jueves

Francisco "Barba" Gutiérrez: "Es necesario profundizar este modelo"

Aunque nació en el barrio de la Boca, nadie hoy discutiría que Francisco Gutiérrez es hombre de Quilmes, donde se crió, hizo prácticamente toda su carrera sindical y política y actualmente es intendente. Ligado a los sectores más combativos del gremialismo y específicamente de los metalúrgicos, es más conocido por su apodo, «el Barba», a pesar de que desde que recuperó la libertad, luego de ocho años como preso político, anda a cara descubierta. «Resabios de otros tiempos», dice entre sonrisas. Hiperactivo, forma parte de la estructura de la Unión Obrera Metalúrgica, donde ocupa un cargo en el secretariado nacional al tiempo que comanda la seccional de Quilmes, Berazategui y Florencio Varela, integra un grupo de intendentes bonaerenses de corte progresista que están tejiendo un frente trasversal. Entre ellos figuran Mario Secco, de Ensenada; Gustavo Arrieta, de Cañuelas; Aldo San Pedro, de Bragado, y los dirigentes Eduardo Sigal y Jorge Quito Aragón. Ya había estado al margen del PJ cuando en 2001 llegó a la Cámara de Diputados a través del Polo Social, aquel instrumento electoral creado junto con el padre Luis Farinello. Ahora, decidió volver al transversalismo, para acompañar a la presidenta.
Se nota el peso de su palabra en la UOM, donde promovió junto con el sindicato de los supervisores metalúrgicos y los empresarios metalmecánicos la creación del Instituto para el Desarrollo Industrial y Social Argentino (Idisa), una entidad que para algunos significa una cuña en la Unión Industrial Argentina con un sesgo más oficialista, o por lo menos más «nacionalista».
Otro aspecto importante en el perfil de Gutiérrez es el de su lucha por los derechos humanos. Y en el juicio sustanciado en La Plata contra 14 agentes penitenciarios acusados de crímenes de lesa humanidad durante la dictadura en la Unidad Penal 9. «El Barba» ofició de testigo, junto con, entre otros, el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, y el canciller Jorge Taiana, quienes compartieron distintos momentos de su detención en esa cárcel y sufrieron en carne propia la violencia de los acusados.
–¿Cómo caracteriza la gestión de Cristina Fernández, teniendo en cuenta que desde el año pasado algunos agrupamientos tanto del PJ como de los que fueron sus aliados «transversales» se fueron alejando del kirchnerismo, mientras que ustedes han ratificado su respaldo al Gobierno nacional?
–En principio, creo que lo que está en desarrollo en la Argentina desde el gobierno de Néstor Kirchner y ahora con Cristina es un modelo productivo nacional basado en el mercado interno, en la recuperación del empleo, del salario, en la distribución de la riqueza. Nada más y nada menos que eso. Este modelo productivo pudo afrontar con firmeza, con entereza, la crisis financiera internacional que afectó a fuertes sectores de la economía, sobre todo a aquellos que profesaban la concepción neoliberal que se expresó a través del Consenso de Washington, que era apertura de economía, menos Estado, desregulación, menos salarios, menos defensa de industria, en definitiva, menos Estado de bienestar. Con estas políticas establecidas desde 2003 y continuadas en esos momentos críticos, se ha sostenido el empleo. Aunque hubo algunos pocos sobresaltos, de ninguna manera fueron de las características que hubiesen tenido si estuvieran en vigencia las políticas neoliberales. Yo simplemente pregunto: ¿cuál hubiese sido el impacto económico de haber seguido el modelo vigente en los 90? Hoy tenemos un país firme, sólido, que no sólo no ha provocado endeudamiento sino que por el contrario intenta desendeudarse para seguir creciendo.
–¿Considera que el tema de la deuda también influyó?
–Hay varios factores que ayudaron a estas conclusiones. El desendeudamiento del Fondo fue muy importante, y también el haber hecho mejores negociaciones por la deuda. Habría que agregar a esta lista el haber tomado los fondos que iban a los grupos económicos, a los bancos, el dinero de los trabajadores en manos de las AFJP. No olvido, como sindicalista que participa en mesas de discusión con los empresarios, el permanente acento que puso el Gobierno sobre las negociaciones colectivas de los trabajadores, la movilidad jubilatoria, el ingreso universal para todos los hijos. Estas son políticas que generan un impacto muy fuerte en el combate contra la pobreza y la indigencia. Todos estos factores económicos y sociales son los que hacen que la economía esté fuerte a pesar de la gran crisis internacional. Ahora estamos en una etapa en que comenzamos nuevamente a revertir ese proceso, estamos recuperando el crecimiento, y esa recuperación mejora el nivel de ingreso, de empleo y la capacidad del Estado de hacer inversiones en obras de infraestructura pública, lo que genera las mejores condiciones para las inversiones privadas. Por todas estas razones estamos apoyando al gobierno de Cristina, porque vemos que va avanzando en profundizar la mayor participación del asalariado en la distribución de la riqueza
–¿Cómo llegó a la intendencia de Quilmes y cuál es el saldo de sus primeros dos años al frente de la comuna?
–Digamos que siempre los trabajadores, y los metalúrgicos en particular, vivimos participando en política, porque teníamos las enseñanzas de Perón y Evita y de nuestros dirigentes históricos de que no hay solución gremial sin solución política. Ningún gremio puede resolver sus problemas estratégicos de empleo, de formación, tener un mejoramiento del salario y por ende de mejores condiciones de vida para su familia, de manera de poder mantener y mandar a sus hijos a la escuela o a la universidad, si no tenemos un modelo económico y de país productivo, un modelo de distribución del ingreso y de inclusión social. Siempre los metalúrgicos participamos activamente de la política, de allí nuestra larga historia en la lucha por la democracia, por el mejoramiento de las condiciones de trabajo, por las obras sociales, por la salud de los trabajadores. Pero ocurre que también, desde el ámbito sindical, tuvimos quizás una visión más sectorial, más sesgada. Si bien teníamos en claro la necesidad de enraizarse en el contexto de un proyecto nacional, nuestra concepción era obligadamente más sectorial. Ahora, uno debe gestionar desde la responsabilidad de conducir los destinos de otros sectores que no es solamente el del trabajo. Por lo tanto, se debe tener en cuenta otras esferas de la sociedad, como la del empresariado, la cultura, digamos también de aquellos que no están, que no han logrado la inclusión, las condiciones de vivienda, de infraestructura. Eso nos lleva a tener un panorama mucho más amplio, más acabado del manejo de una sociedad. Obviamente que siempre hay una mirada nacida desde el trabajo, porque sabemos que sin trabajo no hay posibilidades de llevar adelante un municipio, una provincia o un país. Eso lo tenemos bien claro.
–¿Cuáles fueron los principales enfrentamientos o roces que tuvo en el ámbito comunal, teniendo en cuenta que gobierna con un Concejo Deliberante en el que está en minoría frente a la oposición?
–Los roces se producen con proyectos distintos, con concepciones diferentes sobre el país. Algunos todavía rememoran épocas pasadas, modelos antagónicos con el desarrollo productivo. Son grupos que tienen concepciones absolutamente liberales sobre el rol del Estado, de los trabajadores, del pueblo. Entonces se nos hace imprescindible luchar desde lo político e ideológico con muchos que piensan que hay que volver para atrás. Lo hemos visto no sólo en mi distrito sino en dirigentes nacionales que han tenido responsabilidad en la conducción del país, o incluso gobernadores actuales, que anhelan volver al Estado inexistente. Por otro lado, debemos luchar contra la burocracia, contra un statu quo bastante poderoso, y eso es lo más difícil. Producir cambios, transformaciones y avanzar en contra de una corriente de muchos años es lo que más cuesta.
–¿Habría opción?
–Nosotros no vemos otro camino. La Argentina fue tomada como un laboratorio para el desarrollo de las políticas neoliberales del Consenso de Washington y así nos fue: terminamos con la mayor cantidad de desocupados, de pobres, de indigentes, la menor cantidad de industrias, el endeudamiento, la caída de todo: de las esperanzas, de las expectativas, la ausencia del Estado en la educación, en la salud. Lo hemos padecido profundamente en nuestro sindicato, que terminó apoyando la creación de empresas recuperadas, como lo veníamos haciendo desde fines de los años 80. Esa experiencia me permite sostener que, aunque algunos nostálgicos del pasado quieran hacer pensar a la gente que con ese modelo se puede crear riqueza, es el actual modelo productivo el que está llevando adelante la estrategia de distribución de riqueza y creación de empleo. Los resultados son palpables.
–Pero todavía falta mucho.
–Claro que todavía falta. Es necesario profundizar este modelo, hay que lograr más participación popular, crear más empleo, más trabajo, más inversión del Estado. Del mismo modo, también es necesario que los que más se enriquecen, los monopolios industriales, los oligopolios del campo, los sectores financieros concentrados, aporten una parte importante de lo que ganan para este modelo. No es que el Estado les va a sacar todo, pero tienen que entender que deben hacer un aporte importante. Porque el dólar competitivo, la política de crecimiento del mercado interno, del consumo, del ahorro, la política fiscal de crecimiento, de ventaja comparativa, los superávits comercial y fiscal primarios son medidas de gobierno sustentadas sobre el apoyo popular. Y que, además, los beneficia. Es razonable entonces que aquellos que se benefician en mayor medida aporten al sostenimiento y al crecimiento de este modelo.
–¿Cómo se siente cuando se unifica a todos los intendentes del Gran Buenos Aires bajo la denominación de «Barones del Conurbano»?
–Hablan de los barones como algo intocable, que tienen superpoderes, y eso no es así. Obviamente son conceptos absolutamente interesados mediante los que buscan crear confusión, desprestigio. No me preocupan esos calificativos porque soy muy consciente de que nuestra fuerza está en el pueblo, en la representación que tenemos en el pueblo, y eso lo construimos todos los días. No es un problema que se resuelve diciendo que hay un aparato estatal al servicio de una persona que conduce. La construcción del poder político se logra en la representación y eso se consigue con el trabajo de llevar propuestas, ideas, en todos los terrenos: en el barrio, en la educación, en el deporte, en la salud, en la cultura, en la obra pública, en inclusión a través de las cooperativas. Hasta te diría que pasa por llevar la palabra de aliento al desprotegido. Desde allí logramos la representación y desde allí hablamos. De ir y estar con el trabajador en conflicto para ver qué mano le podemos dar para que su fabrica no se caiga como pasó en el caso de Massuh, donde logramos crear una cooperativa, como el caso de un club que está en quiebra desde la época neoliberal y le damos ayuda, igual que hacemos con la sociedad de fomento. En ese momento nos sentimos parte del pueblo, pero con un mandato popular muy fuerte que es defender esos intereses.
–¿Qué es para usted el poder?
–Para mí el poder es la representación de los intereses populares. Uno puede creer que ganó una elección y tiene poder, pero si ese poder que le dio el pueblo no lo ejerce con una representatividad genuina, defendiendo sus intereses, el poder se esfuma así como se lo dieron. Hay que sostener los intereses del pueblo para mantener el poder.
–¿Por eso impulsa una suerte de liga de intendentes afines al Gobierno?
–Es que debemos defender lo que hemos logrado en estos años y a la vez impedir el retorno de esas viejas políticas que nos llevaron al desastre. Hoy más que nunca el país corre serios riesgos de caer en viejas trampas. Por lo tanto debemos apoyar lo que está hecho e ir por más. Por más participación, por más inclusión, por más crecimiento.
–En la zona de Quilmes y alrededores han sido precursores de la recuperación de empresas a manos de los trabajadores. ¿Cuándo se crearon las primeras cooperativas?
–Nosotros creamos dos cooperativas a fines de los 80: la General Savio y la General Mosconi. Eran dos empresas metalúrgicas que habían entrado en quiebra. También impulsamos la recuperación de una empresa como Adabor, que se hizo cooperativa, ya en los 90. Era nuestra forma de defender los puestos de trabajo, aunque todavía no se hablaba de «empresas recuperadas». Luego apoyamos, y te diría que cobijamos dentro del gremio, a un puñado de empresas que se fueron cayendo desde el 2001. Les mantuvimos la obra social y les dimos apoyo técnico y de capacitación a través de acuerdos con la Universidad de Quilmes. Son en su mayoría metalúrgicas, pero también hay de otros rubros. La última fue el año pasado, la papelera Massuh, que ya está trabajando nuevamente e incluso exporta. En este caso el Gobierno nacional se involucró muy especialmente.
–También usted apoyó desde el municipio la creación de cooperativas de limpieza.
–El municipio tiene una Dirección de Empresas Recuperadas a cargo de un trabajador de una de ellas, pero también tiene una Dirección de Cooperativas y Finanzas Solidarias. Ese es el perfil que queremos impulsar. Es un modelo de inclusión que nos parece el más adecuado en muchas circunstancias. Aparte de las recuperadas tenemos cooperativas de trabajo, de vivienda, cooperativas que hacen tareas de producción como fabricación de ventanas, puertas, asfalto, generando trabajo en el área urbana. Algunas hacen instalaciones de agua, de gas, eléctricas. Otras hacen instalaciones, puesta a punto, mantenimiento eléctrico, y también tenemos cooperativas que hacen remodelación y conservación de las plazas. Estamos anotando 1800 compañeros con el plan Argentina Trabaja, que ahora se encuentran en proceso de capacitación.
–Desde la CGT usted tuvo oportunidad de relacionarse con sindicatos de todo el mundo. ¿Qué experiencia le dejó ese contacto?
–Yo representé a trabajadores argentinos en la OIT (Organización Internacional del Trabajo), en la Fitim (Federación Internacional de Trabajadores de la Industria Metalúrgica), la CIOSL (la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres). Pero también me relacioné con compañeros de todo el mundo, desde la CUT brasileña hasta organizaciones de Chile, Uruguay y Estados Unidos. Todo esto nos sirve para sostener una inserción en el mundo a través de integración de América latina en primer lugar. Siempre hemos estado desde la CGT y desde la UOM preocupados y trabajando por eso que el general Perón decía allá por 1945 del continentalismo y del universalismo. Universalismo es el proceso de internacionalización de la economía y continentalismo es el proceso de integración de unidad de América latina, del Mercosur, como un destino americano. Hoy no se concibe una economía aislada de los espacios internacionales. No se puede tener una economía aislada del mundo.
–¿No suena a globalización?
–Esos conceptos de aislacionismo han quedado superados por la historia, lo que no quiere decir que uno se entregue a las políticas neoliberales que le dicen que el Estado nacional no debe existir. El Estado nacional debe existir para fijar las formas en que se relaciona con el mundo, qué tipo de cooperación económica, de cooperación industrial, qué tipo de cooperación social se establece en los mercados comunes y qué tipos de políticas internacionales se pondrán en marcha para defender el mercado interno y la fuerza laboral propia. Frente a eso hay que tener mucho cuidado, porque con el afán de competir y ganar mercados, los más poderosos penetran en economías que no son de avanzada y en los mercados más pequeños o emergentes, y eso puede destruir fuerza de trabajo, lo que conlleva a consecuencias sociales muy fuertes.
–¿A eso apunta la creación del Idisa (Instituto para el Desarrollo Industrial y Social Argentino)?
–Efectivamente, lo inteligente es saber que existe una economía internacionalizada, que existe un mercado nacional, y que para cada uno de esos espacios hay que tener políticas adecuadas a las posibilidades de desarrollo del mercado interno y la capacidad tecnológica que tenemos, para competir en igualdad de condiciones. Hay que abrir la economía, pero de acuerdo con nuestra capacidad de competir. Esa es una idea que yo impulsé desde siempre y sobre todo en los 90, cuando todo se venía abajo. Al fin, hemos podido unir en ese mismo interés a la UOM, al sindicato de supervisores metalúrgicos (Asimra) y a la cámara industrial (Adimra).
–¿Será un centro de estudios? Porque para algunos medios sería algo así como una corriente interna en la UIA.
–El Instituto estará dirigido por el ex ministro de Economía Miguel Peirano y es una entidad de carácter fundamentalmente técnico. Elaborará análisis y realizará observaciones de tipo coyuntural y a largo plazo, que serán de suma importancia para los gobiernos, las universidades, el Congreso y las legislaturas. Son necesarias políticas sustentables de largo plazo, y en Idisa se apunta a eso: qué podemos hacer como país y de qué manera. En definitiva, cómo juntos –trabajadores y empresarios– podemos construir un futuro para nuestros hijos.
–¿Qué opina acerca de la lucha de la CTA por su personería y los nuevos sindicatos que van surgiendo en distintos espacios laborales?
–Creo que muchas cosas están cambiando en el mundo, y también está cambiando la cuestión sindical. No hay que tener miedo a la generación de espacios sindicales nuevos. Lo que sí me parece es que debemos tener cuidado de que no se convierta en un elemento para tratar de dividir a los trabajadores en representaciones minúsculas. Debemos ser muy conscientes de que cuando hay una actividad que por su propia dimensión y por su propio crecimiento merece tener una nueva representación gremial, hay que aceptarla claramente. Hay trabajadores de la actividad informática que antes no existían como actividad, entonces si se nuclean trabajadores de esa actividad en un sindicato hay que respetarlos. Lo que no se puede permitir es que haya 20 gremios dentro de una empresa porque eso debilita a los trabajadores frente al poder concentrado del empresario. A más concentración patronal necesitamos más concentración sindical y también una política gremial para contrarrestar el avance del poder empresario.
–La crítica es que hay una burocracia que atenta contra los intereses de los trabajadores.
–Eso no es cierto. Puede haber en una estructura gremial algunos a quienes los puedan cuestionar desde el punto de vista político o ideológico, pero ninguna organización gremial atenta contra los intereses de los trabajadores. Puede algún sector pretender usar al sindicato en una función que no le corresponde. Pero me parece que lo ideal es generar debate y que se decida con el voto y con la participación de los trabajadores. Lo que no se puede hacer es obviar el voto de los trabajadores. Eso nunca.

Revista Acción
1 Marzo 2010

No hay comentarios: