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viernes

La última película de la FIFA

Si de algo pueden jactarse los fundadores de Podemos es de haber instalado el concepto de Casta para referirse a los dirigentes políticos que se repartieron el poder en España desde la transición democrática. Desde este domingo, los representantes del PSOE o del PP tratan infructuosamente de salvar los papeles con alguna alianza que les permita gobernar un tiempito más tras el dictamen de las urnas.
Otra casta, la de la FIFA, también tiembla desde que este miércoles la justicia estadounidense desplegó una denuncia por corrupción que involucra a la dirigencia de las federaciones latinoamericanas, pero golpea de lleno en el sillón que ocupa –y espera mantener– el suizo Joseph Blatter. El máximo organismo futbolístico internacional quedó otra vez en el ojo de la tormenta por sus vidriosas costumbres pero también por una disputa geopolítica de imprevisibles consecuencias.
La denuncia que presentó la fiscal general Loretta Lynch está muy bien fundada desde el punto de vista judicial y ya provocó las primeras detenciones. Pero también despertó recelos del presidente ruso Vladimir Putin y de analistas desprejuiciados de esta parte del mundo.
Les resulta sospechoso en el contexto actual que se apunte a la forma en que Rusia y Catar fueron elegidos como sede para el mundial de 2018 y 2022. También, que solo aparezcan acusados dirigentes latinoamericanos.
La Fédération Internationale de Football Association fue creada hace 111 años, el 21 de mayo de 1904, durante una fuerte controversia entre los representantes británicos y los europeos. Ganaron, bajo la batuta francesa, los continentales, por esa razón las siglas de la organización son en el idioma de Víctor Hugo. Desde su origen fue cuestionada y estuvo a punto de desaparecer durante la primera guerra mundial. Dice la historia oficial –y la no tanto– que le debió la subsistencia al banquero holandés Carl Hirschmann. Sería secretario del organismo que presidía Jules Rimet hasta que la crisis de 1930 se llevó puesto su banco y, según mientan los detallistas, tomó prestado dinero de la FIFA que no devolvió en tiempo ni en forma.
Cuando terminó la guerra, quedaron profundas heridas en el mundo del futbol internacional y los británicos se negaron a integrar la organización porque no querían compartir los campos de juego con los enemigos de la contienda. El Mundial de Uruguay quedó sumido en algunos de estos tironeos y solo cuatro países aceptaron cruzar el océano para disputar el certamen. Argentina quedaría herida en su orgullo porque estaba el compromiso para organizar la Copa de 1938 y no se cumplió. Esa es la razón por la que no volvería a los Mundiales sino hasta 1958 en Suecia.
Las críticas sobrevolaron el Mundial de Italia de 1934, en plena era de Benito Mussolini. Pero con el mismo rasero deberían impugnarse las Olimpíadas de Berlín en 1936. Y si es por contar las costillas, no se detuvo la bola en Argentina 78 a pesar de la dictadura.
¿Tiene razones Putin para sospechar de la investigación del FBI? La historia avala su desconfianza: las olimpiadas de 1980 en Moscú recibieron el boicot de 65 países acaudillados por Estados Unidos en represalia a la invasión soviética a Afganistán de un año antes. No sucedió lo mismo tras la invasión estadounidense al mismo país en 2001 en los Juegos de 2004 en Atenas. En la Olimpíada de Invierno del año pasado en Sochi volvieron a aparecer represalias, cuando mandatarios occidentales se excusaron en una ley rusa contra la propaganda homosexual para no asistir. Pegaron el faltazo los presidentes de Estados Unidos, Alemania, Francia y Polonia y los primeros ministros de Bélgica y Canadá.
En el caso de los dirigentes latinoamericanos puede decirse que se repite el esquema: nadie pondría las manos en el fuego por ninguno de ellos y si no fueron denunciados judicialmente antes es porque tienen la virtud de recostarse siempre donde da el sol como para no quedar a la intemperie. Pero ocurre que en Europa la trasparecía no es una característica distintiva. De hecho, no cuesta demasiado "tirar del carretel" para llegar a Blatter y sus allegados más cercanos. Si los latinos robaron, seguramente lo hicieron para ellos pero a nadie escapa que también lo hacían para la corona.
Hay un personaje clave en todo este proceso iniciado en Estados Unidos, el ex fiscal federal del distrito sur de Nueva York Michael García. El hombre, como servidor público, investigó el atentado al World Trade Center y le pisó los talones al gobernador demócrata Eliot Spitzer por un escándalo de prostitución.
Blatter lo conoció el año pasado, cuando contactó al estudio Kirkland y Ellis de Nueva York para contratar un abogado que hurgara en muy discutido proceso de licitación que adjudicó las dos próximas copas del Mundo. Luego de juntar 75 testimonios que volcó en un dossier de 400 páginas, García esperaba decisiones fuertes para limpiar a la FIFA. Pero Blatter  le dio largas al asunto y todavía el Informe García duerme en un cajón de su despacho. El ex fiscal renunció el 17 de diciembre pasado.
Pero Michael García está casado con una agente del FBI. Todo indica que compartió su información con ella, que a su vez la trasladó al Federal Bureau of Investigation. Hay quienes deslizan que en realidad él mismo trabajó como topo de "los federales" para destapar chanchullos que podrían servir muy  bien para boicotear a Rusia en medio de la escalada diplomática y económica de la administración de Barack Obama y la UE al gobierno ruso.
Otra pata de esta presentación en Nueva York es la flamante fiscal general estadounidense. Lynch es la primera afrodescendiente en ocupar ese cargo y logró ser proclamada hace apenas un mes tras 166 días de arduas negociaciones en un Congreso de Estados Unidos, dominado por los republicanos. La rechazaban porque ella había avalado la ley de inmigración que propone Obama. Venida de un hogar humilde- padre pastor religioso, madre cosechadora de algodón, todo un paradigma- Lynch está convencida de que lucha por mayor justicia en el mundo. Una de las críticas es que está tomando su cargo como de jurisdicción universal, y que lo hace desde un país que no tiene al fútbol-soccer entre sus preferencias.
En pocos días Lynch impuso una multa de 5000 millones de dólares a los bancos OBS, Barclays, Citigroup, JPMorgan, Royal Bank of Scotia y Bank of Amierca por manipular tasas de cambio. Y se comprometió con los padres Freddie Gray, el chico asesinado por policías de Baltimore el 19 de abril pasado, a ir hasta el hueso contra los culpables.
Una tercera pata es Charles Blazer, el ex secretario de la CONCACAF que hizo un trato con la fiscalía para morigerar una sentencia en su contra a cambio de grabar todas las conversaciones comprometedoras con dirigentes futbolísticos.
¿Dónde está la verdad? No sería demasiado aventurado decir que hay una enorme operación para socavar el Mundial de Rusia pero montado sobre las malezas de una organización que desde hace años es un absceso purulento. Quizás la fiscal quiere hacer bien su trabajo, pero la información del FBI ya estaba en marcha cuando tomó el cargo. No tuvo tiempo material para los detalles -ni de la oportuna presentación un par de días antes de la elección en la FIFA-, aunque todo indica que las evidencias son sólidas.
El mundo futbolístico, el que ama al deporte de verdad, se alegró con la novedad porque Blatter es parte del forúnculo, como lo viene denunciando Diego Maradona desde hace décadas. Aunque hace algunos meses era el bueno de la película en el filme United Passion, del francés Frédéric Auburtin, que se estrenó en Cannes antes del mundial de 2014. En la película Tim Roth, que en 2001 había protagonizado el Planeta de los Simios, hace de Blatter. La  película costó 25 millones y Blatter quedó muy conforme con el resultado. Todavía le faltaba el capítulo más inquietante.

Tiempo Argentino
Mayo 29 de 2015

Ilustró Sócrates


jueves

Giro histórico entre EE UU y Cuba



La historia de la relaciones de Cuba con Estados Unidos es en gran medida la historia del surgimiento de Estados Unidos como potencia imperial y la desaparición de España como imperio dominante en el Atlántico y el Pacifico. Porque la firma del Tratado de París en 1898, que ponía fin a la guerra hispano-estadounidense, significó el fin de la dominación española sobre Cuba, Puerto Rico y Filipinas, pero al mismo tiempo abrió el proceso de dominación estadounidense sobre esas naciones.
En el caso cubano, fue el comienzo de una relación que haría eclosión después del 1° de enero de 1959, cuando la guerrilla comandada por Fidel Castro tomó el poder en La Habana luego de la huída del dictador Fulgencio Batista. El gobierno del general estadounidense Dwight Eisenhower se apuró a reconocer a las nuevas autoridades. La dictadura de Batista era políticamente insostenible y en Washington pensaban que todo iba a cambiar para que todo permaneciera, como había sido desde fines del siglo XIX.
La Casa Blanca no tardó mucho en darse cuenta de que la Revolución Cubana iba a ser inmanejable para los intereses estadounidenses, al punto que ya a mediados de 1959 el propio Fidel Castro viajó a Estados Unidos y mostró su postura sobre el comunismo y la Unión Soviética. El rechazo de Eisenhower no se hizo esperar y la respuesta de Castro también fue endureciéndose.
Fue la hora de la nacionalización de empresas estadounidenses y de la reforma agraria. Las elecciones presidenciales no hicieron más que tensar la cuerda en Estados Unidos, que en 1960 disputaba la primera magistratura entre el vicepresidente Richard Nixon y la fulgurante promesa demócrata, John F. Kennedy. En ese marco, Eisenhower apoyó planes de invasión pergeñados por la CIA con grupos de cubanos que se habían exiliado en Miami por su odio visceral a los revolucionarios. Un odio nacido de la pérdida de privilegios de décadas, sustentados en su relación con los intereses estadounidenses. El proyecto que venía elucubrando la CIA corría paralelo a los planes de eliminación física del líder cubano, que incluyeron propuestas que solo podrían entenderse en el marco de la Guerra Fría. El caso es que Kennedy, que asumió en enero de 1961, se encontró con un plan de intervención a medio armar y no tuvo el coraje para abortarlo, aunque tampoco le puso todas las fichas que habrían colocado los republicanos en la misma situación.
En abril de ese año se produjo el intento de invasión a la isla en Playa Girón. Fue el triunfo más resonante de la Revolución, que pudo derrotar a un grupo de aventureros apoyados por Estados Unidos en forma encubierta. La respuesta de La Habana fue profundizar la relación con la URSS y el anuncio de que Cuba había elegido el camino socialista. Es cierto que en otras situaciones Estados Unidos había recurrido sin culpas a una invasión desembozada o a un golpe de Estado. ¿Por qué en este caso todo terminó en un fracaso? En primer lugar porque Playa Girón (o Bahía de Cochinos, para la nomenclatura estadounidense) demostró el apoyo popular con que contaba la Revolución. No es casual que el argentino Ernesto Che Guevara y los hermanos Fidel y Raúl Castro hubieran estado en la Guatemala de 1954, cuando la CIA organizó el golpe contra Jacobo Arbenz. Tampoco que Fidel haya sido testigo de la situación colombiana cuando a la par que se creaba la Organización de Estados Americanos (OEA), era asesinado el líder liberal Jorge Eliecer Gaitán, en 1948. La historia algo enseña. En este caso, cómo se manejaba el imperio en estas circunstancias. Pero, además, la URSS ya había dado su apoyo a la Revolución Cubana.

 Orgullo y prejuicio
Coinciden historiadores y en su momento el fiscal Jim Garrison, el único que investigó la red que sustentó a los exiliados que participaron en la frustrada invasión –es la tesis que se muestra en la película JFK de Oliver Stone–, que el asesinato de John Kennedy, en noviembre de 1963, fue una operación de los grupos descontentos con la falta de apoyo del demócrata a la intentona, y que apañó la agencia de espionaje e incluso el FBI del ultra-anticomunista Edgard Hoover. Es que Cuba, a 90 millas de Florida, era un golpe que, más allá de cuestiones geopolíticas, lastimaba al orgullo nacional.
Lo que vino después fue una escalada de los sucesivos gobiernos estadounidenses por asfixiar el proyecto cubano. Así fue que se desarrollaron leyes cada vez más restrictivas contra la economía, al tiempo que Cuba era expulsada de la OEA, en 1962. Es bueno recordar que en gran medida el derrocamiento de los presidentes Arturo Frondizi y Juscelino Kubitschek en Argentina y Brasil tuvo como componente principal el rechazo de las cúpulas militares de cada nación a la reunión que ambos mandatarios mantuvieron con el Che Guevara. Ninguno aceptaba expulsar a Cuba del organismo interamericano ni romper relaciones con su gobierno, pero ya era fuerte en la región la Doctrina de la Defensa Nacional que desde la Escuela de las Américas formateaba a los uniformados latinoamericanos.
A nivel internacional, lo que vino luego fue el deterioro y la debacle de la Unión Soviética y la caída del muro de Berlín, hace 25 años. Contra todos los pronósticos, mientras los países del bloque socialista, incluida Rusia, iban inclinándose hacia el modelo capitalista, los cubanos se «arremangaron» y en lo que se conoció como el «período especial» apostaron a mantener el socialismo a pesar de los vientos en contra.
Fue un momento duro y crucial y mientras desde Washington se estrechaba el cerco económico y financiero, poco a poco Cuba iba logrando persistir con renovados ímpetus. Fue cuando apostó por las investigaciones y las industrias ligadas con la medicina y la salud, al tiempo que con el apoyo de empresas europeas y canadienses impulsó el potencial turístico de la isla.

 Patria grande
Con el nuevo siglo, Cuba se fue integrando cada vez más a la región. La llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela fue como un oasis, por el espaldarazo económico que significaron los acuerdos comerciales de intercambio de los avances científicos cubanos por el petróleo venezolano. Lo mismo hizo Lula desde el gobierno brasileño. Fueron empresas brasileñas con crédito oficial las que construyeron el Puerto Mariel, a 40 kilómetros de La Habana, un emprendimiento destinado a recibir capitales extranjeros para desarrollar la industria y expandir el comercio cubano.
Las nuevas medidas para la actualización del modelo económico fueron una señal de cambio contundente que daba Raúl Castro, quien reemplazó a su hermano Fidel en julio de 2006. Pero el avance esperado por los propios cubanos choca continuamente con el bloqueo, que no solo impide el comercio de estadounidenses con Cuba sino que penaliza a empresas extranjeras que hagan lo propio o a bancos que realicen transacciones financieras con la isla. El costo del embargo, según computan las autoridades cubanas, supera el billón de dólares desde que se implementó inicialmente, en 1962. Esa cifra es aproximadamente el doble del PBI argentino.
En los últimos 18 meses se fueron acelerando conversaciones entre representantes de los gobiernos de Obama y de Castro fomentadas por Canadá pero también y principalmente por el papa Francisco, como reconocieron específicamente ambas delegaciones. La última votación en la ONU a favor de levantar las sanciones fue de 188 a favor de Cuba y apenas 2 por Estados Unidos: uno el voto propio y otro el de Israel. Un resultado que se viene repitiendo desde hace años.
Se trataba entonces de encontrar coincidencias para cambiar este aislamiento que, como admitió Barack Obama, se volcó en contra de la nación que lo promovió.
Desde 1998 cinco agentes cubanos permanecían presos en Estados Unidos acusados de integrar una célula de espionaje. Conocidos en Cuba como «Los cinco héroes», por orden de La Habana se habían infiltrado en organizaciones de exiliados («gusanos» para los revolucionarios) que venían realizando una serie de atentados contra bienes y personas en la isla. Denunciaron a los autores de los ataques ante el FBI y el resultado fue que los condenados terminaron siendo ellos. Dos ya habían podido volver a Cuba, restaban tres que seguían reclamando por un proceso viciado por la intervención de los organismos de seguridad estadounidenses que no querían dar el brazo a torcer.
En 2009, el contratista Alan Gross era detenido en La Habana acusado de formar parte de una red de espionaje bajo la máscara de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Cualquier acercamiento debería pasar por un canje de prisioneros al mejor estilo de la Guerra Fría.
Y así ocurrió el 17 de diciembre: en un operativo sincronizado al detalle, mientras Gerardo Hernández, Ramón Labañino y Antonio Guerrero viajaban para reencontrarse en total libertad con Fernando y René González, Gross viajaba hacia Florida. Pasado el mediodía, Obama y Raúl Castro aparecían ante las pantallas de televisión para anunciar un histórico acontecimiento: luego de 53 años,  reanudarían relaciones. No por casualidad, fue cuando se llevaba a cabo en Paraná la cumbre de presidentes del Mercosur. Señal de que Obama también quiere terminar con el aislamiento del resto de los países latinoamericanos.
«Es hora de poner fin a una política hacia Cuba que está obsoleta y que ha fracasado durante décadas», se justificó Obama. Sus palabras parecían calcadas de la serie de editoriales que The New York Times venía publicando desde antes de los comicios de medio término de noviembre pasado. Castro respondió recordando que aún faltaba resolver el problema más acuciante para Cuba, el bloqueo.
Fidel, en 1961, había dicho: «Algo sí podemos comunicarle al señor Kennedy: que primero verá una revolución victoriosa en Estados Unidos, que una contrarrevolución victoriosa en Cuba». Obama reconoció que «en la actualidad Cuba está gobernada por los hermanos Castro y el Partido Comunista, igual que en 1961». Y remató: «Estos 50 años de aislamiento no han funcionado, es momento de cambiar de postura. No creo que debamos hacer lo mismo durante otras cinco décadas y esperar un resultado distinto».

Romper el cerco
Raúl Castro le recordó a Obama que la normalización de relaciones es un paso decisivo. Pero agregó dos puntos fundamentales. Uno es que todavía falta resolver la cuestión del bloqueo. El otro es que este acercamiento no implica renunciar al socialismo. «Debemos aprender a convivir con nuestras diferencias», aleccionó. Castro deslizó luego que el presidente estadounidense tiene herramientas para avanzar en la liberación total, pero faltaría ponerle fin a 53 años de reglamentaciones superpuestas que coinciden en castigar a un país que no se sometió a los intereses de Estados Unidos. El paquete de medidas que anunció Obama implica una suavización del embargo, pero no la eliminación. La decisión de levantar el cerco económico corresponderá a un Congreso que está en manos de los republicanos.

Revista Acción
Enero 2 de 2015

domingo

Sombras en las calles de Boston

El caso conmovió desde las pantallas por su tensión más emparentada con Hollywood que con la vida real. Primero con las imágenes en vivo de público y corredores envueltos en una explosión mortal a metros de la línea de llegada de la tradicional Maratón de Boston y luego con la misma ciudad en estado de sitio y ocupada por miles de policías superequipados para atrapar a un sospechoso, malherido, de 19 años, que se había refugiado dentro de un bote a la espera de algún milagro.
Más allá de la cinematográfica captura, lo que luego se dispersó sobre la sociedad estadounidense fue un océano de dudas sobre la responsabilidad del gobierno de Barack Obama y de los organismos de vigilancia, como el FBI y la CIA, en torno de la prevención del atentado con bombas de fabricación casera que costó la vida a tres personas y dejó a otras 216 con heridas de distinta consideración. Porque la imputación sobre los hermanos Tsarnaev recuerda demasiado a la que hace casi 50 años se descargó sobre Lee Harvey Oswald como autor de la muerte del entonces presidente John F. Kennedy. Con sospechosos viajes a territorios de Rusia y misteriosas ayudas del espionaje estadounidense incluidos.
Tamerlan Tsarnaev fue muerto cuatro días después de que al menos tres bombas elaboradas con ollas a presión repletas de clavos estallaran en la Maratón. La carrera es un símbolo de la ciudad donde se originó la independencia de Estados Unidos, es una de las cinco más importantes del mundo y la más antigua, ya que comenzó a desarrollarse en 1897, tras los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna en Atenas. Esta vez había convocado a unos 20.000 corredores de todo el mundo, con un puñado de argentinos entre ellos.
Muchos creyeron ver en el estallido del 15 de abril una señal de algún grupo proarmamentista, ya que por esos días se debatía en el Congreso de EE.UU. el proyecto de ley de Obama para limitar el uso de armas de guerra. Una tímida respuesta a las últimas masacres que espantaron al país, sobre todo la que en diciembre dejó un saldo de 20 niños y 6 adultos muertos en una escuela de Newtown, Connecticut. Por esos días también se conmemoraba el aniversario del atentado al edificio de Oklahoma que en 1997 causó la muerte de casi dos centenares de personas en ocasión de tratarse otro proyecto similar, en tiempos de Bill Clinton. La ley que pretendía Obama no prosperó por la oposición de los republicanos pero también de varios demócratas, en lo que para el presidente fue «un día vergonzoso para Estados Unidos».
Pero el golpe en Boston siguió latiendo en la sociedad y fundamentalmente en los medios masivos, que pronto advirtieron contra presuntas células islámicas en territorio estadounidense. Los voceros de Obama al principio se mantuvieron cautos para usar la palabra clave: terrorismo. Pero cuando el 11 de setiembre pasado el embajador en Libia, Chris Stevens, murió en un ataque al consulado en Benghazi el gobierno demoró en calificar al hecho como terrorismo y el presidente fue virtualmente ejecutado por los medios conservadores. La experiencia pesó para que apuraran definiciones, al menos semánticas. Pero quedaron pendientes otro tipo de explicaciones.
La primera información era que el mayor de los Tsarnaev, Tamerlan (el nombre remite al conquistador mongol que ocupó gran parte de Asia central en el siglo XIV), de 26 años, había sido eliminado por la policía luego de haber disparado contra un agente. Lo buscaban porque una cámara de vigilancia había detectado a dos jóvenes en actitud sospechosa cerca de la llegada de la maratón. En alguna imagen aparecen portando mochilas llenas y luego del estallido, vacías.
El menor, Dzojar, logró escapar tras haberse tiroteado con los uniformados. Lo encontraron luego de una cacería humana con varios disparos en el cuerpo, escondido en una lancha en los fondos de una casa suburbana. Había perdido mucha sangre y un proyectil le había atravesado el cuello, por lo que no estaba en condiciones de hablar, lo que despertó especulaciones de todo nivel.
Luego trascendió que se estaba recuperando y que había comenzado a brindar información. Hasta que alguien parece haber reparado en que se habían «olvidado» de leerle la Advertencia Miranda, el texto protocolar que le indica al detenido que no está obligado a declarar y que tiene derecho a un abogado. Ahí, según la información, volvió al silencio.
En el lapso en que se habría mostrado cooperativo –unas 16 horas hasta que se cumplió con la ley– habría explicado que él y su hermano «estaban indignados por las guerras de Estados Unidos en Afganistán e Irak y la matanza de musulmanes allí», según revelaron dos funcionarios que hablaron con la agencia AP a condición de guardar el anonimato.
El dato tiene como principal inconsistencia que ambas invasiones comenzaron hace más de 10 años. Para la misma época que ellos se mudaban a EE.UU. luego de un periplo familiar desde su lugar de nacimiento en la república rusa de Daguestán –a pesar de que el origen de los ancestros es Chechenia– y Kirguistán. Y que entonces ambos tenían 9 y 16 años respectivamente. El menor habría asegurado que el golpe en Boston fue organizado por el mayor, que fue rematado por balas policiales y no podrá declarar. Días más tarde, el FBI anunció la detención de otros tres jóvenes de 19 años relacionados con los Tsarnaev: Azamat Tazhayakov y Dias Kadyrbayev, originarios de Kazajastán, y Robel Phillipos. Eran compañeros de estudios de Dzijar y enfrentan cargos de obstrucción de la justicia porque tiraron elementos que había en la habitación del acusado.
Luego fueron apareciendo otros datos en la investigación del caso. El más chico se había nacionalizado, tenía una beca para estudiar en Cambridge y votó por los demócratas. Del mayor, en cambio, dicen que soñaba con representar a EE.UU. en algún certamen de boxeo amateur. Habían nacido en Majachkalá, capital de Daguestán, vecina de Chechenia, y profesaban la fe musulmana.
La familia Tsarnaev llegó a Estados Unidos escapando de la violencia en una de las regiones más convulsionadas de lo que fue la Unión Soviética. Anzor Tsarnaev, el padre de los jóvenes, dijo en una entrevista desde Rusia que «los chechenos eran perseguidos en Kirguistán, había problemas». El caso es que recalaron en Estados Unidos aunque no está muy claro cómo fue que los hermanos quedaron solos. Se sabe sí que la madre, Zubeidat Tsarnaeva, dijo también desde Rusia que ella no tiene nada que ver con algo parecido al terrorismo. A pesar de que Dzojar enfrenta cargos que lo pueden condenar a la pena capital, no puede ir a visitarlo porque está acusada del robo de mercadería valuada en 1.624 dólares en la tienda Lord & Taylor de Natick, Massachusetts.
Pero en la familia Tsarnaev aparece un tío que agrega su cuota de enigma a la historia. El hombre es el que apareció durante la búsqueda del fugitivo Dzojar recomendándole que se entregara para no causar males mayores a la sociedad. Ruslán Tsarni declaró a la cadena CBS que Tamerlan tenía ideas extremistas y al canal Fox 25 que Dzojar era un buen estudiante y quería ser médico. «Temo que su hermano mayor haya podido tener una mala influencia sobre él», resaltó, verborrágico por demás. Ruslan –que también se confesó «avergonzado» por la situación– añadió que su cuñada tuvo una «gran influencia» en la presunta radicalización de los hijos.
Más tarde saldrían a la luz otras cuestiones relacionadas con el tío indiscreto. En algún momento de su vida este hombre que hoy tiene 42 años se casó con Samantha Ankara Fuller. Por entonces, «Ruslan Tsarni era conocido como Ruslan Tsarnaev», escribe Daniel Hopsicker, el periodista que destapó esta parte de la trama. «Se desconoce cuándo cambió su nombre». La mujer es hija de Graham Fuller, un destacado oficial de la CIA especialista en terrorismo islámico que trabajó en la estación de «la compañía» en Afganistán y luego se pasó a la Corporación Rand, una proveedora privada de servicios de análisis y entrenamiento de cuadros militares para el gobierno estadounidense desde los inicios de la Guerra Fría. Él mismo confirmó la información aunque descartó cualquier vinculación con el hecho porque la pareja se divorció en 2004.
Sin embargo, escribe Kurt Nimmo en Infowars, resulta interesante compilar también esta relación familiar, «considerando que Tsarni está en el centro de los esfuerzos por convencer a la opinión pública de que Tamerlan Tsarnaev, el supuesto terrorista de Boston ahora muerto, fue víctima de un “lavado de cerebro” por parte de un hombre desconocido de Albania llamado Misha».

El papel de la CIA
El padre de los muchachos diría en una conversación telefónica con la agencia rusa Interfax que en su opinión «los servicios secretos se la han jugado a mis hijos porque son creyentes musulmanes». Pero Moscú tiene otra versión de los hechos. Así lo deja entrever un cable de la Associated Press firmado por Eileen Sullivan y Matt Apuzzo donde se señala que las autoridades rusas habían grabado en secreto varias conversaciones telefónicas en 2011 en las que Tamerlan hablaba vagamente sobre la yihad con su madre. La portavoz del FBI en Washington, Jacqueline Maguire, comentó que «las conversaciones son importantes porque, si hubieran sido reveladas antes, podrían haber significado suficiente evidencia para que el FBI iniciara una investigación más minuciosa sobre la familia Tsarnaev».
El detalle es que en apariencia las autoridades rusas sólo informaron que les preocupaba que Tamerlan y su madre fueran extremistas religiosos. Por lo tanto, de acuerdo siempre con la vocera, el FBI interrogó a Tamerlan sobre sus actividades en Estados Unidos y como no sacó nada en limpio dio el caso por cerrado en ese mismo año.
Para Moscú, los jóvenes habían sido entrenados por la CIA para atentar en territorio checheno contra los intereses rusos. Y el viaje de Tamerlan habría sido parte de esa preparación para cometer actos terroristas, pero en suelo asiático.


Revista Acción
Mayo15 de 2013