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viernes

El banco de los BRICS en combate contra el dólar

Las esperanzas que despertó la cumbre de BRICS en Fortaleza fueron, para algunos medios locales, mayores que las realidades que se podían concretar en la primera participación argentina en ese foro exclusivo. Se juntaban dos escenarios particularmente complicados: por un lado, la crisis con los fondos buitre que jaquea a la Argentina en un momento crítico. Pero paralelamente son muchos los que ansían desde hace décadas la construcción de un poder que contrapese la asfixiante expansión de Estados Unidos hacia todos los rincones del mundo tras la caída de la Unión Soviética a inicios de la década del '90.
Esta vez se unieron el deseo y la necesidad de este lado del Plata de lograr apoyos en su pelea de fondo en la Corte de Griesa y la expectativa de poder ingresar a BRICS para potenciar la voluntad de un desarrollo autónomo. Sin embargo, no es eso lo que fue a buscar Cristina Fernández y tampoco es eso lo que le estaban ofreciendo cuando recibió la invitación al encuentro de los presidentes en la ciudad brasileña.
BRICS es una construcción de los principales países emergentes, los que están destinados, según las especulaciones más sensatas, a liderar el mundo del siglo XXI. Cierto que el acrónimo surgió de un evaluador del banco Goldman Sachs (GS), una institución financiera que pocas ganas tiene de que cambie el mundo que hay. Y menos si ese cambio no lo puede controlar, como en cambio lo viene haciendo con la crisis europea. El mismo analista, Jim O'Neill, encontró otra sigla, PIGS (cerdos, en inglés) para definir a los que "se iban a ir para la B", Portugal, Italia, Grecia y España. Países estos donde el GS tiene mucha responsabilidad en el desastre.
En cuanto a los BRICS, puede decirse que hubo acercamientos en Asia de las principales potencias, Rusia, India y China, desde mucho tiempo antes de que O'Neill se pusiera a jugar con acrónimos. La aparición de Brasil en este horizonte se explica por la presencia de Lula de Silva en el gobierno, a partir de 2003. Y la de Sudáfrica le puso la frutilla al postre: sí, la visión del BRICS puede tener relación con factores económicos –representan el 43% de la población mundial y el 21% del PBI y ya explican la mitad del crecimiento mundial– pero mucho más la tiene con la geopolítica.
No solamente este grupo de naciones es fuerte en Asia, de donde son originarias y donde ocupan los primeros lugares en población y PBI. Ahora también tienen un pie en África y otro en América. Por otro lado, lograron unir a tres diferentes culturas que cada una a su manera buscan recuperar los lugares decisivos que han tenido a lo largo de la historia de la humanidad: la China milenaria, la trascendente India y el viejo hálito imperial de los zaristas. Todo bien sazonado con otra tierra que también supo ser imperio como Brasil y el país más europeizado del África negra. Hay que decir que una alianza entre el régimen racista de Sudáfrica ya se había producido durante los años de plomo en el Cono Sur, donde participaron las dictaduras brasileña y argentina. La idea era en esos tiempos setentistas armar una Organización del Tratado del Atlántico Sur de tinte fuertemente anticomunista. Pero esa es otra historia.
Lo cierto es que luego del embate inicial de Washington tras la debacle de la URSS –que a partir de los atentados a las Torres Gemelas avanzó para ocupar espacios territoriales en el entorno de Rusia y de China– se produjo la crisis económica del neoliberalismo y van apareciendo espacios para otros protagonistas en un nuevo escenario. China avanza a paso redoblado desde la apertura económica de 1979, de modo que no sorprende su nuevo rol de gran comprador y gran equilibrador internacional. La India, con el antecedente del gobierno de Rawahalal Nehru para "surfear" entre Moscú y Washington en los años de la Guerra Fría, ya ocupaba un espacio que por desarrollo y población le cabe. A esto se agrega Rusia, que con Putin y a caballo de la crisis europea busca retomar sus antiguas posesiones –con Crimea ya lo logró– y sus áreas de influencia, como hizo en Siria. Tres actores con intereses y armamento nuclear, dos de ellos con un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU. No es poco.
Por eso es que a medida que fue pasando el tiempo, BRICS se va consolidando como eje de un poder aún incierto pero creciente. Una característica es que van paso a paso, como dijera un DT argentino. De modo que la ampliación hacia otros actores globales, como sería el caso de Argentina, por ahora deberá esperar. Por otro lado, habrá que analizar si es que es necesario estar en ese club, y de qué modo intervendrían los otros organismos de los que con más pertinencia forma parte el país, como Mercosur, Unasur y la Celac.
A pesar de esto, la sola sospecha de que se pudiera tratar esa cuestión en Fortaleza bastó para que desde una de las centrales empresarias brasileñas se tirara a petardear cualquier ampliación. Lo más probable es que si alguna vez es oportuno contar con un nuevo socio, como todo lo que se hace en BRICS suele obedecer a los tiempos chinos, todos estén avisados de la novedad y no sorprenda a nadie.
Lo que sí se anunció en Brasil fue la creación de un Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) y un fondo común de reservas para casos de contingencia; 50 mil millones de dólares en el primer caso, 100 mil millones en el segundo. La directora del FMI, Christine Lagarde, se apuró a celebrar la iniciativa, con el tono protocolar que se aplica en contiendas de alto nivel como esta. Pero no es una buena novedad para la entidad que forzó medidas neoliberales en todo el mundo con la excusa de la ayuda financiera, de modo que no habrá que augurar una buena convivencia.
Suele decirse que los bancos prestan un paraguas cuando hay sol y lo reclaman cuando llueve. Un banco de los BRICS es la promesa de un banco que preste a los países necesitados cuando llueva y sin exigencias neoliberales. Algo que podría ayudar al desarrollo de la región con créditos accesibles, pero no en este preciso momento. Es que el NBD, que se comenzó a diseñar en 2012, entraría en vigencia recién para 2016.
Lo que gradualmente sí está en marcha es el intercambio de mercaderías en monedas locales entre los socios de BRICS. Acuerdos similares se llevan a cabo entre Argentina y China, y también con Brasil. El Banco del Sur también tiene ese propósito, pero se viene demorando y no son pocos los que acusan de la lentitud al Planalto, que apostó más a sus relaciones extraterritoriales.
Habrá que decir que un banco "multipolar" tendrá que resolver el problema de fondo que subyace detrás de todo este debate: el fetiche capitalista del dólar como moneda de reserva e intercambio. Es decir, que ponga el último remache al féretro de Bretton Woods de 1946, que estableció las reglas financieras internacionales al fin de la guerra. Hay analistas que avizoran que la divisa china, el yuan, será en pocos años un fuerte competidor del dólar, la divisa en que aún se realiza más del 80% del comercio internacional. Pero si es por experiencia concreta, el euro nació el 1º de enero de 1999 para competir directamente con el "verde" y no sólo todavía no lo logró sino que sufre un embate desde 2008 que lo hizo trastabillar bastante. Y para colmo, habrá que ver cómo queda posicionado el euro luego de que Estados Unidos y la Unión Europea firmen el Tratado de Libre Comercio por el que vienen bregando aceleradamente.
Todo tiene que ver con todo, dicen las malas lenguas. Y el derribo del avión de Malaysia Airlines en Donetsk también entra en el inventario de este nuevo escenario global. Aunque es pronto para decir de qué manera.
Se entiende que la urgencia de un título periodístico es abrumadoramente más perentoria que las necesidades de los líderes que se vienen juntando desde hace un quinquenio para buscarle la forma a un mundo multipolar.

Tiempo Argentino
Julio 18 de 2014

Ilustración Sócrates


miércoles

Brasil da el salto



http://www.accion.coop/wp-content/uploads/2013/11/134-5.jpgQue las agencias de vigilancia global de Estados Unidos pongan el foco en Brasil, y que además lo hagan sobre alguna de sus empresas más emblemáticas, como Petrobras, muestra no sólo la avidez de inmiscuirse en asuntos ajenos de los espías estadounidenses. Es una prueba de que Brasil es gravitante para Washington. Y mucho más desde que el gigante sudamericano decidió que ya no está para recibir consejos ni amenazas sino más bien para sentarse a la mesa de las grandes discusiones internacionales.
Se lo hizo saber con firmeza Dilma Rousseff a Barack Obama cuando se conocieron las revelaciones del ex agente Edward Snowden sobre el espionaje a los correos electrónicos de la presidenta brasileña y los archivos más importantes de la compañía petrolera nacional, a punto de lanzarse a una licitación sobre algunas de las cuencas descubiertas en los últimos años frente a costas brasileñas. Verdaderos tesoros que ubican al país entre los de mayores reservas del precioso recurso, a niveles que no habían soñado generaciones anteriores, al punto que alcanzó el autoabastecimiento en ese estratégico rubro y va por más.
Cierto es que EE.UU. ingresó en una etapa de declinación visible. Pero no lo es menos que Brasil es ya una potencia hecha y derecha, según se encargan de decir analistas de todo el mundo. No por nada es uno de los pilares de los BRICS, ese puñado de naciones que, según se estima, dentro de 20 años superarán en volumen económico al resto de los países desarrollados. Pero, además, tiene algunos de los factores determinantes para ser considerado una potencia: extensión territorial, riquezas naturales, población y desde hace muy poco, petróleo en abundancia. Y sobre todo, la determinación política de serlo.
Brasil, sin embargo, fue considerado una subpotencia imperial, sumisa del «hermano mayor», EE.UU., hasta no hace tanto. Para Alberto Sosa, autor de Alianza Argentina-Brasil e integración sudamericana y cofundador de la asociación AmerSur, así como los pequeños necesitan de sus padres en su etapa de crecimiento, Brasil se apoyó en EE.UU. pero no gratuitamente. «Siempre obtuvo algo a cambio». Entre las ventajas de esa colaboración Sosa cuenta que Vargas quería desarrollar la industria pesada brasileña, para lo cual pidió ayuda al presidente Franklin Delano Roosevelt. Según parece, la negociación fue en términos parecidos a: «Si ustedes no me dan una mano en Volta Redonda (la primera acería integrada de América Latina, creada en 1942) le voy a tener que pedir ayuda a los alemanes». Y la respuesta, en vista del resultado, bien puede haber sido «declaren la guerra a Alemania y manden tropas». Como sea, también, para la época, el país del samba consiguió de EE.UU. el know how para la formación de un pilar clave del despegue brasileño, el Banco Nacional de Desarrollo (BNDes), que se sustenta con un impuesto sobre las jubilaciones y no con aportes particulares y apoya la transnacionalización de empresas brasileñas. «El estatuto del BNDes le permite financiar solamente a largo plazo proyectos de infraestructura o estratégicos, de industria pesada», especifica Sosa.
También recurre a la historia reciente Ricardo Romero, autor de El Brasil de Dilma y director del Observatorio de Política Latinoamericana del Instituto de Estudios América Latina y el Caribe de la UBA. «Desde los años 30 en adelante la industrialización de Brasil tiene mayor asidero que el modelo agroexportador», lo que genera un crecimiento sostenido comparable solo con el Japón de entonces. ¿El secreto? Vargas derrotó a la oligarquía del café en 1932, pero aprovechó las buenas relaciones que ella había creado con la elite estadounidense. Y por sobre todas las cosas, «cuando las elites brasileñas se fijaron planes de metas, los cumplieron».
«No es que ellos tengan una clase política excepcional ni empresarios excepcionales, pero han tenido un patrón de desarrollo muy sostenido en el tiempo y han respetado los acuerdos básicos por décadas sin conflictos internos», abunda Fernando Devoto, docente de Historia y autor de Argentina-Brasil 1850-2000 junto con el brasileño Boris Fausto. Es más, se jactan de haber mantenido políticas de Estado con Lula y Dilma Rousseff que venían de tiempos de Fernando Henrique Cardoso, a pesar de las diferencias obvias de enfoque.
Es que sobre una base de negociación con el imperio portugués primero y el británico y estadounidense después, el país amazónico no se detuvo. «Brasil siempre ha tenido un nacionalismo empírico, no doctrinario. Los hispanoamericanos tenemos un discurso a veces antiimperalista a nivel retórico pero poco concreto en los hechos, ellos no», apura Sosa, con alto grado de razón. Esa capacidad negociadora es reflejo de los acuerdos internos entre las cúpulas del establishment, que se mostraron capaces desde la década del 30 del siglo pasado de fijarse metas de desarrollo y llevarlas a cabo. «El gobierno de Juscelino Kubischek, un desarrollista que coincidió con la presidencia de Arturo Frondizi aquí –sostiene Devoto– se propuso crear una capital en el medio del Brasil, lo que implicó una inversión pública enorme. Pero a la larga se generó un polo de desarrollo muy importante y Brasilia le cambió el rostro al país al sacar la capital de la que fuera cabecera del antiguo Imperio».
«En 1968 Brasil hace una segunda revolución industrial –tercia Romero– con el Plan Nacional de Desarrollo, que se conoció como el Milagro brasileiro». Desde ese año y hasta 1974 el país creció a un ritmo del 12% anual, y entre 1960 y 1980 pasó de 60 a 120 millones de habitantes. Ese boom económico y social es lo que explica al Brasil que encaró los 90 discutiendo en otros términos con América Latina», agrega Romero.
Es cierto que esta verdadera explosión de Brasil se hizo más explícita desde la época del ex dirigente metalúrgico. Pero tres décadas atrás, el economista e historiador estadounidense Jordan Young ya había avisado en los ambientes académicos que «Brasil es la fuerza emergente del futuro». Fue poco después de aquella otra frase más estratégica que lanzó el entonces secretario de Estado de EE.UU., Henry Kissinger, cuando necesitó que la dictadura brasileña ayudara en el trabajo sucio en la región: «Donde vaya Brasil irá América Latina».

Desconfianzas mutuas
Como recuerda Devoto, las dirigencias brasileñas siempre miraron con desconfianza al resto de los países que comparten el continente, «los veían como democráticos pero muy inestables». Es bueno recordar que el proceso de independencia de Brasil tiene características bien diferenciadas. Fue un proceso de autonomía surgido por la presión de la burguesía local el que impulsó a que Pedro de Braganza rompiera con su padre Juan para instaurar el Imperio, en 1822. No hubo guerra de independencia y por lo tanto no hay héroes libertadores a quienes honrar. Tampoco, claro, padecieron los largos procesos de desgarramientos internos que sufrieron las jóvenes repúblicas. Como contrapartida, la región también se hizo desconfiada de esa elite imperial que mantuvo la esclavitud hasta 1888 y aprovechó cualquier resquicio para expandirse a costa de sus vecinos. Y eso se hizo patente incluso en sectores críticos de Brasil como es el caso del sociólogo Ruy Mauro Marini, quien definía al Brasil de la dictadura como una subpotencia de los poderes centrales más dispuesta a sofrenar cualquier proceso antiimperalista en la comarca que a plantear la integración.
Desde que el Partido de los Trabajadores (PT) gobierna el país, sin embargo, el rumbo de Brasil aparece direccionado hacia América Latina y, a la vez, distanciado cada vez más de Washington. ¿Se puede confiar en que el cambio es genuino? El uruguayo Raul Zibechi, autor de Brasil potencia: entre la integración regional y un nuevo imperialismo lo plantea claramente. «Ellos tienen una alianza estratégica con Argentina y Venezuela. Esa alianza los lleva a negociar permanentemente sus vínculos. Hay una negociación permanente: Brasil no impone todo lo que quiere. Obviamente, tiene la quinta industria del mundo, tiene multinacionales muy poderosas, no puede haber igualdad total. Pero sí hay negociación».
Para Sosa, sin embargo, el peso del gigante se hace sentir fundamentalmente en América del Sur. «Brasil es una potencia a nivel latinoamericano, pero no es una potencia mundial. No es China, no es Rusia, no está en el club de miembros permanentes del Consejo de Seguridad, tampoco es la India porque no tiene su peso demográfico ni militar y no tiene la bomba atómica». Por otro lado, la base de su comercio es la región, por más que entre sus objetivos están las naciones africanas, fundamentalmente por los lazos que la esclavitud dejó, es decir, tener una población con un 65% de habitantes afrodescendientes en distintos grados. Así, Brasil tiene superávit comercial con todos los países sudamericanos salvo con Bolivia».

Tecnología y desarrollo
Ernesto Mattos es investigador en el Departamento de Economía Política y Sistema Mundial del Centro Cultural de la Cooperación. Para hablar de Brasil como potencia, el también miembro de la Cátedra Nacional de Economía Arturo Jauretche de la UBA, aporta datos estadísticos. «La deuda en relación con el PBI está en 40%, la desocupación del 5,6% y las reservas de casi 370.000 millones de dólares implican que pueden mover el tipo de cambio como quieren». Como falencia, Mattos señala que tienen un 40% de las tierras extranjerizadas y que en los últimos años fue creciendo el porcentaje de inversión extranjera directa (IED) hacia la soja y la caña de azúcar. Para colmo, el porcentaje de las exportaciones de productos primarios pasó de 40% al 60%, lo que representa un reflujo en sus aspiraciones de convertirse en exportador industrial.
Otro dato para contar al país como potencia pasa por el peso que tiene la tecnología propia en su desarrollo. Romero resalta los avances en ese sentido en la industria petroquímica, el hardboard informático, la industria de los jugos procesados. «Ellos tienen un sistema universitario de elite que potencia y financia procesos de investigación. Hay mucho dinero para investigación y desarrollo y están buscando potenciar el desarrollo de industrias de base», añade el politólogo de la UNSAM. Zibechi plantea que también hay un despegue importante en el área nuclear. «Brasil está construyendo su primer submarino nuclear. Hay sólo cinco países en el mundo que pueden hacerlo. Eso quiere decir que Brasil domina buena parte del ciclo de la tecnología nuclear y, aunque no tiene bombas atómicas, podría hacerlas». En este aspecto, Sosa es algo menos entusiasta: «Cuando en tiempos de Lula le quisieron vender aviones Embraer a la Venezuela de Chávez, EE.UU. vetó la operación con el argumento de que si lo hacían le dejaban de proveer la tecnología», considera Sosa, quien apunta al mismo tiempo un detalle que figura como perdido en las negociaciones de Brasil en ese sector. Lula había firmado un acuerdo con el gobierno de Francia a cargo entonces de Nicolas Sarkozy. El proyecto era la provisión de aviones de combate Rafale por una suma multimillonaria. «El acuerdo era fabricar una parte en Brasil y con transferencia de tecnología», pero aún está en veremos por las presiones de EE.UU., que pretende colocar aeronaves fabricadas por Boeing.
Lo cierto es que desde aquel 1º de enero de 2003 cuando Lula se calzó la banda presidencial, Brasil consolidó una producción agrícola abrumadora, pagó sus deudas con el FMI e incrementó sus reservas hasta casi 400.000 millones de dólares mientras descubría las riquísimas fuentes petroleras del denominado Presal, en el Atlántico (ver recuadro). También, junto con Argentina y Venezuela, sepultaron el ALCA ante las narices de George W. Bush. Fue entonces cuando, no por casualidad, EE.UU. decidió revivir la IV Flota, creada en la Segunda Guerra para «custodiar» el Atlántico sur y desactivada en 1950. En coincidencia, se abría un abanico de bases militares estadounidenses desde Colombia y en torno al Amazonas. Toda una señal de que el Pentágono registraba el cambio brasileño y no se pensaba quedar de brazos cruzados.
Fue también durante este período que Jim O’Neill, un analista del banco de inversiones Goldman Sachs, reunió datos de los países emergentes más poderosos en un estudio que, para facilitar las cosas, denominó BRIC, por Brasil, Rusia, India y China, al que luego se agregaría la ese de Sudáfrica. Lula, que fue amasando durante sus dos gestiones prestigio y representación, se animó a más y aparte de fomentar esa alianza con los socios del exterior, intentó mostrar las cartas de Brasil como garante de la paz y la estabilidad.

No a los golpes
Brasil jugó fuerte durante el golpe contra Manuel Zelaya en Honduras y hasta se animó a proponer, junto con Turquía, una salida negociada a la crisis por el plan nuclear iraní. La elección de Río de Janeiro como sede de los Juegos Olímpicos 2016 y la de Brasil como organizador del Mundial de Fútbol el año próximo no fueron más que otra prueba del lugar que estaba ocupando el país.
Pero hay cifras que contrastan con el fervor positivo de los entusiastas. Así, aunque desde 2003 unos 22 millones de brasileños dejaron de estar en la pobreza extrema y 40 millones de pobres alcanzaron pautas de vida de la clase media, el índice que mide la desigualdad social, el coeficiente de Gini, marca 0,52 puntos, dentro de un rango en el que el 0 es la igualdad total y el 1 la inequidad más absoluta. Algunas de estas diferencias alcanzaron el debate público luego de las masivas marchas que en junio dejaron azorados a los dirigentes del país. El reclamo inicial fue contra el aumento de 20 centavos de real en el transporte público. Pero lo que emergió fue el rechazo a las obras faraónicas para el Mundial y los Juegos Olímpicos. Dos eventos con los que Brasil quiso mostrarse al mundo, pero que ahora lo hacen tambalear.
Otros reclamos apuntaban a modificar el sistema electoral y político, diseñado para que nada cambie aunque todos quieran cambiar algo. Un sistema que obligó al PT a aliarse con sectores de centroderecha para poder gobernar. Las críticas al modelo «trabalhista» vienen de la mano de jóvenes que eran niños hace diez años como para tener conciencia del camino que abrió el ex tornero mecánico nacido en el empobrecido nordeste. La gran incógnita para el próximo año es qué pasaría ante nuevas manifestaciones cuando el Mundial, vidriera global sin par, se esté disputando. ¿Dónde quedaría entonces la imagen de Brasil potencia?

Argentina y la relación bilateral
Desde que se conocieron las revelaciones que Edward Snowden formuló ante el periodista estadounidense Glen Greenwald, un luchador por los derechos civiles que reside en Río de Janeiro, el gobierno de Dilma mantiene una ofensiva contra el sistema de comunicaciones que, como tiene base en Estados Unidos, permite le vigilancia de todo lo que circula por los cables sin que el resto del mundo pueda más que quejarse retóricamente.
Como respuesta, Rousseff impulsa una Internet alternativa, con nodos en cada uno de los BRICS sin tocar territorio estadounidense. También fomenta una red latinoamericana para esquivar el embate electrónico foráneo. En el marco de esa nueva fuente de controversia con Estados Unidos, el ministro de Defensa de Brasil, Celso Amorim, pasó por Buenos Aires para diseñar una estrategia común en contra de esa incursión en los secretos locales.
Argentina representa para Brasil una alianza ineludible. No puede imaginarse como potencia sin tener las espaldas cubiertas. Al cabo de tres guerras en el siglo XIX y decenas de roces en la época colonial, sucede con ambos países lo que en Europa con Francia y Alemania: no pueden soñar un futuro posible el uno sin el otro. Por eso el primer viaje de Lula al exterior como presidente fue a Buenos Aires. Lo mismo haría ocho años más tarde Dilma. Amorim, continuador de esa política de Estado, viajó a la capital argentina para hablar de «las tres dicotomías» indispensables para analizar el mundo de hoy. «La primera es la dicotomía entre unipolaridad y multipolaridad», dijo, haciendo eje en la pugna entre los deseos de una potencia única frente al resto de las naciones. La segunda es entre multilateralismo y unilateralismo, donde se habla de la conformación de bloques más que de potencias individuales. El ejemplo es el de la OTAN, que forman 28 naciones pero responden en forma unilateral. «La multipolaridad se refiere a una situación en la que hay varios polos en un tablero, el multilateralismo habla de la forma de colaboración entre los polos en favor de la gobernanza global con énfasis en el Derecho y en las instituciones internacionales», aclaró Amorim.
Brasil se anota, junto con los demás BRICS, entre los países que «están interesados en promover un orden internacional que sea no sólo multipolar, sino también basado en los principios del multilateralismo». Luego detalló una tercera dicotomía, entre cooperación y conflicto, y señaló que «Brasil y Argentina son pilares de una “comunidad de paz y seguridad” que se está formando en América del Sur». De hecho, para Itamaraty, la sólida y persistente cancillería brasileña, hay tres niveles concéntricos donde quiere asentar sus relaciones. Mercosur, Unasur y CELAC. Pero a nivel económico apuesta fuerte por BRICS, con quienes teje estrategias tendientes a crear un banco de inversión y reservas paralelo al FMI y a elaborar proyectos de desarrollo estratégico.
Brasil, por otro lado, busca integrar el Consejo de Seguridad como miembro pleno, junto con India, Alemania y Japón. Y entiende, como especificó Amorim, que «para una multipolaridad efectiva, no es suficiente que existan países con peso significativo: es necesario que estén dispuestos a hacer valer este peso».

Riqueza bajo la sal
El Presal es una cuenca marina frente a Brasil que se extiende por debajo de una extensa capa de sal que, en determinadas áreas de la costa, alcanza un espesor de hasta dos kilómetros. En la web de Petrobras, que fue la que hizo el gasto en la investigación, se explica que «se utiliza el término “pre” porque, en el transcurso del tiempo, se fueron depositando esas rocas (abundantes en petróleo y gas) antes de la capa de sal». La distancia a la que pueden estar los reservorios de petróleo puede superar los 7.000 metros.
Se estima que Brasil suma unos 40.000 millones de barriles de petróleo con este descubrimiento, anunciado por Lula en 2007. Una presa apetecible como para reabrir una flota naval o enfocar los radares del espionaje electrónico. De hecho, la filtración de Snowden apareció pocos días antes de que se abriera la licitación por la cuenca de Campo de Libra, en la costa de Río de Janeiro. La adjudicación se hizo, a pesar de las sospechas sobre qué información podría haber pasado la NSA a alguno de los competidores. Como sea, ninguna de las empresas ganadoras era estadounidense. Se trata de un consorcio integrado por China National Corporation (CNPC), China National Offshore Oil Corporation (CNOOC), la francesa Total y la anglo-holandesa Shell. Petrobras será la operadora y tendrá una participación del 40%.
Hubo violentos incidentes protagonizados en las afueras del hotel Winsord, por manifestantes que rechazaban lo que denominaban «la entrega del yacimiento» y la policía carioca reprimió con gases y balas de goma. Luego de las marchas de junio, el gobierno de Dilma logró imponer una ley para que el 75% de las regalías petroleras vaya para el área de educación, y el otro 25% a salud. Pero una parte de la población aún no se muestra conforme.

Revista Acción
Noviembre 15 de 2013