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viernes

Grecia, la historia continúa



Son muchos los que comparan al primer ministro Alexis Tsipras con el ex presidente Fernando de la Rúa. Por haber cedido a todas las imposiciones de los organismos financieros internacionales y a los caprichos del ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble. Pero los integrantes de Syriza, la coalición de centroizquierda que ayudó a crear, lo ven más cercano a Carlos Menem, que llegó al gobierno con promesas de revolución productiva y terminó convertido en una "paloma de iglesia", porque –hablando con cierta elegancia- les enchastró la ropa a los fieles.
Probablemente los 39 miembros de Syriza que rechazan el nuevo paquete de ajustes que logró aprobar el miércoles Tsipras sean la versión helena del Grupo de los Ocho, por los diputados peronistas que nunca aceptaron las privatizaciones, integrado por el recordado Germán Abdala, Carlos Chacho Álvarez, Juan Pablo Cafiero y Darío Alessandro entre otros. Conviene recordar que, a nivel nacional, lo de esos legisladores fue un gesto de dignidad que sin embargo no impidió el remate el patrimonio público. El planteo de los rebeldes griegos va por ese camino. Con el ex titular de Finanzas, Yanis Varoufakis, a la cabeza de las protestas, porque estuvo en la línea de fuego en las conversaciones con los durísimos negociadores de la troika y pudo contarles las costillas a cada uno.
Esta praxis acelerada para un académico de fuste como Varoufakis, lo llevó a sostener que el ala recontradura del Eurogrupo, capitaneado por su archienemigo Schäuble, logró un triunfo a lo Pirro, por el general cartaginés que luego de una batalla ganada al costo de la vida de más de 4000 de sus hombres, exclamó: "Otra victoria como esta y estoy perdido."
Más allá de los análisis que puedan hacerse sobre las razones de Tsipras para aceptar ese feroz ajuste y de someterse a la humillación de hacerlo votar luego de ganar el referéndum donde pedía lo contrario, el bloque proalemán venció, pero no convenció, parafraseando el discurso de Miguel de Unamuno a un general franquista. Y ese éxito pasajero tiene destino de derrota futura para el proyecto europeísta. Logró apoyos para "pegarle al caído" pero enfrentado a socios como Francia e Italia, que pretenden morigerar los efectos de la crisis griega.
También el FMI mostró su distanciamiento del bloque germano, al insistir en que el plan que le obligan a cumplir a Atenas es inviable a menos que haya una quita al monto de la deuda. Lo mismo desliza ahora el director del Banco Central Europeo, una de las patas de la troika, Mario Draghi. Como toda respuesta, la canciller Angela Merkel secundó a su inefable ministro y dice que no ve con malos ojos alejar a Grecia, aunque sea temporalmente, del euro.
El Grexit es la solución que quiso evitar Tsipras, porque teme el costo político y social de implementar un bono – emulando los vernáculos patacones, o un pagaré como le recomendó Varoufakis - para que la economía funcione a pesar del euro. En este caso, el ejemplo que suele ponerse es el de Ecuador, que adoptó al dólar como moneda de circulación interna en el año 2000. Desde la llegada de Rafael Correa, académico también él, se especula con que su gobierno vuelva a tener una divisa local. Sin embargo el mandatario, que pateó el hormiguero en todos los rincones de la política ecuatoriana, sigue considerando como un riesgo muy fuerte para la sociedad salirse del dólar.
La moneda común europea surgió en enero de 1999, poco antes que la dolarización ecuatoriana y para la misma época en que el creador de la convertibilidad argentina, Domingo Cavallo, era asesor del gobierno de Abdalá Bucaram. Nació en medio de convulsiones en los mercados mundiales. Eran los tiempos del efecto Caipirinha en Brasil, del Vodka en Rusia, una ola que había comenzado en 1997 en Corea y Tailandia.
Con los años, esa romántica posibilidad de unificación europea pensada como colofón a siglos de guerras, se convirtió en un corset que aprieta a los países menos competitivos del sur del continente y atosiga a Francia e Italia, las dos naciones más industrializadas de la zona luego de Alemania.
Muchos comentarios circularon en estos días sobre la explícita humillación con que Berlín somete a Grecia. Un poco en castigo al gobierno de Tsipras porque desafió al Eurogrupo con un referéndum sobre nuevos ajustes. Y otro poco porque pretende disciplinar a los ciudadanos de otros distritos que pretendan salidas democráticas como la que intentó Atenas. Apuntan a Syriza para pegarle a Podemos en España.
El propio Varoufakis se encargó de aclarar cómo son las cosas. Dijo que en sus cinco meses de gestión conoció qué es el poder. Que cada vez que le explicaba a Wolfgang Schäuble las consecuencias de los recortes que pedía, el alemán le decía que si, que era cierto, pero que lo iban a tener que hacer igual, les gustara o no.
El germano, además, dijo que los planes económicos habían sido aprobados por anteriores gobiernos y que no podían cambiar las reglas cada vez que hay elecciones en alguno de los 19 países.
-Si es así entonces quizás tendríamos que dejar de tener elecciones- le comentó irónicamente el economista.
-Sí, esa sería una buena idea, pero muy dificultosa de poner en práctica, así que firme sobre la línea punteada o salgase del euro- dice Varoufakis que le insinuó Schäuble.
Si de nada vale una elección en los temas que pesan, y si los gobiernos apenas son administradores de lo ya establecido, poco queda del sentido profundo de la democracia. Mucho menos sentido tiene que Tsipras piense que a pesar de haberlo entregado todo aún le queda un resquicio por donde poder hacer algo fuera del libreto.
Un proceso de integración regional como el europeo tuvo como objetivo la construcción de un estado supranacional. Era federal, la suma de sus partes. La foto de hoy muestra a los alemanes saliéndose con la suya luego de dos terribles guerras perdidas, empeñados en la construcción de un supraestado unitario que pretende sojuzgar a todos los países de la Eurozona a través del control de la moneda, un fluido vital en toda sociedad capitalista.
Es lo que marcan los críticos del brutal castigo a Syriza. Que un verdadero federalismo no puede tener como solución que uno de sus miembros sufra la expulsión, aunque sea temporal. Como en aquellos juegos infantiles en los que, curiosamente, los que perdían tenían que ir "al Berlín".
Vaya un ejemplo de la época del menemismo. Funcionarios del ministerio de Economía de aquellos años comentaban que uno de los problemas de la convertibilidad era que algunas provincias no eran "viables". Esto es, que no tenían economías adecuadas para funcionar con eficiencia en un esquema de paridad con el dólar. Anotaban en esta lista a Catamarca, Formosa, el Chaco y La Rioja, entre otras. Este mismo concepto se escucha de economistas ortodoxos en relación con Grecia. Por eso la quieren echar del euro. Pero hablando sensatamente, la posibilidad de que con semejantes recortes pueda tener superávit presupuestario para algún día pagar su deuda es prácticamente nula.
Una pregunta clave si se habla de federalismo y de integración: ¿Cómo soluciona un país solidario los problemas en alguno de sus distritos? En Argentina hay una ley de coparticipación federal mediante la cual las provincias más productivas, como Buenos Aires, aportan para un pozo común que distribuye de acuerdo a un esquema de fomento a las otras. En Estados Unidos sucede algo similar. A ningún ocupante de la Casa Blanca se le ocurriría expulsar del dólar a un estado con déficit. Pueden quebrar y refinanciar sus deudas pero no quedar afuera de la Unión. Es como si en 1861 hubieran aceptado la secesión de los estados del sur. Hubieran evitado la guerra civil, pero tendrían la mitad del territorio.

Merkel y Schäuble ganaron a lo Pirro, ya se dijo. Por ahora Tsipras recibe los cascotazos y luce una imagen desgajada. Pero quién sabe cómo será el próximo capítulo de esta novela. Quien crea que la historia llegó a su fin, no tiene la menor idea del devenir.

Tiempo Argentino
Julio 17 de 2015

Ilustró Sócrates


Felipe González, el lobista exquisito

El 10 de noviembre de 2007, en plena Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado en Santiago de Chile, el líder bolivariano Hugo Chávez increpó en forma persistente al presidente de gobierno español por la injerencia de un ex jefe de estado hispano en la situación interna de Venezuela.  La incomodidad del PSOE  José Luis Rodríguez Zapatero era evidente. ¿Cómo defender  al PP José María Aznar, que viajaba con frecuencia para asistir a encuentros en ONG de la derecha y en contra del gobierno chavista? La frutilla del postre fue el ya famoso "¿Por qué no te callas?" con que el rey Juan Carlos I intentó silenciar las denuncias del mandatario venezolano.
Pasaron casi ocho años. España ya no es la orgullosa nación que se pretendía faro para las naciones latinoamericanas, donde había desembarcado una década comprando a precio de ganga bancos, medios de comunicación y empresas proveedoras de servicios. La crisis que se desató en 2008 golpeo fuerte en España y paralelamente al abrupto crecimiento del desempleo se fue destapando una extendida trama de corrupción en la dirigencia política. Las denuncias también llegaron hasta el Palacio de la Zarzuela y Juan Carlos de Borbón eligió abdicar a favor de su hijo Felipe antes que seguir enfrentado el descrédito de la casa real.
El PP llegó con su receta de recortes al poder en 2012 y ambos partidos terminaron envueltos en las críticas más feroces de la sociedad. Hasta que un grupo de jóvenes irreverentes se calzó la protesta al hombro, elaboró el concepto de que todos forman parte de una casta y se convirtió en una amenaza para el bipartidismo que se enseñoreaba en la península desde la Constitución de 1978.
La crisis política hace temblar al PP, en el gobierno, pero también a la oposición socialista. Rápida de reflejos, la presidenta de la Junta de gobierno de Andalucía, un feudo del PSOE, adelantó elecciones. Enric Juliana, periodista de La Vanguardia, sostiene con bastante buen criterio que la jugada de Susana Díaz apuntaba a poner en un aprieto a Podemos, el partido de los irreverentes fundado por Pablo Iglesias y un grupo de intelectuales muy cercanos al populismo latinoamericano. Y fundamentalmente a no seguir perdiendo adeptos. Juliana ve detrás de esta movida a un gran titiritero, Felipe González Márquez. La estrategia funcionó bastante bien: el domingo pasado el PSOE mantuvo la misma cantidad de bancas que tenía, 47; el PP se desbarrancó y de 50 escaños le quedaron 33, al tiempo que Podemos sumó 15. Para un debut no está mal, pero la expectativa era mayor. El PSOE, a su vez, salvó los papeles, aunque en realidad perdió 118 mil votos en relación a 2012.
No espero nada Felipe González para anunciar un viaje a Venezuela donde asumiría la defensa de dos dirigentes opositores presos por conspirar contra el gobierno, Leopoldo López y Antonio Ledezma. Hombre de mirada gatuna como lo definen los analistas españoles, el ex jefe de Estado que más duró en su cargo desde la vuelta de la democracia a ese país apuntaba a sostener a sus amigos latinoamericanos. Pero en medio de una campaña mediática que hostiliza a Podemos con los peores brulotes –entre los cuales figura en primer término el de "chavistas" porque efectivamente colaboraron en trabajos con el gobierno bolivariano– Felipe no se iba a perder la ocasión de embestirla contra el presidente Nicolás Maduro para pegarle a Pablo Iglesias.
Alguna vez Felipe González Márquez fue Isidoro. Eran los últimos años del franquismo y el joven abogado laboralista sevillano utilizaba ese "nom de guerre" como clandestino en sus tiempos de militancia en el socialismo, un partido que todavía mantenía entre sus premisas el marxismo. A los 32 años, en Suresnes, Francia, los exiliados lo eligieron secretario general del PSOE. Dicen que con el apoyo explícito de sus aliados de la Internacional Socialista, el italiano Pietro Nenni, el sueco Olof Palme y el alemán Willy Brandt entre ellos. Un año más tarde, a la muerte del dictador, Isidoro pasó a ser Felipillo, el joven e impetuoso líder de la izquierda admitida por el régimen. El poder le llegaría recién en 1982. Ocupó el cargo hasta 1996.
Se fue envuelto en cuestionamientos por el combate a ETA con un grupo parapolicial llamado GAL, una rémora de la Triple A de Argentina. También por haber instaurado modalidades de contratación de trabajadores que fueron cada vez más a la baja.
Fuera del gobierno también lo esperaba una carrera brillante. Sería personaje habitual de consulta de gobiernos y empresas por sus relaciones con gobiernos de todo el mundo, especialmente de América Latina. Y sería sumado al Comité de Sabios de Europa, un grupo de celebridades que se supone que piensan el futuro del continente.
La palabra lobista, con que lo definió Maduro estos días, ya le cabía en la era del neoliberalismo, y en 2010 González fue designado oficialmente consejero de la empresa Gas Natural Fenosa, con intereses incluso en Argentina.
Cuando el modelo privatista entró en crisis, González también salió a defender al establishment. Así fue que viajó de urgencia a Buenos Aires a fines de diciembre de 2001. Quería convencer a Fernando de la Rúa de que no renunciara. Sabía que con el representante aliancista iba a caer la Convertibilidad y con ello las increíbles ganancias de las empresas españolas durante esos tiempos. Llegó tarde, cuando aterrizó De la Rúa ya se había tomado el helicóptero. Eso no impidió que intercediera ante sus sucesores, con menor suerte a medida que el kirchenirsmo se fue consolidando con otro proyecto. Para colmo, en el resto del continente surgieron gobiernos menos proclives a recibirlo.
A Felipe González, sin embargo, todavía le quedan amigos en la región. En diciembre pasado, Juan Manuel Santos le otorgó la nacionalidad colombiana. "Es un ser extraordinario", lo definió Santos. "He estado vinculado una parte de mi vida política muy importante a América Latina y dentro de ese vínculo ha tenido un lugar siempre especial Colombia", respondió el sevillano, tras calificarse de tan español como colombiano.
En la vida privada tampoco le fue mal. Separado de su primera esposa luego de 39 años de matrimonio, se volvió a casar con una mujer 17 años más joven, María del Mar García Vaquero. Con ella compraron un campo de 49 hectáreas en Extremadura donde construyó una mansión de 600 metros cuadrados. Un artículo de la revista Vanitatis asegura que el terreno donde se erigió la finca El Penitencial costó 425 mil euros. Para adquirirla, recuerda el magazine de chismes de ricos y famosos, vendió una casa en Tánger de 5000 metros cuadrados a orilla del mar que tenía con su ex esposa, Carmen Romero. La compradora es la familia real saudita. La ocupante, señala la publicación, es la "princesa Lalla Meryem, la hermana díscola del rey de Marruecos".
Tentado de hacer otra alianza continental, González quiere sumar a su cruzada en tierras de Bolívar a los ex presidentes Fernando Henrique Cardoso, de Brasil, Luis María Sanguinetti, de Uruguay, y  Ricardo Lagos, de Chile. El canciller español, José García Margallo, le deseó suerte porque, declaró, "defender las libertades, los derechos humanos y el estado de derecho es una tarea muy digna".
Pero no sólo de lo que la dirigencia española –"la casta, diría Podemos– considera Derechos Humanos o democracia viene a hablar. También, según el corresponsal en Washington del diario El Mundo de España, va a dar lecciones de economía. Anota Pablo Pardo en el periódico madrileño que en una charla en el Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos (CSIS por sus siglas en inglés) Felipe González  Márquez estimó que el problema más grave que padece la Venezuela de estos días es económico. "Tienen que sentarse a hablar gobierno y oposición y después hablar con los sectores productivos y hacer un plan de ajuste porque, con el 15% de déficit de la Administración central –que no incluye los de las provincias–, es imposible que el país salga adelante, y menos aún con el petróleo a la mitad de lo que valía hace 4 meses."
Más claro…

Tiempo Argentino
Marzo 27 de 2015

Ilustró Sócrates

domingo

Jose Ignacio Torrealba: "Hay una exportación de las ideas latinoamericanas hacia Europa"

José Ignacio Torreblanca es doctor en Ciencia Política por la Universidad Complutense de Madrid, columnista en el diario El País y dirige la Oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, “un intento de construir un pensamiento paneuropeo”, explica, con lo que se puede considerar el Ricardo Forster de Europa. De hecho, en su paso por Buenos Aires, además de una serie de charlas, mantuvo un encuentro con el titular de Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional.
“El discurso tradicional de la izquierda europea  no ha bebido de los movimientos latinoamericanos. Pero ahora hay gente como Pablo Iglesias, que ha estado en México, con el zapatismo, con el chavismo, y estamos viendo un influjo, una exportación de esas ideas a Europa”, adelanta Torreblanca. Podemos, el partido de Iglesias, amenaza desbancar a los tradicionales PP y PSOE.
-¿Qué le plantea ese Latinoamericanismo a Europa?
-Tiene el diagnóstico de que la socialdemocracia se entregó, que bajó los brazos y que fracasó tanto por la democracia representativa -que no representa porque las elites se aíslan- como por el mercado, porque el proyecto político de mercados libres es como se diría destituyente. Ese doble diagnostico es el que articula con movimientos como el de Podemos, donde veo mucho más latinoamericanismo del que ha sido tradicional en los eurocomunistas o el de las izquierda escandinavas.
-Se siente un dejo de nostalgia es ese análisis.
-No digo yo que fracasó, no convalido el análisis, solo describo lo que dicen esos populismos de izquierdas, que se contraponen a nuestros populismos de derechas, xenófobos, excluyentes. Cuando ves una crisis tan grave como la del euro y miras los niveles de gasto social, participación del Estado en el PBI, esperanza de vida, los europeos nos quejamos y desde afuera puede parecer que decimos que el sistema ha fracasado, pero hay que ver dónde pone uno el umbral. La socialdemocracia ha sido enormemente exitosa a la hora de embridar el capital y generar democracias incluyentes con cohesión social. El grado de movilidad social que hemos visto en España en los últimos 30 años no tiene precedentes en la historia, en cohesión y redistribución de la renta.
-Pero siempre un alto nivel de desocupación. Ese modelo de flexibilización incluso se importó en la Argentina de los 90.
-Hubo un choque entre un pasado ligado a la permanencia en determinadas empresas y la necesidad de flexibilidad, y se hizo un pacto que yo creo perverso en el que quedó gente con contratos para toda la vida y 45 días de indemnización por año trabajado con otros que tuvieron contratos sin indemnización por seis meses. No puedes tener un sistema tan dual con unos privilegiados y otros sin privilegio ninguno, como es el caso de los jóvenes. Ahí es donde comienza una lucha ideológica y un debate profundo. Los escandinavos dicen que no pasa nada en que el mercado sea muy flexible si a cambio tienes un estado que recoge a la gente que queda afuera. “Puedo aceptar una lógica precarizante porque tengo un estado fuerte detrás”, dicen. En ese pacto entra la izquierda y la socialdemocracia escandinava, pero en otros países se quedan simplemente con la precarización: “no, no va a haber un estado fuerte porque eso es insostenible”. Creo que hay repetición a escala local de una contienda avanzada de lo que le va a pasar a todo el mundo.
-¿Qué quiere decir con eso?
-Es que a los chinos les va a pasar lo mismo. Ya crecieron, ya sacaron a la gente de la pobreza, los brasileños también. Ahora tendrá que decidir cuánto redistribuyen, con qué servicios sociales, qué hacen con las pensiones, con la educación, con el seguro de desempleo, cual es el balance adecuado entre protección social y competitividad.
-Suena duro para los trabajadores…
-Solo puedes legitimar un proyecto político sobre la base de la inclusión, eso está claro, sobre todo porque hay algo evidente y es que la gente vota cada cuatro años…
-Pero en muchos lugares la gente votó algo y después los gobiernos hicieron otra cosa, como en Francia con François Hollande. En Argentina un presidente dijo que si decía la verdad no lo votaban.
-Esa es precisamente la consecuencia más negativa desde el punto de vista político. En algunos países se generó un círculo vicioso entre democracia y populismo, que se alimentan mutuamente. Todo lo que la gente quiere no es posible y lo que es posible la gente no lo quiere. Eso genera que uno cambie de gobierno pero el nuevo adopta las mismas políticas porque perdió el margen de maniobra.
-Cambia el mandatario pero no la política.
-Nosotros tenemos una oportunidad de recuperar la capacidad de emisión en Europa.  La política monetaria se hace en el Banco Central Europeo, donde el voto del gobernador del BC griego vale lo mismo que el del BC alemán. Esta institución se puede legitimar, a pesar de ser técnica, si defiende el interés general de los europeos incluso pasando sobre Alemania. Estamos en un momento único en que mucha gente tiene la sensación –y esa es la tesis de mi libro ¿Quien gobierna Europa?- de que la democracia se ha vaciado de contenido en el ámbito nacional y esta intentando rearmarse en el ámbito supranacional, con las instituciones europeas. Pero se ha quedado en una especie de tierra de nadie, porque se acusa a las instituciones de tecnócratas.
-Pero es que están ligadas e intereses financieros internacionales, como Goldman Sachs y otros.
-Todos entendemos que hay instituciones que deben estar en manos de técnicos, como serla el caso de un consejo de seguridad nuclear.
-También hay quienes ironizan que la economía es algo demasiado serio para dejársela a los economistas.
-Es verdad que estas instituciones independientes se deslegitiman cuando son incapaces de probar que son independientes de aquellos que deben regular y que son capturadas por intereses particulares. Ese es un problema clásico de la política, toda institución tiende a ser capturada por intereses particulares. La forma de legitimarse es no sirviendo a esos intereses sino al interés general, ahí es donde entra el control democrático
-Que es lo que estaría faltando.
-Estos últimos años hemos visto la toma de conciencia de que una cosa es la independencia técnica y de gestión de un órgano y otra el control de sus responsabilidades. Es una pelea enormemente difícil y complicada de la cual va a salir una articulación mayor y la ganancia de espacios políticos para la ciudadanía. Para muchos el conflicto del control político en Europa es un síntoma de una degeneración. Pero quizás es por fin la toma de conciencia de que el viejo despotismo ilustrado de que “gobiernan para ti pero sin ti” abre el espacio para la captura de determinadas instituciones por ciertos intereses y que el que se queda en su casa no cuenta. En las últimas elecciones hemos empezado a elegir proyectos bien diferenciados. La Comisión Europea no termina de ser un gobierno ni Europa termina de armar un sistema político completo, pero ese paso es mucho mejor que aislarse tecnocráticamente y refugiarse en esas instituciones.
-Pero al mismo tiempo surgen movimientos antieuropeos y xenófobos.
- Aunque distorsiones mucho la realidad, ellos nos devuelven una imagen lo suficientemente dislocada o irracional y contraria a los valores europeos que puede tener un efecto reconstitutivo. Es verdad que muchos han sentido que el proceso de integración ha ido demasiado lejos y se ha convertido en una amenaza a sus identidades nacionales. Pero esos populismos de derecha han hecho más visible que Europa debe ser un espacio de valores y democrático y la necesidad de contrarrestar eso con políticas inteligentes. No podemos dar por perdido que un 20 o 30% del electorado se refugie en este tipo de opciones.
-Para los latinoamericanos tiene un profundo significado esa necesidad de encontrar una identidad. ¿Europa también la está buscando?
-Lo que se ha aprendido en esta crisis es que este populismo de derechas es una elección, no es natural ni fatalista ni algo predeterminado. Porque en los países del sur, donde las tasas de desempleo han sido más altas es donde menos extrema derecha tenemos. Hay quienes dicen que esta crisis va a ser como la de los 30 y que la gente se va a echar en manos del fascismo. Eso será en los países ricos, en los países pobres no ha ocurrido. España, con la tasa de desempleo más alta de la UE,  convive con una tasa de inmigración elevadísima y no ha habido ningún incidente.
-Sin embargo, en España está el problema con Cataluña.
-Hay un elemento histórico, un independentismo estable, generacional, que se ha nutrido y aprovechó la crisis para engordar con un discurso que me parece fácil y victimista de que España tiene la culpa y “sin ella nos iría mejor”. Yo creo que todo ese discurso del expolio fiscal en el fondo es un lamento de país rico, parecido al de Alemania cuando dice que los pobres somos unos vagos y que trabaja para subsidiarnos.  No digo que todo el independentismo sea así, pero el discurso de ERC (Izquierda Republicana de Cataluña) es que la única solución es el independentismo. Resulta difícil entender que a la comunidad internacional se le haya pasado que desde 1714 a 2014 hubo una colonia que es Cataluña oprimida por una potencia colonial que es España, de la que debe independizarse.
- Pero si se crean instituciones supranacionales ¿ por qué voy a depender de Madrid o de Londres como el caso escocés, pudiendo depender directamente de Bruselas?.
-Ese argumento también funciona al revés. Es curioso que cuando has conseguido dentro de un estado como puede ser el español, el régimen de descentralización y autonomía casi más alto de Europa, cuando tienes el 90 % de la capacidad de gobierno y queda solo un 10 %, digas “tengo que romper la baraja y salirme”. Es para reflexionar por ambas partes. España es un estado miembro de la UE, no puedo concluir tratados comerciales, no determino mi cuadro macroeconómico, no tengo moneda. No tengo nada. Quedan muy pocas cosas a la estatalidad autónoma y de todas maneras alguien dice que es un estado enorme y opresivo. Creo que es posible construir una estatalidad sin tener que salirse de lo que hay para luego pedir el reingreso.  España es un estado que no termina de construirse completamente. ¿Pero quien cumple su estado de forma completa, Francia que arrasó con todas las lenguas?

TiempoArgentino
Noviembre 2 de 2014

viernes

El Juego de los Tronos no es para cualquiera

Como en Juego de Tronos, nosotros mismos enfrentamos una situación de una complejidad política incomparable, y especialmente sentimos la imperiosa urgencia de tener que hacer algo para cambiar este desastre y empezar a hacerlo ya. Por cada segundo que pasa sin que aspiremos a democratizar los lugares donde se decide lo importante, aumenta sin cesar el enriquecimiento privado ilegítimo y el sufrimiento gratuito de la gente corriente. Democratizar es sencillamente devolver a las personas la capacidad para decidir sobre sus propias vidas, una capacidad que nos ha sido robada y debe ser restituida."
La frase corresponde a un adelanto del libro que Pablo Iglesias acaba de compilar bajo el título Ganar o morir. Lecciones políticas en Juego de Tronos, la serie que hace furor desde hace algunos años, basada en las novelas del estadounidense George R. R. Martin y que detalla las impiadosas guerras dinásticas entre las familias "principales" por el control del poder en el continente de Poniente.
Iglesias se catapultó como líder de un sector en España que reniega de los partidos que gobernaron el país desde el retorno democrático –socialistas y "populares"– a los que acusa de comandar un sistema de castas que se reparten los cargos y lucran para sus propios bolsillos a espaldas del pueblo. Con esa crítica furibunda a lo que llama el "Régimen de 1978" llegó al Parlamento europeo en mayo pasado y aspira a construir una nueva opción para alcanzar La Moncloa más temprano que tarde.
En estos días, la realidad no hizo más que corroborar los argumentos de Iglesias y del partido que pergeñó, Podemos. Es que el gobierno de Mariano Rajoy sacó a subasta el Catalunya Banc, la ex Caixa Catalunya quebrada en 2011 y a la que el estado le inyectó fondos por 12,6 mil millones de euros para que no se fuera a pique definitivamente. Con el argumento de que "nada de lo que deba ser privado quedará en manos del Estado", como dijera algún ex funcionario menemista, se sacó a la venta el paquete nacionalizado. ¿La mejor oferta? Del BBVA, que prometió 1100 millones de euros, bastante más que sus competidores inmediatos pero muy por debajo de los 2500 millones de patrimonio neto que mantiene la entidad. Con lo cual la sociedad española pierde 11,6 mil millones, el equivalente a los recortes en sanidad y educación que forzó el PP para reducir el déficit presupuestario.
El problema financiero no se reduce sólo a España, ya que por estas horas el dueño de un banco portugués fue detenido en el marco de una investigación por blanqueo de capitales. Ricardo Salgado dirigió el banco Espirito Santo –por la familia propietaria– en los últimos 22 años y aparece en medio del escándalo por el giro de fondos provenientes de la institución hacia negocios oscuros tanto en Portugal como en Estados Unidos. Para evitar una corrida, las autoridades económicas habían decretado hace diez días un corralito para sus clientes.
Ese nuevo escenario que reclama Iglesias para España es el mismo por el que los países de esta parte del mundo bregan, con suerte dispar, desde hace diez años. La creación de instancias paralelas y hasta opuestas a los organismos que desde el fin de la Segunda Guerra mundial vienen gobernando el planeta tuvo un notorio avance desde la llegada de Hugo Chávez, Lula da Silva y Néstor Kirchner al poder, a principios del milenio.
La derecha regional, que para sobrevivir no tiene otra que alinearse con los "poderes constituidos" –léase el establishment proestadounidense– intenta por todos los medios poner freno a estos avances. Lo logró en parte con la creación de la Alianza del Pacífico. Pero se le escapa con la Unasur, Celac y también con los BRICS, que tienen una pata asentada en Brasil. Un golpe fuerte contra la unidad fue el derrocamiento del paraguayo Fernando Lugo. Y otro muy poderoso, de consecuencias aún impredecibles, es la arremetida de los fondos buitres contra Argentina en tribunales neoyorquinos. Un juicio punitivo contra la rebeldía de una nación que se opone a los poderes establecidos. Con lo que despierta afinidades y simpatías muy proclives a fomentar esos nuevos escenarios de los que se hablaba.
Es interesante detectar a quiénes incomoda la posición que sostiene el gobierno argentino, sobre todo fronteras adentro. Más allá de que algunos puedan ser socios locales de los buitres, lo que les preocupa no es tanto una cuestión de plata –si esperaron una década para llegar hasta acá bien pueden aguardar otros diez años– sino de obediencia a la ley dictada por el amo. Fue claro el semanario británico The Economist al comparar a la Argentina con el uruguayo Luis Suárez. A ambos los acusan de no querer respetar las reglas. La cuestión es ¿reglas dictadas por quién y en qué contexto? De eso se trata el Juego de los Tronos.
La que fue más clara quizás haya sido la diputada Elisa Carrió. Luego de protestar ante la posibilidad de caer en default, la chaqueña despotricó contra la "malvinización" de la pelea con los holdouts. Según su óptica, la Argentina debería mostrarse sumisa a los cánones para lograr mejores condiciones, algo que la realidad desde el menemato a esta parte se demostró falso de toda falsedad.  
Se entiende que la ex radical tenga prurito en formar parte de un país al que se pueda abochornar por ser un deudor. Que incluso se avergüence de que los argentinos seamos de lo peor de la cuadra por la supuesta despreocupación de funcionarios y consejeros ante semejante catástrofe."
Pero si estos pudorosos críticos buscaran información histórica descubrirían que ningún país estuvo a salvo de crisis como la que asolaron Argentina en el 2001 –y sus consecuencias actuales– y que además, el país ni siquiera es el que más veces pasó por crisis financieras de esta magnitud.
Así lo refleja una producción de la  BBC firmada por Mark Sietz con el explícito título de "¿Cuáles son los peores deudores de la historia?" En esta lista figura en primer lugar España, con 14 defaults, seguida por Venezuela, Ecuador con 11 y, Brasil con 10. Entre los peores que la Argentina, que computa siete reestructuraciones, están Francia, Alemania, México y Chile, entre otros. Con siete "convocatorias de acreedores" figuran también Portugal, Colombia y Uruguay, mientras que Estados Unidos, Rusia y Grecia aparecen con seis, junto con el desaparecido imperio austrohúngaro.                 
Podría recordarse que a las crisis de Alemania se les suma la situación de Prusia, Hesse, Schleswig-Holstein y Westfalia, que se integraron al Reich a fines del siglo XIX. Por otro lado, Berlín  terminó de pagar las indemnizaciones de la Primera Guerra Mundial, establecidas en el tratado de Versailles, el 3 de octubre de 2010. Cierto que esa es otra historia. Pero por lo que parece, para Lilita Carrió mantiene su vigencia, porque la legisladora arremetió contra la visita del presidente ruso Vladimir Putin, a quien califica como "el más perverso de los líderes mundiales" y lo acusó de estar desarrollando "una estrategia de dominación de todo Occidente". Es que, para Carrió, "volver a cometer el error de la segunda guerra sería trágico, hoy debemos conducir a la Argentina a la paz".
Para la derecha gorila, la única explicación para la pérdida de influencia del país desde la década del 40 sería el persistente populismo peronista pero, sobre todo, haber mantenido la neutralidad  con la Alemania nazi, lo que según esta visión del mundo, hizo perder los favores del imperio, que desde entonces apoya el desarrollo del Brasil, que envió un batallón para combatir en Europa. Algo así piensa la derecha brasileña, que ya prometió en boca de dos de sus candidatos, Eduardo Campos y Aécio Neves, que en caso de ganar las elecciones de octubre romperán con el "eje Mercosur-Unasur" para acercarse a la AP.
"Podemos elegirnos a nosotros mismos como buenos al modo de Ned Stark (el Señor de Invernalia en la serie, según describe Iglesias), o como la Khaleesi (Daenerys Targaryen, la heredera de la Casa Targaryen en busca recuperar el trono perdido), podemos aspirar a que todos puedan tener una vida que merezca la pena ser vivida."
De eso se trata.

Tiempo Argentino
Julio 25 de 2014