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Nilda Garré: "Aún hay militares que se resisten al cambio"

Dice que cuando Néstor Kirchner le ofreció el cargo, en 2005, se justificó recordando su trayectoria en el campo de los derechos humanos. Ahora, luego de cuatro años al frente del Ministerio de Defensa, Nilda Garré, la primera mujer en ocupar esa cartera, siente que una parte importante de su tarea está cumplida con los cambios logrados en el Código de Justicia Militar y en los planes educativos, y con la definición de ciclos de planeamiento, algo impensable para las Fuerzas Armadas argentinas a lo largo de su historia más reciente. Pero al mismo tiempo, lamenta no haber logrado que la información en manos de efectivos militares sobre el período más oscuro de su pasado haya salido a la luz. No haber podido romper con los códigos de silencio corporativos que aún imperan entre los militares.
«Yo no estaba en el círculo más íntimo de Kirchner –recuerda Garré– aunque había apoyado su candidatura. Por eso me sorprendió cuando me dijo: yo con vos sé que puedo jugar de memoria en cuanto a principios, valores, objetivos y además porque has tenido una actividad muy clara en el tema de los derechos humanos y creo que en esa área hay que dar una señal muy clara que tu solo nombre lo da».
–¿Qué cambios le produjo este tiempo de gestión?
–Fui diputada muchos años, después me tocó ser embajadora en Venezuela, por poco tiempo. Pero hay cosas que a una la tocan. Este me pareció un desafío impresionante, excitante y creo que había una gran responsabilidad de los civiles en el área. Nosotros, por muchos años, por los enfrentamientos con valores e ideas de las FF.AA., delegamos la defensa en los militares, como delegamos la seguridad en la policía. En general, en la institución. El Estado no se metía, como si esta no fuera una de las políticas públicas que el Estado debe manejar. Algo insólito. Había una especie de pacto tácito: «Mientras no haya insubordinación, está bien, manejen el área». Lo que determinó un gran nivel de corrupción, porque no había transparencia, autonomía de funcionamiento, autonomía en las decisiones. Una de las fuerzas podía decidir comprar tanques pero no en función de un planeamiento, que es lo que estamos haciendo ahora.
–¿Cómo es ese planeamiento?
–Hay un Ciclo de Planeamiento que está definido por un decreto que firmó Kirchner en 2006. La idea es planificar qué clase de FF.AA. queremos, para qué, con qué diseño, con qué organización y con qué medios. Uniendo las hipótesis de conflicto que podemos tener, si las tenemos, veremos qué elementos es necesario comprar. Son decisiones que después tienen un efecto práctico. No queremos que este Ciclo de Planeamiento salga del capricho de una fuerza. Lo tiene que hacer el Estado Mayor Conjunto, que debe tener todos los roles posibles para que finalmente haya un funcionamiento conjunto de las fuerzas. Malvinas nos mostró el desastre profesional de nuestras fuerzas en ese aspecto.
–¿Cual diría que fue la dificultad más grande que enfrentó desde que asumió el cargo?
–Lo más grave, creo que es obvio, es el problema estructural, de los valores, de los principios. La idea sobre la institución, su rol, su papel y su historia que tienen la mayoría de los militares. Creo que ese es el problema más complejo: producir cambios estructurales, profundos, cuando hay un esquema de valores, de principios, de objetivos que van un poco a contramano de lo que son los valores de la sociedad. Un proceso de democratización de las FF.AA. requiere una colaboración de ellos, en la medida que opongan una resistencia por todo lo que arrastran, se hace más complicado.
–¿Nota que se hayan ido produciendo cambios?
–Algunos, los vinculados con su organización, funcionamiento, despliegue, están referenciados con los cambios muy importantes que ha habido en el mundo. La desaparición del conflicto Este-Oeste, el destierro de la doctrina de Seguridad Nacional, la desaparición de todo el esquema normativo, las leyes de Defensa y de Seguridad Interior, más todo lo que pasó con el terrorismo de Estado, fueron determinando algunos cambios significativos. Pero había otros que exigían un redespliegue, un re–análisis de la función de las FF.AA. y por consiguiente de la capacitación y la profesionalización.
–¿Como cuáles?
–Por ejemplo, si tengo hipótesis de conflicto con los países limítrofes, despliego unidades del Ejército en las fronteras con Chile y con Brasil. Si eso desaparece tengo que analizar cuáles son las posibilidades de conflicto que puede tener la Argentina, con la limitación que tienen hoy las FF.AA. Porque de acuerdo con la ley sólo puede intervenir en caso de agresión estatal externa. Como no se visualiza ningún país que nos pueda atacar, entonces las FF.AA. requieren otra organización, otro despliegue y otros medios materiales.
–¿Cuál sería hoy la hipótesis de conflicto?
–Hoy no hay hipótesis de conflicto, esta es una zona de paz. Pero el aparato de defensa debe estar preparado. La Argentina hoy no tiene hipótesis de conflicto y los militares lo saben. Obviamente que si ponemos las FF.AA. a dedicarse a nuevas amenazas, a migraciones, como hacen algunos países de la región, ellos volverían a tener hipótesis para las cuales adecuarse. Pero las nuevas amenazas no son aceptadas hoy como materia de competencia de las FF.AA.
–Hace algunas semanas en algún diario se hacía referencia al rearmamentismo de países de la región, como Chile, Brasil, Venezuela.
–Pero eso obedece a otros motivos, no a un ataque inminente de ningún país. Argentina no tiene hipótesis de conflicto, esto no quiere decir que no tenga su sistema de defensa organizado, aceitado y eficiente para lo que hemos elegido, que es una opción defensiva. Tenemos que estar preparados para defendernos de cualquier ataque y debemos tener capacidad para defender nuestros recursos naturales, que son muy codiciados en el eventual caso de que tengamos algún tipo de intento de limitar nuestra disposición de ellos.
–¿Esa no sería una hipótesis de conflicto?
–No es una hipótesis la de los recursos naturales, porque no nos están atacando. Tenemos que estar preparados para defenderlos, este es otro tema. Nadie va a venir a discutirnos si encontramos petróleo en la plataforma continental o agua en el sur. No se vislumbra. Estamos hablando de corto y mediano plazo, dentro de 50 años no sé lo que puede pasar. Pero en el corto y mediano plazo esta es una zona de paz.
–¿Cuáles serían esas previsiones defensivas con la situación actual de Latinoamérica, entonces?
–En la región hay un proceso de cooperación y de integración bastante significativo, que se está dando sin tropiezos. Esto no quiere decir que la región sea absolutamente pacifica, pero en grandes líneas es una zona de paz. Cierto es que hay reclamos territoriales pendientes. Concretamente Bolivia que reclama su salida al mar, Chile y Perú tienen disputas costeras. Pero Argentina no tiene problemas limítrofes. Y Chile no se está rearmando para enfrentar a Perú, ni Perú está comprando algunas cositas como se dijo por ahí... Chile se rearma porque los recursos materiales que tiene son muy viejos, obsoletos, hay nuevas tecnologías, obviamente...
–¿Hay información a nivel ministerial entre los países?
–No entre todos. Chile y Argentina tienen un sistema de aviso cuando van a comprar algo, porque hay medidas de confianza mutua muy desarrolladas, que queremos ver de desarrollar en toda la región. ¿Chile por qué compra armas? Porque acumula una gran cantidad de plata en función de una ley que dejó Pinochet, la ley de Cobre se llama vulgarmente, que le da un tanto por ciento de la recaudación por la exportación del metal a las FF.AA. Entonces modernizaron todas sus cosas; tenían barcos de más de 30 o 40 años. Su flota nueva fue comprada a los ingleses.
–¿Hay demandas de los militares por esas cuestiones?
–Se sabe que no está en la política argentina plantearse ninguna carrera armamentista. Que no es necesario porque no hay ninguna inminencia de conflicto. Que no hay recursos en Argentina, que tuvo un colapso económico financiero muy grave en el año 2001. Que hay otras prioridades, como resolver los problemas de la pobreza. Y que nuestra definición es defensiva, por lo cual muchas armas que son claramente ofensivas no entrarían en el diseño de nuestras FF.AA. Esto no quiere decir que no tengamos que considerar alguna renovación, como los aviones Mirage, cuya vida útil está por vencer y entonces hay que sacarlos de servicio en poco tiempo más. Alguna de estas situaciones habrá que contemplar en el futuro, pero en forma muy medida, y tratando de basarnos lo más posible en el desarrollo de las industrias de la defensa, nacionales o regionales. Ahí hay un gran esfuerzo por la vinculación, con Brasil sobre todo y con Chile, que son los que tienen algún desarrollo industrial de defensa.
–¿En que instancia están esos proyectos?
–Tenemos en este momento un patrullero oceánico, que es un diseño conjunto que se hizo con Chile. Lo hicieron ingenieros de las FF.AA. de los dos países. Brasil no entró en el diseño porque quería imponerle mayor velocidad a los patrulleros de la que estimaban Argentina y Chile. Los chilenos hicieron la ingeniería básica, que se la compraron a los alemanes y nosotros hemos comprado a Chile esa ingeniería de detalle para el año próximo comenzar a producir el primero de esos patrulleros. Tenemos la obligación de controlar el espacio aéreo y los mares. Así que también desarrollamos con la empresa Invap el primer radar militar que se produce en la región. Porque necesitamos tener radares y aviones para controlar el espacio aéreo y patrulleros, que no son buques de guerra, para mostrar claramente nuestra voluntad de ejercer nuestros derechos soberanos sobre las aguas oceánicas. Además hemos recuperado la fábrica de aviones de Córdoba.
–¿Son políticas de Estado a nivel regional? Porque en dos años los gobiernos de Chile, Brasil y Argentina van a ser otros.
–Estimo que estas políticas tendrán una continuidad. Puede haber un país que en un momento le dé más énfasis que en otro, pero son tratados que unen a los países. Yo descarto que los cambios puntuales que pueda haber, por las elecciones en los diversos países, modifiquen de fondo esta política. Puede haber matices, por supuesto. Mayor énfasis, entusiasmo, en alguna reunión de Unasur, pero en líneas generales uno podría decir que va a haber continuidad. Y en nuestro caso con Chile, son varios años de aplicación de estas medidas de confianza mutua. Hemos firmado una cantidad de convenios que las ratifican, eso está en pleno funcionamiento. Hemos hecho una fuerza conjunta binacional, la Cruz del Sur, para actuar en operaciones de paz. Una fuerza binacional exige que los militares de los dos países que la integran, compartan doctrina, entrenamiento. Es una demostración de mucha confianza. A nivel de las FF.AA. las cosas están mejor que en otras burocracias de los dos países, donde subsisten un poco más las desconfianzas. Ahora estamos haciendo algo similar, un batallón más limitado en sus objetivos, con Perú, para desarrollar tareas de ayuda a la comunidad en Haití.
–¿Cuántas mujeres hay en las FF.AA.?
–Hay entre un 10% y 15% según la fuerza. Acá había solamente mujeres en las áreas de enfermeras, médicas, en el cuerpo profesional. A medida que las FF.AA., no sólo de la Argentina sino del mundo, empezaron a ver que necesitaban incorporar el recurso humano mujer, empezaron a tener una situación nueva que requería cambios culturales, organizativos y de infraestructura. Desde prever el baño para mujeres hasta guarderías. En el viaje de instrucción de la fragata Libertad, hoy hay que aprobar camarotes para mujeres, toda una lógica de espacios diferenciados. No estaban previstas licencias por maternidad con todo lo que eso implica. No había ninguna flexibilidad en horarios ni licencias en los casos de las madres con hijos menores.
–¿Aceptan que mande una mujer?
–Todavía las mujeres no han llegado a jerarquías muy altas, y si han llegado algunas es del cuerpo profesional, porque este proceso es muy reciente. Comenzamos con un Observatorio de Género que diagnosticó los problemas, después hicimos un Consejo de Género, con mujeres de la universidad, de organizaciones civiles, del Estado, más oficiales o suboficiales mujeres. Es muy raro que los suboficiales hablen cuando hay oficiales presentes. Probamos juntarlos para ver si se podía romper eso y funcionó. Hoy es un ámbito que discute los problemas que tienen las mujeres. También hay dificultades para ascender, porque las juntas de calificaciones las integran hombres, lo que no garantiza los derechos de las mujeres. Ahora estamos haciendo Oficinas de Género en las tres fuerzas. Empezó la Fuerza Aérea, que la organizó con una supervisión mínima del Ministerio, y la propusimos como modelo a las demás fuerzas, porque salió bastante bien. Ahí se recogen una cantidad de reclamos, preocupaciones, dificultades. Y hemos ido solucionando medidas claramente discriminatorias para la mujer. Eran cuestiones culturales, pero perjudicaban. Como por ejemplo, las guardias. Una mujer embarazada tiene que tener una limitación en el horario de guardia por la naturaleza de su situación. Estamos haciendo un plan nacional para instalar jardines maternales, que lo hacemos, en general, en convenio con las autoridades educativas de la jurisdicción. Pusimos mujeres en la junta de calificaciones para garantizar una presencia, una voz. Todo cambio profundo lleva tiempo.
–¿Y en el plano de los derechos humanos, como se perciben los cambios?
–Está claro para las FF.AA. la absoluta determinación y voluntad política de los tres poderes del Estado y hemos tratado de llevar al máximo la posibilidad de informar a los juzgados, de buscar la información. Tuvimos bastantes problemas al principio. Hubo demoras, escollos, obstáculos, pero hoy en día estamos logrando un mejor nivel de información. Hemos desclasificado información sobre las áreas de inteligencia de las fuerzas y estamos tratando de contestar todos los oficios judiciales con la máxima información posible. Y en paralelo hemos iniciado una tarea de concientización, de divulgación a través de seminarios, de charlas, publicaciones de clases. Algo que ayuda también es que todos los oficiales que estuvieron comprometidos ya no están en la fuerza. Puede subsistir algún caso a nivel generalato o un coronel muy antiguo, el resto es oficialidad más joven.
–Pero persiste un esquema corporativo.
–La corporación es fuerte, el espíritu corporativo y cierto grado de solidaridad persisten. La prueba está en que, a pesar de que yo creo que hoy se asume en la gran mayoría de los oficiales y suboficiales la política de derechos humanos, no tenemos denuncias. Aun los procesados no hablan, no cuentan cómo fue todo y qué información tienen. Hasta el momento hemos ubicado cosas puntuales, algunas que estaban archivadas, porque en un momento se llevaron registros detallados. Las FF.AA. son muy minuciosas en sus papeles y trámites. Eso fue destruido, escondido. En algunos casos hemos localizado cosas y las hemos entregado a la justicia, aunque no todo lo que hubiésemos querido, ni siquiera una porción importante de lo que tendría que haber habido. Pero acá hay una lógica, que se ve y la pude corroborar en muchos casos, de silencio sobre el pasado, aún en el marco de las autocríticas sobre lo que pasó. Nadie se presenta a denunciar.
–¿Y las nuevas camadas que ahora están en los cargos altos y medios?
–Sobre el pasado la mayoría va a respetar un tácito pacto de silencio. En general, ante cualquier situación de infracción, de delito que sucede dentro de la fuerza, la idea es que los trapitos se lavan adentro. Es una cosa muy perversa y lo hemos experimentado en muchos casos. Es muy difícil romper con eso, es un tema que se debe seguir...
–¿Cómo reaccionan en relación con los juicios?
–Argentina avanzó mucho, somos una referencia en la región. Se ha dado un proceso de gran profundidad que no es todo lo rápido que querríamos, que no es todo lo eficiente, pero la señal es que tiene que haber justicia, verdad y memoria. Estas tres palabras están instaladas y yo creo que en las FF.AA. se comprende esto. Sobre todo en los oficiales más jóvenes. Y en los más viejos, que tuvieron un grado de convivencia mayor con algunos de los que hoy están procesados, pueden tener una actitud más de decir «bueno, está bien, ya como señal está, deberíamos terminar esto». Algunos dirigentes políticos también lo dicen. Están hablando de reconciliación, pero no hay reconciliación sin justicia. El Gobierno no está en contra de la reconciliación de los argentinos, pero no sobre la base de la impunidad. La reconciliación tiene que ser sobre la base de la justicia. Esta gente ha agotado el debido proceso, con todas las garantías. Es así como los países civilizados resuelven sus problemas. Yo creo que en los más jóvenes es un tema que les es absolutamente ajeno, aunque se debe tener en cuenta que es un área endogámica, son familias.
–¿Y cómo reaccionan ante las charlas, los debates que promueve el Ministerio?
–No hay una reacción única. Algunos consideran que las FF.AA. o se integran a la sociedad, dan el salto cuali y cuantitativo de modernizarse, hacerse más flexibles, más rápidas en sus reflejos, o pierden una oportunidad histórica fundamental de actualizar las instituciones a las necesidades del siglo XXI. No pueden ser ya esas fuerzas pesadas, desplegadas capilarmente como a mediados de la década del 50. Deben hacer su planeamiento por capacidades y no por hipótesis de conflicto, que es otro de los desafíos que hoy estamos concretando. En ese sentido, creo que hay una gran cantidad de oficiales que aceptan este desafío y que entienden que tanto en el tema de los derechos humanos como en modernización de la educación, como en análisis de los nuevos temas, como en pautas culturales, es fundamental ir en paralelo con la sociedad. Pero está todavía un grupo que resiste a esto.
–Pero hay civiles –incluso antiguamente perseguidos– que entraron en los cuarteles a dar cursos o charlas.
–En algunos ámbitos se han dado debates. El primero fue la Marina, que invitó a Adolfo Pérez Esquivel con todo el almirantazgo y estuvo también Stella Calloni, que escribió el libro sobre el Operativo Cóndor, nada menos, y Horacio Ravena de la APDH, y se fue dando una charla que comenzó siendo durísima. El clima se cortaba con una tijera, pero después de que se expusieron las cosas, el diálogo duró como cinco horas. Se dijeron todas las cosas. Supongo que cada uno se habrá llevado su pedacito de verdad, que no era la verdad total todavía, pero al menos se escuchó al otro. Y la experiencia fue considerada, al menos por las autoridades de la Marina, importante, porque la repitieron todos los años. Hemos hecho un seminario en Casa Amarilla y se hizo una publicación sobre el tema de los valores y los principios en sintonía con la sociedad. Nosotros trabajamos esta idea de Ciudadano – Servidor Público – Funcionario Público de Profesión Militar, en ese orden. Fundamentalmente que sea ciudadano, que tenga los mismos derechos y obligaciones que los demás ciudadanos; después de que se asuma a sí mismo como funcionario público, que tiene que manejar presupuesto, bajo un mecanismo de control, de transparencia, como todos los funcionarios del Estado, y finalmente que tienen una profesión. Esto es algo que tomamos de los alemanes, que tuvieron un proceso de reconversión muy complejo, y nos pareció muy interesante.
–Pero también toman aspectos de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.
–Creemos que hay más formas de avanzar en esto, y nos interesa mucho el modelo norteamericano que elige a los futuros aspirantes a oficiales en las universidades. No hay una academia como acá, como el Colegio Militar, modulador de todo un mecanismo simbólico muy importante de una cantidad de pautas, sino, al revés, las FF.AA., el sistema de defensa, va y les propone ingresar a los estudiantes y hacen un entrenamiento físico militar corto. Hemos viajado a Estados Unidos, hemos visto cómo funciona y les hemos pedido que vengan a hablarnos sobre la cuestión. Queremos instalar el debate el año que viene. En Alemania hacen al revés: ellos tienen una Universidad de la Defensa. Seleccionan gente que sigue una carrera y después hacen un convenio, por diez años mínimo, para prestar servicio en las fuerzas. Eligen a los mejores y les proponen seguir la carrera, pero hay otros que terminan sus diez años y se van.

Revista Acción
15 Noviembre 2009

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