va a haber una mala reacción de Rusia, y luego dirán que siempre dijimos que (los culpables) son los rusos, pero esto está mal."
Estados Unidos siempre osciló entre la voluntad de tomar al mundo por asalto y el debate de las ideas más sublimes de la humanidad. Fueron república antes que la revolución francesa, pero una república conservadora, lo que no impidió que las ideas liberales calaran hondo en la sociedad. Luego sería una república imperial, como registró el francés Jean-Jacques Servan-Schreiber.
Hace un par de años el cineasta Oliver Stone filmó el documental La historia no contada de Estados Unidos. Comienza por la segunda guerra mundial, que es cuando el país abandonó su aislacionismo para lanzarse a la conquista del planeta. Stone muestra con sólida documentación una posición si se quiere romántica de Roosevelt sobre el mundo que estaban diseñando con Stalin y Winston Churchill.
Pero poco antes de que terminara la contienda, Roosevelt murió y quedó a cargo su vicepresidente, Harry Truman. Demócratas ambos, representaban visiones totalmente diferentes sobre el rol que debería desempeñar Estados Unidos en el futuro. Con mencionar que –prueba Stone– Truman ordenó arrojar dos bombas atómicas sobre Japón cuando el Imperio del Sol Naciente estaba a punto de rendirse está todo dicho.
Desde entonces, la industria bélica condiciona a cuanto gobierno se instaló en Washington. Ya lo sabía el general Dwight Eisenhower, triunfador en la batalla por Europa contra los nazis, que en el discurso de despedida de su presidencia, en 1960, pronunció la célebre frase: "Nunca debemos permitir que el peso del complejo militar industrial ponga en peligro nuestras libertades ni nuestros procesos democráticos."
Obama ganó en 2008 en medio de una crisis financiera provocada por haber abandonado las regulaciones del '33 y un descrédito fenomenal por esas guerras de las que no resulta fácil salirse. Prometió y se convirtió en promesa. Pero ni bien se instaló en la Casa Blanca fue virando hacia lo que juraba que no debía de hacerse. No supo, no pudo o no quiso enfrentarse con el complejo militar-industrial ni con su socio no menos despiadado: el complejo financiero.
Poco queda de aquel senador que en 2002 tildó a la aventura en Irak de una "guerra tonta, una guerra precipitada, una guerra no basada en la razón sino en la pasión, no basada en principios sino en la política". Una guerra, puede agregarse, que sumió al país asiático en un infierno.
Que Obama no haya cerrado la cárcel de Guantánamo es casi lo menos que le reprochan. Porque además profundizó el estado vigilante heredado y buscó rendijas constitucionales para legalizar los asesinatos selectivos en cualquier parte del mundo.
El tránsito hacia el belicismo fue profusamente fundamentado por el periodista Bob Woodward –uno de los investigadores del escándalo Watergate en 1972– en Las guerras de Obama. Como no había versión en castellano, Fidel Castro lo hizo traducir y lo fue resumiendo en una serie de artículos publicados en octubre de 2010. Se lo puede consultar en: www.cubadebate.cu/?s=el+imperio+por+dentro. Vale la pena.

Tiempo Argentino
Agosto 15 de 2014

Ilustró Sócrates


Amenaza de sanciones y tensión geopolítica

http://tiempo.infonews.com/advf/imagenes/2014/05/5362fa9af3381_275x198.jpgDesde 1931 Japón mantenía bajo su control la región de Manchuria, en el noreste de China, donde dejaron al último emperador, Pu Yi, en la única ocasión que tuvo el póstumo descendiente de la dinastía Qing de aparecer gobernando, aunque fuera como títere. Para 1940, a la belicosa dirigencia nipona se le hacía imprescindible ocupar el sudeste asiático, cosa de garantizar la provisión de suministros y petróleo.
Estados Unidos ya se había expandido hacia el Pacífico y en simultáneo con la guerra contra España que terminó con la ocupación de Cuba y Puerto Rico, en 1898 se anexionó al archipiélago de Hawaii. No podía demorarse mucho el estallido de un conflicto entre ambas potencias. Algo de eso percibió el Imperio del Sol Naciente cuando en 1941 el gobierno de Franklin Roosevelt ordenó trasladar la Flota del Pacífico de San Diego a Pearl Harbour.
Los bárbaros crímenes cometidos por tropas japonesas en Nankin –cuarto de millón de personas asesinadas entre diciembre de 1937 y febrero del '38– no habían despertado mayores prevenciones de Washington, que seguía vendiendo petróleo a Tokio. Recién en julio del '41, unos días después de que la Alemania nazi iniciara la invasión a la Unión Soviética, la Casa Blanca embargó las ventas de combustible a Japón. En diciembre de ese año, el fulminante ataque a Pearl Harbour fue la excusa perfecta para que Estados Unidos le declarara la guerra al Eje, lo que terminó de inclinar la balanza a favor de las Naciones Unidas –como se autodenominaron los Aliados– en la Segunda Guerra.
En unos días se van a cumplir 20 años de la jura de Nelson Mandela a la presidencia de Sudáfrica. Un triunfo aplastante en las primeras elecciones libres en la historia del país pusieron en el gobierno al líder de la población negra, que había pasado 27 años preso durante el régimen del apartheid. Había sido condenado a cadena perpetua por traición en junio de 1964 en un juicio que se proponía demostrar la fortaleza de la minoría blancoeuropea ante la mayoría de la población negra. La ONU, que ya no sólo representaba a las cinco potencias involucradas en la contienda, condenó la sentencia contra Mandela y la dirigencia de la Congreso Nacional Africano (CNA) y pidió sanciones contra el régimen. Pero en plena Guerra Fría el castigo resultó difícil de implementar. Los afrikaners, como se denomina a los criollos sudafricanos, podían ser racistas y antidemocráticos, podían incluso pretender desarrollar un proyecto atómico, pero eran anticomunistas convencidos. Y además, en ese año crucial, los negros de Estados Unidos también tenían que enfrentar la brutal discriminación dentro de su  propio territorio.
Para colmo, el reciente golpe en Brasil abrió las puertas a una alianza furiosamente anticomunista que incluiría en los '70 a las dictaduras argentina y chilena con Pretoria. Del apoyo de estas naciones y de Israel y Estados Unidos se nutrió el régimen supremacista para zafar de penalidades en la Asamblea de la ONU. Porque además, en 1974, la Revolución de los Claveles había liberado a las colonias portuguesas de Angola y Mozambique, y las tropas sudafricanas fueron imprescindibles para sostener la contrarrevolución en el sur del continente. Los países árabes quisieron ser consecuentes y le decretaron un embargo petrolero, pero Pretoria recibió el combustible de Irán, que todavía estaba en manos del Sha Reza Pahlevi, otra pieza de colección en el rosario de los delitos de lesa humanidad y al mismo tiempo un sólido bastión de los intereses occidentales.
La revolución islámica en Irán trastocó el escenario en el centro de Asia a principios de 1979. En diciembre de ese mismo año el Kremlin decidió la invasión a Afganistán, que se convertiría en el Vietnam de los soviéticos. Esa vez, Estados Unidos, ya bajo la administración de Jimmy Carter, se acordó de sancionar al ocupante y la medida más estridente sin dudas fue el boicot a los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980. No todos los aliados naturales de Washington estuvieron de acuerdo en ausentarse de lo que serían las primeras olimpíadas en un país comunista. Algunos jugaron a dos bandas: aceptaron plegarse a la medida punitiva pero dejaron en libertad de acción a sus deportistas. El caso de Argentina fue curioso. En esa época, el principal mercado para las exportaciones locales era el soviético, tras los acuerdos firmados durante el gobierno democrático de Perón. Pero la dictadura debía declarar un anticomunismo irreductible, de modo que siguió vendiendo trigo, aunque los atletas se quedaron en casa. En total 58 países adhirieron al boicot.
No llegó a haber sanciones contra el hitlerismo en 1936, cuando se disputaron los Juegos de Berlín. Y razones había, porque los nazis ya habían dictado las leyes antisemitas, un preanuncio de la barbarie que desataría luego. Las olimpíadas habían pretendido ser una carta de presentación de las virtudes alemanas y en tal sentido descolló el trabajo creativo de la propagandista oficial, la cineasta Leni Riefensthal. Pero la historia le daría una estocada a Hitler y el estadounidense Jesse Owens se convertiría en el símbolo de ese certamen. El atleta negro se llevó cuatro medallas y les hizo morder el polvo a los representantes del hombre ario.
Tampoco hubo sanciones contra los militares argentinos en el Mundial de 1978, que había sido programado cuando el país se encaminaba hacia la democracia luego de las dictaduras sesentistas. Por eso los verdugos apuraron el exterminio, algo que también exigió el secretario de Estado Henry Kissinger, aunque por otras razones. Es que cada día le resultaba más difícil a la Casa Blanca hacer la vista gorda ante las atrocidades de la dictadura.
Ante la escalada en Ucrania, una de las ex repúblicas soviéticas, la Unión Europea y Estados Unidos aplicaron sanciones al gobierno de Vladimir Putin. Son medidas punitivas más que nada centradas en personas ligadas al gobierno pero de dudosa efectividad. Las sanciones en general tienen esa característica: son más que nada medidas simbólicas. Que tanto muestran actitudes principistas como son el avance para justificar intervenciones posteriores.
Europa y Washington avanzaron así sobre el gobierno de Muhamar Khadafi en Libia y el de Bachar al Assad en Siria, con suerte dispar. El "canciller" norteamericano John Kerry también amenaza con sanciones a Sudán del Sur ante lo que, dijo, pueda convertirse en una nueva matanza en tierras africanas, a 20 años del genocidio en Ruanda (que nadie evitó, por cierto). El bloqueo a Cuba, que nació en 1960, supone consecuencias incalculables en términos sociales y económicos a los cubanos y les complica la vida a los estadounidenses que quieren viajar o comerciar con la isla. Pero no logró cambiar el sistema.
Si algo muestra este pequeño recordatorio es que a pesar del cambio de siglo y de que algunos de los conflictos del siglo XX se extinguieron, lo que subyace es una disputa entre los de siempre por el dominio de una región clave en términos geopolíticos y también de un insumo vital para la marcha de la economía de cualquier nación, el combustible.
Ya no existe la Unión Soviética, las tropas rusas se fueron de Afganistán y ahora quedan algunos uniformados norteamericanos luego de que una vuelta de campana histórica que el Pentágono aprovechó tras los atentados a las Torres Gemelas. Irán, que recibió ingentes sanciones en estos años, está intentando negociar una salida elegante a su proyecto nuclear.
El presidente Barack Obama, por un lado, acaba de hacer una gira por Asia en la que prometió apoyos y ventajas comerciales, continuando con una estrategia que comenzó hace más de un siglo. Vladimir Putin, por el otro, planta bandera montado en los temores a una nueva invasión desde el oeste, siguiendo una herencia genética que viene de más lejos aún. A su vez, la canciller germana Angela Merkel intenta quedar bien con Dios y con el Diablo. No sea cosa de verse envuelta en otra guerra en ese peligroso sector de la Europa central donde tanta sangre corrió por siglos.
Al mismo tiempo se abroquelan, en distinto grado, los países emergentes que están llamados a ser el polo de atracción principal del siglo XXI: Brasil, Rusia, China y Sudáfrica, los BRICS. Si Estados Unidos no logra interponerse en su camino, como pretende. Por eso preocupa la amenaza de Kerry de aplicar sanciones al gobierno de Nicolás Maduro si no avanza el diálogo de paz con la oposición en Venezuela.

Tiempo Argentino
Mayo 2 de 2014 
(Gracias a Sócrates por la ilustración)