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viernes

Jaque al rey Juan Carlos

Como se hizo costumbre, el rey Juan Carlos I de Borbón habló por cadena nacional para la celebración de la Navidad. Pero esta vez no fue un mensaje vago sobre el significado de la festividad cristiana y tampoco fue en absoluta cadena: en el País Vasco y Cataluña, por distintas razones, hubo canales que eligieron estar fuera de la emisión. No es para menos: el punto central del mensaje fue el delicado momento que vive España y el incierto futuro que le espera al país ibérico en 2014.
Por eso, Juan Carlos –y siempre en los términos en los que un discurso monárquico puede ser explícito– deslizó conceptos que hablan de lo esencial sin necesariamente ponerle nombre y apellido. Dijo, por ejemplo, que "la dificultad para alcanzar soluciones rápidas (a la crisis económica), así como los casos de falta de ejemplaridad en la vida pública, han afectado al prestigio de la política y de las instituciones".
Todos entendieron que se refería a las causas por corrupción que envuelven a la dirigencia del Partido Popular, el del presidente del gobierno, Mariano Rajoy, acusada de cobros irregulares de aportes empresariales. Pero también el sayo le cabe a su yerno, el ex deportista Iñaki Urdangarín, y la esposa, la infanta Cristina, hija del medio del rey, en un caso de desvío de fondos públicos hacia cuentas personales. El monarca, en ese sentido, se explayó algo más al agregar: "Sé que la sociedad española reclama hoy un profundo cambio de actitud y un compromiso ético en todos los ámbitos de la vida política, económica y social, que satisfaga las exigencias imprescindibles en una democracia."
Pero a renglón seguido introdujo el otro problema que acosa a la sociedad peninsular: el tema de la independencia de Cataluña, la región más rica del reino pero una de las más castigadas por la deuda. "Hay voces en nuestra sociedad que quieren una actualización de los acuerdos de convivencia", registró el rey. Por eso intentó, en su mensaje navideño, dejar en claro que su apuesta es tratar de mantener la cohesión del país, tironeado no sólo por las ansias separatistas catalanas sino por las de otras regiones que están esperando "ver las cartas" de cómo se resuelva el entuerto entre Madrid y Barcelona para actuar en consecuencia.
"El sistema político que nació con la Constitución de 1978 nos ha proporcionado el período más dilatado de libertad, convivencia y prosperidad de toda nuestra historia, y de reconocimiento efectivo de la diversidad que compone nuestra realidad. Conviene que lo tengamos bien presente, pues a menudo se pretende que lo ignoremos o lo olvidemos cuando se proclama una supuesta decadencia de nuestra sociedad y de nuestras instituciones", recalcó el monarca. No es un dato menor el recuerdo a la Carta Magna que se puso en vigencia a poco de que muriera el dictador Francisco Franco. Bueno es recordar que el tirano, que había tomado el poder a sangre y fuego tras derrotar a los republicanos en la cruenta guerra civil (1936-1939), fue el restaurador de la monarquía y desde ese lugar "intervino" en la sucesión de los Borbones, al punto de designar a dedo a Juan Carlos cuando el trono le hubiera correspondido a su padre, Juan, hijo del último rey, Alfonso XII.
Hace 40 años, el joven príncipe designado tuvo que remplazar por un tiempo a Franco, para entonces un anciano achacoso que no se quería retirar. Y comenzó a desplegar tímidamente algunas ideas de apertura que el propio Franco se encargó de interrumpir ni bien volvió a la gestión.
Un año más tarde, el dictador dejaba este mundo y correspondía entonces sí que Juan Carlos asumiera con toda la pompa. Que no lo fue tanta porque en realidad no remplazaba a un rey muerto sino a un tirano que lo había hecho jurar ante los "sagrados" principios del falangismo.
Los últimos deslices del propio rey (como haber ido a cazar elefantes a África en medio de la crisis, o tener una amante alemana, o permitir que un pariente político hubiese utilizado sus influencias para ganar dinero al margen de la ley) debilitaron su figura tanto como la de la monarquía en su conjunto.
Hace unos meses, el músico Carlos Núñez –tan gallego como Rajoy; José María Aznar, el anterior mandatario del PP; Manuel Fraga Iribarne, el fundador del partido de las derechas españolistas; y el mismísimo Franco– explicaba en términos irrefutables que "la unidad española sirvió mientras había riquezas que repartir". En su concepción de la historia peninsular, Madrid logró mantener la cohesión interna entre vascos, catalanes, gallegos, asturianos y castellanos, entre otros, porque en 1492 se lanzaron "a la conquista del sur", esto es, de las riquezas de los árabes que todavía mantenían el dominio en Al Andalus. Ese mismo año, por esas cuestiones sólo explicables por un golpe de suerte, navegantes bajo la bandera de Castilla y Aragón llegaron a América y hubo otro aquelarre de fabulosas riquezas fluyendo hacia el reino.
Casi cinco siglos más tarde, y cuando del imperio poco quedaba ya que produjera ganancias, nació la efímera Primera República, que duró menos de un año. La Segunda, en 1931, fue más radical y duradera pero terminó con la matanza de más de un millón de personas y dejó un país sumido en la miseria y el atraso más inconcebibles. En total, España fue república por menos de diez años en toda su historia. A esa cifra aludía Juan Carlos cuando hablaba del período más extenso de “libertad, convivencia y prosperidad” de la que disfrutó la nación.
Fue en este período que las empresas con sede en España cruzaron el Atlántico y se quedaron con algunas de las joyas latinoamericanas. Bancos, medios de comunicación, editoriales y empresas de servicios públicos cayeron bajo esta renovada “invasión” española. Eran los tiempos en que Aznar apoyaba un golpe contra el venezolano Hugo Chávez porque así se mostraba más cerca de George W. Bush en el plan de ofrecerse como imperio asociado. Al rey, en esta avanzada, le cabía silenciar a Chávez, como pretendió en una cumbre iberoamericana. Hasta que la crisis económica estalló, y no por casualidad, en Estados Unidos, para echar por tierra los sueños de restauración imperial. También con la posibilidad de grandes negocios que dieran sentido a la unidad, como diría Núñez.
La cuestión catalana es una daga clavada en el futuro español. Los partidos mayoritarios (PP y PSOE) buscan la forma de que el gobierno regional, la Generalitat, no avance con el referéndum planteado para noviembre del año que comienza. O por lo menos, morigerar el resultado. Ni se les ocurre cuestionar a la monarquía. Y es que la institución monárquica fue la única garante de la unidad nacional, como bien se dio cuenta Franco y aceptaron las dirigencias políticas a su muerte. Lo dice claramente, incluso, la Carta Magna.
Al día de hoy es difícil prever qué pasará en Cataluña, porque no es muy factible que la Unión Europea acepte la partición hispana –teniendo tan cerca otra consulta independentista como la escocesa– ni que Cataluña pueda tener el destino próspero que imaginan los más decididos separatistas fuera de la corona.
Por eso en el PSOE ya hay voces que hablan de reformar la Constitución para permitir una amplitud mayor en las autonomías regionales. La vieja lucha entre unitarios y federales, que tanta sangre costó en la historia argentina, no es una novedad tampoco para los españoles. Y los más despiertos entre los aperturistas ya hablan de federalizar la nación para que no se haga trizas en cualquier momento. Grupos de izquierda plantean desde hace tiempo crear una tercera república. Pero no es en esos términos que se planteó el debate. La casa real, a decir de Juan Carlos, está dispuesta a discutir cualquier nuevo "acuerdo de convivencia".
Pero es natural que de dejar el trono ni se habla. Por eso, algunos analistas resaltaron que el monarca haya dejado en claro que no piensa renunciar. El dato, a unos días de que cumpla 76 años, el 5 de enero, es importante. En el año que termina abdicaron Beatriz de Holanda y Alberto II de Bélgica, al llegar a los 75, y tras las sucesivas operaciones a las que debió ser sometido el Borbón, los rumores no cesan. Pero la imagen real y la del sucesor natural, el príncipe Felipe, no dan para intentar ese salto en este momento.
Hace unos días fueron condenados los responsables del vaciamiento de Aerolíneas Argentinas. El principal implicado es Gerardo Díaz Ferrán, otrora fuerte dirigente de la principal cámara empresaria española, nada menos. Mientras tanto, las víctimas del franquismo buscan justicia del otro lado del Atlántico, en la Argentina, porque en su tierra no lo han logrado aún a pesar del tiempo transcurrido.
Todo español de más de 40 años recuerda estos últimos 25 como una era de continua prosperidad, donde el esfuerzo personal parecía tener recompensa y se podía pensar en proyectos. Ahora temen por el futuro de sus hijos ante la amenaza de que privaticen la salud y la educación.
España vivió estos días el azote de un temporal que, entre otros cataclismos, derribó al santuario la Virgen de la Barca, en la Coruña. Al sagrado edificio lo partió un rayo. Para pensar.

Tiempo Argentino
Diciembre 27 de 2013

Real politik se dice "es lo que hay"

En la misma semana hubo dos noticias auspiciosas para el proceso de integración regional. La primera se produjo en Chile, donde la socialista Michelle Bachelet, al frente de una alianza de partidos de centroizquierda, obtuvo un contundente triunfo sobre Evelyn Matthei y logró sacar a la derecha del gobierno, tras un interregno de cuatro años. La segunda es que el Congreso paraguayo, finalmente, aprobó el ingreso de Venezuela al Mercosur, con lo cual se destraba una situación que mantenía en estado vegetativo al proyecto atlantista sudamericano.
Bachelet dio fuertes señales en su primera rueda de prensa ante periodistas extranjeros. Habló en ese encuentro para propios y ajenos. A los de "adentro", les dijo que ella iba a ser la que designara al futuro gabinete. Fue en respuesta al ex presidente de la Democracia Cristiana, Gutenberg Martínez, quien en uno de esos exabruptos perfectamente calculados para generar debate, se adelantó a "sugerirle" a la médica chilena –que, vale recordar, ya fue presidenta entre 2006 y 2010– que sería bueno evitar que los socios del Partido Comunista obtengan algún ministerio en la futura administración. Los argumentos son los de siempre entre los sectores de la derecha: que el PCCh tiene rémoras antidemocráticas y que se los ve demasiado cerca del "régimen de los Castro".
Pero en esa rueda de prensa la mandataria electa dio otra señal clara de que, como ya lo hizo en su anterior gestión, apuesta por la integración y no ve con malos ojos a sus vecinos del eje atlantista. Cosa de dar pie a la interpretación de que se puede revivir otro ABC como el que Perón-Ibañez-Vargas intentaron con poco éxito en los '50, pero ahora con polleras y mejores perspectivas.
Bachelet no sólo fue la primera presidenta pro témpore de Unasur, sino que fue una firme impulsora de la unidad regional. Y brindó un fuerte mensaje institucional en 2009 cuando la intentona separatista-destituyente de la media luna rica de Bolivia. Incluso apoyó la investigación de la Masacre de Pando, lo que significó un definitivo respaldo al gobierno democrático de Evo Morales y la desarticulación definitiva de la derecha golpista en ese país.
Ahora, Bachelet recordó que la Alianza del Pacífico, que Chile integra con Perú, Colombia y México, no estaba pensada para  ser un eje de poder que compitiera desde el neoliberalismo con el Mercosur. Pero también subrayó que no sería fácil intentar que Chile se integrara a los socios del otro lado de la Cordillera porque hay pactos –sobre todo de libre comercio internacional– que impedirían ser algo más que "compañeros de ruta" hacia la Patria Grande.
De todas maneras, no sólo desde la DC le quisieron marcar la cancha a la chilena. También algunos sectores del empresariado salieron a decirle que las promesas electorales pueden ser altas y nobles y lúcidas, pero si las quiere llevar a la práctica la cosa no le va a resultar tan fácil, por más votos que tenga detrás. Alguno, como el armador Sven von Appen, llegó a decir sin ruborizarse que si las cosas no iban bien (o sea, si por remover demasiado las aguas se producen olas) se podría volver a necesitar de un Pinochet.
En Paraguay, mientras tanto, se dirimían los tramos finales para el retorno de ese país al Mercosur. Cuando Federico Franco tomó el poder interrumpiendo el gobierno democrático de Fernando Lugo, se encontró con una respuesta inesperada, la suspensión de Paraguay de todos los organismos regionales. Como reacción, pretendió hacer "pata ancha" con ofrecimientos de acuerdos fuera de la región, y lanzó bravuconadas de un toque nacionalista que buscaba argumentos en la historia del Paraguay.
Fue así que el Partido Liberal Radical Auténtico quiso comparar al gobierno de facto con la gesta de José Gaspar de Francia o los López en el siglo XIX. Pero a Franco no le daba la talla para tanto, ni mucho menos el Brasil del PT, la Argentina del kirchnerismo o el Uruguay del Frente Amplio se pueden comparar con la triple infamia de Pedro II de Braganza, Bartolomé Mitre y Venancio Flores.
La aspiración de los dirigentes que más avanzaron en la integración –Lula en Brasil, Néstor Kirchner en Argentina y primero Tabaré Vázquez y luego José Mujica en Uruguay– era potenciar al Mercosur con la incorporación completa de más países. Además de Chile están en la gatera Ecuador y Bolivia. Pero la piedra en el zapato era Venezuela.
Hugo Chávez tenía para ofrecer una ampliación hacia el norte, que pone a Sudamérica mirando hacia el Caribe. Venezuela, ávida de alimentos –que no produce– tiene energía para ofrecer, algo vital para el desarrollo de algunos países. El único problemita era que para la retrógrada derecha paraguaya, Chávez era un dictador y Venezuela un régimen filomarxista, cruz diablo. Que además, intentaba cooptar a los paraguayos de la mano de Lugo.
Por las reglamentaciones internas, la llegada de un nuevo integrante al bloque tiene que ser refrendada por los congresos de todos y cada una de las naciones miembro. El senado paraguayo demoró hasta al hartazgo los pedidos de Lugo. Más aún, uno de los argumentos para derrocarlo fue que había aceptado firmar sin consulta el Protocolo de Usuahia II, que obliga a los integrantes de la Unasur a respetar el régimen democrático.
Junto con la suspensión de Paraguay –y como muestra de que no se iba a tolerar otra interrupción constitucional en esta parte del mundo– los demás miembros del Mercosur aceptaron el ingreso de Venezuela. Fue un trámite administrativo que dejaba abiertas demasiadas heridas. Mientras tanto, la dirigencia (el establishment) de Paraguay se dio cuenta andando el tiempo de que fuera de la unidad regional nada puede ofrecer el mundo ni a ese país ni al resto de sus vecinos, por más oportunidades que parezca haber dando vueltas por allí. A veces la geografía manda y la cuenca del Plata es una unidad territorial difícil de ignorar. El asunto era cómo arreglar el entuerto generado por el golpe y la ampliación del bloque.
Realizadas las elecciones presidenciales, las primeras en saludar al empresario Horacio Cartes fueron la argentina Cristina Fernández y la brasileña Dilma Rousseff. Y ambas dieron un mensaje claro y explícito: queremos a Paraguay de vuelta con nosotros. Pero no a cualquier precio, sino con Venezuela adentro. Con lo cual había que buscar un mecanismo que salvara el orgullo nacional paraguayo luego de tantos conatos agresivos que el PLRA utilizó para justificarse ante un electorado que había elegido a su aliado Lugo como presidente y ahora presenciaba una traición.
Cartes, obviamente, no es Francia ni los López precisamente. Pero tampoco es Bachelet. Más bien uno lo podría acercar a Sebastián Piñera o incluso a alguien más a la derecha. Las leyes represivas o las que hizo aprobar para desguazar el Estado y privatizar todo lo que privatizable y más no dejan lugar a muchas dudas. Tiene muchos otros defectos en su historial, incluso, pero no el de comer vidrio. Por eso forzó a que los colorados acepten levantar sanciones de "persona no grata" a Nicolás Maduro, al que habían acusado de conspirar con los militares paraguayos cuando era canciller de Chávez para que apoyaran a Lugo en el golpe de 2012. Era el paso previo a la aprobación del ingreso de Venezuela.
Ya no está presente el líder bolivariano, y Maduro consiguió una victoria que lo consolida como su sucesor en las municipales del 8 de diciembre. La derecha venezolana, amistosamente cercana del paraguayo, tuvo que comenzar también un replanteo de sus estrategias para la lucha política. No había mucho más para discutir en el Congreso de Asunción. Por eso, primero el Senado, que era el más reacio, y luego Diputados, aceptaron la incorporación de Venezuela al Mercosur, que es como decir que Paraguay aceptaba volver al bloque regional.
Ahora los medios pueden titular que fue Paraguay el que concedió el ingreso de la República Bolivariana al proyecto de integración nacido en Asunción en los '90, o que es el bloque el que obligó a aceptar la realidad que se fue alineando en este año y pico en la región. Lo mismo da. Lo concreto es que se percibe un renacer al menos institucional del Mercosur y nuevos aires para una integración que parecía haber perdido cuerpo meses atrás.
Quizás Bachelet no pueda realizar todo lo que prometió y desea. Seguramente Cartes es un empresario mañero que preferiría ganar más amigos en Washington que en el sur del continente. Pero como dicen del otro lado del Atlántico, lo que manda es la Real Politik. Un concepto que tranquilamente puede traducirse como "es lo que hay". Y sobre esa base habrá que seguir construyendo. ¿O alguien tiene otra opción mejor?

Tiempo Argentino
Diciembre 20 de 2013

sábado

Secretos, mentiras y un blooper en las Cortes



La participación de Mariano Rajoy en la audiencia con los parlamentarios que le exigían explicaciones sobre los pagos ilegales en el Partido Popular no fue del todo feliz. Incluso se hizo muy popular el blooper de cuando leyó su texto exculpatorio (ni se le pasó por la cabeza a sus asesores dejarlo improvisar) demasiado detalladamente. Tanto que cuando el texto decía "fin de la cita", un indicativo de que debía cambiar el énfasis ensayado para cautivar a los televidentes, el presidente del gobierno español, obediente, leyó "fin de la cita".
Sin embargo ese es un detalle menor que sólo sirvió para alimentar las redes sociales por un tiempo. Lo más sustancioso es lo que eligió soslayar en su discurso preparado por diligentes asesores de imagen, que a la vista de cómo están las cosas en el partido que sostiene en la actualidad el ideario neoliberal, vaya uno a saber cómo habrán de cobrar sus honorarios. Descontando que no hicieron su tarea por desinteresada militancia política.
Porque justamente el escándalo que tiñe la política española desde hace meses refiere a la forma en que los dirigentes del PP cobraron sobresueldos desde casi la creación del partido, a poco de morir el dictador Francisco Franco, en la segunda mitad de los años '70. El otro gran escándalo de la España de hoy día envuelve a la corona de los Borbones y por ahora parece haberse solucionado con la mudanza de la infanta Cristina a Suiza, cosa de que se haga cargo de los platos rotos su esposo, el ex deportista Iñaki Urdangarín. Pero esa es otra historia.
En el caso del PP, el indicado para haberse cargado las consecuencias por el caso de los sobresueldos era el ex tesorero del partido, Luis Bárcenas. El hombre con el que Rajoy dice haberse equivocado al darle confianza, está entre rejas desde el 27 de junio y ahora debe tolerar que su propia esposa haya quedado imputada como su cómplice. No son inocentes, claro, pero el asunto es que ellos fueron parte de una maquinaria política que ahora le esquiva la nalga a la jeringa y fue entonces que Bárcenas decidió abrir la boca ante el juez Pablo Ruz. Fue hace un par de semanas cuando puso en blanco sobre negro lo que significaban las anotaciones en una libreta muy parecida a la que llevaban antiguamente los almaceneros. Una contabilidad muy casera en la que figura cada movimiento económico del PP mientras Bárcenas tuvo injerencia en esas cuentas.
La transcripción de la declaración, que publicó el diario El Mundo, cercano, hay que decirlo, al PP, es muy elocuente. El juez le pregunta al ex tesorero qué significan la anotación “Trajes M.R”. del 18 de abril de 2008 en esa libretita B, donde se inscribían las operaciones non sanctas. Allí figuran los aportes empresarios y los pagos a representantes del partido.
"Son gastos de representación del presidente –responde Bárcenas– son unos trajes que se hizo el presidente del partido, Mariano Rajoy, que se pagaron desde esa caja."
–¿Y sabe usted por qué se pagaron desde esa caja si los define como gastos de representación en la contabilidad oficial? –inquiere el juez.
–Pues porque probablemente no hubiese quedado estéticamente muy bien presentar ante el Tribunal de Cuentas una factura de sastre comprando unos trajes –responde el atribulado hombre, que ahora enfrenta cargos por una cuenta en Suiza por dos decenas de millones de euros que asegura –y no estaría mal creerle– que no son suyos.
Las libretas que tienen a maltraer al PP datan de los '90, cuando estaba el frente del Ejecutivo José María Aznar, pero se sabe que todos los dirigentes del partido creado como Alianza Popular por el gallego Manuel Fraga Iribarne en 1977 cobraron sobresueldos. Si fuera sólo por los sobrepagos la cosa no sería tan escandalosa para la sociedad española, que padece una de las crisis más profundas en su economía desde el fin de la guerra civil.
Pero todo resulta más irritativo porque esos pagos no permitidos por la ley electoral de ese país surgen de aportes que hicieron un puñado de empresas que luego recibieron beneficios con el PP en el poder. Por otro lado, la gran mayoría de esas empresas son constructoras, precisamente el rubro que con el estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos a fines de 2007 arrastró al resto de la economía hispana a una espiral sin fondo. Y para colmo que el PP en el gobierno aplica medidas que no hicieron sino agudizar los dramas para la gente de a pie.
La lista de aportantes es interesante, porque uno de los principales es Sacyr, una constructora que en tiempos de auge se dio el lujo de tener una mayoría accionaria en la Repsol-YPF y que cuando las papas comenzaron a quemar salió a vender aceleradamente para poder solventar las deudas en la matriz, que la tienen al borde del nocaut desde entonces. Hoy todavía cuentan con casi un 10%, importante pero no determinante. Otra gran constructora, OHl figura como la mayor, con más de un millón y medio de euros, pero hay otras menores como FCC y Ploder. Todas ellas aparecen no sólo como dadivosos "populares" sino también como beneficiarios en la concesión de hospitales construidos bajo modelos de financiación y gestión privada en la Comunidad de Madrid.
De más está decir que integran los grupos que presionan para la privatización total de los servicios públicos en lo que todavía queda del Estado de Bienestar español. Según la Coordinadora AntiPrivatización de la Sanidad Pública de Madrid, estas empresas cobran un total de 45,15 millones de euros en concepto de canon y para comienzos del 2012, ya habían recuperado la inversión y les quedaban aún 30 años de canon en los que acumularán un ingreso neto de más de 100 millones de euros.
Este esquema de dádivas sirvió para alimentar a los think tanks del libre mercado, como lo prueba el hecho de que el presidente de la constructora OHL, Juan Manuel Villar Mir intentó deslindar sus responsabilidades en la trama que retiene a Bárcenas en prisión reconociendo solamente "donativos menores" a la fundación FAES.
Esa fundación, dirigida por Anzar y con sede en Madrid, tiene estrechos vínculos con los líderes de la derecha vernácula, al punto que en abril pasado el ex presidente español y el alcalde porteño Mauricio Macri inauguraron el I Foro para América Latina con la presencia rutilante de unos 80 personalidades destacadas. Entre ellos estuvieron los ex mandatarios de Uruguay, Luis Alberto Lacalle, y de Bolivia, Jorge Quiroga; junto con el ex vicepresidente de Perú, Raúl Diez Canseco; el ex ministro de Economía de Chile, Juan Andrés Fontaine y los escritores Álvaro Vargas Llosa y Plinio Apuleyo Mendoza, entre otros.
¿Cómo es que todo esto salió a la luz? El propio Bárcenas lo revela en su última declaración. El 15 de julio explicó que al principio del escándalo voceros del partido le habían pedido "que hiciese un comunicado negando los hechos y tal, y yo al principio me resistí, por eso envié un comunicado al residente del partido en el que le decía que yo no había provocado la situación". Sucede que el diario El País había publicado los papeles de la contabilidad B, lo que originó el entuerto. El periódico, tradicionalmente cercano al PSOE, había recibido la documentación del ex diputado Jorge Trías, al que el diario El Mundo llama como el "tercer hombre" en la maniobra. Este ex legislador del PP tenía una profunda amistad con Bárcenas y siempre trató de dejar bien parado a Aznar. Dicen que porque no quiere perder su relación con la fundación FAES. Como sea, el ex tesorero le dijo entonces al juez, sin tapujos, que se decidió a prender el ventilador cuando Trías le llevó los papeles a El País. "Cuando empezaron los ataques indiscriminados, con todo tipo de improperios contra mí… yo le digo a mi abogado: Alfonso, tú sabes que los papeles existían porque te lo conté… la presión que estoy sufriendo en estos momentos es tremenda, algo tendremos que hacer."
Quizás esta declaración, que ocupa 190 folios, en una causa que acumula ya más de 5000, hubiese salido a la luz en forma segmentada y edulcorada, pero entre los presentes en el juzgado había alguien relacionado con el Observatorio de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (DESC) que de alguna manera aún misteriosa fue enviando información a uno de los directivos de la ONG, el abogado catalán Jaume Asens, que fue twiteando lo que iba diciendo Bárcenas en tiempo real. Hasta que le avisaron al juez, quien ordenó detener unos minutos la declaración y reconvino a los presentes, al tiempo que anunció un proceso contra Asens, que no estaba en la sala.
En un artículo que escribió con otro miembro de DESC, el argentino Gerardo Pisarello, Asens recuerda al premio Nobel de Literatura Elías Canetti, cuando dice que "el secreto ocupa la médula misma del poder. No se trata sólo de que no haya poder sin secreto. Es la propia capacidad de decidir qué puede salir a la luz y qué debe mantenerse en la penumbra la que constituye la esencia del poder."
"No me voy a declarar culpable porque no lo soy. No voy a dimitir ni convocar a elecciones anticipadas", replicó Rajoy, luego de mostrarse como víctima de una trampa tendida por el hombre al que había ascendido a tesorero. "¿Se han pagado sueldos? –se pregunta Rajoy–. Sí. ¿Se han pagado remuneraciones complementarias por razón del cargo? Sí. ¿Se han pagado anticipos o suplidos a justificar por gastos inherentes al desempeño del cargo? También, como en todas partes", se excusó, horas antes de que el FMI le pidiera que baje los sueldos de todos los ciudadanos. 

Tiempo Argentino
Agosto 3 de 2013

lunes

Las luchas por la autonomía

La sorpresa por la presentación de las nuevas camisetas del Barcelona, con la imagen de Messi, Iniesta y Puyol luciendo casi desafiantes la casaca suplente con los colores de la bandera catalana, apareció opacada por los dos atentados que pusieron nuevamente sobre el tapete el problema checheno: las explosiones en el maratón de Boston, que causaron la muerte de tres personas, y la de un coche bomba en la capital de Daguestán, que dejó un saldo de ocho víctimas fatales. En ambos casos sobrevoló el fantasma de grupos separatistas de la república, ex integrante de la URSS que buscan alejar a Chechenia de la influencia de Moscú mediante métodos cruentos. Otra pizca de independentismo sobre vuela Escocia, donde se programó un referendo para el año 2014 con anuencia del primer ministro David Cameron. Los ejemplos son tres de las decenas que pueden computarse con algunas características más o menos comunes: son regiones con una fuerte impronta cultural y lingüística insertas en un marco nacional al que grandes capas de la ciudadanía rechaza en busca de autonomías plenas.
El caso catalán tiene hondas raíces en la historia española. En 2014 se cumplirán 300 años de la Guerra de Sucesión en España, cuando la casa de los Borbones ganó a la austríaca de los Habsburgo el trono madrileño y el 11 de setiembre de 1714 Barcelona cayó en manos de la muy centralista y absolutista casa real de origen francés. La Guerra Civil (1936-1939) encontró nuevamente a Cataluña como uno de los centros de la lucha contra el centralismo, junto con el País Vasco. No por casualidad, los pactos de La Moncloa de 1977, tras la muerte del dictador Francisco Franco y la entronización de otro Borbón, Juan Carlos, consolidaron una monarquía parlamentaria en la que los catalanes y otros pueblos de fuerte nacionalismo como los vascos y los gallegos, pasaron a gozar de una amplia autonomía.
Puede decirse que durante el período de crecimiento de España, tras su ingreso a la Unión Europea y la expansión hacia América Latina de los 90, todo marchaba relativamente bien, salvo las incursiones de ETA, que sin embargo no alcanzaron para hacer temblar el orden establecido, al punto que el año pasado propusieron el fin de la lucha armada para incorporarse a la vida política.
Al estallar la crisis financiera, que en la península golpeó como en ningún otro lado por el modo en que la economía se había basado en la burbuja inmobiliaria, los catalanes comenzaron a desarrollar cada vez con mayor empuje la idea de la independencia. Un poco, porque el centralismo ya no es tan atractivo y otro poco, porque las cuentas reflejan que el aporte de la región a las arcas del país es bastante mayor en términos impositivos que el que reciben como servicios.


El color del dinero
Ciertamente, Cataluña es una de las regiones más prósperas de España y el hecho de formar parte de un colectivo la obliga a colaborar para el desarrollo de otras zonas menos favorecidas. Cosa que en tiempos de vacas gordas tal vez no cuente demasiado, pero cuando el cinturón aprieta resulta irritante para grandes capas de la sociedad. Fue así que el 11 de setiembre de 2012, durante la celebración de la Diada de Cataluña, más de un millón de personas salieron a las calles a pedir por la independencia. Una cifra impresionante si se repara en que la región no tiene mucho más de 7 millones de habitantes. Desde entonces, el independentismo viene creciendo fuerte entre las autoridades –que, bueno es decirlo, son las mismas que antes de la marcha de setiembre en Barcelona– y se promueve un referendo para el año próximo. Madrid tampoco ayuda demasiado y además de mensajes bastante autoritarios del gobierno de Mariano Rajoy, aprobó una ley de educación que limita la enseñanza del idioma catalán en las escuelas públicas que no hizo sino irritar aún más al sentimiento nacional.
El caso escocés tiene otras vertientes pero también hay un contenido económico aparte de cualquier otra consideración cultural. Porque a diferencia de los borbones, la casa real británica otorgó ciertas libertades a sus nacionalidades que, salvo en el caso de los irlandeses, lograron por mucho tiempo calmar ansiedades. Una acción mínima, pero de alto valor simbólico, es que tanto escoceses como galeses e ingleses van con sus propios equipos a los campeonatos mundiales de fútbol y rugby. Así y todo, el descubrimiento de petróleo en el Mar del Norte a principios de los 80, puso a los escoceses de cara a la posibilidad de pensar un futuro más beneficioso sin tener que compartir la enorme riqueza con el resto del Reino Unido. «Es el petróleo de Escocia» es uno de los eslóganes más contundentes al que recurren los nacionalistas. Lo aplicó el ministro principal escocés, Alex Salmond, para llegar al poder y lo usa aún para negociar con Cameron los términos del referendo que se hará en 2014.


Olor a petróleo
Pero algunos estudios encargados a un grupo de especialistas no son tan optimistas sobre el futuro de Escocia fuera del amparo de la reina Isabel II. Un informe elaborado por un equipo del que formó parte el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz determinó que la secesión es viable, siempre y cuando mantenga como moneda la libra esterlina y no dé el salto al euro en el que pensaban los secesionistas. También el Banco de Inglaterra debería seguir siendo el prestamista de última instancia para ese nuevo país. Entre las propuestas de los expertos contratados por Salmond figura también la creación de un «fondo de estabilidad» para gestionar los ingresos del petróleo del Mar del Norte, que la nueva nación pasaría a controlar en más de un 95%.
También tuvo olor a petróleo la separación de Sudán del Sur, formalizada el 9 de julio de 2011 luego de varias décadas de guerra civil por el control de las ricas regiones del sur sudanés. Tras miles de muertos, los líderes de la Unión Africana lograron convencer al sudanés Omar Hasan Ahmad al-Bashir, acusado de crímenes de lesa humanidad durante el conflicto en Darfur, de que una autonomía del sur descomprimiría una situación bélica estancada que no iba a tener fin. Así fue que en los primeros días de 2011 se realizó un referendo que dio como resultado una casi unanimidad en favor de la creación del Estado número 194 de la Organización de Naciones Unidas.
La ONU, en tanto, tiene un problema de difícil solución en los Balcanes, la región europea donde la última de las guerras civiles europeas –y una de las más violentas– dejó un mosaico de nuevos países tras la caída del comunismo en Yugoslavia. Una de esas naciones, Serbia, considera que Kosovo es una provincia autónoma dentro de su propio territorio, según estableció en su Constitución y según mantiene la Resolución 1.244 del Consejo de Seguridad de la ONU. Sin embargo, al cabo de otra guerra civil, desde 1999 el territorio está a cargo de la Misión de Administración Provisional de las Naciones Unidas en Kosovo y de la OTAN.
En febrero de 2008, Kosovo se declaró independiente con la anuencia de Estados Unidos y la mayoría de los países de la Unión Europea. La República de Kosovo es reconocida por 98 de los 194 países de la ONU y entre los que se niegan a la secesión aparecen, por supuesto, Serbia, pero también Rusia, China, España y la abrumadora mayoría de los países latinoamericanos.
La negativa española se justifica alegando que aceptar la independencia de Kosovo implicaría tolerar la de Cataluña o el País Vasco. Los chinos tienen su propia complicación en Tibet, una región que goza de autonomía pero busca la independencia desde hace más de 60 años. En Moscú, desde la caída de la Unión Soviética, padecieron una sangría de territorios, entre ellos los países bálticos, Bielorrusia, Ucrania y Georgia, y quieren parar ahí.
Chechenia volvió a ser noticia cuando los hermanos Tsarnaev fueron acusados de haber colocado dos ollas a presión repletas de explosivos cerca de la meta del maratón bostoniano. De una familia originaria de Chechenia, los jóvenes nacieron en Daguestán y fueron criados en Estados Unidos. Según el FBI, el atentado tiene raíz en el fundamentalismo islámico (una venganza por la intervención de tropas estadounidenses en Afganistán e Irak contra el pueblo musulmán, dijeron). Sin embargo, investigaciones periodísticas revelaron que Tamerlán Tsarnaev, el que cayó baleado por la policía, había tenido encuentros en el Cáucaso norte con grupos radicalizados independentistas de Chechenia. Los mismos que hace unos días habrían hecho estallar un coche bomba en aquella ciudad en Makhachkala, la capital daguestaní.


La vía armada
De un modo dramático, Irlanda del Norte padeció durante décadas el azote de la represión del gobierno central británico y el crecimiento de grupos armados como el Ejército Republicano Irlandés (IRA). La respuesta de los grupos paramilitares GAL en España para combatir a la ETA tuvo una orientación similar.
Sin la misma violencia pero con un grado equiparable de insistencia, varios grupos culturales reclaman mayores dosis de autonomía, cuando no la independencia, en otros países europeos. Piensan en algo similar a lo que pudieron lograr, amigablemente, checos y eslovacos en lo que se llamó un «divorcio de terciopelo» en 1993. La Liga del Norte, en Italia, reclama la secesión de la Padania rica e industrializada para no seguir sosteniendo con sus impuestos al sur «pobre y atrasado». Como sucede con catalanes y vascos, hay en este reclamo un fuerte componente de egoísmo federal, aunque en el caso italiano se le agrega una cuota de racismo para nada desdeñable. Son, por lo demás, el ala derecha de la alianza que sostuvo a Silvio Berlusconi en el gobierno.
En Francia, el nacionalismo tiene varias vertientes, algunas vinculadas con España, como la región vasca del noroeste o al sur, en Rosellon, que sería parte de una Gran Cataluña. También ensayan versiones localistas los bretones, donde se propone la igualdad de las lenguas nativas con el francés y un rescate del folklore y los símbolos regionales. Algo similar ocurre en Córcega, la tierra natal de Napoleón. Más drástico, el amplio sur galo reclama la creación del Estado de Occitania, junto con Mónaco y algunos territorios de España (Valle de Arán) e Italia (Valles Occitanos, cerca de Turin).
Un caso particular es el de Canadá, donde la provincia franco hablante de Quebec ya hizo dos referendos para declararse independiente. Pero los secesionistas no tuvieron éxito y siguen bajo el amparo de la corona británica.


Revista Acción
Junio 15 de 2013