Mostrando entradas con la etiqueta Celac. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Celac. Mostrar todas las entradas

domingo

James Cockcroft y la nueva realidad regional

Doctorado en la Universidad de Stranford, tres veces becario Fulbright y docente en varias instituciones del Norte, James Cockcroft afirma que aprendió mucho más en 1956 en las calles de Cuba, donde coincidió con la llegada del mítico Granma y fue detenido por la policía de Batista porque lo creyó un agente de la guerrilla. Ese momento dramático le sirvió para saber lo que ocurría en la isla y también para aprender el idioma y la historia de los pueblos latinoamericanos. Un derrotero que lo llevó a enfrentarse al macartismo en su propio país, del que tuvo que emigrar para no ser perseguido. Ahora vive en Canadá, recorre asiduamente la región y lleva ya escritos 50 libros, lo que le permitió mantenerse económicamente cuando los claustros universitarios se le cerraban. En su paso por Buenos Aires en el marco de la Red de Intelectuales por la Humanidad contó a este diario cómo ve las cosas en la región, a horas de que EE UU y Cuba reabran sus embajadas, tras más de medio siglo de congelamiento de relaciones.


-¿A qué atribuye este acercamiento de Obama con Cuba?
-El 17 de diciembre de 2014, un día histórico, Obama dijo que había entendido que Estados Unidos se había aislado a sí mismo en este medio siglo de bloqueo a Cuba y que era momento de comenzar una nueva etapa de relaciones amistosas. Pero a la vez implementó más sanciones a Venezuela y la declaró una amenaza a la seguridad estadounidense, eso hay que tenerlo en cuenta. De todas maneras hay que decir que las clases dominantes de EE UU se dieron cuenta de que se pierden oportunidades de comerciar con la isla y de explotar el petróleo de Cuba, que lo tiene. Obama también apeló a esta estrategia económica.
-Pero también son otros tiempos en la región, ¿no?
-Es cierto que son otros tiempos, y hubo una reacción de las bases y de los gobiernos y ya sabemos lo que pasó en la Cumbre de Panamá. Fue Martí quien tuvo una visión de que los americanos del sur debían unirse para poder responder ante los del norte. Para poder construir Nuestra América sin diferencias. Para esto es importante el papel de los movimientos sociales, gracias a los cuales a la región llegó una democracia limitada. Pero esa lucha permitió la llegada de Hugo Chávez y luego la unificación de los estados, un proceso desigual pero indetenible. De ahí con este cambio de estrategia del imperialismo del norte, que había practicado el terrorismo con miles de muertos, 3400 por lo menos, y miles de heridos y discapacitados.
-Obama tuvo mucho consenso cuando lo eligieron en 2008 como una esperanza de cambio tras varias décadas de neoliberalismo. ¿Qué pasó luego, o siempre fue un bluff?
-Siempre fue un bluff, como lo es cualquier candidato que venga de los partidos políticos. En Estados Unidos un candidato debe pasar una prueba, una investigación, por parte de la clase dominante. Alguno de esos nombres son del establishment conocido y la mayor parte no, como un comité ejecutivo no oficial. Es secreto, pero todo el mundo que estudia la historia de las elecciones en Estados Unidos se da cuenta de eso. Hay una expresión: "Hay que pasar la inspección." Significa ser aprobado como persona en quien la clase dominante puede confiar. Desde el principio muchos de nosotros nos dimos cuenta de que todos son finalmente un bluff, pero muchos apoyaron con su voto dos veces a Obama. Porque era el menor de los males. La primera vez porque creyeron el 10% de su promesas pero en la segunda... En todo caso Obama es un producto de los grandes poderes económicos, de las compañías de seguros, representa todo lo malo de liberalismo. Con la crisis de 2008 secuestró el dinero nuestro y salvó a los grandes bancos y no salvó al pueblo. Él apoya los Derechos Humanos en todo el mundo pero no los tenemos en EE UU. Obama dice que las relaciones con América Latina nunca han sido mejores pero lo dice ahora cuando sucedió la derrota en la cumbre de Panamá. Yo creo que en la segunda elección votaron a Obama como el menor de los males, sí, y también porque pensaban que podía usar su lugar para ciertas áreas de interés común como la salud, de la comunidad negra, pero todos los han criticado por su fracaso en cumplir con sus promesas de cambio. Muchos atacan a Obama por ser un presidente negro por adentro pero blanco para afuera.
-¿Por qué no hay un progresismo influyente en EE UU?
-Desde hace muchos años el partido Demócrata está secuestrado por el ala derecha. En los '50 y '60, durante la guerra fría, aún en esa época de macartismo y persecuciones, el Partido Comunista de Estados Unidos apoyó a los demócratas, pero el ala izquierda no existe más, ahora todo está bajo la mirada del neoliberalismo. Hay dos candidatos principales en las próximas elecciones que podríamos decir progresistas, que son el senador independiente de Vermont, Andrews Sanders, autoproclamado socialista, y senadora por Massachussetts Elizabeth Warren, una mujer que tiene ideas no de izquierda pero sí a la izquierda de Obama. Pero no la tienen fácil. Aparte de que es imposible pasar las primarias con un discurso progresista.
-Entre los candidatos republicanos hay dos hispanoparlantes (Ted Cruz y Marco Rubio) y la esposa de otro (Jeb Bush) es mexicana, pero ninguno representa a estos momentos de América Latina. ¿Qué pasa con la cultura en Estados Unidos?
-Están aprendiendo aceleradamente a hablar en castellano (risas). Tú sabes que los blancos serán una minoría de la población dentro de 20 años. Hay un sistema electoral de racismo y aislamiento de minorías de color por parte del resto de la sociedad-y por ley en algunos casos todavía-, sobretodo con los migrantes latinoamericanos y la comunidad árabe, sean islámicos o no. Todo ese sistema de control se fortalece con el Tea Party y la ultraderecha y con ciertos sectores conservadores en el mismo Partido Demócrata. Y esta ultraderecha no se limita al Tea Party, incluye a sectores medios y aprovecha el reclutamiento de gente pobre, de distintas comunidades, para decir tenemos negros, tenemos hispanos, somos lo bueno para el país. «
  
La trampa de la llamada "sociedad civil"
 "Hay que tener cuidado en estos momentos con un concepto que circula", advierte James Cockcroft, "como es el de 'sociedad civil'. Acuérdate de los encuentros de los más ricos del mundo en Davos y cómo reaccionaron ante una serie de protestas en las calles y luego al nacimiento de los foros sociales mundiales. Trataron de atraer a todos los movimientos sociales de la llamada sociedad civil. Sucede que en Davos se dan cuenta de que ya nadie les cree y que Davos está muerta y que ese consenso tampoco funciona en los estados donde dominan los ricos. Pero tampoco funciona el militarismo en todo el planeta ni el espionaje a cada ciudadano o gobierno como se reveló. Se dan cuenta de que crecen los movimientos sociales, que crece el Mercosur, Petrocaribe, la Celac. Y entonces decidieron detrás de escena -hay mucho escrito sobre esto- continuar apoyando a las ONG, los programas de Usaid, Free for Democracy, Ned, para penetrar, cooptar, pagar a movimientos sociales y extender toda esa ofensiva a la sociedad civil. En el caso de América Latina, el Banco Mundial dijo que hay que invertir en los pobres y eso fue una trampa para incorporar a los pobres a un sistema de producción con mano de obra barata. Ese tipo de programa mentiroso se encuentra en toda la sociedad civil. Todo se llama sociedad civil. Cuidado con esto."

"En mi país he sido declarado como un gringo antigringo"
–Usted se tuvo que exiliar a Canadá, ¿verdad?
–Nací en Estados Unidos (hace 80 años, NdR), pero como muchos estadounidenses del tiempo de la Guerra Fría tuve que escapar por la falta de libertad de expresión, del racismo y del sexismo que veía por todas partes. He sido declarado como gringo antigringo.
–¿Qué consecuencias le trajo su actitud política?
–Muchas consecuencias. Hubo dos macartismos, uno de los '50 y otro del '68, de los '70 que sigue hasta ahora. Los luchadores intelectuales y no activistas sobrevivieron a la persecución. Yo lo experimenté porque fui activista, pero logré algunas posiciones durante todos aquellos años de los '70 y '80. Logré ser miembro de una de las facultades de sociología más reconocida en todo el país, donde se llegó a enseñar a teóricos marxistas o de otras tendencias, la Rutgers University de Nueva Jersey. Éramos un puñado de profesores que sufríamos  presiones, cada año trataron de echarme y activistas de movimientos sociales me defendieron. Finalmente el abogado del sindicato de profesores me propuso aceptar un arreglo económico y renunciar para mantener mi reputación. Con otro compañero también harto de la persecución escribimos libros. Desde entonces recibí invitaciones para ser profesor visitante distinguido en facultades de EE UU y de otras del mundo, incluso América Latina y Europa. Para defenderme económicamente tuve que escribir, soy autor de 50 libros.
–¿Cómo se interesó por América Latina?
–Yo era un joven, digamos, rebelde, poeta además. Estaba de turista en Cuba, en un pequeño pueblo del Oriente, cerca de Santiago. Habían pasado unas pocas semanas de la llegada del Granma, el histórico barco donde llegaron Fidel y sus compañeros. Yo no sabía ni una palabra de español y no sabía que hubo una rebelión, ni que había estado de sitio, pero cuando vi en los periódicos fotos de jóvenes mutilados por militares y la policía me di cuenta de que algo muy grande estaba pasando. La policía de Batista me detuvo y me puso en una celda toda una noche sin explicación.
-¿Cómo fue?

-Estaba caminando por la calle cuando llegaron a secuestrarme a la cárcel local. Yo no podía defenderme en español pero me soltaron y yo seguí camino a Santiago, donde esta vez me detuvo una patrulla militar. Ellos creían que yo estaba haciendo algún tipo de espionaje para los compañeros de Fidel. Decían que habían matado a todos y que tenían que eliminar a los que quedaban en las calles. Que yo estaba para entregar mensajes a Fidel, lo que era una estupidez. Pero me salvé gracias al pueblo cubano y allí aprendí español pero también la historia de Cuba. La juventud cubana me había recibido como un amigo. Y entonces me dijeron muy secretamente "Fidel vive" y me encomendaron que llevara el mensaje a la comunidad cubana en el Bronx, en Nueva York. Recordé un teléfono y les dije "Fidel vive, la destrucción de la guerrilla es una mentira de la prensa". Me fui a México a escribir mi tesis de doctorado. Así me hice militante y me fui metiendo en las luchas populares. «

Tiempo Argentino
Julio 19 de 2015

La foto es de Tiempo Argentino


lunes

Jorge Antonio Arias: “Ser de izquierda significa ante todo ser antiimperialista”

Jorge Antonio Arias Díaz recuerda la última vez que estuvo en Buenos Aires en 1992, para un encuentro estudiantil en Mar del Plata. “Como suele suceder, han sido muchos los cambios en 23 años”, reflexiona ante Tiempo, para agregar que según su óptica, en Argentina y en la región han sido para bien. “Hay personas que quizás aspiraban a más transformaciones que las que se han producido,  pero yo creo que no se valora en toda su dimensión las que se dieron”, sostiene el vicejefe de Relaciones Internacionales del Partido Comunista de Cuba (PCC).  Algo de eso habló ante los miembros de partidos locales y de grupos de izquierda con los que debatió la coyuntura y a los que recomendó tomar en cuenta especialmente “quién es el enemigo principal” para preservar el proceso que se viene desarrollando en América Latina.

–¿Cuáles son los cambios que encuentra?
–Algunos no se atreven a utilizar el término “cambio progresista” o “revolucionario”. Sin embargo yo creo que hay mucho de progreso y mucho de revolucionario en la América Latina de hoy. Quizás a la hora definir en el contexto histórico lo que significa llegar a un estadio de revolución eso merezca algún debate, pero personalmente pienso que ha habido pasos progresistas, pasos revolucionarios. Fidel hace muchos años dijo que la revolución en América Latina iba a ser una revolución antiimperialista, no socialista. Y creo que eso es lo que está ocurriendo y así lo confirmó la VII Cumbre de las Américas, en el que se pudo ver que hay un movimiento antiimperialista.
–¿Cómo sería es movimiento?
–El antiimperialismo no consiste en estar todo el tiempo diciendo soy antiimperialista. Creo que hoy el nacionalismo y la defensa de la integridad nacional es sinónimo de antiimperialismo. El imperialismo ha querido conquistar a América Latina usando métodos diversos, desde intervenciones militares hasta el más reciente en Paraguay, de un golpe institucional. Para nosotros ser de izquierda significa ante todo ser antiimperialista, defender la integridad nacional de cada país.
–¿Cómo cree que va a cambiar el proceso latinoamericano a partir del acercamiento de Cuba y Estados Unidos? ¿O debiera decir de Cuba con Barack Obama?
–Por supuesto que es algo que hace la administración de Obama pero constituye un acercamiento con Estados Unidos. Creo que el primer elemento es que el propio Obama reconoció en su alocución del 17 diciembre que la política de pretender aislar a Cuba terminó aislando a EE UU del resto de América. Una normalización de relaciones entonces tiene un impacto positivo, y de hecho ya lo está teniendo. Para nosotros la integración es un objetivo estratégico y es la única manera que tienen los pueblos de América Latina para sobrevivir y continuar desarrollándose. Lo estamos haciendo con el ALBA, que ya lleva diez años, y con la CELAC.
–¿Cómo marchan los cambios en la economía cubana?
–Vamos a la velocidad que debemos ir. Nuestro presidente Raúl Castro utiliza una expresión muy ilustrativa, "seguiremos avanzando sin prisa pero sin pausa". El proceso de transformaciones económicas no es otra cosa que la implementación de los Lineamientos para la Política Económica y Social del VI Congreso del PCC de abril de 2011, y se traduce en el concepto de actualización del modelo económico cubano. Esto nos obliga a ir dando pasos muy bien pensados, mesurados, adaptados a la realidad y a las posibilidades concretas del momento. Si usted revisa los 313 lineamientos verá que algunos no se han cumplido. El ejemplo más ilustrativo es el problema de la doble circulación monetaria y el triple cambio. Pero debemos entender que los pasos que damos no deben implicar un problema social, afectar a las inmensas mayorías, bajo el principio de que en Cuba nadie puede quedar desamparado. En el mes de abril del año que viene vamos a realizar el VII Congreso del PCC, será un momento para evaluar el estado de esos lineamientos y para seguir actualizándolos. Todo lo que está ocurriendo en Cuba tiene su base conceptual en la teoría revolucionaria y marxista. Es el concepto pronunciado por primera vez por el compañero Fidel el 1º de Mayo de 2000, cuando dijo que “revolución es sentido del momento histórico, es cambiar todo lo que hay que cambiar”. Por tanto nosotros estamos viendo a Cuba hoy con sentido del momento histórico y seguiremos cambiando todo lo que debamos cambiar. Nuestro fin es construir un socialismo próspero y sostenible. Y en ese objetivo hemos implementado fórmulas no estatales de gestión, donde ya tenemos a más de 480 mil trabajadores, hemos liberalizado restricciones en determinados sectores de la economía. Eso no puede significar la idea de que estamos abandonando el socialismo, todo lo contrario, estamos actualizándolo.
–Precisamente, ¿qué implicancias ideológicas traen estos cambios?
–El principal impacto económico e ideológico negativo sería que no pudiéramos resolver los problemas y que no pudiéramos demostrar que el socialismo puede ser eficiente. En el año '93, en pleno período especial y en el momento más duro de la crisis, Raúl dijo “son más importantes los frijoles que los cañones”. Es que el hombre, antes de hacer política, debiera tener un plato que comer, una ropa que vestir y un techo. Para nosotros la solución de los problemas económicos es resolver contradicciones como las que planteó Raúl al inicio de todo este proceso, cuando decía que el principio de distribución socialista “de cada cual según su capacidad a cada cual según su trabajo” no se cumple, cuando decía que “el salario no es un estímulo al trabajo”, lo que motivó un gran debate nacional en 2007 y 2008. El centro de la batalla ideológica es la batalla económica. Ganar esta batalla, elevar los niveles de eficiencia, hacer un estado más eficiente, que se brinden servicios a la gente, que con lo que la gente gana pueda desarrollar su proyecto de vida... esos motivos sólo se cumplen si somos capaces de echar a andar esos  programas económicos. Ahora, en cuanto a lo estrictamente ideológico, uno puede decir que una persona que pasa a trabajar en algunas de las fórmulas no estatales puede tender en el mediano o largo plazo a pensar más en sí mismo que en la sociedad. Pero hay mecanismos económicos y de control social para evitar eso. Incluso hemos avanzado en procesos de sindicalización. Pero no deja de ser un desafío.
–¿Cómo miden la productividad y la eficiencia?
–Las reglas de la economía están escritas y registradas, el problema es que nosotros a veces las olvidamos. No nos fijamos mucho en qué gastamos y se fue estimulando la idea de que el Estado lo da todo. Ese cambio de mentalidad es un paso muy importante hacia esa eficiencia, que la gente entienda que hay que trabajar y producir para tener bienes, que el Estado no nos va a dar todo. La gente tiene que aportar para que el Estado sea eficiente. Como en todo proceso histórico usted dicta leyes y normas, y la mente de las personas a veces trabaja de otro modo, pero vamos caminando a que se tenga más comprensión de que es necesario llevar clara la economía. Hemos hecho una reducción importante del personal que trabajaba en empresas del Estado y a la vez hemos logrado garantizar el empleo. Cuando alguien me dice que pasar a la gente a modelos de gestión no estatal tiene consecuencias ideológicas yo digo que la mayor consecuencia ideológica hubiese sido que se quedaran sin trabajo. Hay que verlo en esa dimensión, ese es un elemento para ver la eficiencia.
–Se firmaron acuerdos ya con empresarios estadounidenses.
–Con Estados Unidos vamos a firmar todos los acuerdos que el bloqueo permita. Lamentablemente Obama por sí solo no lo puede modificar, lo tiene que hacer el Congreso. Pero él tiene facultades ejecutivas que le permiten ir vaciando de contenido a las leyes, como pasa con los viajes de estadounidenses a Cuba, por ejemplo. En ese camino es que nosotros vamos.

Tiempo Argentino
Mayo 25 de 2015

La foto es de Hernán Mombelli

martes

Nueva era en las Américas

Si algo dejó la VI Cumbre de las Américas de Panamá fue la comprobación de que Estados Unidos ya no puede imponer su voluntad sobre el resto de los países del continente como solía hacerlo hasta hace 10 años. Lo supo Barack Obama, quien en su último encuentro como mandatario estadounidense debió aceptar no solo que Cuba existe, sino que debía hacerse cargo del reclamo de los gobiernos latinoamericanos para una nueva relación con los vecinos a los que despectivamente su secretario de Estado, John Kerry, todavía llama «patio trasero».
Como una parábola perfecta para el inquilino de la Casa Blanca, en su primera participación en este encuentro de presidentes, en 2009, recibió de Hugo Chávez un ejemplar de Las venas abiertas de América Latina, libro clave de Eduardo Galeano para entender el despojo que durante siglos padecieron los pueblos al sur del Río Bravo. En Panamá, varios de sus colegas le recordaron en diferentes tonos y sin mencionarlo explícitamente que América Latina había cambiado. Como para que la muerte de Galeano, unos días más tarde, sonara a cierre de una etapa que ya parece irreversible para la región.
Esta serie de rondas de jefes de Estado americanos, que comenzó en Miami en 1994 para poner en marcha el proyecto neoliberal expresado en el Consenso de Washington, viró 180 grados en Mar del Plata en 2005. Allí, al enterrar el Área de Comercio de las Américas (ALCA), frente al propio George W. Bush, la integración latinoamericana comenzó a andar.
Hay varios acontecimientos que no se pueden entender sin ese paso inicial. En principio, sería justo preguntarse hasta qué punto la crisis que se desató primero en Estados Unidos y que luego se extendió a Europa no tuvo su origen en la clausura de ese proyecto pensado para beneficio de la economía estadounidense en detrimento de los pueblos latinoamericanos.
Es más evidente, en cambio, que la creación de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) hace 8 años, y luego la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) es la consecuencia más directa e irrefutable de este avance. En ambos casos, las organizaciones cumplieron un rol destacado en defensa de la democracia y del estrechamiento de lazos entre los pueblos sin la participación de los países sajones, Estados Unidos y Canadá. Un hecho del que tomaron en cuenta los estrategas de Washington para decidir que Obama diera un paso que los 10 presidentes que lo antecedieron no se atrevieron a dar: sentarse a conversar con el gobierno de la Revolución Cubana para intentar restablecer relaciones diplomáticas.
Esta nueva era convirtió la OEA, el organismo del que había sido expulsada Cuba en 1962, en una cáscara vacía. Lo mismo que las cumbres presidenciales. ¿Qué sentido tiene un encuentro de jefes de Estado de países que poco y nada tienen en común, salvo que comparten la región con la principal potencia económica y militar del planeta?
El sentido se lo dieron en Panamá los líderes regionales que le pusieron al presidente estadounidense  «los puntos sobre las íes», como se dice popularmente. Fueron categóricos especialmente Rafael Correa, Daniel Ortega y  Evo Morales. Obama se ausentó en dos ocasiones, una cuando Nicolás Maduro le reclamaba por haber calificado a Venezuela como una «amenaza a la seguridad de Estados Unidos». La otra cuando habló Cristina Fernández, que hizo una encendida defensa de la dignidad cubana para soportar el embate norteamericano durante más de 60 años pero que también habló de Malvinas, otra causa latinoamericana contra un aliado de Washington.
A los pocos días, Obama envió al Congreso la recomendación de retirar a Cuba de la lista de naciones patrocinadoras del terrorismo. Y prometió hacer lo necesario para levantar el embargo. No las tiene fácil el presidente de los Estados Unidos con un Legislativo opositor en el último tramo de su gestión. Sobre todo porque la voz cantante entre los republicanos la tienen representantes extremos del Tea Party, como Marco Rubio y Ted Cruz –precandidatos a suceder a Obama en 2017– e Ileana Ros Lehtinen, de origen cubano.
Se entiende entonces el pedido de Raúl Castro de creer en las buenas intenciones de Obama.


 Revista Acción
Mayo 1 de 2015

sábado

Miguel Angel Barrios: "Venezuela es la frontera real con Estados Unidos"

En un contexto regional altamente complejo, no viene mal una mirada geopolítica de lo que ocurre en el sur del continente, desde Venezuela, pasando por Brasil y Argentina. "Estamos viviendo un cambio de época", dice Miguel Ángel Barrios, doctor en Educación, en Ciencias Políticas, asesor del Centro de de Estudios Estratégicos para la Defensa, con una serie innumerable de artículos sobre el tema y cursos dictados para fuerzas armadas de varios países latinoamericanos. Barrios escribió uno de los capítulos de Geopolítica y estrategia suramericana, un "insumo estratégico" editado por la Universidad de las Fuerzas Armadas ecuatorianas, e impulsado por Rafael Correa.
"A nivel general podemos destacar tres o cuatro ejes –abunda Barrios– el epicentro político del mundo se ha desplazado hacia el Pacífico; en segundo lugar la crisis del petróleo como generador y motor de una economía-casino mundial; en tercer lugar: el declive relativo de los  Estados Unidos y la emergencia de nuevos poderes continentales que generan un mundo multipolar y en cuarto lugar: la gran posibilidad de América Latina de a través del Mercosur, de la Unasur, y de la CELAC de materializar la Patria Grande por la cual lucharon nuestros libertadores".
–¿Cuáles deberían ser las hipótesis de conflicto en el marco de la Unasur?
–En principio hay una Escuela de Defensa que todavía está en etapa de elaboración de programas. A eso apunta el libro. Lo concreto es la guerra por los recursos: tenemos que generar hipótesis de confluencia. Estados Unidos viene avanzando y muy fuertemente con el apoyo de Canadá, inclusive de México, en querer policializar a las fuerzas armadas para crear una conjunción entre Defensa Nacional y Seguridad Interior. Hoy el peligro es a categorizar a cada uno de nuestros países como "estados fallidos"; áreas sin gobierno, áreas afectadas por catástrofes naturales para instalarse allí a través de misiones humanitarias o de ONG, para ir realizando lo que siempre ha hecho Estados Unidos, dividir para reinar. Porque ellos necesitan tranquilidad en el "patio trasero" para apostar todas sus fuerzas en Eurasia, donde se juega el poder mundial en la lógica de ellos.
–¿Cómo entra en este análisis la reanudación de relaciones de Estados Unidos con Cuba?
–Yo pienso que es un punto de inflexión. (Barack) Obama ve que no hay otra posibilidad que ante la presión interna y el lobby externo del empresariado norteamericano negociar con Cuba para levantar el bloqueo. Cuba está ante una gran oportunidad histórica de volver a Martí. Eso implica la latinoamericanización de Cuba. Ya hemos visto que Cuba ha presidido la CELAC, está participando activamente en las negociaciones de paz con las FARC. Es decir que Cuba, luego de la caída de la Unión Soviética y tras la muerte de Hugo Chávez, tiene la posibilidad de reinsertarse como siempre lo fue en la Patria Grande, siendo éste un hecho paradigmático de la nueva política internacional. Esto a Cuba y exige a los latinoamericanos a un reencuentro histórico, por eso la figura de Martí cobra una gran importancia. Porque Martí ha sido el último libertador de América Latina y el primero que anuncia la emergencia del poder norteamericano en 1895.
–Usted dio cursos en Venezuela para miembros de las Fuerzas Armadas. ¿Cómo ve la situación allá?
–La situación es preocupante porque Venezuela es la frontera real con Estados Unidos. Venezuela tiene una particularidad geopolítica única: es latinoamericana, es sudamericana y es caribeña simultáneamente. Y el que descubrió eso fue Chávez. Hay un saboteo permanente a través de los paramilitares vinculados a Uribe y de los grupos económicos vinculados a los Estados Unidos contra el gobierno. Es una provocación activa, lo que se está tratando de realizar en Venezuela es un golpe blando, para ir luego contra Brasil y contra el Río de la Plata. La muerte de Chávez produjo gran vacío, pero al mismo tiempo hay que destacar la unidad entre Fuerzas Armadas y pueblo a través de algo que acá todavía nos cuesta entender, pero que en Venezuela es cotidiano como es el concepto de la Defensa Integral. Hay cinco componentes: el Ejército, la Fuerza Aérea, la Armada, la Guardia Nacional –que vendría a ser la Gendarmería– y las Milicias Populares. Por supuesto que se vive una crisis económica que no podemos dejar de reconocer y hay un problema de formación de precios de los grandes monopolios, pero al mismo tiempo decir que Venezuela se está cayendo a pedazos es una difamación tremenda.
–El gobierno de Dilma Rousseff en Brasil está sufriendo embates mediáticos y judiciales.
–El resultado de la segunda vuelta  mostró que en Brasil todavía hay fuerzas que históricamente no están compenetrados con la visión de integración. Si ganaba la oposición, el Mercosur quedaba destruido. Llama poderosamente la atención que una vez que ganó Dilma, de un hecho de corrupción que pudo haber existido en Petrobras hacen un problema de política mundial. Evidentemente es un ataque sincronizado que está habiendo contra América Latina en el cual no es ajeno también el gobierno argentino, independientemente de que hay que diferenciar la causa AMIA y la muerte de Nisman de la cual, por supuesto, todos nuestros dolores y condolencias. Pero evidentemente, como está comprobado a través de Wikileaks, Nisman respondía a las directivas de la Embajada de los EE UU, entonces todo aparece como un movimiento sincronizado de ataque hacia América Latina del que estar muy atento, que empezó en Venezuela. Tiene que ver con la doctrina del general Gene Sharp, quien ha escrito un libro sobre cómo ir generando procesos de desestabilización a partir de generar incredulidad en el sistema político, saboteando el sistema político, no a través de los golpes de Estado clásicos sino de lo que se llama "golpe blando". Hay un movimiento sincronizado del imperio. Lo dijo John Kerry el año pasado en la comisión de relaciones exteriores de la Cámara de Senadores: "América Latina debe ser el patio trasero nuevamente de los Estados Unidos". No se debe escapar nuevamente como ocurrió con los procesos de integración de Unasur.
–¿Cómo se implementaría ese proyecto?
–El 6 de febrero pasado la Casa Blanca presentó su Segunda Estrategia de Seguridad Nacional (ESN). Algo menos de cinco años después de su Primera ESN, y con dos años más de presidencia, Barack Obama quiere reafirmar el papel de EE UU en un sistema-mundo en transición hacia un nuevo "orden" mundial. En 2010, los EE UU, estaban en el pantano de dos guerras perdidas: Afganistán e Irak, con una grave recesión, un desempleo que superaba el 10% y un déficit de un billón de dólares. Siguiendo las categorías del Pentágono, un Imperio fallido. En el 2015 si uno mira superficialmente se encuentra ante un EE UU supuestamente más potencializado internamente, con la reducción del déficit, con mejores cifras macroeconómicas, y la reducción del desempleo a un 5,5% actual con la creación de más de once millones de puestos de trabajo. Pero esto es un engaño geopolítico, una falsedad estratégica en la que no debemos caer, la nueva ESN reafirma la centralidad de EE UU como nación Indispensable frente a las "amenazas" mundiales. La crisis de Ucrania y la "agresión rusa" como llama el documento, es un fracaso de lo planificado en 2010, ya que allí hablan de la cooperación con Rusia, tal vez pensando en quebrar la dupla Medvedev y Putin, lo que no ocurrió. Además, la aparición de un actor en la política internacional como el Papa Francisco, latinoamericano y partidario de un sistema multipolar y de la Patria Grande como lo deja en claro en su primer Encíclica "El Evangelio de la Alegría" y la irrupción de (Alexis) Tsipras en Grecia, son la demostración elocuente de que la historia fluye, y de que no es un tablero electrónico manejado desde un comando. En esta visión multidimensional de la seguridad, el documento expresa la obsesión de no perder en ningún campo de acción, y en especial en el cibernético. 

Tiempo Argentino
Febrero 21 de 2015

viernes

Vecinos con patente del Mercosur

Es un gran paso adelante hacia la integración que en un par de años comiencen a circular los vehículos con patentes del Mercosur. Puede parecer un avance mínimo, una nimiedad incluso, pero sin dudas representa el fortalecimiento de un proyecto fundamental de cara a la sociedad de cada una de las naciones que integran el organismo regional. Es la bandera de la unidad sudamericana en cada auto, en cada ciudad, en cada rincón. Un mensaje de pertenencia que hace falta en un organismo que parece por momentos languidecer en disputas que los medios concentrados se encargan de magnificar pero muchas veces los gobiernos no alcanzan a resolver para bien del conjunto. La Unión Europea puso en marcha un mecanismo similar en 1992, casi una década antes que la moneda común y bastante después de haberse lanzado a la unión aduanera.
Cierto que con la patente no alcanza. En Europa, donde el proceso de integración está a todas luces mucho más adelantado, a las tensiones secesionistas en algunos sitios clave como Cataluña y Escocia se suman grandes capas de la sociedad que ven con sospecha o resquemor a la unión, a la que culpan de muchos de sus males. En todo grupo todos tienen que ceder algo a favor del bien del equipo. El problema se sucede cuando los vientos soplan en contra, como ocurre en muchos países del viejo continente. Es allí que las acusaciones se esparcen sobre los socios. Es entonces que aparecen sobre la mesa aquellas renuncias originales y en grandes sectores son muchos los que creen que estarían mejor fuera del paraguas de la UE que adentro.
Los británicos marchan a la cabeza entre los que dudan de las ventajas de seguir en la UE y no sería extraño que vayan a un referéndum para su continuidad dentro del organismo paneuropeo  en 2016. Partidos derechistas de Francia –el Frente Nacional– y de Holanda se posicionan de un modo similar, al igual que grupos más inclinados a la izquierda en Grecia. Lo que demuestra que el camino hacia la integración está más sembrado de espinas de lo que se cree en su inicio.
Sin haber llegado a niveles como los alcanzados del otro lado del Atlántico, hay que admitir que nuestros organismos regionales –Mercosur en primer lugar, pero Unasur y CELAC a continuación– enfrentan dificultades luego de una década de avances. En el caso del Mercado Común al que adhieren Argentina, Uruguay, Brasil y Paraguay, a las tensiones propias de un nuevo rumbo para el organismo creado durante el decenio neoliberal se agrega el complicado ingreso de Venezuela como nuevo miembro. Además, los países más chicos mantienen históricos reclamos contra los dos socios mayores que, lejos de solucionarse, con el recrudecimiento de la crisis internacional, se fueron agravando. Lo que debería quedar claro para las dirigencias, con todo, es que la mejor opción siempre es la unidad. No hay otra forma de plantarse frente a los poderosos de turno.
En Brasil, las élites industriales, que desde la llegada de Lula da Silva a Planalto, en enero de 2003, pudieron desarrollarse a nivel global mediante políticas de apoyo, créditos oficiales y la ampliación de su mercado interno, nunca dejaron de ser críticas del PT. Lula solía decir que no le perdonaban que alguien que jamás había pasado por una academia universitaria le diera el progreso que él le había dado a Brasil. Tal vez sea que no toleran que un hombre nacido en la pobreza, y que por lo tanto estaba destinado a no trabajar de otra cosa más que de tornero, haya dado vuelta al país con un partido que demuestra su capacidad de ser el más adecuado para gobernar un territorio de ese tamaño y contradicciones. Tampoco le toleran el acercamiento a sus socios vecinales y a las naciones que buscan un nuevo orden mundial, como las del BRICS.
Los dos candidatos con mayor caudal de votos tras la presidenta Dilma Rousseff en las elecciones del domingo pasado decidieron sumar voluntades para derrotar al PT luego de 12 años en el poder. Más allá de las críticas sobre las que se asienta su discurso opositor en todos los planos, ambos hicieron hincapié en la necesidad de nuevas alianzas y miran hacia el Pacífico. Si es cierto, como los mismos sondeos indican, que la unión regional no es el principal tema de agenda en las encuestas, la única explicación para semejante compromiso antes del balotaje sería lograr el apoyo de los grandes jugadores económicos tanto brasileños como regionales.
Las élites gobernantes, que son las mismas que en los '90, cuando Fernando Collor de Melo y Carlos Menem firmaron el Tratado de Asunción que dio origen al Mercosur, apoyaron en su momento la creación del espacio común. Las empresas multinacionales también, porque les resultaba y resulta beneficioso planificar e intercambiar libremente entre los socios y con protección externa común. Entonces también firmó el uruguayo Luis Alberto Lacalle y el paraguayo Andrés Rodríguez, que poco antes había desplazado a su consuegro, el dictador Alfredo Stroessner.
Pero desde la llegada de Néstor Kirchner y Lula da Silva el enfoque con que se manejó el Mercosur fue cambiando hacia una mayor integración industrial. Que no favoreció a todos los socios pero le dio un perfil más autonómico en relación con las potencias centrales, además de haber avanzado hacia posiciones sociopolíticas más progresistas.  Sobre esta base es que crecen las críticas en Uruguay y Paraguay. Un guante que recogió el candidato opositor oriental Luis Lacalle Pou, hijo del mandatario que firmó en Asunción y que ahora intenta canalizar las quejas por lo que reclaman los uruguayos.
En Brasil el rechazo es más bien porque los caballeros de la industria paulista consideran que Mercosur es un freno para un país que, creen, está para cosas mayores. Sueñan con volver al "primer mundo". Pero fundamentalmente saben que con organismos regionales sólidos y una integración más profunda a nivel social y económico pierden privilegios obtenidos de su conexión con el establishment global.
Este domingo hay elecciones en Bolivia y nada indica que Evo Morales vaya a tener menos votos que hace cinco años, cuando se alzó con el 64% de los sufragios. Es posible, incluso, que el triunfo sea por un porcentaje mayor, con el dato adicional de que ganaría en Santa Cruz de la Sierra, que fuera foco de la resistencia a su gobierno y donde se llegó a plantear el secesionismo de la mano de sectores vinculados a la oligarquía más reaccionaria.
No es inocuo que Evo se convierta en el mandatario que más tiempo estuvo en el poder en su país desde la independencia, superando al general Andrés de Santa Cruz, quien gobernó entre 1829 y 1839. Pero aquellos eran otros tiempos y para ocupar un despacho en la casa de gobierno era necesario mucha voluntad política y bayonetas fieles, algo que nadie logró desde entonces, al punto de que en los 180 años anteriores al triunfo del MAS, en 2005, hubo 84 mandatarios –34 de ellos de facto– a un promedio de 172 días en el cargo para cada uno.
Morales encarnó las transformaciones más profundas desde la Revolución de Paz Estenssoro en 1952 y tiene el más firme apoyo popular. Hay razones para su éxito. Uno es la sólida alianza de los sectores populares y las organizaciones sociales, que ahora son un factor de poder relevante y con conciencia de su rol. También por la nacionalización de los recursos hidrocarburíferos, que le permitió disponer de un excedente para inversiones sociales y desarrollo, cuando antes iban a bolsillos privados.
Pero hay una realidad a esta altura histórica que explica este momento: en el tramo más duro del enfrentamiento en la Media Luna próspera de Oriente, Morales contó con el apoyo de las instituciones regionales y de los gobiernos de Argentina –estaba ya en el poder Cristina Kirchner– y de Lula da Silva en Brasil. ¿Podrá tener la misma tranquilidad si cambia la ecuación política en el vecino mayor y más poderoso? ¿Qué ocurriría si en Argentina llegara a ganar alguno de los candida

Tiempo Argentino
Octubre 10 de 2014

Ilustró Sócrates


El Juego de los Tronos no es para cualquiera

Como en Juego de Tronos, nosotros mismos enfrentamos una situación de una complejidad política incomparable, y especialmente sentimos la imperiosa urgencia de tener que hacer algo para cambiar este desastre y empezar a hacerlo ya. Por cada segundo que pasa sin que aspiremos a democratizar los lugares donde se decide lo importante, aumenta sin cesar el enriquecimiento privado ilegítimo y el sufrimiento gratuito de la gente corriente. Democratizar es sencillamente devolver a las personas la capacidad para decidir sobre sus propias vidas, una capacidad que nos ha sido robada y debe ser restituida."
La frase corresponde a un adelanto del libro que Pablo Iglesias acaba de compilar bajo el título Ganar o morir. Lecciones políticas en Juego de Tronos, la serie que hace furor desde hace algunos años, basada en las novelas del estadounidense George R. R. Martin y que detalla las impiadosas guerras dinásticas entre las familias "principales" por el control del poder en el continente de Poniente.
Iglesias se catapultó como líder de un sector en España que reniega de los partidos que gobernaron el país desde el retorno democrático –socialistas y "populares"– a los que acusa de comandar un sistema de castas que se reparten los cargos y lucran para sus propios bolsillos a espaldas del pueblo. Con esa crítica furibunda a lo que llama el "Régimen de 1978" llegó al Parlamento europeo en mayo pasado y aspira a construir una nueva opción para alcanzar La Moncloa más temprano que tarde.
En estos días, la realidad no hizo más que corroborar los argumentos de Iglesias y del partido que pergeñó, Podemos. Es que el gobierno de Mariano Rajoy sacó a subasta el Catalunya Banc, la ex Caixa Catalunya quebrada en 2011 y a la que el estado le inyectó fondos por 12,6 mil millones de euros para que no se fuera a pique definitivamente. Con el argumento de que "nada de lo que deba ser privado quedará en manos del Estado", como dijera algún ex funcionario menemista, se sacó a la venta el paquete nacionalizado. ¿La mejor oferta? Del BBVA, que prometió 1100 millones de euros, bastante más que sus competidores inmediatos pero muy por debajo de los 2500 millones de patrimonio neto que mantiene la entidad. Con lo cual la sociedad española pierde 11,6 mil millones, el equivalente a los recortes en sanidad y educación que forzó el PP para reducir el déficit presupuestario.
El problema financiero no se reduce sólo a España, ya que por estas horas el dueño de un banco portugués fue detenido en el marco de una investigación por blanqueo de capitales. Ricardo Salgado dirigió el banco Espirito Santo –por la familia propietaria– en los últimos 22 años y aparece en medio del escándalo por el giro de fondos provenientes de la institución hacia negocios oscuros tanto en Portugal como en Estados Unidos. Para evitar una corrida, las autoridades económicas habían decretado hace diez días un corralito para sus clientes.
Ese nuevo escenario que reclama Iglesias para España es el mismo por el que los países de esta parte del mundo bregan, con suerte dispar, desde hace diez años. La creación de instancias paralelas y hasta opuestas a los organismos que desde el fin de la Segunda Guerra mundial vienen gobernando el planeta tuvo un notorio avance desde la llegada de Hugo Chávez, Lula da Silva y Néstor Kirchner al poder, a principios del milenio.
La derecha regional, que para sobrevivir no tiene otra que alinearse con los "poderes constituidos" –léase el establishment proestadounidense– intenta por todos los medios poner freno a estos avances. Lo logró en parte con la creación de la Alianza del Pacífico. Pero se le escapa con la Unasur, Celac y también con los BRICS, que tienen una pata asentada en Brasil. Un golpe fuerte contra la unidad fue el derrocamiento del paraguayo Fernando Lugo. Y otro muy poderoso, de consecuencias aún impredecibles, es la arremetida de los fondos buitres contra Argentina en tribunales neoyorquinos. Un juicio punitivo contra la rebeldía de una nación que se opone a los poderes establecidos. Con lo que despierta afinidades y simpatías muy proclives a fomentar esos nuevos escenarios de los que se hablaba.
Es interesante detectar a quiénes incomoda la posición que sostiene el gobierno argentino, sobre todo fronteras adentro. Más allá de que algunos puedan ser socios locales de los buitres, lo que les preocupa no es tanto una cuestión de plata –si esperaron una década para llegar hasta acá bien pueden aguardar otros diez años– sino de obediencia a la ley dictada por el amo. Fue claro el semanario británico The Economist al comparar a la Argentina con el uruguayo Luis Suárez. A ambos los acusan de no querer respetar las reglas. La cuestión es ¿reglas dictadas por quién y en qué contexto? De eso se trata el Juego de los Tronos.
La que fue más clara quizás haya sido la diputada Elisa Carrió. Luego de protestar ante la posibilidad de caer en default, la chaqueña despotricó contra la "malvinización" de la pelea con los holdouts. Según su óptica, la Argentina debería mostrarse sumisa a los cánones para lograr mejores condiciones, algo que la realidad desde el menemato a esta parte se demostró falso de toda falsedad.  
Se entiende que la ex radical tenga prurito en formar parte de un país al que se pueda abochornar por ser un deudor. Que incluso se avergüence de que los argentinos seamos de lo peor de la cuadra por la supuesta despreocupación de funcionarios y consejeros ante semejante catástrofe."
Pero si estos pudorosos críticos buscaran información histórica descubrirían que ningún país estuvo a salvo de crisis como la que asolaron Argentina en el 2001 –y sus consecuencias actuales– y que además, el país ni siquiera es el que más veces pasó por crisis financieras de esta magnitud.
Así lo refleja una producción de la  BBC firmada por Mark Sietz con el explícito título de "¿Cuáles son los peores deudores de la historia?" En esta lista figura en primer lugar España, con 14 defaults, seguida por Venezuela, Ecuador con 11 y, Brasil con 10. Entre los peores que la Argentina, que computa siete reestructuraciones, están Francia, Alemania, México y Chile, entre otros. Con siete "convocatorias de acreedores" figuran también Portugal, Colombia y Uruguay, mientras que Estados Unidos, Rusia y Grecia aparecen con seis, junto con el desaparecido imperio austrohúngaro.                 
Podría recordarse que a las crisis de Alemania se les suma la situación de Prusia, Hesse, Schleswig-Holstein y Westfalia, que se integraron al Reich a fines del siglo XIX. Por otro lado, Berlín  terminó de pagar las indemnizaciones de la Primera Guerra Mundial, establecidas en el tratado de Versailles, el 3 de octubre de 2010. Cierto que esa es otra historia. Pero por lo que parece, para Lilita Carrió mantiene su vigencia, porque la legisladora arremetió contra la visita del presidente ruso Vladimir Putin, a quien califica como "el más perverso de los líderes mundiales" y lo acusó de estar desarrollando "una estrategia de dominación de todo Occidente". Es que, para Carrió, "volver a cometer el error de la segunda guerra sería trágico, hoy debemos conducir a la Argentina a la paz".
Para la derecha gorila, la única explicación para la pérdida de influencia del país desde la década del 40 sería el persistente populismo peronista pero, sobre todo, haber mantenido la neutralidad  con la Alemania nazi, lo que según esta visión del mundo, hizo perder los favores del imperio, que desde entonces apoya el desarrollo del Brasil, que envió un batallón para combatir en Europa. Algo así piensa la derecha brasileña, que ya prometió en boca de dos de sus candidatos, Eduardo Campos y Aécio Neves, que en caso de ganar las elecciones de octubre romperán con el "eje Mercosur-Unasur" para acercarse a la AP.
"Podemos elegirnos a nosotros mismos como buenos al modo de Ned Stark (el Señor de Invernalia en la serie, según describe Iglesias), o como la Khaleesi (Daenerys Targaryen, la heredera de la Casa Targaryen en busca recuperar el trono perdido), podemos aspirar a que todos puedan tener una vida que merezca la pena ser vivida."
De eso se trata.

Tiempo Argentino
Julio 25 de 2014

jueves

Venezuela en la encrucijada

Venezuela está, una vez más, en el centro de una disputa trascendente. Lo supo Simón Bolívar cuando percibió que el Congreso Anfictiónico con el que soñaba unir a las antiguas colonias españolas no llegaba a buen puerto. Lo corroboró cuando vio que se le escapaba como arena entre los dedos la Gran Colombia en la que pretendía nuclear a las naciones del extremo noroeste del subcontinente durante la segunda década del siglo XIX. Lo sabía Hugo Chávez, a quien se lo recordó a un año de su muerte como el gran gestor de la integración regional. Y lo aprendió su sucesor, Nicolás Maduro, que no por casualidad sufre el embate de la oposición más acérrima fronteras adentro y de los sectores de la derecha continental.
Como una voltereta inesperada de la historia, aquel congreso de Panamá, que Bolívar pensó como el ámbito para integrar una suerte de federación hispanoamericana, fue la excusa con la que Estados Unidos vino presionando a los gobiernos latinoamericanos ya desde 1890 para construir «unidad continental». Una unidad, claro, basada en los principios más ventajosos para Washington.  Conviene aquí confrontar algunas fechas clave: el Congreso bolivariano logró reunirse en 1826, tres años después de que el presidente James Monroe proclamara la doctrina que establece que América debe ser para los americanos, lo que al norte del Río Bravo quiere decir exactamente que el continente pertenece a Estados Unidos.
El fin de la Segunda Guerra Mundial y el inicio de la Guerra Fría fue el momento adecuado para que las aspiraciones de Monroe encontraran su cauce. La Organización de Estados Americanos se fundó en 1948, y tiene su sede en Washington. Son conocidos los derroteros del organismo desde entonces. Seguramente el hito más definitorio es la expulsión de Cuba en 1962 por no adherir a los «principios democráticos» al uso estadounidense.
Pero la región se modificó en la última década, y detrás de cada uno de esos cambios está la mano de Chávez y de Venezuela; tanto que Cuba tuvo que ser readmitida, en 2009, por votación de la amplia mayoría de los gobiernos regionales. Con justa razón, la respuesta de los cubanos fue que no tenían interés en reincorporarse. Para entonces, Unasur ya era una instancia de integración para los países sudamericanos que se había probado eficaz al impedir los golpes en Bolivia y Ecuador. Fue entonces que Chávez apuró la creación de una entidad que nucleara a todos los países de América y el Caribe, sin participación de Estados Unidos ni de Canadá, el socio irreductible de su vecino. Así nació la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Mecanismo golpista
Con sagacidad, el líder bolivariano buscó integrar naciones, más allá de gobiernos circunstanciales, y por eso la primera presidencia pro témpore recayó en el chileno Sebastián Piñera, quien luego entregó el cetro a Raúl Castro. Este gesto reciente explica en buena medida las últimas jugadas de la derecha radicalizada de Venezuela. La segunda cumbre de la CELAC se desarrolló el 28 y 29 de enero pasado en La Habana. La importancia del organismo quedó reflejada en que asistió al encuentro el secretario general de la ONU, el coreano Ban Ki-moon. Pero el dato clave es que también participó su homólogo de la OEA, el chileno José Miguel Insulza. Las cartas estaban jugadas a favor de una integración entre pares y con mucho predicamento.
Para comprender mejor cómo se fue armando el mecanismo de relojería que puso en vilo a Venezuela y al resto del continente es bueno recordar que, antes de su última internación en La Habana, Chávez designó como sucesor al que fue su canciller y mano derecha desde sus inicios en la lucha política, Nicolás Maduro. Refrendado para un nuevo mandato en octubre de 2012 con 11 puntos de diferencia sobre el candidato de la oposición –el gobernador de Miranda, Henrique Capriles–, Chávez no llegó a asumir su nuevo mandato. Maduro, presidente provisional, debió enfrentar una crisis económica generada por la inestabilidad a la que se veía sometido el país a raíz del agravamiento de la enfermedad de Chávez –y también por errores de gestión–, y dispuso  una devaluación de casi el 50% de la moneda local en febrero de 2013, lo que agudizó las tensiones en una sociedad que venía enfrentando una crisis económica y el desabastecimiento de productos esenciales. Con la muerte del mandatario, el 5 de marzo, se debió convocar nuevamente a elecciones en un marco de desafío al liderazgo de Maduro, un ex dirigente gremial del transporte público. El oficialismo ganó los comicios del 14 de abril por apenas un punto y medio de diferencia, o 320.000 votos. La derecha, enrolada en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) no esperó para salir a las calles a denunciar fraude. Ya entonces hubo una decena de muertos en enfrentamientos. Capriles se convirtió en el abanderado de la protesta y tildó a Maduro de «ilegítimo». Siguiendo el manual básico del «golpe blando», se sumó a las campañas para primero deslegitimar al mandatario electo, luego ridiculizarlo y finalmente forzar el derrocamiento.
El 8 de diciembre pasado los venezolanos volvieron a las urnas para elegir alcaldes en 337 distritos de todo el país. La campaña de la MUD se basó en la idea de plebiscitar la tarea aún incipiente de Maduro. Envalentonado por la escasa diferencia de abril, Capriles apostó al desgaste que iba a tener un mandatario que no había alcanzado a afianzar todos los resortes de la nación tras la desaparición física de un líder tan personalista y aglutinante como Chávez. En Venezuela, el Banco Central mide la inflación y también entrega el índice de desabastecimiento, que señala la cantidad de productos que no encuentra el público en los centros de distribución. Los últimos datos señalan una inflación del 56% para 2013 y un faltante de 28% de productos; principalmente, azúcar, harinas, aceite, café y papel higiénico. Son rubros que, se sabe, generan malestar en la sociedad y que fueron, en su momento, desencadenantes de las protestas de las clases medias contra Salvador Allende en Chile en los 70. La acción del gobierno logró revertir algunos de esos inconvenientes y, más aún, hizo rebajar los precios de electrodomésticos a valores compatibles con el dólar oficial –desde 2003 hay mercado de cambios controlado–, que está entre 6,3 y 11,5 bolívares, según qué tipo de operación se haga. A fines de noviembre hubo un boom de ventas que contradijo las expectativas más pesimistas y la derecha también se quejó por este «festival» del consumo.

Hablaron las urnas
En definitiva, el chavismo logró una diferencia de un 10% sobre la derecha en la sumatoria de los votos y retuvo más del 70% de las comunas. Cierto es que perdió en distritos claves como Caracas, Barcelona y Chacao, por mencionar a algunos. Pero si la oposición esperaba apurar algún referendo revocatorio –por la Constitución, correspondería recién en 2016– o pensaba generar condiciones para un levantamiento masivo, no tuvo cómo. De todos modos, tampoco es que la MUD fue aplastada, ya que mantuvo e incluso amplió presencia en bastiones tradicionales del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV).
El resultado de diciembre no sólo hizo acallar las sospechas de fraude sino que dejó emerger las diferencias que existen entre los distintos actores de la derecha desde la fundación de ese conglomerado que reúne intereses diversos y hasta contradictorios con el único objetivo de acabar con el modelo chavista. Es decir, a la MUD no la une el amor sino el espanto.
Capriles, el activo gobernador de Miranda, se cargó la campaña al hombro, jugándose una patriada que lo expuso demasiado en un sendero que no todos comparten a su alrededor. El líder opositor fue uno de los más implacables críticos del acercamiento a Cuba y llegó a ocupar la sede diplomática cubana en Caracas en la intentona golpista de abril de 2002, violando las convenciones internacionales. Ante cada protesta del gobierno por la injerencia estadounidense, siempre respondió alegando injerencia cubana. Suele decir que Maduro viaja a La Habana «a recibir instrucciones de los Castro». Su jefe de campaña fue otro notorio anticubano que lo acompañó en aquellas jornadas de 2002: el ex alcalde de la comuna capitalina de Chacao, Leopoldo López. A los 42 años, este economista con un máster en Harvard ya no quiere esperar más y, tras la derrota de diciembre, aceleró su decisión de salir a las calles de todo el país para apurar la caída de Maduro. Poco importaba el apoyo electoral al PSUV; para él, el imperativo era derrocar al presidente. Y no lo disfrazó con un discurso políticamente correcto, lo dijo con pelos y señales.
Lo acompaña en esta gesta la diputada Corina Machado, quien, al margen de su anticubanismo visceral, aparece en filtraciones de Wikileaks como asidua visitante de «la embajada», además de haber sido recibida en alguna ocasión por el entonces presidente George W. Bush para tratar precisamente la situación venezolana. Tampoco ella es de callar sus objetivos: quedarse en la calle hasta que el gobierno se vaya. La disputa estratégica se venía deslizando desde hacía meses. Capriles, si bien usaba todos los micrófonos y estamentos políticos para cuestionar la legitimidad de Maduro, apostaba a derrotarlo en elecciones. Por eso habla de «convencer» a chavistas descontentos para que le den su voto antes que de enfrentar al oficialismo de un modo violento. Sabe que así lo único que lograría sería asustar a quienes temen perder las conquistas que lograron en estos 15 años. Por eso, también, casi le gana a Maduro prometiendo «mejorar» lo que no está bien y mantener los beneficios obtenidos por las capas más bajas de la población.

Línea dura
López, en cambio, sabe que por esa vía él y los más reaccionarios dentro de la derecha no tienen cabida. Pero, además, y en esto está el quid de la cuestión, Estados Unidos necesita tener el «patio trasero» controlado para mantener la ofensiva en otros frentes, como el de Oriente Medio  y el que la Unión Europea le facilitó en Ucrania. La convocatoria de la CELAC es una muy mala noticia para esta estrategia. Y Venezuela es la llave para avanzar sobre el resto de los gobiernos díscolos ue desde el «No al Alca» de Mar del Plata en 2005 le vienen dando tantos dolores de cabeza.
Fue en este marco que López y Machado apuraron una «pueblada» aprovechando una marcha de los estudiantes para celebrar el Día de la Juventud, el 12 de febrero pasado. Bajo la irritación por algunos casos puntuales de estudiantes víctimas de violencia callejera –la inseguridad ciudadana es otra factura que le pasan al chavismo–, lo que podría haber sido una manifestación pacífica terminó con tres muertos y un clima de efervescencia que no se veía en el país desde las guarimbas de 2004. Los cultores de estas protestas violentas se amparan en el artículo 350 de la Constitución bolivariana, que señala como un deber ciudadano desconocer «cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos y menoscabe los derechos humanos». Por eso, de inmediato, los medios concentrados –y sobre todo las cadenas internacionales– pusieron el grito en el cielo contra lo que denominaron un ataque a las libertades civiles en Venezuela. La palabra represión aplicada a un gobierno como el del PSUV fue un baldón contra el que tenían que justificarse las autoridades en medio de un clima destituyente. Poco importaba el «plebiscito» de diciembre a esta altura.
La fiscalía general del país, al cierre de esta edición, había confirmado un total de 22 muertos en las refriegas, entre los que había varios militantes chavistas. También reveló que se investigaba una veintena de denuncias por violaciones a los derechos humanos cometidas por efectivos de fuerzas de seguridad, aclarando que no había en ningún caso consentimiento de sus superiores. Entre tanto, la justicia pidió la captura de Leopoldo López, quien se entregó en una estudiada maniobra tras una marcha hasta la fiscalía. No son pocos los que consideran que es un error político, porque lo hace aparecer como víctima de un régimen opresivo. Las autoridades dicen que había un plan de la ultraderecha para asesinarlo y echar las culpas sobre el gobierno.

Diálogos
Sin embargo, la pelota ya estaba lanzada, y hasta en la entrega de los Oscar el actor Jared Leto dio un mensaje de apoyo a los «soñadores» de Kiev y de Caracas. El golpe blando mostraba toda su eficacia. Sólo faltaba que alguien dentro del chavismo «sacara los pies del plato» o que las fuerzas armadas aceptaran el convite de ser la «reserva moral de la Nación», como en otras épocas latinoamericanas. Pero no es el caso y nada hace prever que lo sea en el futuro.
A todo esto, los presidentes de la Unasur mostraban diferencias de enfoques. Mientras Cristina Fernández y Evo Morales daban un decidido apoyo a la democracia y específicamente al presidente Maduro, Dilma Rousseff mantenía una distancia llamativa. Los mandatarios ubicados en el arco conservador fueron algo más evasivos y hablaron de dar lugar al diálogo y de pacificar al país. Maduro, en tanto, convocó a una Conferencia de Paz a la que acudieron todos los gobernantes del oficialismo más un par de gobernadores y diputados enrolados con la oposición, y las cámaras empresarias, que fueron claves en 2002 en el intento de derrocar a Chávez. Capriles y la gente de López y Machado no fueron, alegando que era un circo montado por Maduro para darse un baño de legalidad institucional.
Luego, el presidente de Panamá, el empresario Ricardo Martinelli, «preocupado» por la situación en el vecino país, pidió una cumbre de cancilleres de la OEA para «buscar una salida a la crisis». Venezuela rompió relaciones con esa nación en forma inmediata. Pero aquí viene lo mejor: tras dos jornadas de no menos de 10 horas cada una, y a puertas cerradas, los representes ante el Consejo Permanente del organismo no lograban destrabar un punto esencial: bajo qué condiciones la OEA podía tratar un caso semejante.
Un borrador presentado por Bolivia pedía apoyar el «diálogo nacional», defender la democracia en el país y respetar las garantías constitucionales de todos los actores políticos. Panamá, Estados Unidos y Canadá exigían, en cambio, la intervención de un mediador externo. Seguir debatiendo en esas condiciones hubiese sido una muestra peor de «rebeldía», por lo que el documento salió, pero debajo de la firma de los 29 países que avalaron el texto de consenso está el protesto de Panamá y Estados Unidos, que consideraron –y no se sonrojaron con el planteo– que la OEA debía ser neutral y no tomar partido por una de las partes, igualando al gobierno democráticamente elegido con quienes abiertamente intentan derrocarlo. La soledad en que Estados Unidos quedó dentro de la OEA es una muestra de lo que se avanzó en materia de integración regional desde que en 1999 Hugo Chávez comenzó a batallar por el objetivo de hacer realidad el proyecto de Bolívar.

Revista Acción
Marzo 15 de 2014

viernes

Contra el monopolio de las oportunidades

Cuando al economista alemán Klaus Martin Schwab se le ocurrió la idea de crear un ámbito para que los más ricos se juntaran con las dirigencias políticas a debatir el futuro del mundo, tenía bien en claro a qué apuntaba. Quería fomentar en Europa las prácticas de administración empresarias que, según las usinas neoliberales del viejo continente, explicaban el crecimiento de Estados Unidos desde el fin de la segunda Guerra Mundial. A 43 años del primer encuentro en la ciudad suiza de Davos puede decirse que Schwab hace tiempo que está en el pináculo de la gloria.
De los 444 ejecutivos de empresas europeas con que abrió lo que entonces se llamaba Simposio de Administración de Europa, pasó a más de 2500 invitados. De una cumbre que apenas logró financiar con apoyo de la Comisión Europea y las asociaciones industriales del continente, pasó a cobrar no menos de 55 mil dólares para asistir a un cónclave con los más poderosos del mundo. Los socios permanentes, que son, por supuesto, los grupos económicos más poderosos del planeta, tienen que aportar una cuota anual de 108 mil euros. Eso sí, para figurar en este selecto apartado del Foro de Davos, hay que facturar más de 5 mil millones de dólares anuales.
Puede decirse que el apogeo de Davos fue a poco de la caída de la Unión Soviética, cuando el neoliberalismo aparecía como la única opción económica para la humanidad. Finalmente, las ideas de Schwab se habían impuesto y no extraña que en este clima, el argentino Carlos Menem y el mexicano Carlos Salinas de Gortari estuviesen entre los invitados estrella. Eran los paladines de ese modelo que prometía quedarse para siempre. Con desregulación, privatizaciones y flexibilización laboral como panaceas para el crecimiento de las naciones. También Fernando de la Rúa sería convidado de lujo, pero más que nada para alentarlo a que no abandonara ese modelo que ya se estaba desgajando en el país.
Pero con el nuevo siglo las cosas ya no son como eran y el Foro de Davos, antes socio en el éxito, está en el centro de las críticas por su responsabilidad en la catástrofe que se esparce sobre el mundo desde el estallido de la burbuja financiera, en 2008. La organización no gubernamental Oxfam, con base en Londres pero sedes en 17 países, lanzó la primera piedra, con un informe lapidario sobre el resultado de esas políticas en los últimos 30 años. El dato que más circuló en los medios, por el impacto emocional, es que 85 señores tienen más fortuna que 3570 millones de seres humanos, la mitad de la población mundial. Lo que no se difundió tanto son las recomendaciones que la gente de Oxfam le hace a los supermillonarios.
Les dice, por ejemplo, que habida cuenta de que en estas tres décadas se incrementó la desigualdad en los países más desarrollados, y que ese desnivel está relacionado directamente con la evasión y la elusión fiscal –les computa 18,5 billones de dólares en cuevas fiscales– hagan algo urgente para resolver la cuestión antes de que todo estalle en mil pedazos, palabras más, palabras menos. La frase exacta es "si la desigualdad económica extrema no se controla, sus consecuencias podrán ser irreversibles, dando lugar a un monopolio de oportunidades por parte de los más ricos, cuyos hijos reclamarán los tipos impositivos más bajos, la mejor educación y la mejor atención sanitaria".
El mecanismo para que el mundo sea como es hoy, para la ONG británica, se fue dando con la "apropiación de los procesos políticos y democráticos por parte de las élites económicas". El subtítulo del dossier lo dice con toda contundencia: "Secuestro democrático y desigualdad económica". Esto es, los ricos se las ingeniaron para la construcción de un sentido común proclive a las ideas que benefician a los sectores empresariales. Entre ellas pueden citarse el apoyo mediático a la baja de impuestos a los que más tienen, o a la disminución del presupuesto estatal en áreas clave como la salud o la educación. Una forma suprema de suicidio colectivo que mucho circuló por estas tierras en los 90, y que crece en intensidad en la Europa de estos días como remedio para la crisis económica.
Otro que se sumó a los reclamos hacia los poderosos del planeta fue el Papa Francisco, con un pedido de que "la riqueza esté al servicio de la humanidad, no para gobernarla". El argentino se mantuvo ausente del encuentro pero quería fijar posición desde Roma. Como viene ocurriendo desde 2003 en adelante, no hay representantes del gobierno nacional en Davos. El único nativo que acudió a la cita es el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri. Como el encuentro es para "policy makers" (hacedores de política), el lord mayor porteño fue como gobernador del distrito donde tienen su residencia muchos de los más ricos del país. También podía asistir como uno de ellos, aunque las empresas familiares no están a su cargo y no las puede acreditar como fortuna personal exclusiva. Como sea, le caben las recomendaciones tanto papales como académicas para mejorar la situación de los ciudadanos, al menos, de su patria.
Tal vez no venga muy a cuento, pero los medios concentrados se encargaron de mostrar sus críticas a la ausencia de la presidenta en la ciudad suiza. Desde considerar que esa inasistencia es peligrosa para el país como el lamento macrista de que Davos "es un lugar en donde tenemos que estar", cosa de no quedar al margen de los que mandan en el mundo. Ese viejo discurso de que no hay que aislarse del mundo.
Más allá de creerse que resulta más conveniente codearse con los ricos y no viajar a La Habana para la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), algo que la historia argentina demuestra como falso, Macri señaló que el encuentro en Europa es como "una ocasión para reflexionar sobre las causas de la crisis económica". ¿Si fuera presidente, iría a Cuba como harán el resto de los presidentes de la región?
Curiosamente –o quizás no– entre las primeras cuestiones que surgieron en Davos está el tema educativo. Así fue que en el 44 Foro Económico Mundial se cuestionó la utilidad de la educación superior, y apareció el consabido discurso de si el gasto en esa área debe ser visto como una inversión o un derroche. El argumento de los popes de Davos es que cerca de 285 mil graduados universitarios estadounidenses no tienen más remedio que trabajar por un salario mínimo y que por lo tanto no vale la pena perder tiempo y dinero en una carrera universitaria. El dato es que la mitad de los graduados estadounidenses termina sus estudios con una deuda media de 30 mil dólares.
"Hace 30 ó 40 años se contrataba a gente graduada a la que se formaba, y ahora se contrata a gente con seis o siete años de experiencia. No tiene nada que ver",  señaló Sean Rush, presidente de la ONG  Junior Achievement Worldwide. Según el cofundador de Codeacademy, Zach Sims, en algunas licenciaturas "lo que se enseña es irrelevante, porque va desacompasado” con la realidad.
"Claro que vale la pena estudiar –terció Ángel Gurría, secretario general de la OCDE–. Para aquellos que tienen el diploma, la posibilidad de perder el trabajo estadísticamente es mucho menor". Pero el más perspicaz fue el italiano Gianpiero Petriglieri, profesor asociado en la escuela de negocios Insead, radicada en Francia. "Tal vez un título universitario no ofrece la garantía que solía (… pero) lo único que te da una garantía es nacer rico."
La cuestión de la educación, esencial para cualquier proyecto tendiente a disminuir la desigualdad, no se refiere tanto al por estos días desprestigiado igualitarismo. Se trata, más bien, de que todos tengan en el punto de partida de sus vidas oportunidades equivalentes. Es decir, que Antonia, la hija de Mauricio, no salga a la cancha con semejante ventaja en relación con la hija del cartonero que pasa ahora por la esquina. Cosa de corroborar si los que están en la cúpula de la pirámide tienen méritos, como exigiría una verdadera aristocracia (el gobierno de los mejores), o son solo una banda de arribistas que no dejan crecer a nadie para continuar en la cima, como asegura el saber popular y se desprende del informe de Oxfam.

Tiempo Argentino
Enero 24 de 2014

Un largo y sinuoso camino en Venezuela


Nicolás Maduro será ungido presidente de Venezuela hoy y todo indica que esta etapa del remplazo de Hugo Chávez quedará cerrada, aunque con un saldo trágico de ocho muertos. Curiosamente, todos del mismo bando. Curiosamente, del que ganó las elecciones del domingo pasado. El que para la prensa conservadora cometió fraude en el conteo de votos.
Como se dijo ese día en caliente, Maduro deberá demostrar ahora hacia su propio campo su capacidad de liderazgo para llevar adelante esta etapa de la revolución bolivariana. Y también lo deberá demostrar ante una sociedad que se le aparece como dividida prácticamente al medio. ¿Son todos antichavistas los que votaron a Henrique Capriles? Eso está lejos de poder demostrarse. En principio, esos casi 700 mil que se pasaron de bando no dan la impresión de que abominen del proyecto de país que presentó Chávez hace 21 años, cuando su intento de toma del poder contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez.
Del otro lado, Capriles también deberá probar su capacidad de liderazgo en el marco de una oposición que no es homogénea, cosa que si puede mostrar el oficialismo. No están todos detrás de un mismo modelo de país y de reparto de la riqueza. Los une más el espanto que el amor hacia un ideal común. Por eso la exageración de gestos de un Capriles que, desencajado, provocó una tragedia de la que no puede hacerse el desentendido.
Porque vamos, Capriles es descendiente de dos de las más poderosas familias de Venezuela, dueñas de conglomerados industriales, mediáticos y cadenas de cines del país. Algo que en sí no constituye un delito, porque él no es responsable del lugar en que le tocó nacer. Lo que sí muestra actitudes que son de su entera decisión sería su voluntad temprana de adherir a la organización de extrema derecha Tradición, Familia y Propiedad, como mencionan algunos que lo conocieron de joven. O más tarde, de haber fundado junto con el ultraconsevador Leopoldo López un partido como el Primero Justicia, bendecido por la internacional republicana, esto es, del International Republican Institute. Y de haber recibido apoyo –que monetariamente no necesitaba por cierto-– del National Endowment for Democrac (NED). Salim Lamrani, doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris IV-Sorbonne, rescata un artículo del The New York Times donde se recuerda que el NED "se creó hace 15 años para llevar a cabo públicamente lo que ha hecho subrepticiamente la Central Intelligence Agency (CIA) durante décadas. Gasta 30 millones de dólares al año para apoyar partidos políticos, sindicatos, movimientos disidentes y medios informativos en docenas de países". Hasta acá, sólo cuestionamientos de tipo ideológico.
Pero sucede que cuando el golpe de 2002 contra Chávez, Capriles era un joven de 28 años que ejercía como alcalde de Baruta, un distrito que forma parte de Miranda y del municipio de Caracas. Desde ese lugar, ordenó el arresto de dirigentes y funcionarios chavistas, entre ellos el ministro del interior Ramón Rodríguez Chacín, brutalmente agredido ante las cámaras de la televisión (privada, claro, porque el canal estatal estaba bloqueado, como bien muestra el documental La revolución no será transmitida, de los irlandeses Kim Bartley y Donnacha O'Briain). Esa vez los golpistas disolvieron la Asamblea Nacional, la Fiscalía de la República, la Defensoría del Pueblo y el Tribunal Supremo de Justicia.
Mientras duró ese efímero gobierno de facto, solo reconocido por la España de José María Aznar y el Estados Unidos de George W. Bush, Capriles participó activamente del asedio a la Embajada de Cuba a la que, faltando a las más elementales reglas de la diplomacia internacional, no sólo le cortaron el agua y la electricidad. El mismísimo ex candidato presidencial ingresó con un grupito de exaltados a exigirle al embajador que le permitiera revisar las instalaciones, ante la presunción de que allí había buscado resguardo el entonces vicepresidente Diosdado Cabello. Luego del regreso de Chávez, el 14 de abril de aquel año, Capriles fue llevado a juicio y pasó cuatro meses detenido preventivamente, ya que se había mostrado esquivo a responder ante la justicia.
Danilo Anderson, el fiscal que seguía la causa contra 400 personas acusadas de crímenes contra el Estado bolivariano, entre los cuales estaba Capriles pero también las cúpulas empresariales, fue asesinado dos años más tarde, en noviembre de 2004. Terminó sus días despedazado por un explosivo C-4 colocado debajo del asiento del conductor de su Toyota Autana activado desde un teléfono celular. Tenía 38 años. La investigación por este crimen derivó en acusaciones y condenas contra ex agentes policiales venezolanos y paramilitares de la ultraderecha colombiana. Detalle: el ex presidente Álvaro Uribe se convirtió en fervoroso defensor del recuento de votos.
Luego de conocerse la información de que habían sido asesinados ocho personas en el marco de la revuelta que Capriles mismo había armado en Twitter al llamar a "descargar la arrechera", el opositor intentó bajar un cambio en una conferencia de prensa en la que dijo que su propuesta es de paz y que los que cometían acciones violentas no formaban parte de su movimiento.
Tardío reconocimiento a su responsabilidad. ¿Qué esperaba que hicieran sus seguidores, con el antecedente que le había mostrado con ese pasado turbulento? Porque entre los desmanes cometidos en estos días figuran establecimientos sanitarios y educativos donde participan médicos y docentes cubanos. Capriles ya les había enseñado que Cuba es el enemigo, cosa que repitió durante toda la campaña. ¿Cómo pensaba que podían actuar?
Es bueno que estos datos, que no fueron obtenidos de ninguna fuente de inteligencia ultrasecreta, sino que se consiguen en cualquier hemeroteca, fueran leídos también por dirigentes vernáculos que desde posiciones de centroizquierda o liberales dicen que hubieran votado a Capriles y llaman al reconteo de los votos del domingo. Porque más allá de que el sistema electoral venezolano fue considerado ejemplar por decenas de organismos de toda pelambre –e incluso en su anterior viaje a aquel país por Gabriela Michetti, amiga personal del Papa Francisco y a quien no se la puede tildar de izquierdista– el riesgo de desconocer las instituciones puede ser fatal para la integración regional y para el avance de la democracia en esta parte del mundo, que este domingo deberá asumir el resultado de la elección en Paraguay para determinar cómo sigue adelante. Con todo lo que implicó el golpe contra el ex obispo Fernando Lugo.
No es un olvido que Capriles haya dicho que recurriría a la ONU y la OEA para presentar sus quejas, ninguneando al Mercosur, Unasur y CELAC. Es que no intenta solamente derrotar al chavismo sino desconocer su obra de integración y principalmente la Constitución creada por el líder bolivariano. Los argentinos deberíamos recordar que el golpe contra Perón no fue sólo contra un hombre sino contra un modelo más justo, por eso, lo primero que hicieron los militares del '55 fue tirar abajo la Constitución y el resto de las instituciones sociales y económicas creadas bajo su amparo. Al precio de fusilamientos sin juicio previo y las más bárbaras atrocidades contra los seguidores de Perón, que hasta tenían prohibido pronunciar su nombre.
Capriles no es un demócrata, pero además es un hombre peligroso para cualquier tipo de relación con sus vecinos. Por ahora necesita mostrarse fuerte contra Maduro para consolidar su poder dentro de la oposición. Y para conseguir apoyos de sus amigos externos, desafía a los gobiernos que apoyan al proceso democrático en Venezuela. ¿Será casualidad todo lo que ocurre en América Latina y en Argentina en coincidencia con dos elecciones clave para la región, como la venezolana y la paraguaya?
Maduro, aunque parezca paradojal, también necesita de un Capriles así de temible, cosa de terminar de convencer a los dubitativos de que –en términos maoístas– hay contradicciones principales y otras que resultan secundarias.
Mientras tanto, deberá ir construyendo su propio perfil y modelando el chavismo sin Chávez que dé cuenta de este momento histórico y resuelva los problemas de la gente, que de eso se trata. Por ahora dio un primer paso y puede decirse que esta primera prueba la pudo pasar. Pero el camino será largo y extremadamente sinuoso

Tiempo Argentino
Abril 19 de 2013