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lunes

Narcos en zonas de conflicto

La detención del comisario inspector santafesino Gustavo Pereyra es apenas la punta de un iceberg de incalculable profundidad que atraviesa a la sociedad en todos sus estamentos. Eso es, ni más ni menos, el problema de las vinculaciones entre las bandas del narcotráfico y las instituciones estatales. Un tema que se terminó metiendo en la agenda de la campaña electoral pero que desde hace tiempo golpea profundamente en organismos de seguridad y políticos de todos los sectores. Porque la situación en la Policía de la provincia de Santa Fe no es nueva y, además, es un espejo de situaciones similares en las provincias de Córdoba y Buenos Aires, como para sospechar que nadie está exento de resultar salpicado por ese oscuro paradigma que no solo impacta en la Argentina sino que es un tema candente en otros países de la región, aunque lejos en la comparación con la situación local, como México y Colombia.
Para corroborar esta aseveración, esos mismos días se comenzaba a sustanciar el juicio político contra Julio Novo, fiscal general del distrito de San Isidro, acusado de encubrir a una banda de narcotraficantes, la misma causa por la que fue desplazada la procuradora general de Buenos Aires, María del Carmen Falbo. El caso data de 2009 e involucra a agentes policiales y funcionarios judiciales y desliza sospechas sobre dirigentes políticos comunales bonaerenses.
En Córdoba, mientras tanto, el Tribunal Oral Federal Nº 2 rechazó a fines de setiembre un nuevo pedido de excarcelación presentado por el ex jefe de Lucha contra el Narcotráfico de la Policía cordobesa, Rafael Sosa, a la espera del juicio oral y público por el denominado «narcoescándalo». El proceso se inició en 2013 cuando en un programa de TV de Canal 10 un informante de la Policía denunció a la jefatura de esa dependencia por complicidad con bandas de  narcotraficantes. El gobernador José Manuel de la Sota, peronista disidente, tuvo que cambiar entonces la cúpula policial. Lo mismo se vio obligado a hacer un año antes el mandatario santafesino, Antonio Bonfatti, del Partido Socialista. Y en un paralelo notable prosigue el juicio contra el exjefe de la Policía provincial, Hugo Tognoli, quien en octubre de 2012 había saltado a la fama cuando resultó acusado de haber encubierto a narcotraficantes, de amenazas y de haberse enriquecido con este tipo de complicidades con quienes debería haber combatido. Junto con Tognoli están sentados en el banquillo dos exfuncionarios de la Dirección General de  Prevención y Control de Adicciones y el ex subjefe de Inteligencia de la policía provincial, José Luis Bella.
En el caso del también santafesino Pereyra, conocido como Gula, de 54 años, fue procesado por la jueza Alejandra Rodenas, quien le trabó embargo por 100.000 pesos. La acusación es por haber integrado una banda que se dedicaba a cometer homicidios, extorsión y amenazas de la que formaban parte otros miembros de la fuerza junto con una familia vinculada con el delito conocida en Rosario como «Los Monos». La Justicia lo acusa de poner a disposición de la banda «información reservada y secreta» que les permitía mantenerse fuera de la órbita de la ley y escapar a tiempo de procedimientos que el comisario no podía evitar sin verse involucrado. Es decir,  acciones realizadas en el marco de las funciones para las que la sociedad le pagaba su sueldo.

Acusación por televisión
Un hecho que conmovió a la sociedad en 2008 fue el llamado triple crimen de General Rodríguez. El 16 de agosto de ese año un lugareño encontró tres cadáveres en un zanjón a un costado de la ruta 6, en la localidad bonaerense de General Rodríguez. Los cuerpos de Sebastián Forza, de 34 años; Damián Ferrón, de  37; y Leopoldo Bina, de 35, habían sido acribillados con saña y una verdadera muestra de violencia típica de los homicidios mafiosos. Se supo que estaban vinculados con el tráfico de efedrina, un principio activo de origen vegetal para medicamentos vasodilatadores pero al mismo tiempo precursor de anfetaminas.
La trama sobre esas muertes permanece entre las sombras, aunque fueron condenados Víctor y Marcelo Schillaci como partícipes necesarios y los hermanos Christian y Martín Lanatta como autores materiales de los asesinatos. En tanto permanece prófugo Esteban Pérez Corradi, considerado uno de los mayores proveedores de efedrina a los carteles mexicanos. El caso volvió a la escena de un modo impactante una semana antes de las PASO cuando el periodista Jorge Lanata consiguió entrevistar a su casi tocayo Martín Lanatta en la prisión y a otro de los implicados, José Luis Salerno, exsocio de Ferrón, una de las víctimas. Ambos aseguraron que el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, sería el autor intelectual de los homicidios. Unos días más tarde, Salerno se desdijo en sede judicial, mientras que tanto familiares como el abogado de Lanatta aseguraron que en ningún tramo del juicio en su contra había dicho algo en ese sentido. Pero la sospecha quedó instalada, sobre todo desde que el que fue secretario de la Secretaría de Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (SEDRONAR) entre 2004 y 2011, Ramón Granero, terminó procesado y a punto de ir a juicio oral en una causa por tráfico de efedrina iniciada en el despacho de la jueza María Servini de Cubría.
Otro caso oscuro es el del doble homicidio de dos ciudadanos colombianos en la playa de estacionamiento del shopping Unicenter, del partido bonaerense de San Isidro, ocurrido en julio de 2008. Hubo una denuncia del exdiputado provincial Marcelo Saín, que se sumó a otra del  entonces fiscal de San Isidro, Luis Angelini. Ambos consideraron que el fiscal Julio Novo y dos de sus subordinados no hicieron sino obstaculizar las investigaciones para determinar quiénes habían sido los responsables de la matanza registrada en un lugar muy concurrido y en el estilo de las ejecuciones que se ven en las películas de narcos colombianas.
Angelini sospechaba que las maniobras de Novo tenían como objetivo  encubrir las vinculaciones entre los asesinatos de los colombianos y los hermanos Gustavo y Eduardo Juliá, hijos de un exjefe de la Fuerza Aérea argentina, condenados y presos en España luego de que les encontraran una tonelada de cocaína en su avión. Angelini fue más lejos y afirmó que «existe una inmensa actividad institucional estatal claramente dirigida a encubrir graves delitos de acción pública que ocultan, a su vez, una enorme trama de narcotráfico nacional y supranacional» y apuntó directamente contra «una multiplicidad de agentes de competencia decisiva que integran el Ministerio Público Fiscal de la provincia de Buenos Aires». La jueza que investigó esta denuncia es Sandra Arroyo Salgado, exesposa y querellante a nombre de sus hijas en la investigación por la muerte del fiscal de la causa AMIA, Alberto Nisman.

Miradas contrapuestas
En este clima de denuncias y sospechas contra fuerzas policiales y funcionarios de algunos de los organismos estatales, en el marco de las repetidas «guerras» de narcos en distintos distritos del país, el tema se coló en la campaña electoral y no solo por la denuncia contra Fernández. Es así que Sergio Massa, el candidato del frente UNA, aliado con el cordobés De la Sota, mostró el perfil más duro en la lucha que proponía contra la droga, mientras que Mauricio Macri, de Cambiemos, se sumaba a la propuesta de combate de ese flagelo, pero no llegó a proponer, como el exintendente tigrense, usar a las Fuerzas Armadas para enfrentar a las bandas de narcotraficantes. Fernández, candidato a la gobernación bonaerense, defendía, en tanto, otro perfil y reclamaba no penalizar el consumo sino poner el eje en tratar los casos de adicciones como una enfermedad, un aspecto que desde la otra vereda parecía no ser tan tenido en cuenta. La posición extrema de Massa de llevar tropas militares a las villas y clausurar las fronteras despertó críticas desde lo legal –la legislación vigente impide que las fuerzas de defensa puedan intervenir en acciones interiores, que deben estar a cargo de fuerzas de seguridad como la Policía y la Gendarmería–, pero también reflotó los antecedentes de otros países, donde ese recurso no hizo sino agravar la situación. Sobre todo por el poder corruptor que muestra el dinero que produce el negocio de las drogas.
El propio Saín, director de la flamante Escuela Nacional de Inteligencia, salió al cruce de esas propuestas. Señaló que el candidato responde a directivas de la embajada estadounidense, el país que promueve desde hace por lo menos cuatro décadas la guerra al narcotráfico. Así, en un reportaje publicado por Tiempo Argentino, reconoció que no hay una gran ciudad donde no haya una red criminal dedicada al tráfico y la distribución de algún tipo de droga «con la particularidad de que (las redes) son regenteadas por el propio Estado, porque son reguladas policialmente».
El exjuez y exministro de Seguridad bonaerense, León Arslanian, recordó a su vez que una semanas atrás un grupo de académicos, dirigentes sociales y políticos y organizaciones no gubernamentales presentaron un Documento de convergencia en que destacan que «las drogas son un síntoma de algo mucho más hondo y su eventual superación requiere afrontar dilemas y retos estructurales que lo nutren y multiplican». Y agregan que «la intervención de las Fuerzas Armadas agravaría las consecuencias, en términos de violencia y abusos (…) que se observan en otros países de América Latina».

Guerra perdida 
En 2013 la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, que integran los expresidentes César Gaviria, de Colombia; Fernando Henrique Cardoso, de Brasil, y Ernesto Zedillo, de México, entre otros, llegó a la conclusión de que es necesario buscar otras soluciones para el problema de la droga y el narcotráfico porque «la guerra contra las drogas»  fue una «guerra perdida» que acarreó costos incalculables.
El presidente mexicano Enrique Peña Nieto reconoció este hecho cuando aseveró que «los escasos resultados obtenidos en décadas obligan a un cambio de paradigma». El mandatario, del PRI, sucedió en el cargo a Felipe Calderón, del PAN, que al llegar al Palacio de los Pinos, en 2006, había desatado una guerra sin cuartel recurriendo al Ejército. El resultado no puede ser más aleccionador: en ese lapso la tasa de homicidios aumentó un 300%, se registraron unos 60.000 muertos y más de 26.000 desaparecidos. El caso de los estudiantes de Ayoztinapa, hace un año, es el más dramático: los chicos quedaron en medio de una disputa entre bandas narcotraficantes del estado de Guerrero y en su desaparición están implicados policías, militares y hasta el alcalde de la localidad de Iguala, José Luis Abarca, del PRD, el partido de la izquierda que había formado Cuauhtémoc Cárdenas y del que luego se abrió, antes de que esta trama siniestra saliera a la luz.


Revista Acción
Octubre 15 de 2015



sábado

Superdomingo: una vuelta más

Mediáticamente el 5 de julio fue presentado como el «superdomingo», porque en una misma jornada coincidían en las urnas distritos que representaban, en grados bien diferentes, el 20% del electorado del país. Puede decirse que, salvo la excepción de unas PASO muy particulares como las pampeanas, los oficialismos salieron refrendados por la ciudadanía de cada distrito. Y este es precisamente un punto a destacar: extrapolar lo ocurrido este 5 de julio al plano nacional es un ejercicio bueno para especialistas en marketing político, pero no sería errado considerar que fueron elecciones con un determinante contenido local.
De hecho, si bien no logró ganar en primera vuelta, Mauricio Macri se animó a festejar y lanzar desde su búnker un bien planificado discurso de campaña presidencial, aunque con un dejo de sabor a poco por los guarismos que mostraban los centros de cómputos. Y los radicales correntinos, que con justa causa celebraron el triunfo en las legislativas locales del gobernador Ricardo Colombi, quedaron opacados ante las cámaras por Sergio Massa, que se apersonó a copar los medios nacionales atribuyéndose el éxito en una coalición de la que participó el Frente Renovador junto con el radicalismo correntino.
De allí el exintendente de Tigre se cruzó a Córdoba para mostrarse de fiesta al lado de José Manuel de la Sota, con la intención de demostrar que su propuesta alternativa a la polarización FPV-PRO está viva para las presidenciales a pesar de que las encuestas indiquen que se viene desgajando de manera acelerada. El dato mediterráneo es que De la Sota le salió con todo a Macri, de cara a las internas abiertas de agosto. Luego del debate que ambos protagonizaron en TN, la imagen del búnker cordobés representa un desafío para quienes ya habían puesto todos los huevos en la canasta del actual jefe de Gobierno porteño.
Hilando más fino, es cierto que en la Capital Federal ganó Horacio Rodríguez Larreta y que se debe ir a segunda vuelta. Algo poco novedoso, ya que desde que la Ciudad de Buenos Aires es un distrito autónomo, ningún gobernante ganó en la primera vuelta. El que más cerca estuvo fue Aníbal Ibarra, con el 49,4% de los votos en el año 2000, cuando Domingo Cavallo, que quedó segundo con el 33,3%, resignó, tras una serie de insultos, acusaciones y exabruptos, sus aspiraciones de seguir en carrera para el balotaje.
Pero hay algunos datos a tener en cuenta. A favor, que luego de 8 años de gestión, el PRO resulta imbatible en todas las comunas, incluso en los viejos bastiones peronistas del sur profundo de la ciudad. En contra, que tras unas PASO en que Rodríguez Larreta dirimió la interna con Gabriela Michetti, el oficialismo porteño perdió unos 50.000 votos. Incógnitas: como bien marcó el candidato del Frente para la Victoria (FPV) Mariano Recalde, el que quedó segundo para el balotaje, Martín Lousteau, es otra cara de una misma moneda y a nivel nacional apoya a la entente formada por radicales, macristas y sectores de la derecha encolumnados detrás de Lilita Carrió.
Con el resultado puesto, el PRO necesita algo menos de 5 puntos para mantener el poder contra 25 que debería sumar el ex ministro de Economía de Cristina Fernández. Una cifra que aparece como inalcanzable. Por lo pronto, Lousteau  tuvo que salir a aclarar que no se bajaría de la segunda vuelta, ante versiones –presiones de los medios concentrados y de dirigentes radicales– que avizoran el riesgo de competir con un socio a nivel nacional, algo incómodo de sostener en el tiempo. Y que también arrastró resquemores de la diputada Elisa Carrió, la virtual armadora de una coalición antikirchnerista que buscó adosar el poder territorial que conservan los radicales a la imagen de líder opositor que se nucleó alrededor de Macri.
En este caso habrá que ver qué hará ese casi 22% de votantes de Recalde –unas 400.000 personas–, muchos de los cuales entendieron que el PRO y el ECO, el partido armado a las apuradas para sustituir el devastado frente UNEN, son lo mismo.
Por otro lado, resta determinar qué harán los votantes que desde distintas variantes de la izquierda representan más de 7% de los electores, alrededor de 120.000 votos que difícilmente se inclinen por alguno de los dos contendientes. ¿Votará en blanco ese medio millón largo de ciudadanos, optarán por el mal menor y apoyarán a Lousteau? Mejor aún, ¿irán a votar o se abstendrán, a modo de disgusto ante esta suerte de interna abierta de la oposición? Sería una señal inédita desde la recuperación de la democracia en 1983 y fundamentalmente desde la crisis de 2001.
Esos son los peligros para Cambiemos, el sello con que el radical Ernesto Sanz y Macri disputarán en las PASO. Por eso desde los mismos centros mediáticos con que se intentó llevar a los miembros dispersos de la oposición a crear un frente común, como en Venezuela logró la derecha en torno a la Mesa de Unidad Democrática para apoyar la candidatura de Henrique Capriles, ahora respirarían más tranquilos si Lousteau diera un paso al costado.
Las denuncias sobre los fondos de su campaña, que presuntamente provendrían a través del radicalismo capitalino de negociados oscuros en la Universidad de Buenos Aires, tal vez le limaron algunos votos. Posiblemente, sus propias denuncias de las vinculaciones del macrismo con el negocio del juego hicieron lo propio en el oficialismo porteño. La búsqueda de nuevos votos con estos antecedentes puede ser una mano de brea para ambos de cara a agosto.
El caso es que Lousteau, de la nada, se coló en la segunda vuelta porteña y aspira a crecer para una próxima ronda presidencial como el líder que la UCR no tiene desde hace mucho tiempo. Y Macri no logró más que reposicionarse como un líder «municipal» tras la derrota de Miguel del Sel en Santa Fe –donde compitió contra aliados nacionales como el socialismo y el radicalismo provincial– algo que preocupa a su mentor, el ecuatoriano Jaime Durán Barba.
Córdoba va
El otro distrito donde hubo compulsa electoral fue Córdoba, el bastión del delasotismo desde 1999. Juan Schiaretti arañó el 40% para ganarle por algo más de 5 puntos al radical Oscar Aguad, que iba con el apoyo de su partido, del exintendente de la capital provincial, Luis Juez, y del PRO, la «triple alianza» al decir del actual gobernador, De la Sota, de UPC (Unión por Córdoba). Tercero quedó el representante del FPV, Eduardo Accastello, que gobernó Villa María por 3 períodos.
Como viene ocurriendo desde que el kirchnerismo incursionó en la política nacional, el peronismo cordobés es esquivo al partido a nivel federal, haciendo gala de lo que con cierta gracia los delasotistas denominan «cordobesidad». Ahora De la Sota se presenta como precandidato en las PASO para competir contra Massa en un espacio al que llamaron UNA (Unidos por una Nueva Argentina), y aprovechó también él muy ventajosamente las cámaras durante la celebración del triunfo de su elegido, quien fue secretario de Comercio e Industria de Cavallo durante el menemismo. Ni lerdo ni perezoso, De la Sota apuntó directamente a Macri, al que tildó de «mal líder político y mal gobernante», ya que perdió en Córdoba, abundó, y «tiene por delante un balotaje muy complicado» en la Capital Federal.
Lo que tanto De la Sota como Massa se encargaron de manifestar es la irritación contra una estrategia que, confiados en el supuesto viento de cola que acompañaba a Macri hasta no hace mucho, los dejó afuera de unas PASO de las que podría haber salido el Capriles salvador de la derecha vernácula. Y ahora le gritan en la cara que el nuevo escenario planteado por la decisión del PFV de nombrar como candidatos presidenciales al gobernador bonaerense Daniel Scioli con el actual secretario de la presidencia Carlos Zannini –una fórmula que acarrea en la práctica el perfil moderado y de previsibilidad que el voto independiente reclama al oficialismo nacional con el núcleo duro de las transformaciones logradas en estos 12 años– les hace dudar de sus posibilidades de destronar al kirchnerismo. Sucede que si bien el gobierno de Córdoba fue en esta década un territorio bastante hostil a la Casa Rosada, no es menos cierto que Cristina ganó en 2011 después de que perdiera su candidato provincial. Lo mismo ocurrió en la ciudad de Buenos Aires. De allí la preocupación de los sectores opositores, que reparan en que el presidente de Aerolíneas Argentinas salió tercero y quedó bastante alejado del resultado que cuatro años antes obtuvo en el mismo distrito Daniel Filmus. Pero saben que luego de las PASO porteñas fue el candidato que más creció y partiendo no solo desde el desconocimiento público sino también desde la animosidad por su gestión en la aerolínea de bandera y por su adscripción a La Cámpora. En este contexto, puede decirse que lo suyo fue un éxito y una importante apuesta al futuro en una ciudad que ni siquiera en el mayor auge del peronismo le fue afín. Salvo que se cuente aquel triunfo pasajero de un candidato menemista, Erman González, en los 90.
Fórmula en campaña
En La Rioja el triunfo del delfín del gobernador Luis Beder Herrera, Sergio Casas, fue también importante: 57,6%, sobre el candidato de la «triple alianza», Julio Martínez, con algo más del 39%. A favor del opositor habrá que anotar que es la segunda vez que se presentaba y que en la anterior sumó menos de 20% de los votos.
Hacia allí fueron Scioli, Zannini, Aníbal Fernández y Eduardo Wado de Pedro. Algunos medios cuestionaron que los popes kirchneristas hubiesen ido a festejar a La Rioja, donde Casas no llegó a los 150.000 votos cuando en CABA Recalde había logrado cerca de 400.000. Pero se sabe cómo es la alquimia electoral: el porteño era tercero en la discordia y quedaba afuera de la discusión en la segunda vuelta. El oficialismo venía de ocupar el tercer lugar en Córdoba y en Santa Fe y de ser relegado en Mendoza, tres lugares clave quizá no tanto para determinar el voto a la presidencia, aunque sí al menos para servir de aliento y publicidad a la oposición más acérrima. Por supuesto, no computa a pérdida que en Tierra del Fuego la candidata Rosana Bertone se haya alzado con una victoria peleada pero determinante en el balotaje dos semanas antes, uno de los escasos cambios de mano en los comicios provinciales hasta ahora.
En cuanto a La Pampa, conviene hacer una pequeña digresión. Esta provincia, gobernada por el peronismo desde 1983, tiene una ley electoral que obligaba a realizar internas antes de que se aprobaran las PASO a nivel nacional. La oposición eligió «a dedo» a quienes los representarán en las provinciales, de modo que el único partido que dirimió diferencias fue el peronismo. No hubo acuerdo para ir con una propuesta unificada y se impuso la lista Peronismo Pampeano, del exgobernador Carlos Verna, con el 58,14% de los votos, contra el 41,86% de Fabián Bruna por Compromiso Peronista, el sector kirchnerista.
Scioli, muy activo desde que fue ungido único presidenciable por el FPV, saludó efusivamente el triunfo de Verna y lo anotó como tropa propia, algo razonable porque se sabe que es un electorado «amigo». Lo mismo hizo con Schiaretti que, bueno es recordar, ya fue gobernador entre 2007 y 2011, en esta suerte de cambio de roles que mantiene con De la Sota. No tuvo entonces un mal diálogo con Cristina Fernández, a diferencia de su líder partidario, que trató siempre de diferenciarse y en eso basa su oferta para las PASO. Mucho menos, se descuenta, lo tendría Schiaretti con Scioli en la Rosada. Mientras tanto el exmotonauta sigue sumando a independientes y remisos para su proyecto de llegar al sillón de Rivadavia.


Revista Acción
Julio 15 de 2015


viernes

Locademia de Policía de El Salvador

El 30 de septiembre de 2010, el presidente ecuatoriano Rafael Correa permaneció casi todo un día a merced de policías amotinados por demandas salariales y gremiales. En junio de 2012, el gobierno de Evo Morales y representantes de policías de baja graduación refrendaron un acuerdo para solucionar un conflicto que llevaba varias semanas en torno de demandas similares y por el régimen disciplinario en la fuerza de seguridad boliviana. Unos meses más tarde, gendarmes argentinos daban la nota con un autoacuartelamiento que dio mucha tela para cortar a los medios y los dirigentes opositores.
Desde que las democracias institucionales se fueron recuperando en América Latina, y tras el período más oscuro para la región, con los golpes criminales encabezados por militares entrenados en la temible Escuela de las Américas, las Fuerzas Armadas prácticamente dejaron de ser un factor desestabilizante en casi todos los países latinoamericanos. Un poco porque aprendieron la lección en vista de juicios como los que se sustanciaron en la Argentina por delitos de lesa humanidad, y otro poco por la condena social donde lograron esquivar a la justicia. Pero en gran medida, porque el desprestigio de los uniformes verde oliva es tan alto que ya no tientan a ningún golpista.
Desde entonces, sin embargo, la opción desestabilizadora corre por cuenta de policías y de estamentos varios dentro del sistema judicial. Como bien recuerdan los especialistas en la cuestión, son los "azules" la parte de cualquier Estado más cercana al hombre común. Por tanto los que más pueden servir en caso de necesidad para crear condiciones o prevenir situaciones de conflicto.
Había una escena de la excelente película argentina Tiempo de valientes, de Damián Szifrón, en la que uno de los personajes, el psicoanalista que interpretaba Diego Peretti, en discusión permanente con un policía bastante desencantado como Luis Luque, le cuestionaba que los reclamos de esa fuerza siempre resultaban complicados para la sociedad, aun cuando en verdad son agentes estatales como un maestro o un médico. "El detalle es que nosotros estamos armados", era la respuesta cínica, dura, pero condenadamente cierta del personaje.
El experto en seguridad Marcelo Saín explicó, en un trabajo donde proponía medidas para democratizar a esa fuerza en América Latina, que el llamado "policiamiento regulatorio del delito" estableció "un circuito estable de autofinanciamiento ilegal de la policía, originado en un conjunto de dádivas y fondos provenientes de diversas actividades irregulares o delictivas permitidas, protegidas o llevadas a cabo por los propios agentes policiales". El detalle de esas formas irregulares de financiación caben perfectamente en el listado de delitos que se atribuyen a las cúpulas destituidas en Córdoba y en Santa Fe estas semanas, desde el "peaje" por el robo de autos, la prostitución o cualquier actividad ilegal hasta el tráfico de narcóticos.
Esta podría ser una respuesta para que tomara en cuenta el gobernador cordobés José Manuel de la Sota, que terminó cerrando un acuerdo salarial literalmente con una pistola en la nuca. Luego de varias horas de descontrol en la capital, asolada por bandas que "casualmente" se dedicaron a saquear con la tranquilidad de saber que tenían zona liberada.
Como se difundió en este medio, el clima policial en Córdoba se fue tensando en las últimas semanas, y desde un desconocido grupo Anonymous se fue alentando una operación "Juanes en Marcha", por el nombre que reciben los suboficiales del más bajo rango y la tropa rasa.
La situación se profundizó luego de que a raíz de una denuncia periodística, De la Sota tuvo que descabezar la cúpula policial e incluso al ministro de Seguridad, que para colmo es un comisario general, Alejo Paredes. En 2011, el legislador "juecista" Roberto Birri había presentado un pedido de informes para que las autoridades aclararan si Paredes había hecho un curso de adiestramiento en la International Law Enforcement Academy (ILEA) de El Salvador.
Para esa misma época, la entonces ministra Nilda Garré y el canciller Héctor Timerman planteaban sus protestas ante el gobierno porteño por haber enviado a agentes de la Policía Metropolitana a entrenarse en esa institución, a la que ambos funcionarios compararon con la conocida como "escuela de dictadores" de Panamá. "Con estas decisiones, Macri muestra que está dispuesto a ser heredero de las políticas represivas que el pueblo argentino rechazó desde 1983, cuando concluyó la dictadura", decía entonces Timerman, que aprovechaba para recordar que en 2006 Néstor Kirchner había prohibido que miembros del Ejército y la Policía Federal recibieran cursos en cualquier institución sucesora de la Escuela de las Américas.
La ILEA, Academia Internacional para el Cumplimiento de la Ley, según su traducción al castellano, "nace con la filosofía de unir esfuerzos, entre las agencias gubernamentales, instituciones, capacitadores y estudiantes, para lograr una política externa común de aplicación internacional de la ley", según señala en sus fundamentos. En la página web reconoce, sin mencionarlo, el desprestigio de su antecesora, al admitir que "desde principios de 1997, el gobierno estadounidense comenzaba a buscar un país anfitrión para el establecimiento de la Academia Internacional para el Cumplimiento de la Ley en Latinoamérica".
La estrategia de penetración y control social, paralela entonces al Consenso de Washington en el plano económico, comenzó con la primera ILEA, en Budapest, en el año 1995. La siguieron otras en Bangkok, Tailandia; en Gaborone, Botswana; y en Roswell, en Nuevo México –el mismo centro donde presuntamente alguna vez capturaron a seres de otro planeta.
La sede de San Salvador nació en 2005 y desde entonces se dictaron allí 117 cursos a los que concurrieron 4954 participantes de la mayoría de los países latinoamericanos, incluidos argentinos. Los cursos de ILEA están dirigidos a directores policiales de nivel medio, fiscales, jueces y otros funcionarios encargados de la aplicación de la justicia criminal. "Este curso –se indica– hace enfoque en el liderazgo, administración personal y financiera, ética, regla de derecho y el manejo del proceso de investigación." La ILEA imparte también instrucción sobre crimen organizado, cumplimiento de la ley financiera, contrabando nuclear, tráfico de estupefacientes y lavado de dinero.
El canadiense Jean-Guy Allard apunta que la ILEA es ni más ni menos que una academia para desarrollar un nuevo Plan Cóndor. Y dice que en una sede de capacitación que tienen en Perú, "se está entrenando a soldados y policías en contra-insurgencia". Allard agrega que los policías "regresan a sus respectivos países a reprimir y torturar a su pueblo".
El director por la parte salvadoreña de la academia es Andrés Alexander Ramírez Medrano; y el estadounidense, Michael Von Perkins. Como suele suceder con los funcionarios norteamericanos, Perkins no se guarda nada en su presentación. Policía de carrera oriundo de West Monroe (nombre premonitorio si los hay), el hombre escribió en su presentación que "la delincuencia no conoce fronteras" y que "la colaboración entre los organismos policiales de todo el mundo es crucial para proteger los intereses estadounidenses". 
El organismo de Derechos Humanos School of Americas Watch (SOAW) también compara a la ILEA con la escuela panameña, a la que recuerda como un centro de "entrenamiento en represión, espionaje político, tortura física y psicológica, que garantizó la Doctrina de Seguridad Nacional". Y no tiene drama en tildarla de "Escuela de Asesinos".
Alguien le recordó al gobernador de la Sota el Navarrazo. En febrero de 1974, el gobernador Ricardo Obregón Cano relevó de su cargo al jefe de la policía, Antonio Domingo Navarro, porque lo consideraba "poco confiable" y sin mucho apego a la democracia. Navarro le acuarteló a 7000 efectivos y acusó de "infiltración marxista" al gobierno asumido menos de un año antes. No duraría mucho la primavera democrática cordobesa, en lo que fue un prolegómeno de lo que ocurriría en el país. Obregón Cano y su vice, Atilio López, fueron destituidos por la asonada policial.
Los tiempos no son los mismos y ya no hay lugar para otro Navarrazo. Pero la forma en que De la Sota cree haber solucionado la rebelión es un antecedente peligroso para la democracia del país. Convendría haber mirado un poco hacia lo que ocurre en otros países de la región y no aislarse del mundo intentando tirar culpas para otro lado, cuando el trasfondo de sus cuitas puede estar en cuestiones que escapan incluso a los que plantearon la protesta, que quedaron inmersos en una operación en la que no es tanto lo que al fin del día pueden ganar. Los gobiernos amenazados nunca terminan bien. Los amenazadores, tampoco.

Tiempo Argentino
Diciembre 6 de 2013

Horacio Cartes y las políticas de Estado

El presidente de Taiwán, Ma Ying-jeou, y el príncipe Felipe de España fueron los primeros en llegar a Asunción. Se entiende la premura de ambos representantes en saludar al nuevo presidente paraguayo: el heredero Borbón intenta hacer pie en una Latinoamérica que mucho antes de los escándalos en la casa real y el gobierno español ya le venía dando la espalda a la península. En el caso del taiwanés, Paraguay es uno de los apenas 23 países del mundo que mantienen relaciones diplomáticas con la isla donde se refugiaron los líderes nacionalistas cuando el comunismo tomó el poder en la China continental, en 1949.
La China insular, un pequeño territorio que hasta 1972 mantuvo la representación de la milenaria nación en todos los organismos internacionales, fue el refugio de Chan Kai-shek pero básicamente fue un emblema del capitalismo y un bastión de la lucha contra al comunismo. Pero los acuerdos de Richard Nixon y Mao hicieron de Beijing otro miembro del quinteto con "poderes diferentes" en la ONU, por más que Estados Unidos sigue sosteniendo la integridad territorial de Taiwan.
Desde entonces, y como condición para mantener relaciones con la República Popular China, Beijing exige no tener vínculos diplomáticos con Taipei. Argentina dio ese paso en ese mismo 1972. Un puñado de países en el mundo siguieron atados a ese resabio de la Guerra Fría, una anomalía si se tiene en cuenta que China se fue abriendo a los mercados desde 1978 y hoy día es el segundo jugador de la economía mundial y tiene el 23% de la población del planeta. Entre los países que siguen haciendo esta apuesta, por razones que no siempre tienen que ver con lo ideológico, están también  Panamá, El Salvador, Guatemala, Honduras y el Estado Vaticano.
La cuestión viene a cuento porque sin lugar a dudas el problema más candente para la nación paraguaya es el de su inserción en el mundo. Suspendida su participación en los organismos regionales a partir del golpe de Estado contra el gobierno constitucional de Fernando Lugo, tras las elecciones que ganó Horacio Cartes comenzaron las negociaciones para el regreso. En Unasur fue nuevamente aceptado hace unos días, a pesar de que una de las razones esgrimidas por los golpistas es que Lugo había firmado los protocolos democráticos de ese foro sin someterlos a aprobación parlamentaria. Más difícil parece la vuelta al Mercosur, el tratado que nació justamente en Asunción en marzo de 1991 y que reúne a los países de la Cuenca del Plata.
La cerrazón ideológica de la derecha paraguaya había bloqueado el ingreso de Venezuela, que forma parte de la institución desde que Paraguay fue suspendido, el año pasado. Los tres restantes fundadores del Mercosur aspiran al retorno de Paraguay, sabedores de que estratégicamente es central para el avance de la alianza regional. Pero el establishment paraguayo no cambió un ápice. El presidente venezolano ni siquiera fue invitado a la asunción de Cartes, un desplante que respondieron ecuatorianos y bolivianos no enviando a su representación. Cartes se mostró amable con Cristina Kirchner y Dilma Rousseff y dió señales amistosas. Pero por ahora sólo habrá "relaciones bilaterales", según señaló su canciller.
Es que el empresario designó en Relaciones Exteriores a un hombre con un pasado que no asegura amplitud ideológica. Eladio Loizaga Caballero planteó que antes de un retorno se debe hablar de "un nuevo escenario de la reconstrucción de confianza con los países vecinos, teniendo en cuenta que nuestro problema fue regional". Y deslizó que hay otros clubes donde Paraguay podría recostarse. El mensaje hacia al bloque de la Alianza del Pacífico, que integran Chile, Perú, Colombia y México, fue bien explícito.
Eladio Loizaga Caballero, hay que decirlo, se inició en el servicio exterior durante la dictadura de Alfredo Stroessner y figura en los documentos de la Comisión de Verdad y Justicia de Paraguay como uno de los promotores del XII Congreso Anticomunista Latinoamericano. EL CAL es uno de los tantos grupos de ultraderecha que unieron esfuerzos luego de la expulsión de Taiwán de la ONU y que en su momento tenían como líder al propio Chan Kai-shek. Era la versión regional de la Liga Mundial Anticomunista (LMA), y había sido fundada en México. Fue uno de los sostenes ideológicos del Plan Cóndor y tuvo entre sus dirigentes al boliviano Hugo Banzer y al paraguayo Stroessner.
Cartes también figura en archivos internacionales. Cables de embajadas estadounidenses publicados por WikiLeaks lo señalan como sospechoso de lavado de dinero y narcotráfico. El hombre tiene una de la fortunas más grandes de Paraguay, es dueño de un conglomerado de unas 20 compañías con unos 3500 empleados en sectores que van desde frigoríficos hasta el tabaco e incluso un banco. Según algunos indicios que no lo dejan del todo mal parado, su choque con la embajada obedece a denuncias de las grandes tabacaleras internacionales que lo fustigan desde que intentó, en 2008, exportar cigarrillos marca Palermo a Estados Unidos a un precio 20% menor que la competencia. Archivos de la embajada en Buenos Aires hablan de una operación "Corazón de Piedra" pergeñada por las compañías Phillip Morris, British-American, Reynolds e Imperial junto con funcionarios de la DEA, de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos, del Departamento del Tesoro, y fiscales federales en un hotel de la ciudad de Panamá, en diciembre de 2009, para demoler al ahora presidente.
El tramo final por las legislativas argentinas encuentra a un par de candidatos de la oposición lanzando discursos de tinte presidencialista, con vistas más a 2015. La mayoría habla poco de política internacional y mucho menos de integración regional. No por ser temas complicados sino para no meterse en camisa de once varas con algo que entienden que no aporta votos en el plano doméstico.
Por eso mismo resulta interesante hurgar en eso poco que se dice, como para entender un algo más dónde se para cada uno. El cordobés Juan Manuel de la Sota habló en estos días ante empresarios brasileños en San Pablo. El gobernador de Córdoba llegó a precandidatearse como vice de Antonio Cafiero en esa interna que abrió el paso a la presidencia de Carlos Menem. Cuando el riojano tomó el poder, De la Sota saltó el cerco y fue su embajador en Brasil, en los inicios del Mercosur. Su "pollo" ahora es el ex gobernador Juan Schiaretti, quien durante el menemato integró los equipos de Domingo Cavallo en la Cancillería y en el Ministerio de Economía. Les cabe a ambos su cuota parte en las "relaciones carnales", de las que no se escuchó ninguna palabra de arrepentimiento, como sí la tuvo el creador de ese concepto, Carlos Escudé.
De la Sota les dijo a los empresarios paulistas que el desafío de la hora es establecer una "alianza estratégica con Brasil y una relación inteligente con Estados Unidos". Eso, sin descuidar a los países del Pacífico. "En esa parte del mundo está el futuro del comercio", abundó ante los presentes.
El intendente de Tigre, por su parte, se explayó bastante sobre posibles planes de gobierno en un almuerzo con empresarios locales a 800 pesos el cubierto, unos días antes de las PASO. Sergio Massa armó un equipo con muchos ex integrantes del gobierno kirchnerista que fueron quedando en el camino, como él mismo. Roberto Lavagna fue el último en acercarse al tigrense: había ocupado la cartera económica hasta unos días después de la Cumbre de Mar del Plata que sepultó al ALCA, el proyecto neoliberal de mercado común que propugnaba Estados Unidos. Miguel Peirano fue el último en ocupar esa dependencia con Kirchner y se fue el día que asumió Cristina, para dejarle su lugar a Martín Lousteau. El joven economista se tuvo que ir tras el rechazo a su propuesta de incremento a las retenciones.
Otro integrante del team es Martín Redrado, presidente del Banco Central entre 2004 y 2010, luego de Alfonso Prat-Gay. Lousteau y Prat-Gay decidieron jugar en UNEN, pero el resto hizo su apuesta por el que fuera jefe de gabinete tras aquellos aciagos días del conflicto por el famoso Decreto 125. Llegó tras la renuncia de Alberto Fernández, que también está ahora entre sus filas. Massa –que también figura en los cables de WikiLeaks– consideró ante los empresarios, sin dar mayores precisiones, que se debe repensar "quiénes son nuestros socios en el mundo".
Ninguno de ellos –de Lavagna nunca se supo– renunció por rechazo a la política exterior de los Kirchner. Y eso que, aparte del ALCA, en estos años de gestión se profundizó la relación con Chávez y el país se alejó del FMI y del resto de los organismos de crédito internacionales, entre otras cuestiones. Sobre todo, fue durante este período que se inició el proceso de integración más profundo desde los tiempos de las guerras de independencia.
Lástima que esos aparezcan como datos menores en la campaña, dada la importancia que tienen para las futuras generaciones. Una pena que no se hable de políticas que deberían ser de Estado más que de partido.

Tiempo Argentino
Agosto 16 de 2013