El acto se convirtió con los años en un
homenaje no sólo a la figura del Libertador venezolano sino al proceso
de cambios que inició Hugo Chávez Frías cuando llegó al poder en 1999.
Por eso, resaltó esta vez la ausencia del líder carismático en el 182º
aniversario de la muerte de Simón Bolívar, la primera vez que falta en
estos 13 años.
Ministros y funcionarios acudieron al Panteón Nacional en Caracas
con una mezcla de alegría por el reciente triunfo electoral en las
elecciones regionales –el primero también sin Chávez azuzando a los
electores– y desazón por el momento que vivía el presidente, operado por
cuarte vez de un cáncer en la zona pélvica.
El triunfo coloca al chavismo como la única fuerza en condiciones
de gobernar el país pero según algunos analistas, al mismo tiempo
entierra definitivamente al «puntofijismo» y despliega sobre la
abrumadora mayoría del territorio venezolano el proyecto socialista,
refrendado en octubre y consolidado en diciembre, mientras Chávez
luchaba por su vida en una clínica de La Habana.
«Nuestra revolución bolivariana afortunadamente ha significado y
significa el despertar del ideal de este grande de América, del más
grande de los grandes, del gran libertador Simón Bolívar, que hemos
venido a rendirle homenaje», dijo Nicolás Maduro al término del acto.
Unos días antes, el propio Chávez había ungido a su canciller y
vicepresidente como un virtual heredero político en caso de que no
pudiera volver a ocupar el cargo tras la intervención quirúrgica. Y como
la Constitución estipula que si no podía asumir el mandato que logró en
octubre, se convoque a elecciones en forma inmediata, Chávez dijo que
Maduro debía ser votado como si fuera su última voluntad.
Casi con un pie en la escalerilla del avión que lo trasladó
nuevamente a Cuba, Chávez había dejado la certeza de que la operación
era lo grave que luego se confirmó, y que esa situación ameritaba no
dejar librado al azar el procedimiento de reemplazo que exige la Carta
Magna que él mismo logró aprobar ni bien ingresó al Palacio de
Miraflores. Una ola de estupor recorrió entonces no sólo Venezuela sino
toda América Latina, que entiende el rol protagónico que encarna el
venezolano como punta de lanza de un proceso de cambios en el
subcontinente. Los mensajes de adhesión emocionados de todos los
presidentes y las cadenas de ruegos en toda Venezuela fueron muestra
suficiente de ese peso humano y político.
La designación de Maduro como su candidato no fue una sorpresa.
Canciller durante los últimos 6 años, Maduro, ese apacible hombre alto y
de grueso bigote que sustituyó al presidente en los últimos actos ante
los organismos regionales, con 50 años recién cumplidos, es un leal
chavista con sólidos antecedentes como dirigente gremial en su juventud,
cuando fue chofer de ómnibus.
Parecía un «tapado» pero mostró la pasta de conductor también de
procesos políticos difíciles cuando le tocó dar los primeros informes
sobre la salud de Chávez y en un discurso que comenzó con lágrimas de
emoción y se fue encendiendo de a poco, terminó fustigando actitudes
hostiles (miserabilidades, se diría en esta tierras) de la oposición
ante el estado de salud presidencial.
Maduro representa el ala más política del chavismo, en un entorno
en que la gran mayoría de los gobernadores electos provienen del sector
militar, como Chávez. Incluso el otro posible candidato a portar «el
bastón de mariscal», Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea
Nacional de Venezuela, también pasó por la Academia Militar y participó
del frustrado golpe de Estado contra Carlos Andrés Pérez que catapultó a
la fama a Chávez.
Tal vez una señal para analistas de la oposición que ahora
intentan hurgar en la interna del chavismo para resaltar diferencias y
enfrentamientos que den materia para generar divisiones dentro del
partido gobernante. Probado que a Chávez sólo lo puede derrotar la
enfermedad, también buscan que el Partido Socialista Unificado de
Venezuela (PSUV) se desgaje ante la derrota de un proyecto opositor que
puede lograr el triunfo.
Mesa tambaleante
Es que la situación en que quedó la Mesa de Unidad Democrática
(MUD), conformada en 2008 con el propósito de superar a Chávez en las
urnas, no es halagüeña. Lo reconoció Henrique Capriles, el derrotado en
las presidenciales que, sin embargo, pudo retener la gobernación de
Miranda en diciembre, convirtiéndose en el único opositor neto que
gobierna un estado. «Vienen tiempos duros para la oposición», señaló ese
día el juvenil representante de MUD. Porque hay que decir que en las
regionales, esa coalición pretendía mantener los 8 estados que computaba
a su favor, algunos de ellos gobernados por ex chavistas.
Por otro lado, el PSUV ganó en bastiones hasta entonces reacios,
como el estado petrolero de Zulia, Carabobo, Nueva Esparta y Táchira.
«El avance del chavismo refleja un avance ostensible e irrefutable del
plan del socialismo del siglo XXI de Chávez, quien además fue el ganador
de las presidenciales de hace apenas dos meses», le dijo a la agencia
Efe, contundente, el analista y consultor político Alberto Aranguibel,
quien además integra el equipo de propaganda del oficialismo. «Toca
reconocerle también al chavismo un triunfo cualitativo, como es el
avance del socialismo como proyecto de país y esto destaca en una nación
donde el apoyo al socialismo nunca pasó del 6% del electorado durante
el puntofijismo», abundó el especialista, recordando el período previo a
la llegada de Chávez al poder, que consistió en la alternancia
consensuada entre la Democracia Cristiana (Copei) y Acción Democrática
(AD), que se repartió el poder desde la caída de Marcos Pérez Jiménez en
1958. El politólogo Nicmer Evans, profesor de Ciencia Política de la
Universidad Central de Venezuela (UCV), también citado por Efe, afirma
que Venezuela «efectivamente enterró al puntofijismo, con la estocada
definitiva en Zulia, Táchira y Nueva Esparta, cuyos gobernadores están
vinculados con o son parte de estos dos partidos (AD y Copei)».
Problemas de la oposición
Elides Rojas, jefe de redacción del diario venezolano El Universal,
al que no se puede tildar de oficialista, escribió en un artículo
reproducido en Buenos Aires por La Nación, que la MUD fue estructurada
alrededor de más de 30 partidos políticos con el objetivo de derrotar al
oficialismo por la vía electoral y «desplazar a Hugo Chávez» de la
presidencia. Se proponía, insistió, «rescatar los principios
fundamentales de la democracia y encaminar a la Nación definitivamente
hacia el desarrollo» con un programa a largo plazo. «Muy bien, en
principio –destaca Rojas– Pero enfrenta un problema muy serio. No gana
elecciones».
«Producto de las repetidas derrotas, ahora la oposición enfrenta
otra crisis que obliga a los partidos a revisar la organización, sus
proyectos, sus propuestas y hasta sus liderazgos ante un partido
oficialista cada vez más fuerte y con todos los poderes públicos en las
manos de Chávez. Una lucha en desventaja que hasta ahora presenta frutos
sólo en el ámbito de la imagen», lamenta el columnista.
Cualquiera diría que Capriles, luego de derrotar al ex
vicepresidente Elías Jaua por casi 50.000 votos de diferencia en
Miranda, debiera ser el candidato natural para ejercer el liderazgo de
la oposición, en vista de que es el único opositor neto que ganó al
chavismo. «Yo me siento feliz y contento por nuestro pueblo de Miranda.
Los mirandinos estamos de fiesta, pero hay otros estados en que no
logramos el objetivo. Nuestros líderes perdieron un juego, pero no son
menos líderes hoy de lo que eran ayer. Ese sueño que tenemos lo vamos a
alcanzar, este es un momento difícil, pero en cada momento difícil
siempre surgen las oportunidades», enfatizó Capriles, juntando
nuevamente a una tropa diezmada por la derrota.
El panorama en su propio distrito, sin embargo, no es tan promisorio
como pareciera mostrar un análisis a vuelo de pájaro. En primer lugar,
deberá enfrentar por primera vez una legislatura con mayoría del PSUV.
En segundo lugar, como recuerda la periodista Luisana Colomine, docente
en la Universidad Bolivariana de Venezuela, su techo político se estanca
y tiende a la baja. En las regionales de 2008, por ejmplo, Capriles
obtuvo 583.795 votos contra 506.753 de Diosdado Cabello. En diciembre
pasado, fue reelecto gobernador con 582.305 votos, es decir, 1.490 votos
menos que en 2008. «Desde esta perspectiva la oferta socialista
representada en Elías Jaua, no puede considerarse perdedora, pues
registró 534.937 sufragios, es decir, un incremento de 28.184 votos con
relación a 2008», sintetiza Colomine. Cierto es que a diferencia de las
elecciones de octubre, donde la asistencia a las urnas de la ciudadanos
trepó al 80%, esta vez el presentismo no superó por mucho el 50%.
Pero aún así se explica que la desazón en estos momentos de
Venezuela no envuelve solamente al oficialismo por Chávez, sino tal vez
mucho más a la oposición, que se topa con un proyecto que está vivito y
coleando y da señales contundentes de que tiene futuro.
Revista Acción
Enero 1 de 2013
viernes
La pelea de fondo de Obama
Poco más de un mes más tarde, estaba a las puertas del llamado «abismo fiscal», que comprometía los pagos en todos los niveles de la administración central si no se llegaba a un acuerdo para extender el déficit autorizado al gobierno. Pero nada fue como se imaginaba el presidente demócrata: los republicanos –mayoría en la Cámara Baja– se negaban a apoyar un aumento en las obligaciones tributarias y, en cambio, exigían reducir prestaciones estatales. Como para demostrarle que, mas allá de lo que dijeron las urnas, no aceptarían transgredir sus sagrados principios de defensa a ultranza de los intereses de los poderosos.
De nada valieron los argumentos de uno de los hombres más ricos del país, el inversor Warren Buffett, que protestó amablemente porque él, con todos sus miles de millones, pagaba menos impuestos que su secretaria, que vive de un sueldo. De nada valieron tampoco las argumentaciones que desde los sectores pacifistas recuerdan que mucho del déficit presupuestario se explica en los gastos militares y el resto en el apoyo a los bancos en problemas desde el inicio de la crisis económica durante la administración de George W. Bush.
Fue así que, en un fin de año de película de suspenso, se refrendó nuevamente la influencia de un oscuro hombre originario de Massachusetts, descendiente de suecos, inflexible en sus ideas, que en 1985, y cuando todavía no había cumplido 30 años, logró imponer un mítico juramento que los republicanos asumen como un credo.
Se trata de Grover Glenn Norquist, un notable activista nacido en 1956, fundador de una ONG, American for Tax Reform (Estadounidenses a favor de una reforma fiscal), egresado de Harvard, quien, como en unas nuevas tablas de Moisés, escribió los dos mandamientos neoliberales para sostener en el Capitolio la idea de Ronald Reagan de que sólo incentivando con menores impuestos a los más emprendedores se puede refundar el «sueño americano». Algo que la realidad se encargó de impugnar en estos años, pero que, como todo juramento –y sobre todo en un país con fuertes raíces puritanas–, no resulta fácil de romper sin sufrir el escarnio público.
Por escrito
Apenas 60 palabras (en lengua inglesa) le bastaron al joven Norquist para comprometer a los republicanos que llegan a algún cargo electivo o son designados en la función pública. «Primer punto: me opongo a cualquier iniciativa que apunte a un alza marginal de los impuestos sobre los ingresos tanto para las personas como para las empresas. Segundo punto: estoy en contra de todos los recortes netos o eliminaciones de las deducciones o créditos fiscales, a menos que sean totalmente compensados por una baja de impuestos», dice el mandamiento neoliberal. Hay un agregado para los legisladores, que reza: «Me opondré y votaré en contra de todos y cada uno de los esfuerzos para aumentar los impuestos».
Este «duólogo» tiene tanta fuerza convocante que sólo 16 de los 234 republicanos de la Cámara de Representantes y 6 senadores de 45 no refrendaron el documento.
Norquist representa el ala más implacable de una tendencia que tiene fuertes raíces históricas como es el rechazo al gobierno central y al pago de impuestos. Una tradición que suele recibir el nombre de «libertaria», pero que, sin lugar a dudas, es de un individualismo conservador feroz. El sector más violento sería el de Timothy McVeigh, autor del atentado de Oklahoma que en 1995 dejó un saldo de 168 muertos en un edificio federal de aquella ciudad estadounidense. Norquist, por su parte, alguna vez declaró que su utopía era volver al Estados Unidos anterior a Teddy Roosevelt. Este tío de Franklin Delano era republicano y presidió su país entre 1901 y 1908. Entre sus «logros» estuvo la «independencia» de Panamá de Colombia para apropiarse del canal que se estaba construyendo. Antes había participado en forma personal en la guerra contra España que devino en la independencia tutelada de Cuba, en 1898. Se lo conoce de este lado de la frontera por su política del Big Stick, el «Gran Garrote», contra quienes se opusieran a la voluntad imperialista de Washington. Pero puertas adentro, la derecha –entre ellos, Norquist– lo tilda de filosocialista porque impulsó una política antimonopólica que llevó, entre otras cosas, a la partición de la petrolera Standard Oil en 37 compañías independientes en las barbas del mismísimo John Davison Rockefeller, en 1911.
Norquist –socio de varios «clubes» selectos, como la Asociación Nacional del Rifle, esa que propone combatir las masacres colectivas en las escuelas armando a los maestros– no tiene pelos en la lengua. «Yo no estoy a favor de abolir el gobierno, sólo quiero reducir su tamaño hasta que podemos ahogarlo en la bañera», explicó alguna vez. En una reunión en Florida abundó: «Los grupos del Tea Party deberían servir como la armadura que protege a los republicanos recién elegidos» de las presiones para subir los impuestos.
El Tea Party (literalmente Partido del Té) es un movimiento político que también se define por una vuelta a los orígenes filosófico-constitucionales de los Estados Unidos. Pero va un poco más atrás y hace referencia al movimiento anticolonialista de finales del siglo XVIII que alcanzó su máxima expresión en el Motín del té de Boston o («Boston Tea Party», en inglés), que explotó cuando en Gran Bretaña se aprobó un aumento en el impuesto al té. De estas protestas nacería luego la independencia de la corona, nada menos.
Hay un discurso de la campaña de Obama que ilustra una posición más progresista en temas impositivos. Cuando dijo que nadie podía pensar que se hace rico sólo por sus propias habilidades. «Alguien construyó las carreteras y los puentes donde se transporta la mercadería, o las escuelas donde se educa la gente», deslizó, y fue tergiversado convenientemente por los medios más ultras, esos que lo califican de socialista por decir algo como eso.
La derecha más acérrima piensa que, en cambio, la iniciativa privada es el exclusivo motor del crecimiento de un país y que cuanto más dinero disponible tengan las personas «despiertas» para crear nuevos emprendimientos, más oportunidades generarán en beneficio del resto de los ciudadanos. Sobre esta base es que, incluso del otro lado del Atlántico (ver aparte), los ricos franceses se quieren mudar a Bélgica para aportar menos. Pero no trasladan el centro de sus negocios, porque saben que donde menos se paga también hay menos ocasión de hacer dinero.
Cuando se cumplía el último plazo para que la administración central no cayera en un bache fiscal que obligaría a clausurar muchos servicios esenciales, Obama sentó a los líderes republicanos para exigirles una ampliación presupuestaria sobre la base de la creación de impuestos a los ingresos superiores a 250.000 dólares anuales. Caso contrario, el costo recaería sobre los que menos tienen y castigaría nuevamente a la clase media y los trabajadores. De un modo directo con mayores pagos y de un modo indirecto con una recesión que echaría por tierra la escasa recuperación económica de este año.
Cuentas claras
Lo dijo claramente y los republicanos también le respondieron con claridad. Nones si no se aplican recortes sociales; entre ellos, los planes de salud que Obama impulsó con la reforma a la ley sanitaria, el único gran logro tal vez de su primera gestión.
En 2011, el Congreso había postergado una solución del déficit fiscal –que alcanza el billón de dólares al año– hasta después de la elección presidencial, con la esperanza de que se registrara un cambio de tendencia. Con el resultado puesto, volvieron a la mesa de negociaciones. Pero luego de duras batallas incluso mediáticas, Obama apenas consiguió que le aceptaran incrementos a partir de los ingresos anuales mayores a 400.000 dólares y una suba en la tasa de sólo cinco puntos para las herencias superiores a los 5 millones de dólares. Pero al mismo tiempo se sacan reducciones impositivas para familias de ingresos medios, lo que eleva los pagos en este sector en unos 1.000 dólares más al año.
El convenio, además, posterga por dos meses los recortes en los servicios de salud y asistencia a los pobres, así como en los gastos de defensa. También se prorrogan los subsidios de desempleo por un año a por lo menos dos millones de desocupados.
Pero este statu quo es sólo para atravesar el «abismo» del comienzo de este año. Luego vendrá la pelea de fondo por un acuerdo definitivo. Norquist ya probó quién es el más fuerte. Falta ver si Obama va por más.
Revista Acción
Enero 15 de 2013
Fortaleza sudamericana: entrevista a Pablo Celi de la Torre
Lo primero que aclara el funcionario regional desde su despacho en la Casa Patria Grande Presidente Néstor Kirchner es que no hablará, por cuestiones inherentes a su cargo, de situaciones particulares de cada país ni de los gobiernos. Lo segundo, que no están sentando las bases para la creación de una OTAS, una Organización del Atlántico Sur, similar a la que Estados Unidos y Europa mantienen en el norte, pero sin participación de las potencias imperiales.
–¿Cuál es el principal objetivo del Consejo de Defensa?
–Partimos del aprovechamiento compartido de recursos donde hay asimetrías nacionales. Un caso importante, un proyecto que ya está aprobado por Unasur y en proceso de ejecución, es la construcción del primer avión de entrenamiento, que se va a realizar en Argentina con la participación de todos los países de la Unasur, lo que sería un primer ejemplo de cooperación en la industria militar. Sobre esto hay otro ejemplo que son los ejercicios Unasur. Ya no sólo se hacen ejercicios militares con EE.UU. como en el pasado, binacionales. Hoy hay un ejercicio militar conjunto de Unasur, con participación de todas las fuerzas armadas de la región a nivel de planificación estratégica. Esto nos da la medida de que en el corto tiempo de existencia del Consejo de Defensa se han tomado medidas muy realistas, muy verificables y que, de hecho, van creando también mucha confianza. En el pasado proclamábamos un discurso unitario del continente entero, pero todas las fuerzas armadas funcionaban con hipótesis de conflicto bilaterales, es decir, de uno con su vecino y viceversa. En este momento, el objetivo es que las fuerzas armadas tengan una planificación estratégica, una concepción doctrinaria, un sistema de capacitación, un sistema de relacionamiento en función de los principios políticos a los que los países están arribando.
–¿Cuál es la concepción doctrinaria?
–Es un concepto que incluye desde la determinación de cuáles son los intereses comunes de la región en el campo de la seguridad, cuáles son los escenarios en los que se inserta la región, hasta cómo definir, por ejemplo, qué entendemos por seguridad regional, un primer concepto básico. Y hasta dónde llega la región desde el punto de vista de la seguridad, cómo pensamos a Suramérica.
–¿Hasta dónde llega en términos físicos o en términos estratégicos?
–Las fronteras de una región dependen de cómo la región se inserta en los procesos mundiales. La idea es partir de un concepto estratégico de inserción global, superando lo que fue una reiterada visión de Suramérica privilegiadamente vinculada con Norteamérica, para llegar a una Suramérica inserta en el contexto de las relaciones globales desde el punto de vista productivo, desde el punto de vista comercial, tecnológico, con el tema de la seguridad y la defensa respondiendo a la misma lógica de inserción global. Lo que significa también que los países puedan aproximar sus visiones para tener actuaciones conjuntas con un libreto común en organismos como Naciones Unidas, en otras instancias en la región o en el hemisferio. Este es un primer concepto duro, el concepto de seguridad regional.
Un segundo concepto fundamental es cómo la defensa apoya la seguridad. La defensa no es autónoma. Las estructuras de defensa están ligadas con el uso y la organización del aparato militar. No pueden tener autonomía, deben estar subordinadas a una visión de la seguridad, a un concepto de la seguridad. Esto es, cómo las estructuras militares de estos países se insertan en una visión regional de Suramérica; todo esto ligado con que podamos determinar en conjunto cuáles son los riesgos, cuáles son las amenazas, cuáles son los espacios de oportunidad que nosotros encontramos en el plano de la seguridad internacional. Este es un tema muy importante, porque esta definición es la que va a marcar en última instancia la orientación de las políticas de seguridad. Aquí los países están haciendo un esfuerzo muy significativo para poder aproximar sus definiciones. Hasta hoy cada país define sus riesgos y sus amenazas. El objetivo es poder identificar cuáles son comunes y, por tanto, cuál puede ser la base para una acción compartida para esto que llamamos una seguridad cooperativa.
–¿Cómo se implementa la seguridad cooperativa?
–Unasur es un proceso que tiene sus fases, que van progresivamente de lo que constituye el acuerdo respecto de un conjunto de medidas de confianza hacia la construcción de una institucionalidad más sistémica de cooperación. La conformación del Consejo de Defensa Suramericano es la expresión institucional de un proceso de transformaciones muy profundas en las relaciones entre los países de la región. No existe una estructura institucional precedente; es más, había una ausencia de espacio institucional para estructurar una cooperación interestatal en estos ámbitos. La propia aparición del Consejo de Defensa Suramericano es una muestra de confianza, una muestra de que hemos avanzado en las relaciones interestatales. Los países ya no ven la seguridad regional desde la hipótesis de conflictos bilaterales, desde esa vieja noción de entenderla como requisitos de fuerza, proyecciones unilaterales de las fuerzas de los países, desde la hipótesis de amenaza o de la disuasión agresiva, sino más bien desde el principio de la cooperación.
–El hecho de cooperar implica en sí un cambio radical de la perspectiva de quién es el enemigo del que uno tiene que defenderse.
–El Consejo de Defensa Suramericano no es una alianza militar, no es un sistema de seguridad o de defensa de acción colectiva. La misión del Consejo de Defensa no es la predeterminación de enemigos, la predeterminación de conflictos, las hipótesis de guerra, las hipótesis de agresión; no es partir de esta hipótesis negativa sino partir de un acompañamiento positivo a los procesos de integración regional. ¿Qué significa esto? Que las estructuras de seguridad y defensa deben acompañar los procesos de consolidación de la cooperación en el campo económico, en el campo político, en el campo social y, por lo tanto, ¿de qué tienen que ocuparse la seguridad y la defensa? Del acompañamiento y el cuidado de los recursos sociales, naturales y estratégicos. El concepto, entonces, de seguridad y defensa va más allá del ámbito exclusivamente militar. Esto es lo que ha permitido que el Consejo de Defensa sea un espacio de diálogo, de intercomunicación de políticas de defensa nacionales. No existe hoy una política de defensa regional, existen políticas de defensa nacionales y un espacio de cooperación entre ellas. En esta perspectiva y con el objetivo de aproximar estas políticas, de encontrar sus puntos de acuerdo, el Consejo adoptó la decisión de crear un Centro de Estudios Estratégicos como un espacio donde los países puedan concurrir con representaciones oficiales para trabajar instrumentos analíticos, instrumentos metodológicos, propuestas conceptuales, propuestas doctrinarias, hacia lo que sería la configuración de un pensamiento estratégico compartido.
–¿Los integrantes del Centro de Estudios del Consejo de Defensa son militares, son civiles, forman parte de la burocracia en alguna de las áreas afines de los países?
–El Centro tiene una estructura de trabajo permanente integrada por delegados de cada país. Estos delegados pueden ser civiles o militares y están designados por el ministro de Defensa de cada nación. La intención es que, ya sean civiles o militares, tengan experiencia en seguridad, en defensa, en políticas de defensa, una formación académica o institucional que los familiarice con este tipo de temas. Estos delegados forman un equipo de trabajo permanente que ejecuta las demandas del Consejo de Defensa.
–¿Cómo funciona?
–Hay un manual de funcionamiento del Centro de Estudios Estratégicos con tres áreas de trabajo. La primera tiene que ver con definiciones de política y defensa, la segunda es el área que se refiere a la institucionalidad de la defensa, el Ministerio de Defensa, las Fuerzas Armadas, una tercer área son los estudios prospectivos. Por ejemplo, el Centro va a realizar estudios sobre Suramérica 2025, es decir, sobre la perspectiva de los recursos estratégicos de la región en ese horizonte. Además de estas tres áreas de trabajo, el Centro ha asumido algunas funciones adicionales; una de ellas es ser la instancia técnica para la ejecución del Registro Suramericano de Gastos en Defensa. La idea es no solamente tener un registro sino una lectura de esos datos desde la perspectiva de la integración. Un registro que, por ejemplo, toma el gasto militar en relación con el PIB, en relación con los presupuestos estatales, en relación con el número de efectivos de las fuerzas armadas, en relación con la población. Una serie de variables que van integrando una lectura del gasto en defensa que además va a formar parte de una base de datos regionales. Lo valioso es que se sustenta en el presupuesto oficial y ejecutable. Y que se basa en una metodología compartida, de tal manera que todos los países informan con las mismas categorías, lo cual hace que sea homologable y comparable la información. Es, sin duda, la primera y la mayor experiencia a nivel mundial de una región que presenta en conjunto la información de gasto militar.
Revista Acción
Enero 1 de 2013
La reina argentina
La asunción de Máxima Zorreguieta al trono de Holanda reaviva un debate
que de este lado del mundo suena extemporáneo, el de la monarquía. Es
que en un tiempo signado por una crisis sin final, sobre todo en Europa,
la realeza aparece fuertemente cuestionada en los países donde aún
persisten testas coronadas.
Como se repitió hasta el hartazgo en los medios conservadores, que celebraron a la primera reina nacida en estas tierras con una mezcla de nacionalismo chabacano y orgullo tilingo, Máxima será la reina consorte de Guillermo de Orange-Nassau, luego de la abdicación de la reina Beatriz, que cumplió 75 años.
No es la primera vez que un monarca «renuncia» en la historia de los Países Bajos, pero esta vez sorprendió incluso a la casa reinante en España, que salió a aclarar que no veía la necesidad de que Juan Carlos de Borbón debiera abdicar a favor del príncipe Felipe. El rey español, que también cumplió 75 años, tiene sobradas razones para dar un paso al costado, luego de los últimos escándalos que envuelven no sólo a su figura –matanza de elefantes y amante alemana– sino a toda la familia real a raíz de la investigación en el llamado «caso Urdangarín», el yerno real acusado de corrupción junto con el secretario de su esposa, la infanta Cristina.
Los británicos también suelen cuestionarse de tanto en tanto la continuidad de una tradición real envuelta en escándalos con relativa regularidad. Ni siquiera los Orange-Nassau están al margen de controversias; de hecho, el padre de Guillermo, el aristócrata germano Nicolás de Amsberg, fue miembro de las Juventudes Hitlerianas y de la Wehrmacht, lo que en su momento generó olas de indignación en la población holandesa, que fue víctima del nazismo en la Segunda Guerra Mundial. Como se sabe, Máxima es hija de un alto funcionario de la dictadura argentina que no asistió al casamiento de su hija a pedido del gobierno holandés de entonces. Tampoco viajará a la coronación.
Revista Acción
Febrero 15 de 2013
Como se repitió hasta el hartazgo en los medios conservadores, que celebraron a la primera reina nacida en estas tierras con una mezcla de nacionalismo chabacano y orgullo tilingo, Máxima será la reina consorte de Guillermo de Orange-Nassau, luego de la abdicación de la reina Beatriz, que cumplió 75 años.
No es la primera vez que un monarca «renuncia» en la historia de los Países Bajos, pero esta vez sorprendió incluso a la casa reinante en España, que salió a aclarar que no veía la necesidad de que Juan Carlos de Borbón debiera abdicar a favor del príncipe Felipe. El rey español, que también cumplió 75 años, tiene sobradas razones para dar un paso al costado, luego de los últimos escándalos que envuelven no sólo a su figura –matanza de elefantes y amante alemana– sino a toda la familia real a raíz de la investigación en el llamado «caso Urdangarín», el yerno real acusado de corrupción junto con el secretario de su esposa, la infanta Cristina.
Los británicos también suelen cuestionarse de tanto en tanto la continuidad de una tradición real envuelta en escándalos con relativa regularidad. Ni siquiera los Orange-Nassau están al margen de controversias; de hecho, el padre de Guillermo, el aristócrata germano Nicolás de Amsberg, fue miembro de las Juventudes Hitlerianas y de la Wehrmacht, lo que en su momento generó olas de indignación en la población holandesa, que fue víctima del nazismo en la Segunda Guerra Mundial. Como se sabe, Máxima es hija de un alto funcionario de la dictadura argentina que no asistió al casamiento de su hija a pedido del gobierno holandés de entonces. Tampoco viajará a la coronación.
Revista Acción
Febrero 15 de 2013
Tangos al otro lado de la Cordillera
El gobierno chileno se apuró a calificar al hecho de vergonzoso y a
exigirle a la cúpula de los marinos una pronta explicación y castigo
por el contenido que trasuntaba la consigna –los medios lo tildaron de
xenófobo cuando en realidad debería llamárselo genocida– pero sobre todo
porque cae en un momento en que Chile se ve envuelto en una situación
explosiva en lo interior por un conflicto con la comunidad mapuche que
no tiene miras de disminuir y unas relaciones con sus vecinos,
principalmente Bolivia y Perú, que atraviesan coyunturas difíciles. En
ambos casos como consecuencia de viejas diferencias limítrofes que
tampoco son de fácil resolución.
Pero también está complicada la situación política del empresario
Sebastián Piñera, de fuertes vínculos incluso familiares con algunos de
los mayores exponentes del pinochetismo, como que su hermano José Manuel
fue ministro de Trabajo y Previsión Social del dictador y es
considerado el padre del sistema de jubilaciones privadas. A la caída
vertical de su imagen tras las masivas marchas estudiantiles en reclamo
de una sustancial modificación de un régimen educativo hijo de aquella
concepción neoliberal del mundo, se suma un escenario económico poco
alentador.
Las últimas cifras indican que el superávit comercial del país, una
de las claves del crecimiento desde aquellos funestos años, continúa en
baja y sin perspectivas de que las ventas puedan equiparar a las
importaciones en un corto plazo. La novedad es que el PBI de Perú, por
primera vez en décadas, supera al chileno, toda una afrenta en estos
tiempos. Para colmo, la ex presidenta Michelle Bachelet sigue cómoda al
frente de las encuestas para suceder al mandatario conservador y nadie
en su sector está en condiciones siquiera de opacar a la figura de la
socialista.
Hace unos días Santiago fue escenario de la Cumbre de la CELAC, esa
organización panamericana sin presencia de Estados Unidos y Canadá que
nuclea a todos los países sin distingos de pelambre ideológica. Allí
Piñera creyó oportuno resaltar esas diferencias, en un áspero discurso
con que le trasmitió la presidencia pro tempore al cubano Raúl Castro.
Un poco porque Piñera, que se doctoró en Harvard en aquellos
difíciles '70 (se cuenta que su primer día de clases fue justo el 11 de
septiembre de 1973, y que su profesor Kenneth Arrow, premio Nobel de
Economía, fue el que le dio la novedad) y otro poco porque la derecha
chilena, que pudo poner al fin a uno de los suyos en el Palacio de la
Moneda por las vías democráticas en 2010, no tiene otra que plegarse a
lo que resulta una política de Estado: navegar entre dos opciones. Por
un lado, mantiene las leyes esenciales que le dan estabilidad a la
economía al precio de mantener un status quo regresivo que los
estudiantes se encargaron de poner sobre el tapete. Porque los reclamos
que le estallaron a Piñera no difieren de los que durante 20 años la
Concertación, la alianza que agrupa al centro izquierda, tampoco
escuchó.
La otra pata de ese Estado represivo y para pocos que persiste en
el país trasandino es la ley antiterrorista con que suelen ser juzgados
miembros de la comunidad mapuche que en la Patagonia chilena reclaman
por sus tierras y sus derechos. Un grupo de ellos llegó a estar 87 días
en huelga de hambre sin que al gobierno se le moviera un pelo. El ataque
incendiario a una familia de agricultores cerca de Temuco acrecentó la
virulencia verbal contra la comunidad y hubo amenazas tanto entre
allegados al gobierno como a los colonos. Llegaron a hablar de la
existencia de grupos terroristas entrenados por las FARC, una denuncia
que no se sostiene con ningún hecho de la realidad pero sirve para
encender ánimos temerosos por el incremento del conflicto y la respuesta
oficial. De hecho, la zona está virtualmente militarizada para prevenir
enfrentamientos. El diario derechista El Mercurio señaló que además hay
reuniones semanales entre miembros de las fuerzas de seguridad y la
Agencia Nacional de Inteligencia (ANI) para estudiar la cuestión día a
día.
La bravuconada de los grumetes consiguió soliviantar a bolivianos y
peruanos. El reclamo de una salida al mar de Bolivia ya es histórico y
los escasos avances que hubo sobre todo desde que Evo Morales está en el
gobierno se redujeron aun más por la posición de la derecha chilena,
que no quiere oír hablar de ceder algo que considera de su soberanía,
aunque fue arrebatado en una contienda trinacional en 1879 que la
historia demuestra hasta el hartazgo que fue amañada por capitales
británicos ligados a la explotación del salitre y el guano.
La última novedad había sido una confusa declaración de Piñera en
que se entendía que Chile podía otorgar un trecho de su territorio sin
cesión de soberanía. Pero que de alguna manera violaba acuerdos con
Perú, que por esas cuestiones de las guerras a nombre de otro, en este
caso de empresas británicas de fines del siglo XIX, obligan a que
cualquier cambio fronterizo deba ser acordado por ambas partes. Sin
embargo, hay otra pastilla difícil de digerir para los peruanos, porque
aquellas palabras del chileno dejaban abierta la interpretación de que
parte de esa lonja de tierra para Bolivia podía terminar siendo dentro
de las actuales fronteras peruanas. Es que en La Haya, Santiago y Lima
intentan dirimir por las buenas un tramo de no mucho más de 37 mil
kilómetros cuadrados en el mar pero que podría arrastrar algo de
superficie terrestre.
Más allá de esos devaneos que mezclan maliciosamente el concepto
territorial con la idea de soberanía, pero que no se ocupa del bienestar
de los pueblos como objetivo primordial de las élites gobernantes, por
estos días mujeres aborígenes del Perú, Bolivia y Chile participarán del
Primer Parlamento Nacional de la Mujer Aymara 2013, que se llevará a
cabo en la ciudad peruana de Puno. Allí debatirán derechos de la mujer,
identidad cultural, educación intercultural, igualdad de oportunidades.
En el sur, se desarrollará un encuentro similar dentro de la
comunidad mapuche, que incluye nacidos en Chile y en Argentina. La
jornada cultural Wiño traule tuiñ –Volvemos a encontrarnos– busca
generar espacios de discusión y debate acerca de la identidad, la lucha y
proyección del pueblo mapuche a ambos lados de la cordillera.
Los militares chilenos, como se recuerda, apoyaron a los ingleses
cuando la insensata guerra emprendida por los dictadores argentinos para
la recuperación de las Islas Malvinas. Movida iniciada cuatro años
después de que las tropas de los dos países, que alguna vez
compartieron bandera para luchar por la independencia a las órdenes de
San Martín y O'Higgins, estuvieron a punto de enfrentarse por el fallo
sobre el canal de Beagle.
Entre Argentina y Chile, desde el retorno a la democracia de este
lado de los Andes, fueron limando asperezas y construyendo confianza.
Raúl Alfonsín había dado una muestra de racionalidad al someter a
referéndum el Tratado del Beagle. Carlos Menem se acercó más, cuando en
1990 la Concertación derrotó a Pinochet y cerró el último litigio, el de
la Laguna del Desierto. Ya con Néstor Kirchner en el poder, se puso en
marcha la Fuerza de Paz Conjunta Cruz del Sur, con militares de las dos
naciones, que además completan cursos de cooperación y perfeccionamiento
en las respectivas Escuelas de Guerra.
Resultaría impensable plantear un endurecimiento de relaciones por
un grupo de jóvenes incentivados por algún oficial con rémoras
pinochetistas en un mundo que ya cambió. Lo que termina de marcar esta
contradicción es un cartelito sobre una columna de iluminación en la
costanera de Viña del Mar al final de ese controvertido video. Allí se
invita a un espectáculo de tango en el Cien Club de esa ciudad chilena.
"Después de Argentina, respetando a Japón, somos el país con más
tradición tanguera. En pleno siglo XX, Valparaíso y Viña del Mar fueron
cuna de grandes orquestas y cultores del tango en general", explicó hace
un tiempo Raúl Carreño Varas, académico de la Universidad de Playa
Ancha, quien hizo su tesis de Magister en Arte sobre la música del Río
de la Plata.
Como suele decirse, para bailar tango y hacer la guerra se
necesitan dos. Sectores de la derecha chilena, como en los viejos
dancings, están cabeceando a ver si alguno acepta pelea. Adentro o
afuera del país.Tiempo Argentino
Febrero 8 de 2013
jueves
Un bloque a la medida de Washington
Cuando en abril de 2011, poco antes de
entregar el gobierno, Alan García logró cristalizar la Alianza del
Pacífico (AP), muchos creyeron ver en esta iniciativa del peruano una
zancadilla a su sucesor, Ollanta Humala. Porque el bloque que nacía,
conformado por Chile, Perú, Colombia y México, nacía de la unión de
gobiernos teñidos de una notoria impronta neoliberal. Andando el tiempo,
la AP se dio el gusto en la última Cumbre Iberoamericana de Cádiz
–escuálida por la ausencia de tres mandatarios del Mercosur como
Cristina Fernández, José Mujica y Hugo Chávez, pero también por la
suspensión de Paraguay tras el golpe contra Fernando Lugo– de mostrar
sus credenciales al mundo y de incluir, como miembro observador,
precisamente a España, que ante la crisis terminal de su modelo
económico busca alternativas hasta debajo de las piedras y ahora mira de
otro modo a América Latina.
De este modo, la AP fue la cara visible de un modelo de integración regional, en detrimento del Mercosur, que sólo mantuvo presencia con la brasileña Dilma Rousseff, tratada con algodones por los españoles porque, de paso, y a sabiendas del rol que Brasil está alcanzando entre las potencias económicas, también le podría servir para superar su encerrona.
Estos actos protocolares desnudaron, así, una crisis subterránea en la región que hasta no hace mucho se jactaba de haber construido, más allá de las diferencias, un organismo como Unasur que podría cobijar todas las tendencias de los países sudamericanos hacia un destino común, que no podría ser otro, se suponía, que sumarse a la sociedad comercial representada por Mercosur.
Pero sucede que el mercado común nacido en Asunción en 1991 representa una visión del mundo relacionada con un parque industrial bastante desarrollado pero fundamentalmente una producción agropecuaria de gran importancia para el mundo.
Dos miradas
La dificultad para juntar los dos océanos, como sugieren conocedores del tema, entre ellos, el argentino Alberto Sosa, miembro del Instituto Argentino de Geopolítica (IADEG), se basa en que el eje del Pacífico tiene una mayor producción de minerales y se ubica como punto clave en el área de mayor crecimiento de las últimas décadas y es llamado a convertirse en el centro económico mundial para el resto del siglo. O sea que hay dos miradas diferentes sobre cómo insertarse en los mercados internacionales.
De hecho, la AP representa a países que tienen tratados de libre comercio entre ellos, con Estados Unidos y también con la mayoría de las naciones del mundo. Chile es el caso más paradigmático, pero México y Colombia no le van en zaga. De allí la posibilidad más concreta de avanzar hacia otras políticas de integración, como la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas.
Más puntualmente, Chile y Colombia son fuertes en los servicios y energía, México es un importante centro regional de producción con acceso directo a la economía mas grande del mundo, y Perú ostenta niveles récord de crecimiento económico y alto nivel de producción de materias primas.
Los números fríos dicen que los 4 países tienen 205 millones de habitantes, reúnen el 35% del PBI de Latinoamérica y exportan más de la mitad de bienes de toda la región. Si se lo computara como un solo país, representaría la novena economía del planeta, con pautas similares en cuanto al rol que debe tener el Estado. Por otro lado, para integrar la AP se requiere la plena vigencia del Estado de derecho, de la democracia y del orden constitucional.
Porque todos sostienen a rajatabla una economía de libre mercado y un sistema de multipartidismo que, por ejemplo, llevó a que esos países morigeraran el castigo de Unasur a la dirigencia paraguaya por el golpe contra Lugo como así también a mantener en el último encuentro de ministros de Defensa continentales en Punta del Este las posiciones más cercanas a lo que pretende el Pentágono para su patio trasero.
No por nada la mitad de los miembros del grupo tienen una fuerte injerencia de tropas de EE.UU. en planes armados con la excusa del combate al narcotráfico, como el plan Colombia y el plan Mérida. O sea, son territorio de libre tránsito también para uniformados con la bandera de las barras y estrellas en el brazo izquierdo. Y el Paraguay de hoy no está demasiado alejado de esa «amistad» con los uniformados estadounidenses.
Cabeza de puente
A diferencia de lo que ocurría en el mundo hispanohablante en la edad de oro del Consenso de Washington, Piñera dijo que «hoy día América Latina puede ser una plataforma para proyectarse al mundo del Asia Pacífico». Y luego se ofreció como puente para el mercado español hacia los países asiáticos.
Es que el bloque se propone firmar un tratado de libre comercio con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), una alianza de 10 países de «la otra orilla» entre los que se cuentan Indonesia, Tailandia, Vietnam y Singapur.
En Cádiz, todo un símbolo, Piñera, el peruano Humala, el colombiano Juan Manuel Santos y el mexicano Felipe Calderón firmaron una declaración conjunta en la que aseguran, entre otras cosas, que durante el 2013 reducirán los aranceles internos en un 90% y que ya no habrá que tener visa para que los ciudadanos viajen de un país a otro.
«Nuestra meta es lograr que a comienzos del próximo año más del 90% de los bienes puedan circular libremente sin ningún arancel entre nuestros países», abundó Piñera.
La cita sirvió también para dar la bienvenida oficial a 5 países que se incorporaron como observadores: España, Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Uruguay. Costa Rica y Panamá continúan con su estatus inicial de candidatos a miembros plenos en cualquier momento.
Mientras tanto, de este lado de los Andes, todavía resuenan los ecos de la renuncia de Samuel Pinheiro Guimarães, alto representante del Mercosur, que pegó un portazo antes de la cumbre de Mendoza donde se formalizó la suspensión de Paraguay y el ingreso de Venezuela. El brasileño alegó entonces falta de apoyo para sus proyectos de integración que denominó «Mercosur x 9», que incluían, entre otras cosas, la convocatoria a Bolivia, Ecuador, Guyana y Surinam.
Guimarães, un diplomático de carrera en Itamaraty con un bagaje de experiencia y vocación integradora que lo ubica como uno de los propulsores de Mercosur desde sus orígenes, percibía que el eje Argentina-Brasil estaba perdiendo la partida en el armado de la unidad regional tras la muerte de Néstor Kirchner y el recambio de Lula da Silva por Dilma Rousseff en Brasil. Pero por lo que se ve, su sonoro alejamiento no logró despabilar a la «alianza atlántica» sudamericana.
El neogolpismo
Guimarães denunció luego ante la prensa (ver recuadro) el «neogolpismo» en Sudamérica, «impulsado por las clases tradicionales hegemónicas que, ante la victoria (electoral) de candidatos progresistas, construyen una teoría según la cual (estos presidentes) fueron elegidos pero no gobiernan democráticamente, hacen políticas populistas, están en contra de la libertad de prensa».
Como para sopesar esto que se dice, conviene tomar en cuenta un artículo del vocero del «latinoamericanismo» proestadounidense afincado en Miami, Andrés Oppenheimer. El periodista nacido en Argentina describió en el Miami Herald a la Alianza del Pacífico como una muy auspiciosa entidad para la defensa del mercado libre y la democracia. «Los 4 miembros del nuevo bloque (…) tienen ante sí una oportunidad de oro. Sigo siendo respetuosamente escéptico sobre la Alianza del Pacífico, pero mucho menos que con respecto a los otros bloques comerciales y políticos que han surgido recientemente en la región, porque arranca con bases más concretas». Si él lo dice.
De este modo, la AP fue la cara visible de un modelo de integración regional, en detrimento del Mercosur, que sólo mantuvo presencia con la brasileña Dilma Rousseff, tratada con algodones por los españoles porque, de paso, y a sabiendas del rol que Brasil está alcanzando entre las potencias económicas, también le podría servir para superar su encerrona.
Estos actos protocolares desnudaron, así, una crisis subterránea en la región que hasta no hace mucho se jactaba de haber construido, más allá de las diferencias, un organismo como Unasur que podría cobijar todas las tendencias de los países sudamericanos hacia un destino común, que no podría ser otro, se suponía, que sumarse a la sociedad comercial representada por Mercosur.
Pero sucede que el mercado común nacido en Asunción en 1991 representa una visión del mundo relacionada con un parque industrial bastante desarrollado pero fundamentalmente una producción agropecuaria de gran importancia para el mundo.
Dos miradas
La dificultad para juntar los dos océanos, como sugieren conocedores del tema, entre ellos, el argentino Alberto Sosa, miembro del Instituto Argentino de Geopolítica (IADEG), se basa en que el eje del Pacífico tiene una mayor producción de minerales y se ubica como punto clave en el área de mayor crecimiento de las últimas décadas y es llamado a convertirse en el centro económico mundial para el resto del siglo. O sea que hay dos miradas diferentes sobre cómo insertarse en los mercados internacionales.
De hecho, la AP representa a países que tienen tratados de libre comercio entre ellos, con Estados Unidos y también con la mayoría de las naciones del mundo. Chile es el caso más paradigmático, pero México y Colombia no le van en zaga. De allí la posibilidad más concreta de avanzar hacia otras políticas de integración, como la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas.
Más puntualmente, Chile y Colombia son fuertes en los servicios y energía, México es un importante centro regional de producción con acceso directo a la economía mas grande del mundo, y Perú ostenta niveles récord de crecimiento económico y alto nivel de producción de materias primas.
Los números fríos dicen que los 4 países tienen 205 millones de habitantes, reúnen el 35% del PBI de Latinoamérica y exportan más de la mitad de bienes de toda la región. Si se lo computara como un solo país, representaría la novena economía del planeta, con pautas similares en cuanto al rol que debe tener el Estado. Por otro lado, para integrar la AP se requiere la plena vigencia del Estado de derecho, de la democracia y del orden constitucional.
Porque todos sostienen a rajatabla una economía de libre mercado y un sistema de multipartidismo que, por ejemplo, llevó a que esos países morigeraran el castigo de Unasur a la dirigencia paraguaya por el golpe contra Lugo como así también a mantener en el último encuentro de ministros de Defensa continentales en Punta del Este las posiciones más cercanas a lo que pretende el Pentágono para su patio trasero.
No por nada la mitad de los miembros del grupo tienen una fuerte injerencia de tropas de EE.UU. en planes armados con la excusa del combate al narcotráfico, como el plan Colombia y el plan Mérida. O sea, son territorio de libre tránsito también para uniformados con la bandera de las barras y estrellas en el brazo izquierdo. Y el Paraguay de hoy no está demasiado alejado de esa «amistad» con los uniformados estadounidenses.
Cabeza de puente
A diferencia de lo que ocurría en el mundo hispanohablante en la edad de oro del Consenso de Washington, Piñera dijo que «hoy día América Latina puede ser una plataforma para proyectarse al mundo del Asia Pacífico». Y luego se ofreció como puente para el mercado español hacia los países asiáticos.
Es que el bloque se propone firmar un tratado de libre comercio con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), una alianza de 10 países de «la otra orilla» entre los que se cuentan Indonesia, Tailandia, Vietnam y Singapur.
En Cádiz, todo un símbolo, Piñera, el peruano Humala, el colombiano Juan Manuel Santos y el mexicano Felipe Calderón firmaron una declaración conjunta en la que aseguran, entre otras cosas, que durante el 2013 reducirán los aranceles internos en un 90% y que ya no habrá que tener visa para que los ciudadanos viajen de un país a otro.
«Nuestra meta es lograr que a comienzos del próximo año más del 90% de los bienes puedan circular libremente sin ningún arancel entre nuestros países», abundó Piñera.
La cita sirvió también para dar la bienvenida oficial a 5 países que se incorporaron como observadores: España, Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Uruguay. Costa Rica y Panamá continúan con su estatus inicial de candidatos a miembros plenos en cualquier momento.
Mientras tanto, de este lado de los Andes, todavía resuenan los ecos de la renuncia de Samuel Pinheiro Guimarães, alto representante del Mercosur, que pegó un portazo antes de la cumbre de Mendoza donde se formalizó la suspensión de Paraguay y el ingreso de Venezuela. El brasileño alegó entonces falta de apoyo para sus proyectos de integración que denominó «Mercosur x 9», que incluían, entre otras cosas, la convocatoria a Bolivia, Ecuador, Guyana y Surinam.
Guimarães, un diplomático de carrera en Itamaraty con un bagaje de experiencia y vocación integradora que lo ubica como uno de los propulsores de Mercosur desde sus orígenes, percibía que el eje Argentina-Brasil estaba perdiendo la partida en el armado de la unidad regional tras la muerte de Néstor Kirchner y el recambio de Lula da Silva por Dilma Rousseff en Brasil. Pero por lo que se ve, su sonoro alejamiento no logró despabilar a la «alianza atlántica» sudamericana.
El neogolpismo
Guimarães denunció luego ante la prensa (ver recuadro) el «neogolpismo» en Sudamérica, «impulsado por las clases tradicionales hegemónicas que, ante la victoria (electoral) de candidatos progresistas, construyen una teoría según la cual (estos presidentes) fueron elegidos pero no gobiernan democráticamente, hacen políticas populistas, están en contra de la libertad de prensa».
Como para sopesar esto que se dice, conviene tomar en cuenta un artículo del vocero del «latinoamericanismo» proestadounidense afincado en Miami, Andrés Oppenheimer. El periodista nacido en Argentina describió en el Miami Herald a la Alianza del Pacífico como una muy auspiciosa entidad para la defensa del mercado libre y la democracia. «Los 4 miembros del nuevo bloque (…) tienen ante sí una oportunidad de oro. Sigo siendo respetuosamente escéptico sobre la Alianza del Pacífico, pero mucho menos que con respecto a los otros bloques comerciales y políticos que han surgido recientemente en la región, porque arranca con bases más concretas». Si él lo dice.
Revista Acción
Diciembre 1 de 2012
sábado
Una foto y la película del absolutismo
El ensañamiento de los medios del establishment mundial y principalmente
de los españoles con el presidente venezolano parece no tener límite. Y
a la gravísima pifia de El País con una foto de un hombre entubado que
no era Hugo Chávez –digna de estar entre las peores infamias en la
historia del periodismo, que además se originó en una chanza de un
italiano, Tommasso Debenedetti, que no imaginó hasta dónde podía llegar
su desafío a la racionalidad de sus colegas– se sumó una carta
insultante contra el hombre que comanda los destinos de Venezuela desde
1999 y que se atribuyó a su ex esposa Nancy Iriarte. Pero que había sido
escrita por un periodista opositor un año antes.
Todavía se recuerda por estas costas alguna otra carta apócrifa adjudicada en junio de 1978 al jugador holandés Rudolfo Kroll, en la que el capitán del seleccionado que disputó la final del mundial de fútbol con Argentina hablaba loas sobre la dictadura de Videla. Es que la asistencia del equipo naranja al certamen había sido fuertemente cuestionada en su país por las violaciones a los Derechos Humanos que los militares habían desplegado desde el golpe.
La editorial Atlántida de los Vigil, responsable de aquel desatino, es la misma que apenas tres años después publicó una foto del líder radical Ricardo Balbín entubado en el sanatorio donde moriría unos días más tarde, en setiembre de 1981. La foto era verdadera, pero el caso despertó indignación porque era una notoria violación de límites éticos sobre qué cosa es noticiable y cuál no en un estado de derecho.
Fue así que la familia del político platense planteó una demanda que la Corte Suprema falló en su favor en 1984. Pero la cuestión no se laudó en el imaginario popular y hace algunos meses la viuda de Jorge Luis Borges le confesaba al conductor de un programa matutino de radio Mitre que el enorme escritor argentino, al saberse víctima de una enfermedad terminal, a principios de 1986 eligió ir a morir a Ginebra, donde había estudiado en su lejana juventud "porque había quedado muy impresionado con la foto de Balbín y temía que le hicieran lo mismo a él". Ni María Kodama ni su interlocutor Chiche Gelblung continuaron con el tema. Que podía ser espinoso porque el periodista había estado al frente de la revista en cuestión y es un defensor de un estilo de ese periodismo siempre en el abismo de lo brutal que lo llevó más de una vez a los tribunales.
Pero lo de El País tiene otras connotaciones. Porque es el medio que representó la transición a la democracia en la España posfranquista pero terminó siendo el baluarte en la lucha de la oligarquía conservadora por mantener su status quo interno y abrirse a una supremacía en el exterior que hace agua por todos lados a raíz de la crisis económica que le estalló en 2008. Una crisis que pone en el tapete los acuerdos de La Moncloa al punto que Cataluña ya plantea directamente la independencia del poder central y por tanto la ruptura de la unidad en torno de la realeza española. Una familia monárquica que por estas horas está más enfrascada en ver la forma de zafar de una investigación sobre un caso de corrupción que involucra al esposo y a un secretario de la infanta Cristina pero que salpica al palacio de la Zarzuela en su conjunto, incluida la bella presunta amante alemana de Juan Carlos I.
La ansiedad del El País –similar a la del monárquico ABC y el "popular" El Mundo– se inscribe en el deseo manifiesto de ver al que despectivamente titula de "caudillo" sudamericano fuera de circulación. Porque lo sabe una pieza clave en la lucha contra el proyecto neoliberal en América Latina. Chávez logró ofuscar de tal modo al mismísimo rey Borbón que le hizo perder la compostura en una célebre cumbre donde el monarca le dijo su ya famosa "¿Por qué no te callas?". Cosa curiosa que los medios callan: ese es el mismo rey puesto a dedo por otro caudillo, aunque en su caso "por la gracia de Dios", como Francisco Franco, coronado a la muerte del dictador que se lanzó contra la República española para restaurar el poder a los Borbones, en 1975.
Juan Carlos, por otro lado, desde su llegada al trono y sobre todo desde el Tejerazo de febrero de 1981 viene impulsando de un modo más o menos sutil la restauración de una suerte de absolutismo en el mundo hispanohablante que a 200 años de la Asamblea del Año XIII resulta poco menos que risible, pero que tiene fuertes lazos con las derechas locales que por la vía de las urnas van perdiendo influencia luego del cambio de aires en la región de este siglo.
No sería la primera vez que los Borbones intentan restaurar el absolutismo. Ya lo había hecho en 1814 Fernando VII, cuando volvió al trono luego de la caída de Napoleón con el apoyo de las Juntas de Gobierno surgidas en todo el territorio imperial. Decisión contra natura dos años después de que en Cádiz se dictara la primera Constitución Española, conocida como La Pepa, que reconocía cosas tan elementales como la soberanía nacional de los ciudadanos (y no la de un rey sobre sus súbditos), la monarquía parlamentaria y la división de poderes.
Desoyendo los consejos de hombres más duchos en eso de leer los tiempos que corrían, Fernando VII intentó reconstruir el Imperio español y el absolutismo por la vía de la fuerza y se enfrascó en la lucha contra los liberales en territorio español y abrió frentes de batalla en el continente americano para voltear a gobiernos populares surgidos durante su detención a manos de las tropas francesas. El resultado es conocido y Chávez es un emergente bicentenario de esa resistencia a un proyecto que en los 90 pareció que podía obtener nuevos resultados a la vista de la expansión de los capitales españoles en la región.
Por estos días la reina holandesa, Beatriz, abdicó a favor de su hijo Guillermo, lo que ubica a la argentina Máxima Zorreguieta a las puertas de convertirse en la primera reina nacida en estas pampas. La situación despertó especulaciones en España, ya que Beatriz deja la corona porque cumplió 75 años y piensa que debe dar paso a generaciones más jóvenes.
Hace unas semanas Juan Carlos también cumplió 75 años. Pero La Zarzuela desmintió que hubiera pensado en abdicar en su hijo Felipe, su sucesor natural de acuerdo al protocolo.
Felipe ostenta por ahora el titulo de Príncipe de Asturias. Pero como su madre es Sofía Margarita Victoria Federica, de la casa de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg, princesa de Grecia y Dinamarca, Felipe podría terminar coronado como rey de dos penínsulas sumidas en lo peor de la crisis mundial: el país ibérico y el helénico. A pesar de que Grecia desde 1974, y luego de un referéndum, es una república que no reconoce títulos nobiliarios. Y de que el sello dorado lo conserva su tío, Constantino II, llamado aún hoy rey de Grecia, príncipe de Dinamarca y duque de Esparta.
La historia de Guillermo Alejandro Nicolás Jorge Fernando, príncipe de Orange-Nassau e hidalgo de los Amsberg, tiene también sus bemoles. Es el hijo mayor de Beatriz y del fallecido aristócrata alemán Klaus-Georg Wilhelm Otto Friedrich Gerd von Amsberg, conocido como el príncipe Claus. Hombre que levantó polvareda cuando se casó con Beatriz, en 1966, por su pasado como miembro de las Juventudes Hitlerianas y de la Wehrmacht en la Segunda Guerra Mundial. Guillermo, a la vez, es el primer varón Orange-Nassau desde Guillermo III en 1890. Y también despertó polémicas cuando se casó con la hija del ex secretario de Agricultura del dictador Videla, Jorge Zorreguieta. Hombre de ingreso restringido en Holanda por un pasado que todavía lo condena.
Tiempo Argentino
Febrero 1 de 2013
Todavía se recuerda por estas costas alguna otra carta apócrifa adjudicada en junio de 1978 al jugador holandés Rudolfo Kroll, en la que el capitán del seleccionado que disputó la final del mundial de fútbol con Argentina hablaba loas sobre la dictadura de Videla. Es que la asistencia del equipo naranja al certamen había sido fuertemente cuestionada en su país por las violaciones a los Derechos Humanos que los militares habían desplegado desde el golpe.
La editorial Atlántida de los Vigil, responsable de aquel desatino, es la misma que apenas tres años después publicó una foto del líder radical Ricardo Balbín entubado en el sanatorio donde moriría unos días más tarde, en setiembre de 1981. La foto era verdadera, pero el caso despertó indignación porque era una notoria violación de límites éticos sobre qué cosa es noticiable y cuál no en un estado de derecho.
Fue así que la familia del político platense planteó una demanda que la Corte Suprema falló en su favor en 1984. Pero la cuestión no se laudó en el imaginario popular y hace algunos meses la viuda de Jorge Luis Borges le confesaba al conductor de un programa matutino de radio Mitre que el enorme escritor argentino, al saberse víctima de una enfermedad terminal, a principios de 1986 eligió ir a morir a Ginebra, donde había estudiado en su lejana juventud "porque había quedado muy impresionado con la foto de Balbín y temía que le hicieran lo mismo a él". Ni María Kodama ni su interlocutor Chiche Gelblung continuaron con el tema. Que podía ser espinoso porque el periodista había estado al frente de la revista en cuestión y es un defensor de un estilo de ese periodismo siempre en el abismo de lo brutal que lo llevó más de una vez a los tribunales.
Pero lo de El País tiene otras connotaciones. Porque es el medio que representó la transición a la democracia en la España posfranquista pero terminó siendo el baluarte en la lucha de la oligarquía conservadora por mantener su status quo interno y abrirse a una supremacía en el exterior que hace agua por todos lados a raíz de la crisis económica que le estalló en 2008. Una crisis que pone en el tapete los acuerdos de La Moncloa al punto que Cataluña ya plantea directamente la independencia del poder central y por tanto la ruptura de la unidad en torno de la realeza española. Una familia monárquica que por estas horas está más enfrascada en ver la forma de zafar de una investigación sobre un caso de corrupción que involucra al esposo y a un secretario de la infanta Cristina pero que salpica al palacio de la Zarzuela en su conjunto, incluida la bella presunta amante alemana de Juan Carlos I.
La ansiedad del El País –similar a la del monárquico ABC y el "popular" El Mundo– se inscribe en el deseo manifiesto de ver al que despectivamente titula de "caudillo" sudamericano fuera de circulación. Porque lo sabe una pieza clave en la lucha contra el proyecto neoliberal en América Latina. Chávez logró ofuscar de tal modo al mismísimo rey Borbón que le hizo perder la compostura en una célebre cumbre donde el monarca le dijo su ya famosa "¿Por qué no te callas?". Cosa curiosa que los medios callan: ese es el mismo rey puesto a dedo por otro caudillo, aunque en su caso "por la gracia de Dios", como Francisco Franco, coronado a la muerte del dictador que se lanzó contra la República española para restaurar el poder a los Borbones, en 1975.
Juan Carlos, por otro lado, desde su llegada al trono y sobre todo desde el Tejerazo de febrero de 1981 viene impulsando de un modo más o menos sutil la restauración de una suerte de absolutismo en el mundo hispanohablante que a 200 años de la Asamblea del Año XIII resulta poco menos que risible, pero que tiene fuertes lazos con las derechas locales que por la vía de las urnas van perdiendo influencia luego del cambio de aires en la región de este siglo.
No sería la primera vez que los Borbones intentan restaurar el absolutismo. Ya lo había hecho en 1814 Fernando VII, cuando volvió al trono luego de la caída de Napoleón con el apoyo de las Juntas de Gobierno surgidas en todo el territorio imperial. Decisión contra natura dos años después de que en Cádiz se dictara la primera Constitución Española, conocida como La Pepa, que reconocía cosas tan elementales como la soberanía nacional de los ciudadanos (y no la de un rey sobre sus súbditos), la monarquía parlamentaria y la división de poderes.
Desoyendo los consejos de hombres más duchos en eso de leer los tiempos que corrían, Fernando VII intentó reconstruir el Imperio español y el absolutismo por la vía de la fuerza y se enfrascó en la lucha contra los liberales en territorio español y abrió frentes de batalla en el continente americano para voltear a gobiernos populares surgidos durante su detención a manos de las tropas francesas. El resultado es conocido y Chávez es un emergente bicentenario de esa resistencia a un proyecto que en los 90 pareció que podía obtener nuevos resultados a la vista de la expansión de los capitales españoles en la región.
Por estos días la reina holandesa, Beatriz, abdicó a favor de su hijo Guillermo, lo que ubica a la argentina Máxima Zorreguieta a las puertas de convertirse en la primera reina nacida en estas pampas. La situación despertó especulaciones en España, ya que Beatriz deja la corona porque cumplió 75 años y piensa que debe dar paso a generaciones más jóvenes.
Hace unas semanas Juan Carlos también cumplió 75 años. Pero La Zarzuela desmintió que hubiera pensado en abdicar en su hijo Felipe, su sucesor natural de acuerdo al protocolo.
Felipe ostenta por ahora el titulo de Príncipe de Asturias. Pero como su madre es Sofía Margarita Victoria Federica, de la casa de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg, princesa de Grecia y Dinamarca, Felipe podría terminar coronado como rey de dos penínsulas sumidas en lo peor de la crisis mundial: el país ibérico y el helénico. A pesar de que Grecia desde 1974, y luego de un referéndum, es una república que no reconoce títulos nobiliarios. Y de que el sello dorado lo conserva su tío, Constantino II, llamado aún hoy rey de Grecia, príncipe de Dinamarca y duque de Esparta.
La historia de Guillermo Alejandro Nicolás Jorge Fernando, príncipe de Orange-Nassau e hidalgo de los Amsberg, tiene también sus bemoles. Es el hijo mayor de Beatriz y del fallecido aristócrata alemán Klaus-Georg Wilhelm Otto Friedrich Gerd von Amsberg, conocido como el príncipe Claus. Hombre que levantó polvareda cuando se casó con Beatriz, en 1966, por su pasado como miembro de las Juventudes Hitlerianas y de la Wehrmacht en la Segunda Guerra Mundial. Guillermo, a la vez, es el primer varón Orange-Nassau desde Guillermo III en 1890. Y también despertó polémicas cuando se casó con la hija del ex secretario de Agricultura del dictador Videla, Jorge Zorreguieta. Hombre de ingreso restringido en Holanda por un pasado que todavía lo condena.
Tiempo Argentino
Febrero 1 de 2013
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