Paul Craig Roberts es un viejo conocido de esta columna. El hombre, que
ya pasa los 75 años, es un liberal de los que ya casi no quedan. Es
decir, es de derechas, pero cree firmemente en las libertades
individuales. Vale la pena leer las reflexiones de este republicano que
formó parte de la administración de Ronald Reagan como subsecretario del
Tesoro y algunos lo consideran como uno de los creadores de la
desregulación a ultranza de la economía, lo que se llamaría
"reaganomics". Porque allí despliega su recelo sobre la tendencia que
Estados Unidos mantiene en la última década, más precisamente desde los
atentados a las Torres Gemelas, de cercenar derechos que para los
"padres fundadores" de la nación eran sacrosantos. Sin dejar de ser un
anticomunista convencido por ello.
Por eso Roberts titula el más reciente artículo en su sitio web
http://www.paulcraigroberts.org/ como "Los leninistas en la Casa
Blanca", en referencia al líder de la revolución soviética Vladimir
Illich Lenin, quien instauró la dictadura del proletariado –mediante "el
uso ilimitado de la fuerza y sin regla alguna", considera– en la Rusia
zarista hace casi un siglo. Pero en el fondo no es sino una forma
irónica de dar cuenta de la realidad actual de este Estados Unidos que
Barack Obama gobierna desde 2009.
La última manifestación de este "leninismo", para Roberts, sería "el
anuncio de Washington de que no ha planeado coordinar los ataques de EE
UU al grupo yihadista en territorio sirio con el gobierno de Damasco:
Washington reconoce no tener limitaciones para el uso de la fuerza, y
que la soberanía de los países no le provoca inhibiciones". Y añade que
en Washington "la coerción ha suplantado las reglas de la ley".
Los ejemplos que anota el economista son conocidos para cualquiera que
lea lo que ocurre en el cercano Oriente con cierta asiduidad. La
invención del ahora llamado Estado Islámico (EI) es obra de Estados
Unidos, que armó a grupos extremistas islámicos para combatir contra el
gobierno de Bachar al Assad y ahora, según su interpretación, se le
dieron vuelta. A esta altura de Obama en el Salón Oval, es difícil creer
que se trata de errores en continuado como los que habrían cometido en
su momento sus antecesores cuando apoyaron a los talibanes contra los
soviéticos en Afganistán y luego tuvieron que elevar el cuco de Al Qaeda
a la categoría del mayor mal para la civilización occidental.
Ese es el mismo lugar que ahora ocupan los yihadistas de Siria e Irak,
en una jugada geopolítica que convierte en accesible a una región hasta
no hace tanto vedada a las aspiraciones intervencionistas del Pentágono
por la fuerte resistencia de Vladimir Putin a abandonar a su socio
estratégico. Pero que ahora encontró la excusa ideal en las brutalidades
que los extremistas muestran en los medios. Pero hay al menos tres
preguntas por hacerse: ¿antes no eran tan brutales?, ¿no será que fueron
entrenados para serlo?, ¿quién puede constatar fehacientemente qué tan
inhumanos son?
Cierto, hace unos días se reveló un video que exhibe de un modo
especialmente horroroso la decapitación del periodista estadounidense
James Foley. El gobierno de Al Assad salió a decir que Foley, que desde
2012 estaba en manos de los grupos islámicos que combatían inicialmente
en su contra, había sido asesinado el año pasado. El periodista era un
free lance, o sea que trabajaba por las suyas, aunque antes de ese
menester había colaborado con organizaciones no gubernamentales, entre
ellas Teach For América y la conocida USAID. Pero también había
colaborado con publicaciones militares.
Foley podría haber proporcionado al resto del mundo información de
primera mano sobre lo que ocurría en ese andurrial del mundo que ahora
preocupa a los líderes de Europa y de Estados Unidos. Su muerte podría
interpretarse entonces como una pérdida para tener buena información,
que es lo que no abunda en ninguna de las nuevas guerras imperiales.
¿Por qué creer a los informes oficiales, que hasta no hace tanto
hablaban loas de los "luchadores por la libertad" que peleaban por la
democracia conculcada por Al Assad y que repentinamente se convirtieron
en la encarnación del diablo?
En estas semanas, el pueblo de Ferguson se levantó contra un caso de
gatillo fácil racial de un policía blanco en contra de un chico de 18
años, Michael Brown. Luego de medio siglo de aplicación de las leyes
antidiscriminatorias y de la elección del primer presidente de origen
afro en Estados Unidos, no es mucho lo que se avanzó en ese tan sensible
tema. De hecho, en los años '60 Ferguson, un suburbio de Saint Louis,
Missouri, tenía más de un 70% de población negra. Pero ante el cambio de
paradigma, hubo emigraciones masivas para no compartir los mismos
colegios y establecimientos sanitarios. Ahora la proporción se invirtió
con el agregado de que ese casi 70% de negros debe convivir con policías
que en abrumadora mayoría son blancos.
Los negros en ese país pueblan las cárceles y resultan víctimas de más
procesos judiciales que cualquier blanco. Además, tienen menores
oportunidades de trabajo y cuando lo consiguen suelen ganar menos. Los
latinoamericanos se están convirtiendo en la minoría étnica más populosa
y padecen muchos de esos mismos problemas o más aún. Pero además,
suelen ser inmigrantes ilegales, con lo cual sus padecimientos se
incrementan.
El ya mencionado Roberts aporta datos espeluznantes sobre el
funcionamiento de la justicia estadounidense. Sólo el 4% de los casos de
delitos llegan a juicio, señala el economista. La razón es que el 96%
de los imputados prefiere negociar un arreglo con la fiscalía para no
llegar al estrado judicial. Lo que los convierte en los culpables
adecuados cuando su único delito es la portación de piel. "Una vez que
se le provee de un abogado, el acusado aprende que su letrado no tiene
la menor intención de defenderlo ante un jury. El abogado sabe que las
chances de que el tribunal lo encuentre inocente van de escasas a nulas.
Y los fiscales, con el consentimiento de los jueces, inducen a los
testigos a dar falso testimonio, tienen permitido pagar con dinero y
dejar caer pruebas contra los reales criminales y extravían evidencia
favorable al acusado." ¿Las razones? Hay una burocracia judicial que
necesita funcionar con rapidez y mostrar una eficiencia que tranquilice a
la población. La solución fiscal apura resultados –más allá de la
verdad verdadera– y al fin del día cada delito encuentra un culpable.
Por otro lado, los fiscales, que son cargos electivos, pueden ostentar
records que a la hora de los votos, "garpan".
La maquinaria legal tiene otra pata no menos siniestra: las cárceles
privadas, que necesitan estar llenas para ser rentables. Como será de
brutal ese sistema penal-judicial-empresarial que en febrero de 2009 dos
jueces de Pensilvania, Mark A. Ciavarella Jr. y Michael T. Conahan,
fueron encontrados culpables de haber recibido 2,6 millones de dólares
en sobornos para enviar a prisión casi 5000 niños que, en la mayoría de
los casos, reveló entonces la periodista Amy Goodman, nunca habían
tenido acceso a un abogado. "El caso ofrece una mirada extraordinaria a
la vergonzosa industria de las cárceles privadas que está floreciendo en
Estados Unidos", escribió entonces Goodman, conductora del programa
Democracy now!
David Stockman, otro ex miembro del gabinete Reagan, trajo a colación
días pasados en su sitio Contracorner que "hace exactamente un año,
Obama propuso darle una paliza a Al Assad porque supuestamente había
desencadenado un feroz ataque químico sobre sus propios ciudadanos".
Ahora, señala el ex director de la Oficina de Presupuesto de los
republicanos, "la Casa Blanca está amenazando nuevamente con bombardear
Siria, pero esta vez el objetivo de "cambio de régimen" se amplió e
incluye "a ambos lados", esto es, al gobierno y a los yihadistas. Días
pares uno, días impares otro, ironiza.
La maquinaria del horror necesita alimentarse de sangre. Y así como las
camas de una prisión deben estar ocupadas para hacer rentable al
negocio, la industria de la guerra no puede detenerse para que Estados
Unidos no caiga en la recesión.
Ese es el país excepcional con el que Obama intenta justificar las
intervenciones bélicas y las acciones judiciales. Y esas son las
instituciones por las que en la Argentina muchos dirigentes y medios de
comunicación suspiran embelesados.
Tiempo Argentino
Agosto 29 de 2014
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viernes
La maquinita y el negocio de la deuda
Hace seis años Karen
Hudes fue despedida del Banco Mundial, donde había trabajado por dos décadas.
Graduada en Derecho en la exclusiva Universidad de Yale, la mujer integraba el
departamento jurídico de la institución creada en el marco de Naciones Unidas
para apoyar el desarrollo y el combate a la pobreza. Vio muchas cosas en esos
veinte años la señora Hudes, y contó todo a sus superiores; y hasta elevó informes
a las autoridades estadounidenses, ya que por un acuerdo tácito el presidente
del BM siempre era un norteamericano a cambio de que el FMI estuviera en manos
de un europeo. Hasta que un día, por sus denuncias sobre la corrupción
imperante en la institución, la llevaron de patitas a la calle, no sin haberle
agradecido antes los servicios prestados y tratando de que no hiciera demasiado
ruido.
Ahora Karen Hudes es
lo que en inglés se conoce como whistleblower. La versión más callejera del
término sería 'soplona'. La más elegante, 'denunciadora'. Es la palabra con que
se denomina al soldado Bradley Manning y al más reciente Edward Snowden. Ella
mantiene su posición y volvió a la abogacía para mantenerse, pero mientras
tanto aparece en los medios en que la dejan para contar al público lo que fue
averiguando en torno de una trama del poder mundial en las sombras que mantiene
en vilo al planeta y como quien dice agarrado de los fundillos al propio
presidente de Estados Unidos, por la amenaza de un default que comparó a una
bomba atómica mundial.
Un artículo firmado
por Michael Snyder da cuenta del pensamiento de Hudes: "Ellos (por los
dueños del mundo, vamos) nos quieren a todos nosotros esclavizados a la deuda y
a todos nuestros políticos adictos a las enormes contribuciones que fluyen
hacia sus campañas." En una entrevista con The New American (TNA), un
sitio de la John Birch Society, una asociación paleoconservadora de Estados
Unidos fundada en 1958 para combatir el "peligro rojo" –o sea, no son
ni remotamente de izquierda–, la ex integrante del BM puede explayarse sobre un
estudio del Instituto Federal Suizo de Tecnología de Zurich titulado "Red
de control empresarial mundial" donde se repasaron las relaciones de 37
millones de empresas e inversores internacionales. "Lo que descubrieron es
que hay una super-entidad de apenas 147 muy íntimamente unidas
mega-corporaciones que controlan el 40% de toda la economía mundial",
revela Hudes en uno de los pocos lugares donde puede expresarse. Son en su casi
totalidad instituciones financieras, detalla. Al tope de ellas están, como es
de imaginar, Barclays Bank, JP Morgan Chase & Co y el grupo Goldman Sachs.
"Los recursos del mundo están siendo dominados por este grupo",
señala Hudes, para agregar, lapidaria, tras tacharlos de corruptos, que
"ellos han logrado dominar desde allí al BM, al FMI y a todos los bancos
centrales".
"Los banqueros
centrales han estado jugando con el sistema. Yo diría que se trata de una toma
de poder", subraya la mujer, que –destaca el TNA– coincide con Carroll
Quigley, ex consejero del presidente Bill Clinton, quien describió algo así en
un libro que publicó en 1996. Para Quigley, el objetivo de esta trama de
intereses es "crear un sistema mundial de control financiero en manos
privadas capaz de dominar el sistema político de cada país y la economía del
mundo en su conjunto" con eje en el Banco de Pagos Internacionales de
Basilea, Suiza. El BPI viene a ser el banco central de los bancos centrales, la
mayoría de los cuales están en manos privadas.
A diez días del 17
de octubre, cuando Estados Unidos puede entrar en default, el presidente Obama
designó a la nueva presidenta de la Reserva Federal (FED), el BC
estadounidense. Se trata de Janet Yellen, hasta ahora vicepresidenta de Ben
Bernanke en esa entidad. La FED, que pronto cumplirá cien años, por definición
es una estructura público-privada encargada de custodiar los fondos del sistema
bancario norteamericano.
La fabricación de
los dólares está bajo el control del Departamento del Tesoro –que es el
encargado de administrar los fondos estatales– a través del Bureau of Engraving
and Printing, la Oficina de Grabado e Impresión. Pero es la Reserva Federal la
que decide la cantidad de dinero que se pondrá en circulación. Una anomalía que
para los entendidos es una trampa anticonstitucional en la que aún nadie
reparó.
Otro
paleoconservador que fuera secretario del Tesoro de Ronald Reagan, Paul Craig
Roberts, del que ya se habló en estas páginas, mantiene floridos debates sobre
la cuestión en su blog. En uno de los últimos mensajes recuerda que el problema
de la crisis no es el techo de la deuda, cuya suba le permitiría a Obama
mantener el nivel de gastos y pagar las deudas sin recortes adicionales en el
sistema de salud como quiere la oposición. Es más, Craig Roberts apela a un
razonamiento que por lo obvio llama la atención que no hubiera circulado antes:
un presidente que tiene elementos legales en el marco de leyes
contraterroristas que le permiten secuestrar o asesinar a un enemigo político
en casi cualquier parte del mundo sin rendir cuentas a nadie, tranquilamente
"puede declarar una emergencia nacional y elevar el techo de la deuda
mediante una orden ejecutiva".
El economista
ultraliberal explica luego que el problema de fondo "es que la
deslocalización de empresas estadounidenses ha disminuido de manera permanente
los ingresos fiscales de Estados Unidos por aportes de los trabajadores".
Algo fundamental para mantener el flujo de dinero por aportes laborales al
sistema de salud y de jubilaciones, lo que genera déficits permanentes en las
cuentas públicas. "La Reserva Federal cubre el déficit mediante la
impresión de $ 1000 millones de dólares anuales con los que comprar deuda del
Tesoro e instrumentos financieros respaldados por hipotecas. El uso de la máquina
de impresión a gran escala socava el papel del dólar de EE UU como moneda de
reserva, la base de poder de EE UU." Craig Roberts acusa directamente al
déficit de haberse comido el superávit del sistema de seguridad social y como
manda la ortodoxia, teme una disparada inflacionaria por el uso desmesurado de
la "maquinita".
"La verdadera
crisis es la falta de inteligencia entre los economistas y los políticos que
nos han dicho desde hace veinte años que no nos preocupáramos por la
deslocalización de empleos en Estados Unidos, porque íbamos a tener una nueva
economía con mejores empleos", abunda el hombre.
No es de ahora que
Craig Roberts viene alertando sobre el camino que lleva la administración
central. Sobre todo critica a los republicanos, porque de ese palo viene, pero
se ganó el desdén de ambos sectores, que lo tildan de izquierdista extremo
cuando es todo lo contrario. El caso es que en otra ocasión escribió:
"Supuse que los republicanos sabían que durante los años de Reagan, David
Stockman y Alan Greenspan habían acelerado los aumentos del impuesto sobre la
renta de las personas físicas establecidos por el presidente Carter para
asegurar la viabilidad a largo plazo de la Seguridad y habían usado el dinero
para gastos operativos corrientes, dejando pagarés sin financiación en el
'fondo fiduciario' de la Seguridad Social." Luego brinda otra información
que resulta insólita, sobre todo en estas tierras: "Supuse que los
republicanos sabían que el presidente republicano del Consejo de Asesores
Económicos, Michael Boskin (…) había reconfigurado el Índice de Precios al
Consumidor a fin de quitar importancia a la inflación y reducir los ajustes al
costo de la vida en los pagos de la Seguridad Social."
Karen Hudes habló
también con la televisión rusa, ya que los grandes medios la ignoran. Allí, en
charla con la periodista Sophie Shevardnadze, alertó sobre una guerra de
divisas a raíz de un posible default estadounidense. "La Reserva Federal
está imprimiendo dólares como si no hubiera un mañana. Y si siguen haciéndolo,
el resto del mundo no los va a aceptar." Pone como ejemplo a los países
BRICS, que ya comercian entre ellos en monedas locales. ¿Por qué esas
cuestiones no aparecen ni en Estados Unidos ni en países como Argentina? La
respuesta también corre por cuenta de la "soplona". "Los medios
de comunicación están completamente controlados por las empresas privadas que
poseen el Sistema de la Reserva Federal. La mayoría de los ciudadanos
estadounidenses no tiene ni idea acerca de la corrupción que está saqueando su
economía." Y a renglón seguido denuncia que "la deuda se creó
simplemente para aquellos banqueros que apostaron por la deuda y la obligan a
crecer y agravar cada año. La deuda es una invención y probablemente debería
ser repudiada".
Por lo que se ve,
nada que por acá no se haya debatido hasta el hartazgo.
Tiempo Argentino
Octubre 11 de 2013
El régimen de Obama y la transversalidad mundial
En una Asamblea de la ONU que, como viene sucediendo en las últimas
ediciones, encuentra un bloque sudamericano unido en torno de discursos y
visiones comunes –y sobre todo expresiones repletas de una sustancia
que la diplomacia suele esquivar en los pliegues de las "buenas
costumbres"–, Dilma Rousseff, Evo Morales, José Mujica, Cristina y en
menor medida Ollanta Humala patearon el tablero internacional una vez
más. Todos, con sus variantes, hicieron un efusivo reclamo para cambiar
las reglas de juego en un nuevo escenario que ya no tolera la
prepotencia de una nación-imperio cuya dirigencia es tan pagada de sí
misma que no acepta otra versión sobre su rol en la historia que la de
faro de la civilización, a pesar de que dentro de las fronteras
estadounidenses se suman voces que se oponen a esta percepción
egocéntrica de la historia.
Dilma, como era de prever, enfatizó que Estados Unidos había quebrado todas las reglas de juego y protestó por la violación a la soberanía brasileña al haber espiado no sólo sus secretos personales sino los de millones de compatriotas y de la empresa petrolera de bandera. Cristina volvió a hacer eje en que "no hay guerra justa, lo único justo es la paz" y pidió una solución negociada al conflicto sirio. El uruguayo, en ese tono campechano que acostumbra, dijo que cargaba sobre sus espaldas "con el deber de luchar por una patria para todos".
El más encendido fue Evo Morales, que habló un día después. El presidente boliviano pidió directamente un "Tribunal de los Pueblos" para juzgar al gobierno de Barack Obama por delitos de lesa humanidad, terrorismo de Estado e intervencionismo mercantilista, palabras más palabras menos. Y señaló la necesidad de trasladar la sede de la ONU a un país que respete, en primer lugar, las disposiciones que el organismo emite. "Estados Unidos no respeta las resoluciones de la ONU, no firma convenios importantes", especificó.
Luego de un Obama que insistió en la "excepcionalidad" de Estados Unidos "porque defiende nuestros intereses y los de otros", la voz de Evo sonó como la diametralmente más opuesta en el auditorio de la ONU en Nueva York. Sus razones tiene, ya que le tocó sufrir en persona, y siendo presidente, las mayores humillaciones que un dirigente político puede sufrir sin perder la compostura, como el desvío del avión que lo traía de Moscú, algo que el ex dirigente cocalero se encargó de recordar en el foro internacional. Por bastante menos que eso un caballero que se cuadre debe arrojar el guante a la cara del impertinente. Algo que Evo a todas luces no hizo. "No puede haber dueño del mundo, se equivocan", agregó Morales.
Paul Craig Roberts fue subsecretario del Tesoro del gobierno de Ronald Reagan y editor en el Wall Street Journal. Con una sólida carrera como economista, a los 74 años es uno de los líderes más respetados entre los llamados "paleoconservadores" estadounidenses, una corriente de pensamiento ultraliberal que apuesta a un individualismo extremo y desdeña al Estado. Por eso, entre otras cosas, rechazan aumentos impositivos y están en contra de la Ley de Salud que logró aprobar el actual presidente demócrata.
O sea, Roberts es lo más alejado de concepciones políticas como las que sostiene el MAS boliviano o el PT brasileño. De allí lo simbólico de un artículo que escribió en su sitio web, "La tiranía de Washington".
Roberts dice en ese texto que "el Hubris (ops, parece que se puso de
moda el término) y la arrogancia se han escapado (junto) con el
'superpoder'. (Y entonces) los Estados Unidos son denostados por todo el
mundo. (…) La presidenta de Brasil denunció al régimen de Obama por la
'violación del derecho internacional' que reveló el escándalo de
espionaje y el presidente boliviano está presentando una demanda contra
el gobierno de Obama por crímenes contra la humanidad."
En un concepto que puede parecer tomado no sólo de Morales sino de los mandatarios latinoamericanos que lo precedieron en el estrado de la Asamblea General, Roberts agrega que "no hay diferencia entre Washington y las dictaduras que Washington atribuye a otros países". Más lapidario aún, el ex funcionario del actor Reagan considera que "el régimen de Washington ha declarado que está por encima de la ley y la Constitución y tiene el poder para detener a ciudadanos de forma indefinida y para asesinarlos sin el debido proceso legal. Estas competencias incluyen las condiciones necesarias y suficientes para ser considerada una dictadura."
Como ya se dijo, Roberts no es precisamente un izquierdista. Esto es, su filosofía de fondo es de tal modo liberal que termina postulando que cada uno se las arregle con sus propias posibilidades y sin esperar a que nadie, y en particular el Estado, venga en su ayuda. Pero también desde los sectores más progresistas estadounidenses hay voces en contra de la incursión imperial que, hoy por hoy, parece más asentada en los demócratas que en los conservadores.
Es el caso de Robert Greenwald, director y productor de cine y documentales de denuncia y activista político (sus últimos registros son Wal-Mart: el alto costo del bajo precio, de 2005; La guerra de Rupert Murdoch en el periodismo, de 2004; La E torcida: la verdad desnuda sobre Enron, de 2003), filmó hace más de un año una entrevista con víctimas de los ataques estadounidenses con drones durante un viaje a Pakistán. La producción consistía en una cobertura sobre el caso de Rafiq ur Tehman y sus dos hijos. La madre de Rafiq, de 67 años, fue asesinada por uno de estos aviones no tripulados. Los chicos, Nebila y Zibiar, de 9 y 13 años, resultaron heridos.
"La situación de Rafiq me conmovió profundamente", reseña Greenwald en una publicación que levanta el sitio Information Clearing House, "era claro que no se trataba de ninguna instancia abstracta de daño colateral. Como padre de cuatro hijos, estoy obsesionado por las historias de niños heridos o asesinados por ataques con drones", se sincera el hombre de 70 años que en 1997 dirigió a Russell Crowe y Salma Hayek en Breaking Up (presentado en Argentina como Un amor inconcluso).
Para no irse demasiado lejos, Greenwald dice que la historia de Rafiq era tan conmovedora que estaba seguro de que produciría un fuerte impacto –antibélico, se entiende– en el Congreso estadounidense. Fue así que solicitaron, junto con el abogado de la familia, visas para ir a Estados Unidos a contar sus padeceres con esas naves manejadas desde una oficina por expertos que hacen como si jugaran con una Wii o una Play Station.
"Reprieve, una organización internacional que lucha por la justicia en todo el mundo, ha estado trabajando incansablemente para obtener los documentos necesarios para que en los Estados Unidos podamos escuchar de primera mano a una familia cuyo ser querido fue asesinado por un ataque de drones", describe el cineasta.
El tema es que a Rafiq y los niños les dieron la visa, no así a su abogado, Shahzad Akbar. No es que la hayan negado, simplemente la demoran con chicanas administrativas. "Sin Shahzad, Rafiq podrá venir a Washington pero su historia nunca se oirá", resume Greenwald.
Luego agrega que el abogado viajaba regularmente a Estados Unidos y que incluso había sido consultor de la USAID. "No fue sino hasta 2010, cuando comenzó a representar a las víctimas de los drones y sus familias, cuando el Departamento de Estado comenzó a atender sus solicitudes de visa." Y allí se empezó a trabar su ingreso.
Como colofón de su tarea, Greenwald da un número de teléfono de la dependencia a cargo de John Kerry (202-647-4000, por si alguien quiere…) para demandar la visa de Shahzad. Acompaña el pedido con una mención al congresista demócrata Alan Grayson avalando la solicitud. Grayson, con apoyo de votantes de origen latinoamericano, volvió al Capitolio en representación de los ciudadanos del noveno distrito de Florida. Es un firme opositor a la intervención en Siria y a su vuelta al Congreso logró que le aprobaran la formación de un equipo con hispanohablantes.
"Vamos a tener un equipo bilingüe que nos ayudará con nuestros esfuerzos a favor de nuestro distrito, especialmente a ayudarlos con sus necesidades, ya sea (en la búsqueda) de beneficios sociales, educación, ciudadanía y salud", dijo en aquella ocasión a la agencia Efe desde su domicilio en Orlando.
De donde se ve que en el mundo va creciendo una trasversalidad inusitada que cruza a gobiernos e intelectuales de izquierda o progresistas con cultores del más crudo individualismo. Habrá que hacer una buena lectura política en consecuencia y no caer en el facilismo de creer que un demócrata con discurso neokeynesiano per se es lo mejor para el resto de la humanidad.
Tiempo Argentino
Setiemnre 27 de 2013
Dilma, como era de prever, enfatizó que Estados Unidos había quebrado todas las reglas de juego y protestó por la violación a la soberanía brasileña al haber espiado no sólo sus secretos personales sino los de millones de compatriotas y de la empresa petrolera de bandera. Cristina volvió a hacer eje en que "no hay guerra justa, lo único justo es la paz" y pidió una solución negociada al conflicto sirio. El uruguayo, en ese tono campechano que acostumbra, dijo que cargaba sobre sus espaldas "con el deber de luchar por una patria para todos".
El más encendido fue Evo Morales, que habló un día después. El presidente boliviano pidió directamente un "Tribunal de los Pueblos" para juzgar al gobierno de Barack Obama por delitos de lesa humanidad, terrorismo de Estado e intervencionismo mercantilista, palabras más palabras menos. Y señaló la necesidad de trasladar la sede de la ONU a un país que respete, en primer lugar, las disposiciones que el organismo emite. "Estados Unidos no respeta las resoluciones de la ONU, no firma convenios importantes", especificó.
Luego de un Obama que insistió en la "excepcionalidad" de Estados Unidos "porque defiende nuestros intereses y los de otros", la voz de Evo sonó como la diametralmente más opuesta en el auditorio de la ONU en Nueva York. Sus razones tiene, ya que le tocó sufrir en persona, y siendo presidente, las mayores humillaciones que un dirigente político puede sufrir sin perder la compostura, como el desvío del avión que lo traía de Moscú, algo que el ex dirigente cocalero se encargó de recordar en el foro internacional. Por bastante menos que eso un caballero que se cuadre debe arrojar el guante a la cara del impertinente. Algo que Evo a todas luces no hizo. "No puede haber dueño del mundo, se equivocan", agregó Morales.
Paul Craig Roberts fue subsecretario del Tesoro del gobierno de Ronald Reagan y editor en el Wall Street Journal. Con una sólida carrera como economista, a los 74 años es uno de los líderes más respetados entre los llamados "paleoconservadores" estadounidenses, una corriente de pensamiento ultraliberal que apuesta a un individualismo extremo y desdeña al Estado. Por eso, entre otras cosas, rechazan aumentos impositivos y están en contra de la Ley de Salud que logró aprobar el actual presidente demócrata.
O sea, Roberts es lo más alejado de concepciones políticas como las que sostiene el MAS boliviano o el PT brasileño. De allí lo simbólico de un artículo que escribió en su sitio web
En un concepto que puede parecer tomado no sólo de Morales sino de los mandatarios latinoamericanos que lo precedieron en el estrado de la Asamblea General, Roberts agrega que "no hay diferencia entre Washington y las dictaduras que Washington atribuye a otros países". Más lapidario aún, el ex funcionario del actor Reagan considera que "el régimen de Washington ha declarado que está por encima de la ley y la Constitución y tiene el poder para detener a ciudadanos de forma indefinida y para asesinarlos sin el debido proceso legal. Estas competencias incluyen las condiciones necesarias y suficientes para ser considerada una dictadura."
Como ya se dijo, Roberts no es precisamente un izquierdista. Esto es, su filosofía de fondo es de tal modo liberal que termina postulando que cada uno se las arregle con sus propias posibilidades y sin esperar a que nadie, y en particular el Estado, venga en su ayuda. Pero también desde los sectores más progresistas estadounidenses hay voces en contra de la incursión imperial que, hoy por hoy, parece más asentada en los demócratas que en los conservadores.
Es el caso de Robert Greenwald, director y productor de cine y documentales de denuncia y activista político (sus últimos registros son Wal-Mart: el alto costo del bajo precio, de 2005; La guerra de Rupert Murdoch en el periodismo, de 2004; La E torcida: la verdad desnuda sobre Enron, de 2003), filmó hace más de un año una entrevista con víctimas de los ataques estadounidenses con drones durante un viaje a Pakistán. La producción consistía en una cobertura sobre el caso de Rafiq ur Tehman y sus dos hijos. La madre de Rafiq, de 67 años, fue asesinada por uno de estos aviones no tripulados. Los chicos, Nebila y Zibiar, de 9 y 13 años, resultaron heridos.
"La situación de Rafiq me conmovió profundamente", reseña Greenwald en una publicación que levanta el sitio Information Clearing House, "era claro que no se trataba de ninguna instancia abstracta de daño colateral. Como padre de cuatro hijos, estoy obsesionado por las historias de niños heridos o asesinados por ataques con drones", se sincera el hombre de 70 años que en 1997 dirigió a Russell Crowe y Salma Hayek en Breaking Up (presentado en Argentina como Un amor inconcluso).
Para no irse demasiado lejos, Greenwald dice que la historia de Rafiq era tan conmovedora que estaba seguro de que produciría un fuerte impacto –antibélico, se entiende– en el Congreso estadounidense. Fue así que solicitaron, junto con el abogado de la familia, visas para ir a Estados Unidos a contar sus padeceres con esas naves manejadas desde una oficina por expertos que hacen como si jugaran con una Wii o una Play Station.
"Reprieve, una organización internacional que lucha por la justicia en todo el mundo, ha estado trabajando incansablemente para obtener los documentos necesarios para que en los Estados Unidos podamos escuchar de primera mano a una familia cuyo ser querido fue asesinado por un ataque de drones", describe el cineasta.
El tema es que a Rafiq y los niños les dieron la visa, no así a su abogado, Shahzad Akbar. No es que la hayan negado, simplemente la demoran con chicanas administrativas. "Sin Shahzad, Rafiq podrá venir a Washington pero su historia nunca se oirá", resume Greenwald.
Luego agrega que el abogado viajaba regularmente a Estados Unidos y que incluso había sido consultor de la USAID. "No fue sino hasta 2010, cuando comenzó a representar a las víctimas de los drones y sus familias, cuando el Departamento de Estado comenzó a atender sus solicitudes de visa." Y allí se empezó a trabar su ingreso.
Como colofón de su tarea, Greenwald da un número de teléfono de la dependencia a cargo de John Kerry (202-647-4000, por si alguien quiere…) para demandar la visa de Shahzad. Acompaña el pedido con una mención al congresista demócrata Alan Grayson avalando la solicitud. Grayson, con apoyo de votantes de origen latinoamericano, volvió al Capitolio en representación de los ciudadanos del noveno distrito de Florida. Es un firme opositor a la intervención en Siria y a su vuelta al Congreso logró que le aprobaran la formación de un equipo con hispanohablantes.
"Vamos a tener un equipo bilingüe que nos ayudará con nuestros esfuerzos a favor de nuestro distrito, especialmente a ayudarlos con sus necesidades, ya sea (en la búsqueda) de beneficios sociales, educación, ciudadanía y salud", dijo en aquella ocasión a la agencia Efe desde su domicilio en Orlando.
De donde se ve que en el mundo va creciendo una trasversalidad inusitada que cruza a gobiernos e intelectuales de izquierda o progresistas con cultores del más crudo individualismo. Habrá que hacer una buena lectura política en consecuencia y no caer en el facilismo de creer que un demócrata con discurso neokeynesiano per se es lo mejor para el resto de la humanidad.
Tiempo Argentino
Setiemnre 27 de 2013
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