Mostrando entradas con la etiqueta Alemania. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alemania. Mostrar todas las entradas

viernes

Es el poder, Tsipras

Desde el 5 de julio pasado, cuando los griegos fueron a las urnas y mayoritariamente rechazaron los planes de ajuste que pretendían imponer los representantes del ala más dura de la troika, pasaron apenas 45 días, pero parece que hubiesen sido añares. En este lapso, tanto la imagen de Alexis Tsipras como de la coalición Syriza, que lo llevó al poder en enero pasado, se fueron diluyendo ante el resto del mundo.
El primer ministro heleno pasó de ser la esperanza de cambio en una Eurozona que no aceptaba otra salida para la crisis económica que no fuera la de ponerle fin a lo que queda de Estado de Bienestar, a convertirse en un enigma difícil de descifrar. ¿Traicionó sus principios apenas dos días después del reférendum o la mejor opción para defender a los griegos  en vista de que la cuna de la democracia occidental, como dice, es un enano luchando contra un gigante como Alemania? ¿Qué busca con la renuncia y el llamado a elecciones anticipadas, volver al gobierno con nuevo sustento electoral, aún a riesgo de destruir la agrupación que pacientemente ayudó a conformar en oposición a los partidos del ajuste?
El detonante de esta crisis, que ahora repercute al interior de Syriza y que preanuncia la ruptura del ala izquierda, fue la firma del Tercer Memorando de Entendimiento con la Eurozona. Allí se vio con mucha mayor claridad en qué consistía el renunciamiento de Tsipras tras conocerse el resultado de la consulta popular. Todo era peor de lo que parecía, y para colmo, la novedad se reveló al mismo tiempo que se informó que una empresa alemana se quedaría con 14 aeropuertos griegos. No es que una estación aérea sea el mayor símbolo del orgullo nacional, pero en un contexto de depresión y caída en picada de una economía puede ser la señal de que cada vez queda menos por defender. Y eso repercutió claramente en Syriza.
Alguien que conoce muy bien los entresijos de estos dramáticos meses,  que fue parte de su gabinete como titular del área económica, Yanis Varoufakis, detalló ayer parte de los temas ríspidos que se fueron discutiendo desde que, junto con Tsipras, se hicieron cargo de los negocios públicos, a principios de año.
En su página web, el economista señala que lo acusaron los grandes medios de no haber tenido un plan alternativo ante la eventualidad de que, como ocurrió, los alemanes, y sobre todo su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, no dieran su brazo a torcer. También le decían, indicó, que los organismos financieros del continente no sabían qué se traían entre manos en el gobierno griego.
Varoufakis detalla planes presentados en mayo y junio, que implicarían una mejora de la economía para hacerse cargo de enfrentar la voluminosa deuda pública. Y agrega: "La verdad es que ellos sabían perfectamente lo que nos proponíamos, pero nunca prestaron atención a nuestras propuestas". Y se pregunta si es que esas propuestas no tenían ningún valor o, dice, "nuestras propuestas hacían difícil para ellos admitir que la verdadera razón por la que se negaron a aceptar nuestras sensatas iniciativas era que sólo se preocupaban por humillar a nuestro gobierno y descarrilar las negociaciones?"
Varoufakis reconoció desde que presentó la renuncia, ni bien se supo el resultado del referéndum, que tal vez pecaron de ingenuos al intentar sostener planes de contingencia contra una muralla de dirigentes que no pensaban aceptar ninguna otra salida que no fuera el recorte presupuestario y de beneficios sociales para la mayoría de la población.
Tal vez esa sea la esencia de la actual tragedia griega: la lucha de los militantes de Syriza fue ideológica, pero al menos en esta etapa de Europa –y especialmente dentro de la Eurozona- la ideología ha muerto. Lo único que prima son las razones de Estado.
Y esas razones implican que la batuta para arreglar los desaguisados económicos de cualquier de los países miembros la tienen los alemanes. No sólo los miembros del gobierno, sino la mayoría abrumadora de la población que considera que los griegos, los italianos y los españoles, los europeos del sur, básicamente son poco afectos al trabajo, desordenados, dados a la molicie, y por eso están en crisis. Una crisis, reflejan los medios masivos pero no desmiente la población, arrastra a toda la región hacia situaciones límite. "Hay que ponerle fin a esta situación", repiten al unísono. "Hay que disciplinarlos", agregan insidiosos.
Esa es una forma simplista de entender esta crisis y en general del momento que vive la Unión Europea, errada a juicio de este columnista.
Otra forma es hacer un pequeño relevamiento de lo que está ocurriendo fuera de las fronteras continentales. El superdólar está arrastrando a la mayoría de las monedas fuertes a una guerra en la que salvo Estados Unidos, todos por ahora tienen mucho que perder. El euro tiene como sostén de su valor las cuentas claras y precisas y sin déficit importantes entre sus socios, así quedó establecido desde su origen. China está sufriendo en carne propia esta guerra de monedas y por eso devaluó el yuan y permitió una baja en el valor de las acciones –una forma leve de desinflar la burbuja- en la bolsa de Shangái.
Paralelamente, el gobierno de Barack Obama está apurando los acuerdos de libre comercio denominados TTIP, por las siglas en inglés de Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversiones. Se trata de un ALCA para los países más desarrollados, como lo es el conjunto de la UE, que haga de contrapeso para el crecimiento de China, Rusia y Brasil y el resto de las naciones que integran el BRICS.
Como en todo tratado entre países que necesitan ser pares para que no estallen las diferencias, ambos contendientes están tratando de igualarse. Cuando se creó el NAFTA en América del Norte, México era una oferta de mano de obra barata para las empresas estadounidenses y eso facilitó las cosas. Pero Europa, por ahora y a pesar de todo lo perdido en estos años, en general ofrece muchos más beneficios a sus trabajadores de los que pueden disfrutar los estadounidenses. ¿Alguien podría creer que la administración de los demócratas subiría beneficios a los propios para empardar? Basta con ver que Obama apenas logró pasar una copia ajada de su plan de Salud, al que los republicanos prometen destruir si ganan en 2017. Lo más "sensato" para todos, entonces, es igualar para abajo. Porque, además, está la competencia de la industria china, que con esta devaluación y un régimen de flotación más flexible se hace más difícil de contrarrestar.
Por otro lado, Alemania y sus socios menores de Europa muestran una actitud que parece de dureza por las formas, pero que en el fondo refleja una gran debilidad. Si como dicen los gurúes neoliberales –en Argentina era un discurso habitual durante la convertibilidad- un país tiene que "seducir" a los inversores para que apuesten por hacer negocios en ese territorio, europeos y estadounidenses se están peleando por seducir a los verdaderos dueños del mundo, que son los dueños del capital. Esos que vienen trasladando –deslocalizando se dice en aquellos sitios- empresas desde ambos distritos hacia regiones que ofrecen más ventajas, en el Oriente y especialmente en China.
En este contexto, el debate que plantea Varoufakis se torna inocente por un lado, pero estéril en lo profundo. Todos saben que los griegos de Syriza tienen razón, el caso es que de lo que se trata es de otra cosa. Y en ese juego no hay lugar ni para románticos ni para debates teóricos. "Es el poder, estúpido", parece haber entendido Tsipras, y pegó el portazo. El tema es qué espera poder hacer si logra incrementar sustancialmente el respaldo en el futuro comicio.


Tiempo Argentino
Agosto 21 de 2015

Ilustró, como siempre, Sócrates



domingo

Carlos Abalo: "El Estado chino tiene los mecanismos para controlar la burbuja"


Es de esos referentes que es bueno tener a mano. Por experiencia, por conocimientos, y porque tiene  na mirada crítica pero absolutamente comprensible de la economía para el ciudadano común. Carlos Abalo, economista, periodista, dice que su vida estuvo atravesada por el peronismo desde que vio los tranvías cargados de obreros que iban a plaza de Mayo aquel lejano 17 de octubre de 1945. "Yo tenía diez años y quise ver qué pasaba", recuerda ahora, a los 80, con una sonrisa cómplice. Esa "diablura" infantil le trajo problemas familiares y no por ser una travesura precisamente. Con el tiempo, también padecería los rigores de la política nacional: trabajó en El Cronista Comercial y fue muy cercano al desaparecido director Rafael Perrota. Exiliado en México, dio clases en la UNAM y a su vuelta al país, fue jefe de Economía y prosecretario de redacción de la revista El Periodista. Esta vez, la convocatoria fue para hablar de la crisis financiera y del impacto y las razones de la devaluación de la moneda china.


"Cuando en los años '90 se terminó el socialismo y cayo la URSS, tuvimos el capitalismo global y la vuelta a la plena hegemonía de EE UU", dice en la redacción de Tiempo Argentino. "Eso marcó la Convertibilidad y el menemismo a nivel local, pero en el plano internacional empezó la emergencia de China, lo que llevó a la ampliación del radio de acción del capitalismo con un efecto de arrastre sobre los mercados emergentes que cambió el mercado mundial."
-¿Cómo considera que se origina la actual crisis en China?
 -Hay una fórmula para entenderla. El capital acumula a una velocidad mayor de lo que pueden acumular los trabajadores en ingresos. Permanentemente el ingreso de los trabajadores no va a poder comprar todo lo que acumulan los capitalistas y transforman en mercancía. Frente a eso se trata de colocar inversiones en otras cosas, y dentro de lo legal está la inversión financiera, atada al capital productivo porque los bancos prestan a los consumidores o al capital productivo y como ambos están en recesión, resulta que no pueden cobrar. Esta es la crisis financiera. Cuando más capital se derive hacia los bancos o hacia la realización financiera, más grande va a ser la burbuja. Esto se presenta en el 2007-2008 como una crisis del capitalismo.
-¿Una crisis más?
 -Sí, pero de una magnitud más grande que las de los 30, porque aquella fue la crisis del capitalismo nacional. Todas las economías producían en sus naciones y hubo una sobreacumulación de capital productivo. No se resolvió tras la Primera Guerra porque ninguna economía podía saltar al capital planetario, es decir al capital mundial, algo que recién haría Estados Unidos al terminar la Segunda Guerra.
-¿Cómo afecta esto a China?
-Cae la demanda de los productos chinos en Europa y se registra una caída del crecimiento chino, que pasó del 10% al 7 por ciento. China tiene un capitalismo estatal, pero al mismo tiempo desarrolla un capitalismo privado controlado por el Estado. Esta restricción de las exportaciones que alimenta el proceso de crecimiento se frenó con la crisis europea, entonces China tuvo que empezar a crecer para adentro.
 -¿En el 2008 se planteó eso?
-No se vio con claridad hasta hace dos o tres años. Pero además ocurre otra cosa: en China crecen los salarios y como el consumo estuvo muy restringido durante mucho tiempo, la población tiene una capacidad de ahorro del 50 por ciento. Una acotación al margen, en China, a pesar de ser políticamente un régimen dirigido por el partido comunista, nunca hubo una revolución comunista, sino una revolución campesina que resolvió los problemas nacionales. Entonces, con semejante volumen de ahorro, los chinos empezaron a comprar acciones y como el país crecía al 7,5% hubo una revalorización descomunal. Uno compraba una acción y valía 20 o 30% más un año después. Empezaron a tomar créditos para tomar acciones y se produjo una burbuja.
-Fue lo que estalló en Shanghái hace algo más de un mes.
 -Exactamente. Lo que pasa es que el estado tiene un mecanismo de control de la burbuja, de la expansión monetaria y de la absorción correspondiente que no tiene agujeros, por la característica que hablamos del sistema. Probablemente a medida que avance esto no va a ser así, pero todavía la controlan.
 -¿Cómo juega en esto la devaluación del yuan?
-Es que la crisis, además, responde a la dinámica del capitalismo global propia de esta época, y esta empujada por EE UU con el superdólar como una amenaza. Al ver restringida la capacidad de exportación combinada con un requerimiento de capital interno más intenso, se produce un desbalance entre la liquidez interna y la menor cantidad de divisas que ingresan. Tienen menos entradas de dólares y a la vez hay una aceleración controlada de la liquidez. Esto los obliga a tener que recuperar en la medida de lo posible más exportaciones a pesar de que China ya está orientada hacia adentro.
 -¿Cómo se da la influencia del superdólar?
-A través del superdólar, EEUU está castigando a los emergentes que pueden ser el complemento de China: Rusia, Argentina, Brasil, Venezuela, y van a terminar enfrentándose con China. Porque en esta economía de base más amplia, si no hay una regulación desde arriba del poder dominante, se termina la hegemonía de ese poder dominante que hoy es EEUU, que siempre ha frenado al que avanzaba.
-Pero hay también una cuestión de geopolítica, con los tratados con Europa y la cuenca del Pacífico.
 -Cuanto más se abra el comercio internacional, como EEUU está en la cumbre de la productividad y de la competencia, ellos ganan siempre. La crisis no sólo es una manifestación de la burbuja financiera y de las crisis clásicas. Esta crisis clásica empezó a ser empujada por EEUU con una amenaza de que van a subir las tasas de interés. Porque EEUU puede emitir dólares, divisa de reserva, y China todavía no lo puede hacer.
 -Pero el yuan también aspira a ser moneda internacional.
-Esto fatalmente va a ser así porque al producir ese cambio interno y tener ese excedente de capital, China va a salir afuera como gran exportador de capital. De hecho ya lo está haciendo y por eso el renminbi va a ser una moneda internacional de libre flotación. El problema es cuándo porque en medio de la recesión y una situación en que se deteriora la capacidad de exportar de China y todavía internamente no se puso a la paridad, esto hoy la perjudica. Por eso el gobierno insiste en que todavía no están preparados.
 -EEUU está forzando al máximo el enfrentamiento. ¿No puede pasarse a un enfrentamiento bélico?
-Es que China tiene toda la paciencia del mundo. Por eso le dijeron al FMI: "Noooo, nosotros todavía no estamos a la altura de Estados Unidos." Y un capitalismo ampliado es una perspectiva que políticamente sólo se sostiene con paz.
-¿Por qué no con guerra?
-Porque se vuelve para atrás, a los capitalismos nacionales. En la guerra, EE UU derrotó a Alemania y a las demás potencias y gracias a eso terminó con los capitalismos nacionales y empezó el capitalismo global. Lo vemos ahora, pero empezó ahí. El Plan Marshall es eso.
 -Pero la principal industria de EEUU es la industria bélica.
-Para China no es tiempo de hablar de una posible confrontación, aunque cada vez es menos vulnerable. De cualquier manera, si la economía china no tuviera algún límite se convertiría en la principal economía mundial y volvería a ser el centro del mundo junto con la cuenca del Pacífico. Porque Europa está sometida a otro tipo de crisis.
 -¿Cómo es esa crisis en particular?
 -La capacidad de recuperación de Alemania al fin de la guerra fue descomunal. Las fuerzas de ocupación hacen que Alemania pueda tener otra vez una moneda propia, le dan crédito y usan como reservas las tenencias de divisas de los particulares con la garantía de que con el Marshall no iba a haber devaluación.
 -¿El euro no fue una forma de competir con la hegemonía del dólar?
-En los '90, Alemania logra una zona propia con el euro. Pero como son países de distinta productividad es una suerte de marco para todos. Como Alemania ha ido concentrando todas las ramas duras de la economía y de la más alta tecnología, en realidad el resto de Europa es una periferia de Alemania, con una moneda común. Alemania es la economía más dinámica de Europa, pero está subordinada a la hegemonía política de EE UU.

Latinoamérica es el garante alimentario

"Si China se transformara en un centro del capitalismo mundial, quedándose en el capitalismo, la posibilidad de expansión del desarrollo económico sería mucho más grande. Y nuestros países necesitan de esa expansión para crecer. Hay dos países entre los emergentes que pueden tener un papel más "empujador" de China: Brasil y Rusia. Por otro lado, la seguridad alimentaria de China somos Argentina y Brasil. El Mercosur es la manera ideal de responder a la demanda agroalimentaria de China, porque esa demanda se completa con Argentina y Brasil, pero esto arrastra a los demás sobre todo porque la demanda de China no es solo de agroalimentos sino de minerales, de petróleo. Porque China tiene poca agua o mejor dicho no le alcanza para todos. Para atender y resolver el problema de sus  alimentos necesita de la región", dice Abalo.
-¿Su problema es el agua?
 -Su problema es el agua
 -¿Por qué, por los cultivos?
-Están haciendo obras al respecto, pero son 1300 millones de habitantes. Y para todo lo que tienen que hacer el agua es una limitación, este es el problema central. Pero China apuesta al futuro y se prepara para la tercera revolución industrial y para la transferencia de mano de obra: sacar a obreros de las fábricas y transformarlos en obreros de la tecla.


Tiempo Argentino
Agosto 16 de 2015

La foto es de Soledad Quiroga para Tiempo Argentino



lunes

Un siglo de una guerra sin fin


http://www.accion.coop/wp-content/uploads/2014/06/149-4.jpgLas fechas para dar como inicio de la Primera Guerra Mundial pueden ser imprecisas: tal vez el 28 de junio de 1914, cuando el archiduque Francisco Fernando de Habsburgo, heredero del imperio austro-húngaro, fue asesinado en la ciudad bosnia de Sarajevo a manos de un integrante de un grupo nacionalista serbio. O cuando Austria-Hungría le declaró la guerra a Serbia, el 28 de julio. O quizás cuando, luego de varias escaladas bélicas, Inglaterra hizo lo propio contra Alemania, el 4 de agosto. Algunos historiadores amplían el panorama y entienden que la llamada Gran Guerra, en realidad, fue la ruptura de un precario equilibrio conseguido tras la guerra franco-prusiana de 1871 y del mal resuelto reparto del mundo establecido entre las potencias imperiales en la conferencia de Berlín, en 1884. Incluso hay quienes retrotraen los antecedentes a resquemores crecientes desde el Congreso de Viena, que trazó nuevas esferas de influencia en Europa tras la derrota de Napoleón, en 1814.
Más difícil se hace ponerle fecha de finalización, porque hay coincidencia absoluta en que la Segunda Guerra fue una nueva batalla de esta perenne disputa para dirimir en los campos de batalla la preponderancia económica, política y militar entre las potencias centrales. Incluso se puede aventurar que episodios mundiales recientes –como la situación en Oriente Medio, en Ucrania y en las regiones de África que fueron colonias francesas, al igual que antes en Libia y en los países árabes del norte del Sahara– dan cuenta de que la Gran Guerra no terminó. Mal que le pese a quienes pronosticaban el fin de la Historia.
Así lo entiende Juan Manuel Karg, licenciado en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires e investigador del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (CCC). «La situación en Ucrania y la interpretación sobre lo que sucede en Siria vuelven a poner en consideración una disputa por la hegemonía mundial entre grandes potencias», adelanta Karg. «El progresivo declive de Estados Unidos en su papel de “hegemón” mundial provocó la emergencia de nuevos polos de poder: hablamos principalmente de China y Rusia, quienes junto con Brasil, India y Sudáfrica crearon el grupo BRICS».
Si de lo que se trata es de recordar el inicio de la Primera Guerra, para entonces Estados Unidos era seguramente el país más poderoso de la Tierra en términos económicos, pero practicaba una política de aislacionismo de los problemas europeos. Más bien estaba interesado en la expansión y consolidación de sus intereses en América Latina y el Pacífico, a través de sus primeras incursiones en Hawai y Filipinas.
El mapa en 1914 era bien diferente del actual y hasta puede decirse que esa bárbara contienda que dejó al menos 20 millones de muertos y millones de mutilados al mismo tiempo fue la tumba de varios imperios que quedaron para los libros de Historia. Pero también dejó a la intemperie otras situaciones que no se terminaron de resolver aún y muestran semejanzas que en el mejor de los casos resultan preocupantes.
Es bueno recordar, con Gabriela Nacht, historiadora y miembro del Departamento de Historia del CCC, que «la paz armada de los primeros años del siglo XX se basó en un delicado sistema de alianzas que, más que evitar la confrontación, llevó a la carrera armamentista y, finalmente, a la Gran Guerra. Fundamentalmente, por un lado, se encontraban Francia, Gran Bretaña y Rusia (la Triple Entente), y enfrente, las potencias centrales, Alemania y Austria-Hungría. Pero otros países también estaban implicados. Todos tenían entre sí tensiones territoriales e intereses en pugna en territorios europeos colonizados o zonas comercialmente estratégicas. Era como una fila de dominó: volteada la primera, todas caerían sucesivamente».
La primera fue, claro, el homicidio del archiduque de Austria. Un nativo de Sarajevo, la ciudad donde se encendió aquella «mecha», el director Emir Kusturica, lejos de considerar el ataque de Gavrilo Princip como un acto terrorista lo califica de «tiranicidio», sin medias tintas. «El tiro que mató a Francisco Fernando tiene también su dimensión social y fue, de hecho, el inicio de la liberación de los pueblos que vivían en la esclavitud en Bosnia-Herzegovina», señaló el director de Underground y Gato negro gato blanco, dos joyas del cine universal.

Siria. El derrumbe del Imperio Otomano generó nuevos escenarios de disputa. (Khatib/AFP/Dachary)
Pero básicamente, esa fue una guerra por los mercados y por las colonias. Con un capitalismo en su período de más crudo expansionismo de la mano de una nueva etapa de la Revolución Industrial, con avances impresionantes en la tecnología; la «locomotora» alemana competía con la todavía poderosa industria británica. Eso sin dejar de lado resquemores nacionalistas que se mantenían latentes desde siglos. «Francia guardaba resentimiento contra Alemania por su derrota en la guerra franco-prusiana y añoraba las provincias perdidas de Alsacia y Lorena. Los alemanes, a su vez, veían con disgusto el desequilibrio entre su poder marítimo y colonial y el del Imperio Británico», sostiene Enrique Manson, docente e historiador del Instituto de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego. Alemania –en rigor de verdad, el II Reich– era fuerte en el continente, pero Gran Bretaña era la dueña de los mares. Era un equilibrio que no podía durar mucho.
A la hora de ponerle cifras a la cuestión, Nacht acota que «para 1909 el Imperio Británico controlaba el 20% de la superficie y el 23% de la población mundiales». Por otro lado, los otros dos grandes imperios multinacionales, el zarista y el otomano, eran poderosos sólo en cuanto a extensión y a una cierta capacidad bélica basada en el número de soldados que podían disponer prontamente en un campo de batalla, pero a nivel de desarrollo social e industrial estaban poco menos que en la Edad Media. Sin embargo, en sus áreas de influencia se llevarían a cabo transformaciones que cambiarían el sentido del siglo XX y todavía representan un foco de tensiones permanentes».
Baste decir que la excusa para la guerra surgió en un territorio en disputa –los Balcanes– que hasta no hacía mucho había pertenecido a los turcos y que había sido motivo de anteriores guerras con Rusia, que reivindicaba la defensa de la población eslava, y con la casa real de los Habsburgo; cristianos ortodoxos unos y católicos los otros, en oposición a musulmanes. Además, todo el Oriente Medio –que incluye a la actual Siria y, por supuesto, a Israel y Palestina– había estado en manos del Imperio Otomano desde al menos 1520. Muchos de los problemas actuales no se habían manifestado por entonces.
El desmembramiento de la Sublime Puerta de Estambul –como se denominaba a la sede del gobierno otomano y que devino en sinónimo del imperio– llevó consigo a la creación de la Turquía moderna, pero también implicó la pérdida de territorios y, en el camino, el exterminio de buena parte de la población armenia desde 1915. Como colofón, dejó a la deriva a regiones de población mayoritariamente árabe que aún no se habían planteado la creación de un estado nacional. Es el caso de los pobladores de Palestina, que comenzaban a recibir las primeras oleadas de judíos de la diáspora que buscaban su lugar en el marco de las persecuciones que se hacían más frecuentes en el centro de Europa.
En Rusia, la implosión de Imperio zarista en medio de una guerra devastadora que se consumía a generaciones enteras de habitantes pobres –que eran, obviamente, los que integraban la tropa– generó las condiciones para la toma del poder por los bolcheviques, en octubre de 1917. La firma de la paz con los imperios centrales implicó la cesión de territorios en el oeste, y en primera fila de Ucrania. Fue la cesión temporal que facilitó la creación del estado soviético.
En 1917, Estados Unidos recién entraba en la guerra del lado de sus aliados «naturales»: Gran Bretaña y Francia. Recuerda Enrique Manson que no fue esa la única «incorporación» al teatro de operaciones desde el inicio de la conflagración. «Movidos por causas diversas o por la influencia de las potencias dominantes, al bando de Berlín y Viena se sumaron Turquía y Bulgaria, y a los “aliados”, Bélgica, Japón, Grecia, Rumania, naturalmente Serbia, y Portugal. Italia, aliada en tiempos de paz de Austria-Hungría y Alemania, terminó luchando junto con ingleses y franceses».

Máquinas para la muerte
La Gran Guerra se caracterizó por la utilización de la tecnología más sofisticada conocida hasta entonces. Desde aparatos bélicos, como los tanques y los aviones, hasta gases mortales. Nada se ahorró para crear verdaderos infiernos en cada batalla. Sin embargo, otra de las características es que se trató de una guerra de posiciones. Los ingenios destructores resultaban tan precisos que la antigua guerra en los campos de batalla ya no era provechosa. Con fusiles de alcance de hasta 2.000 metros, las tropas debían establecerse en trincheras. Algunos de los hitos más importantes y recordados, como las batalles de Verdún (ver aparte), Marne o Somme, resultaron en meses de prolongado estacionamiento, sólo quebrado por algún milagroso avance, o en tendales de víctimas hoy día impensables. En ese escaso margen de maniobra, y sin la posibilidad de medicamentos –la penicilina y otros antobióticos aún no se habían descubierto–, los heridos que morían por infecciones y gangrenas que poco después serían curables se contaron por millones. Pero además se produjeron arsenales químicos –como los que ahora se obligó a destruir al gobierno sirio– que llevaron los confines éticos en la guerra a niveles desconocidos por la civilización europea dentro de su propio territorio.
Nacht agrega que, además, «fue la primera guerra de masas, porque movilizó material y efectivamente a naciones enteras, y la desmovilización posterior se llevó a cabo en cada país a través de fuertes conflictos sociales. Quedó trazado, también, un nuevo mapa europeo: como producto de la desintegración de los imperios centrales, del zarismo y del otomano, se crearon los estados de Yugoslavia, Checoslovaquia (hoy también diluidas), Polonia, Austria, Hungría, Letonia, Estonia, Lituania y Finlandia. Las potencias vencedoras se repartieron los viejos dominios asiáticos de los turcos».
Ucrania. El centro de Europa vuelve a sufrir las consecuencias de enfrentamientos ancestrales por el dominio de la región. (Supinsky/AFP/Dachary)
Pero hay un detalle no menor que apenas 20 años más tarde culminaría en la segunda etapa de esa brutal contienda, con una furia criminal aún más sofisticada, cuando las tropas nazis atacaron Polonia en 1939. «La paz firmada en Versalles en junio de 1919 haría recaer toda la responsabilidad de la Primera Guerra en los vencidos, generando un desequilibrio que hizo ineficiente a la Sociedad de las Naciones (primer antecedente de la ONU) y que llevaría, crisis económica mediante, a la Segunda Guerra Mundial», señala Nacht.

Nacionalismos en alza
La Gran Guerra también generó transformaciones sociales. Porque la Europa de entonces estaba efectivamente recorrida por un fantasma, el de la revolución socialista, que desde la creación del soviet ruso hizo temer a la dirigencia europea que los privilegios que no se perdían en los campos de batalla se podrían perder en manos de sus propios trabajadores. En efecto, el nacimiento de la Unión Soviética aceleró la firma de la paz mucho más que el ingreso del refresco que implicó el arsenal y los ejércitos que desplegó Estados Unidos.
No hay que olvidar que los sentimientos nacionalistas que se iban consolidando en el territorio europeo desde fines del siglo XIX, cuando se hacía evidente que las casas reales más antiguas del continente ya no estaban en condiciones de dar respuesta a la situación, pronto degeneraron en climas fascistas y en el surgimiento de las más bestiales xenofobias, encarnadas en muy poco tiempo en el nazismo alemán y el fascismo italiano, con reminiscencias en sectores xenófobos de Francia y los países nórdicos.
El resultado de las últimas elecciones para la Eurocámara hace temer a muchos analistas un déjà vu de aquellos momentos trágicos, esta vez con un continente militarmente copado por la OTAN, que obedece a los dictados del Pentágono, pero económicamente sometidos a la potencia industrial del continente, Alemania. La unidad europea, fruto del entendimiento entre franceses y germanos en torno de las riquezas que los enfrentaban desde la Revolución Industrial, el carbón y el acero de Alsacia y Lorena, devino en un fuerte crecimiento de los alemanes y en menor medida de los galos. Pero las leyes de la economía, a través de Bruselas, se establecen con mano de hierro desde Berlín.
Para Gabriela Nacht, el gran ganador de la Primera Guerra fue Estados Unidos, «el único de los países vencedores cuyo territorio no se vio afectado por la guerra, y que pudo aprovechar el espacio dejado por las potencias debilitadas». Es precisamente en la década del 20 que los capitales estadounidenses se derraman por todo el planeta, señala la historiadora del CCC. Allí sentaría los primeros pilares de su hegemonía mundial, que se consolidaría tras derrotar a Alemania y Japón dos décadas más tarde. «Sólo el fortalecimiento de la Unión Soviética significaría un contrapeso en el siglo XX, además de la contención de los conflictos territoriales en el este europeo».
Pero la desintegración de la URSS en 1991 volvería a poner sobre la agenda la cuestión nacional. «Yugoslavia estalló en todos los pedazos que la integraban forzadamente. Y esos pedazos sacaron a relucir enemistades mortales y seculares. Menos cruenta fue la división entre checos y eslovacos», apunta Manson. La Unión Europea, junto con la OTAN, tuvo un papel preponderante en el desmembramiento del país creado en 1918 en los Balcanes y desarrollado como un socialismo autónomo con el liderazgo del mariscal Tito desde los años 40. También lo tienen ahora con el acelerado «corrimiento» de la frontera europea más cerca de Moscú, mediante la incorporación de Polonia y los países bálticos al escudo de misiles desperdigados a voluntad de Estados Unidos por la organización atlántica.
«Frente a este escenario –entiende Karg– Estados Unidos negocia en secreto un tratado de libre comercio con la UE, llamado TAFTA (Trans-Atlantic Free Trade Agreement). El dato no es menor: un acuerdo entre ambos en este tema representaría una asociación de más del 40% del PBI mundial, junto con un tercio de los intercambios comerciales mundiales». El objetivo que parece evidente es crear un contrapeso a los emergentes que se nuclean en los BRICS, que representan al 40% de la población, y que en un contexto de crisis muestran economías en crecimiento».
La piedra en el zapato de esta jugada en el tablero estratégico es que en varias naciones de Europa la población cada día da más muestras de rechazo al plan pergeñado en los escritorios de Bruselas, Washington o Berlín. Fundamentalmente porque no les sirve para resolver los problemas de la vida cotidiana, en medio de una crisis interminable. Lo demostraron al apoyar en algunos distritos a euroescépticos por derecha y xenófobos, como la francesa Marine Le Pen, los británicos del partido UKP, los ultras dinamarqueses y, en menor medida, el holandés Geert Wilders, pero también al votar a contestatarios por izquierda como los griegos de Syriza o los españoles de Podemos.
Karg recuerda una frase reciente del ex canciller alemán, Helmut Schmidt, uno de los más fuertes impulsores de la unidad continental durante su gestión, entre los 60 y los 80, al analizar este panorama en el contexto de los desafíos que se le presentan al proyecto europeísta: «El riesgo de que la situación se agrave como en agosto de 1914 crece día a día».

Entrevista Patricio Geli, historiador
DESDE LA INDIA A MALVINAS

http://www.accion.coop/wp-content/uploads/2014/06/149-6-RECUADRO.jpgEs historiador y profesor de Problemas del Mundo Contemporáneo de la Universidad Nacional de Tres de Febrero y de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, pero principalmente es un entusiasta investigador sobre los cambios que produjo aquel conflicto bélico iniciado en 1914.
–¿Por qué dice que fue la primera guerra realmente mundial?
–Nosotros, como país de inmigración, conocemos el escenario europeo, donde efectivamente hubo grandes matanzas. Pero no se repara en la cantidad de muertos en Asia o en África. Se decía que habían muerto unas 10 millones de personas, pero la cifra llega al doble si sumamos las otras regiones. En India, los ingleses vaciaron poblaciones enteras para llevar tropas a lugares donde sentían amenazadas sus posiciones. Un historiador africano me decía en un congreso: «Estuve paseando por Alemania y Francia y me he puesto a admirar los cementerios y pensaba qué suerte que tienen los europeos que tienen dónde enterrar a sus muertos en la guerra. En África, la gente moría y allí quedaba. Nosotros no podemos reconstruir la cantidad de muertos que hubo, porque no tenemos registros escritos. Los que hay son de los europeos, que, como son racistas, no nos toman en cuenta».
–Qué dato impresionante.
–Él me contaba que lo que saben de aquella época es por tradición oral. En las colonias francesas, por ejemplo, se coaccionaba a la población en un retorno de la esclavitud para ir a la guerra y los llevaban de 40 grados a 20 bajo cero en las trincheras. Eso despertó el racismo de los alemanes, que consideraban que franceses y británicos faltaban al fair play porque llevaban a combatir a razas inferiores. Por eso se puede decir que desde los campos de Somme (la batalla donde murieron más de un millón de soldados) y el genocidio armenio, uno puede llegar hasta Auschwitz e Hiroshima. Pero hubo otras consecuencias asociadas.
–¿Cómo cuáles?
–Se desarrolla una epidemia de gripe española propagada por las tropas de Estados Unidos, pero que se extendió muy rápidamente y que hace estragos hasta en China. Se supone que murieron unas 17 millones de personas a raíz de esto.
–¿Cómo afectó a Argentina?
–Económicamente, porque el país dependía del comercio exterior, pero además había una presencia importante de alemanes. Los ingleses destacaban barcos en la entrada del Río de la Plata para vigilar qué salía del país. No querían que los granos fueran a Alemania.
–Pero el país se mantuvo neutral.
–Hay que decir que Hipólito Yrigoyen defendió muy dignamente la neutralidad a pesar de las presiones que se daban desde la prensa y la oposición, que eran aliadófilos. Pero hubo una batalla importante en Malvinas.
–¿Cómo fue eso?
–Inglaterra tenía los mares controlados con su flota. Los alemanes no podían burlar ese bloqueo, pero un pequeño convoy logró salir y hubo un enfrentamiento frente a la Isla Coronel, en Chile, que sigue al sur de Malvinas, entre el archipiélago y las Georgia. Ganaron los británicos, que tenían mejores cañones y destruyeron a esa avanzada alemana.

Revista Acción
Julio 1 de 2014